Los personajes no me pertenecen como ya saben; la historia, en cambio, es totalmente mia.

Disfruten!


-Inuyasha…

Levanté la vista de mis muñecas, ¿Quién había susurrado su nombre?, había sido yo de nuevo ¿no?, otra vez pensando en él.

En mi ¿asesino?

No…en mi amigo.

Si lo pensaba una alarma en mi mente siempre sonaba cuando él estaba cerca, como advirtiéndome del peligro que corría mientras pasábamos tiempo a solas.

-Hermana ya está la cena.

Me giré al escuchar la voz de mi hermano "pequeño", Sota ya no era un niño, tenía quince años ya bien cumplidos.

-Dile a mama que ahora bajo-le dije mientras cerraba la ventana en la que había estado apoyada pensando-

-Vale, por cierto hermana…

-¿Si?

-¿Quién es Inuyasha?

Le miré desconcertada sin entender porqué el conocía ese nombre.

-Alguien de la universidad, ¿Por qué?

-No como has llenado la hoja con su nombre-me dijo sonriendo y mostrándome la misma hoja en la cual yo había garabateado durante un rato-

Me sonrojé al ver la mirada cómplice de mi hermano. Él estaba pensando que Inuyasha y yo teníamos algo.

Realmente la idea era muy graciosa.

Si él supiera que en realidad Inuyasha iba tras mía para matarme o al menos mutilarme un poco, aunque reamente él no me lo había dicho, pero después del incidente de las taquillas ¿Qué otra cosa podría pensar?

He resuelto la primera parte del misterio, entonces ¿Por qué me siento tan triste?

-No es lo que tú piensas Sota, en realidad él y yo no nos llevamos bien.

-¿Entonces hermanita por qué pones su nombre en cada cuadrícula del papel?

-La verdad, no lo sé.

Ante la mirada un tanto desconcertada de mi hermano me dirigí hacia las escaleras, escuchaba a Sota ir detrás de mí y sentía como me escrutaba con la mirada.

Hice como si no me diese cuenta de nada y seguí bajando las escaleras hasta llegar a la cocina.


No dije casi nada durante la cena, era como si mi voz estuviera embotellada y cerrada a cal y canto, había momentos que ni siquiera respiraba, solo podía pensar en él, su mirada, sus palabras, sus ¿garras?

De pronto las palabras de la presentadora de las noticias volvieron a mi mente, tan claras como el primer día.

"- …las marcas que presentan los cuerpos son como zarpazos…"

Zarpazos…

Me levanté rápidamente de la mesa dejando a mi familia asombrada al ver como salía corriendo fuera de la casa.

Me dolía el pecho como si me faltara el aire.

-Vamos tranquila Kagome…-me dije, pero nada no lo conseguía solo de pensar en que él… por muy arrogante que fuera, ese chico siempre parecía más dulce de lo que quería dejar ver, y entonces ¿por qué?, por qué él era un asqueroso asesino, había matado a unas cinco muchachas, todas parecidas a mí.

¿O no lo había hecho?

Alcé la mirada del suelo y la dirigí lentamente al cielo, ese mismo gesto lo había hecho el día que ese extraño ser apareció en mi casa, ¿También había sido él?

Al menos sabía que esta vez nadie se tiraría encima de mí.

Esta vez podía mirar hacia arriba sin miedo.

Podría cerrar los ojos y recordar su rostro sin temor.


-¡Buenos días Kagome!

Me giré al oír la alegre voz que me llamaba, era Rin acompañada por Sango la cual no parecía muy feliz, seguramente había tenido problemas con Miroku, últimamente estaban demasiado quisquillosos ambos.

-Buenos días, Rin, Sango.

-Hola.-me saludó Sango, ahora lo sabía con certeza, se habían vuelto a pelear-

Anduvimos en silencio a través del campus, ninguna hablaba, cada una pensábamos en nuestras cosas.

Pero llegando ya al vestíbulo Rin comenzó a hablar.

-Kagome acompáñame esta tarde al centro comercial, ¿Si?

-Bueno vale-le dije, necesitaba salir de casa, desconectar. Y la mejor manera era saliendo con Rin de compras, siempre nos reíamos mucho.

-Entonces a las seis y media en el parque. ¡Nos vemos!-se despidió mientras tomaba el pasillo derecho-

-¿Tú no vienes Sango?-le pregunté a mi otra amiga mientras seguíamos caminando-

-No, no puedo tengo que estudiar mañana tengo otro examen y he de aprobarlo como sea.

-Ok, por cierto te has enfadado con Miroku, ¿Verdad?

-Si…es que lleva unas semanas muy extraño, se pasa todo el día con el more…digo con Taisho ya ni me llama por la tarde, le he dicho que yo soy su novia y que existo y…

-¿Con Inuyasha? ¿Qué hace él con Inuyasha?

-Eso me gustaría saber a mí, pero no me dice nada, es lo que más me molesta no soporto que me…

-¡Lo siento Sango luego nos vemos!

Y salí corriendo, dejando a Sango con la palabra en la boca.

Todos estaban ahora en clase, y él también era mi oportunidad.

Recorrí con rapidez los pasillos mirando los números de las taquillas, hasta que llegue a la de él.

Esta vez no estaba abierta, suspiré, maldita suerte.

-¿Y ahora qué hago?-entonces se me ocurrió una idea, me quité una horquilla del pelo, decían que funcionaba ¿no? Pues tendría que probarlo.

Introduje la horquilla dentro de la cerradura y comencé a moverla, en las películas se veía más fácil.

Miré el reloj que estaba encima de la pared y me mordí el labio inferior.

Llevaba cinco minutos intentándolo, no iba a conseguirlo a este paso.

Y entonces escuche un pequeño sonido una especie de "¡clic!".

La puerta de la taquilla se abrió, retuve un gritito de victoria en mi garganta, no quería delatarme y el tiempo era primordial.

Comencé a buscar dentro de la taquilla, apuntes, libros, bolígrafos, unas revistas ¿Inuyasha leía ese tipo de cosas?, y entonces vi algo, un cuaderno más pequeño que los demás de color rojo brillante, no sé porque pero quise tocarlo, lo saqué de entre algunos libros y lo guarde en la mochila, oía pasos.

Asustada encajé la puerta de la taquilla como pude y salí corriendo de allí, llevándome el cuaderno, dejando la taquilla abierta y sin darme cuenta de que había dejado unas horquillas abiertas en el suelo.


-Dios menuda mañanita-dije en voz alta mientras entraba en casa, me dolía la cabeza de las últimas dos clases y juraría que Inuyasha me había estado observando furioso en la cafetería, ¿Se abría enterado que le había forzado la taquilla?, bueno seguro que ya se había enterado de que le habían abierto la taquilla, pero ¿sabía que había sido yo?

Suspiré y tiré la mochila sobre el sofá, de pronto recordé el extraño cuaderno.

Tomé asiento y abrí la mochila, rebusqué entre mis cosas hasta que encontré el cuaderno. Me sentía como una criminal, no estaba bien robar cosas de los demás, pero después de todo yo solo lo había cogido prestado ¿no?

"Pero sin autorización" me recordó una voz en mi mente, genial acababa de descubrir a mi conciencia.

Nunca he necesitado una, bueno la verdad es que nunca antes he robado nada.

-Soy como una ladrona-dije pesadamente mientras abría el cuaderno y dejé escapar una palabrota.

El cuaderno estaba escrito sí, pero mira por donde no entendía nada de nada.

Desesperada comencé a mirar las páginas rápidamente intentando encontrar algo legible.

Nada.

Me era imposible comprender el contenido del cuaderno, pero de pronto vi un dibujo.

-Esta…soy yo-susurré tocando suavemente el boceto echo a lápiz, ¿lo habría hecho él?, deslicé mis dedos sobre el dibujo lentamente memorizando cada trazo.

Dejé el cuaderno debajo del colchón de mi cama, algo me decía que debía esconderlo, entonces cogí un albornoz y una toalla junto con las zapatillas.

Necesitaba un buen baño para relajarme, y no me quedaba demasiado tiempo, en una hora había quedado con Rin.


Cerré la puerta de casa y comencé a correr escaleras abajo, llegaba tarde. Me había vuelto a quedar embobada mirando la nada mientras me bañaba, realmente mis costumbres eran raras. Di un salto y terminé de bajar los tres últimos escalones, salí del portal, el parque estaba a cinco minutos de mi casa y yo ya llegaba tarde, es decir que Rin ya estaría allí.

Cinco minutos después había llegado, me senté en un banco al ver que Rin no estaba ¿Dónde se habría metido?, bueno no tardaría en llegar.

Pegué una gran bocanada de aire sintiendo como este me llegaba a los pulmones, la gimnasia nunca fue lo mío, prefería cosas más tranquilas.

Estaba pensando en mis cosas cuando de pronto el sonido del móvil me advirtió de una llamada.

-¿Si?-pregunté una vez había descolgado-

-Hola Kagome, escucha lo siento pero no podré ir, me ha surgido un imprevisto y…

-Como que no…-deje de hablar y de escuchar a Rin al ver una silueta demasiado familiar a unos metros de mí.

Era Inuyasha.

-Rin no pasa nada te tengo que dejar, ya hablamos-le dije cortándola rápidamente y levantándome del banco, ¿no venía hacia mi verdad?, lancé un gemido de frustración, ¡demonios claro que venía hacia mí! Pero no me iba a quedar parada para averiguar que quería, mi cerebro me decía que me fuera, y rápido.

Y como normalmente mi cerebro tenía razón comencé a correr, vale, lo sé, correr es de cobardes, ¡pero yo todavía quiero vivir!

Giré la cabeza para ver si me seguía, no lo hacía, espera… ¡¿Estaba sonriendo?

Eso sí que me asusto así que comencé a correr más rápido, un día iban a acabar conmigo, y no necesariamente mediante el asesinato.

En dos minutos llegue a casa, esta había sido la carrera más rápida de mi vida, me dolía el pecho de tanto correr, mi respiración esta descontrolada intentaba encontrar aire por todos lados, pero al menos ya estaba a salvo.

Cerré la puerta apoyándome en ella y me dejé resbalar hasta que mi trasero estuvo en el suelo.

¿Cuándo mi vida se había vuelto tan peligrosa?

Vale se la respuesta…

Desde que conocí a….

-Te pille-dijo una voz a mi izquierda, la sangre que pasaba por mis venas se congeló.

-Inu… ¿¡Inuyasha!-grité mientras me levantaba rápidamente intentando escapar pero él fue condenadamente más rápido y me cogió de la cintura levantándome del suelo con una facilidad muy extraña, y me echó sobre su hombro.

-No intentes volver a escapar, aunque eso sí fue divertido ver como intentabas llegar a tu casa antes que yo.

-¡Maldito bastardo asesino suéltame!Déjame en el sue…-efectivamente me dejó en el suelo, pero la caída fue dolorosa, sobre todo para mi pobre trasero-

-Muy bien me cansé de tus jueguecitos, ¿Quién te crees que eres? ¿Sherlock Holmes?

-¿Por qué todo el mundo usa esa comparación?

-Deja de hacerte la lista Kagome, desde esta distancia podría desgarrarte rápidamente, casi ni lo notarias-me dijo con voz neutra-

-¿Lo harías?-le pregunté intentando no parecer asustada-

-Sin dudarlo.-me respondió a la vez que sonreía maliciosamente dejando ver un afilado comillo.

Rápidamente lleve mis manos al cuello, sé que ese acto es típico de las películas de terror, pero esos colmillos no son normales.

-¿Eres un vampiro?

No dijo nada.

-Inuy…

-No me llames por mi nombre mujer.

-Tu antes me has llamado por el mío INUYASHA.

-Bien te voy a explicar tu situación fácilmente para que la entiendas, si tu no me molestas yo te perdono la vida pero si tú me molestas…

-Déjame adivinar me desgarras con tus…-le miré las manos- esto... ¿"garras"?

-Deja de reírte de mí.

-¿Qué eres?

-Tu peor pesadilla.

-No, mi peor pesadilla es el profesor Shurossame dando clase con faldita y una camisa rosa, realmente es espantoso.

Vale, mi humor salía a relucir cuando la situación estaba peliaguda.

Me asusté en un primer momento al ver como su cara se contraía antes de dejar escapar una carcajada –que fue seguida de otras muchas-, pero después le vi como otras veces en la universidad, como una persona normal, salvo cuando repare en su boca.

Colmillos.

¿Serían de pega?

Pues lo pensaba averiguar. Me levanté del suelo rápidamente él pareció no darse cuenta de mis intenciones, estaba ocupado riéndose mientras susurraba un nombre entre las carcajadas, así que alargué mi mano le tapé la nariz haciendo que tuviese que abrir mucho la boca y metí un dedo dentro, vale tremenda estupidez, me acababa de meter en la boca del lobo literalmente, aunque Inuyasha no era un lobo, era más bien un humano ¿no?

Dejo de reírse al instante y yo aproveché su confusión para tocar los colmillos, me miró con una ceja levantada, le había entrado un tic en la ceja, saqué la mano y dejé de taparle la nariz a tiempo porque media milésima de segundo más tarde él había cerrado la boca fuertemente.

-Estás loco.

-No, yo creo que él más cuerdo de los dos soy yo, teniendo en cuenta que no voy metiendo la mano en la boca de la gente.

-De la gente con colmillos extraños, ¿qué eres?

-Te lo repito tu peor pesadilla.

-¿Tú también llevas faldita?

-¡Un poco de respeto!-me gritó, me encogí por un segundo ese hombre era más peligroso que un profesor con faldita eso seguro.

-¿Qué haces en mi casa?-susurré algo cohibida.

-Vengo a recuperar algo que es mío.

Un escalofrío me recorrió la espalda, él sabía lo del cuaderno.

Asustada vi cómo se encaminaba hacia el salón y se agachaba para mirar bajo el sofá, un momento yo no había escondido nada bajo sofá.

-Aquí estás-le escuche decir triunfante mientras sacaba bajo mi sofá una espada-

-Una…katana, ¿pero eso que hace en mi casa?

-La deje aquí la última vez que te visite.

-Tú nunca me has visitado.

-Oh, ya lo creo que sí.

-Fuera de mi casa-le ordené asustada mirando la katana, esa cosa podría cortarme por la mitad-

-Creo que no mujer, tú y yo tenemos cosas que hablar-susurró mientras se acercaba a mí desenvainando la katana.


Siento haber tardado tanto en actualizar, pero aun sigo de examenes hasta el jueves que viene no acabo y llevo un mes y algo super liada; en cuanto termine los examenes actualizare mas seguido tanto aqui como en el resto de fics.

Espero que les haya gustado y que expresen su opinion que es gratis y no tardan mas de 1 minuto ^^.

Saludos!

Amnii