Merezco ser aplastada, bateada con la batidora, metida en la secadora y si quieren, torturada a seis horas de matemáticas e-e Soy mala, malísima… ustedes que se portan tan bien y yo haciéndoles esperar T_T Gomenasai, pero tantos exámenes me han agobiado y aparte, tenía la mente seca…

Ruego que me disculpen y que aún puedan disfrutar de este capi!

Inazuma eleven pertenece a Level5, pero tanto Ylea como otros personajes y nombres de técnicas ajenas a la realidad, son puramente y genuinamente míos eue!

Ylea despertó. Se desperezó con cuidado, aunque luego pensó que para qué, si ya no tenía una litera encima de ella. Abrió los ojos, acordándose de su nueva habitación, blanca por todas las paredes. El eco de sus pasos resonaba en las paredes, pero poco a poco, sus pertenencias irían llenando aquel hueco. Se sentía mal por no haber llamado a Minamisawa de vuelta, pero cuando llegó a su nueva casa, casi era medianoche y desde luego, no eran horas de llamar.

-¿Qué, Tambria? -Preguntó a la gata negra de ojos verdes que había dormido encima de su pecho. -¿A que ya no me bufas como cuando llegué?

-Miau... -Fue lo que obtuvo de respuesta.

Rió. Miró el despertador, pero se había levantado temprano... en mitad de un sábado.

-¡NO HAY CLASE! -Bramó, incorporándose de golpe y haciendo que Tambria saliera de allí lo más rápido que pudo, bufando y maullando lastimeramente. -Gomen, Tam... -Hizo que la gata volviera con ella de nuevo, más confiada. -Pero ¿sabes qué? Si no hay colegio, no puede llegar la tarde y si no llega la tarde... no puedo ver a los chicos y contarle las noticias.

-Mriaur... -Ronroneó y maulló a la vez, restregándose contra Ylea.

-Lo sé, lo sé... puedo llamarle, pero quiero que se enteren todos a la vez ~~

-¡Mrraur! -Protestó, clavando las uñas en su mano y dando a su celular con la cola.

-¡Agh! -Ylea apartó las afiladas y contundentes garras de Tambria, que le habían causado unos arañazos. -Bien, mi mano ahora está decorada... gracias Tambria...

-¡Mau! -El animal se bajó de la cama y salió de la habitación, en dirección a la cocina.

Ylea se quedó pensando, mirando su celular. Realmente era temprano... pero las ganas y su conciencia le decían que llamara; aunque su voluntad se resistía. Su inocente voluntad. Cerró los ojos y volvió a tumbarse, mirando al techo, como si allí estuviera una entidad divina, que le hiciese clarear sus sentimientos y pensamientos. ¡Já! Eso sólo existe en los cuentos... los cuentos de hadas. Gimió; ¿A quién quería engañar? Ella sólo quería una relación idílica con Minamisawa... llevarse bien con todos, tener una familia estable y que le brindase todo el apoyo moral necesario... Aunque siempre en todos los cuentos, algo sale mal.

¿Qué sería lo suyo?

-Sede central del Fifth Sector-

-Setei, -anunció uno de sus, por así decirlo, sirvientes, a un joven hombre que se sentaba en un cómodo sillón, al final de una enorme sala casi a oscuras. -Ha venido.

-Que pase. -Anunció, con un leve movimiento de mano.

El mensajero asintió, y rápidamente se dirigió a abrir las puertas que daba acceso y salida a la habitación. Nada más tocar sus asas, las puertas de metal se abrieron lentamente, sin hacer un sólo ruido más que al pararse contra las paredes. El Setei sonrió para sí, mirando a la pequeña figura que se alzaba en el umbral de la puerta. Aquella sobra caminó, y tan sólo sus pasos resonaron por la estancia, en medio de una tensión que era posible cortar con un cuchillo. Al llegar a una distancia prudencial que marcaban los guardaespaldas del Setei, el invitado se detuvo. Descubrió una mano, que alzaba el ala de un sombrero blanco, dejando ver unos ojos pequeños, de color almendra.

-Mis respetos, Setei... -Haru hizo una pequeña reverencia, sin dejar de sonreír y mirar directamente al actual presidente del Fifth Sector, Ishido Shuuji. -¿O debería decir Goenji Shu...?

-Basta. -Sentenció el hombre. -¿Qué traes, Kanako?

Haru arrugó la nariz. No le gustaba su apellido. Y menos, que la llamasen por tal.

-Un nueva mánager en los Raimon Eleven. -Súbitamente, Ishido centró toda su atención en ella. Con un gesto inocente, Haru se puso a verse las uñas, observando un molesto piquito que salía de una de ellas. -Curiosamente, se parece a mí...

-¿Puede ser peligrosa?

-Puede... todos están muy motivados con ella. -Miró a los ojos al Setei y leyó en ellos la siguiente pregunta. -¿Su nombre? Ylea Hiroshi.

Con un rápido, pero imperceptible movimiento de cabeza, Ishido mandó a uno de sus "sirvientes" que apuntase el nombre.

-Sólo queda decir... que buen trabajo. -Mandaremos a alguien a investigar y...

-Me ofrezco voluntaria. -Repuso Haru, dando una vuelta sobre sí misma. -¡Me encantaría observarla de cerca!

-Imposible. -Retractó Ishido, cruzando los hombros. -Bastante tienes ya con ser la supervisora del equipo rival de la siguiente etapa del Holy Road, el cual se enfrentará a Raimon.

-¿Duda mi señor de que no puedo tener dos caras distintas? -Haru bajó la cabeza, adquiriendo un tono semejante al de súplica, ocultando una fachada de superioridad. -¿Acaso cree que Almai Libera no podrá con Raimon?

-Nunca dije que dudase sobre Almai Libera, Kanako. -La señaló. -Dudo de ti.

Haru arrugó la nariz a modo de desaprobación.

-Está bien. -Extendió la mano. -Semana y media. Diez días. Deme diez días, y conseguiré saber la estrategia de Raimon. Haré que Almai Libera tenga el juego ganado sin haber movido una sola pieza.

Unos minutos en silencio y al fin, Ishido asintió, dejando que Haru abandonase la sala con una expresión de triunfo.

"Ven lo antes que puedas al parque. ¡No te olvides de tu voz!"

¿Cómo iba a olvidarse de su voz? Ylea pensaba que Aoi cada vez iba desvariando cada vez más. Apenas había terminado de desayunar y entrar en la habitación cuando su celular recibió un mensaje. De nuevo, de una de las mánager de Raimon. Se estiró, leyendo de nuevo el mensaje intentando sonsacarle un mensaje oculto, en vano. Sin embargo, la intención estaba clara: Quería reunirla de nuevo con Minamisawa. Intentó hacerse la tonta con su madre, pero Marie era demasiado suspicaz y de ágil sentido de deducción como para engañarla.

-¿Ya te vas, cielo? -Preguntó, al ver bajar a Ylea tan deprisa por las escaleras.

-Hai... he quedado con los amigos. -Respondió, cogiendo una chaqueta.

-¿Las o los? ¬¬

-Ungh… En plural ¡mamá van a estar todos, no me voy a quedar sola, ni voy a hacer nada raro!

-No es por nada hijita... Pero a tu edad los chicos andan revolucionados y... –A Marie le salió una gotita en la cabeza.

-Mamá. -Ylea le lanzó una miradita.

-Vale, vale. No me preocupo. –Su madre levantó las manos.

-Gracias ^^ -Acto seguido, salió por la puerta, a la vez que se colocaba bien la cinta roja que llevaba puesta en el cabello.

Era un área nueva de la ciudad, y no tenía ni idea de dónde se situaba. Contaba con la información mientras preguntaba a los transeúntes, o con algunos mapas que estaban por las esquinas, pero aun así se sentía totalmente perdida. Cuando andaba cerca del parque, una chica se cruzó en su camino, casi haciendo que ambas chocaran.

-¡Perdón! –Ylea se disculpó inmediatamente, mirando de reojo a la chica. Era realmente bella, con una larga melena de color violeta, sujeta con un delicado lazo tras la cabeza. La miraba con detenimiento, con unos ojos del mismo tono que su cabello, aunque cerca de la pupila, ese color se aclaraba. Vestía un inconfundible conjunto deportivo de una escuela que no reconocía, blanco y azul. En el hombro, portaba una mochila de deporte.

-No pasa nada. –La chica sonrió. –Me llamo Tay Lhaos.

-Um… bonito nombre. Ylea Hiroshi.

La pelivioleta rió, con una voz increíblemente dulce.

-Sé que es raro, pero vengo de Tailandia…

-¡No, no! No es raro, es precioso, la verdad. –Se echaron a reír.

-¿Y a dónde ibas? –Preguntó Tay.

-Al parque. Mis amigos me esperan.

-¿Sí? Yo también… voy allí a entrenar.

-¿Entrenar? ¿El qué, si se me permite preguntar?

Tay no respondió; se limitó a sonreír y a coger a Ylea del brazo.

-Vamos, te lo diré cuando lleguemos.

Caminaron juntas, como si se conocieran de toda la vida. Ylea notó que Tay andaba de una manera extraña, con los brazos muy pegados al cuerpo y a pasos rítmicos. Siempre que se paraban para cruzar una calle, comenzaba a andar con el pie izquierdo y a veces, apoyaba la punta del pie antes que el talón. El porqué era un misterio: La chica de cabello rizado no quería ser descortés. De todos modos, era unos movimientos extremadamente elegantes y compenetrados.

Sorprendentemente, Tay comenzó a tararear una canción, que a los pocos segundos Ylea reconoció y comenzó a cantar con letra.

-How do you do, you like me and I like you, come and take me by the hand, 'cause I wanna be your friend (Traducción:¿Cómolohaces?mequieresyyotequiero,venycógemedelamano,porquequierosertuamigo*)–Al final, las dos acabaron canturreando aquella canción.
A los diez minutos de andar a paso lento, se encontraron en la entrada del parque e Ylea vio a todos sus amigos, aunque para ella, sólo existía uno.

-¡Mina! –Exclamó levantando la mano y corriendo hacia ellos.

-¡Ylea-chan! –Minamisawa se despegó del tablón de madera en el que estaba apoyado, aunque volvió a retroceder al notar las risitas de sus compañeros.

-¡ME HAN ADOPTADO! –Gritó sin poder aguantar. Todos se quedaron con la boca abierta, menos Tay, que tenía una cara de extrañada y se sentía un poco descolocada.

-¿En serio? –Dijo Tenma, emocionado.

-¡Eso es genial! –Replicó Nishiki.

-¿Quién son tus nuevos padres? –Preguntó tímidamente Hayami.

-Perdona… ¿Pero quién es ella? –Interrumpió de repente Kariya, señalando a Tay, que estaba extrañamente de pie sobre sólo un pie y el otro lo mantenía en el aire a pocos centímetros del suelo.

-Tay Lhaos. –Respondió la chica de cabello violeta, mirando a todos. –Raimon. –Dijo, con una sonrisa. –Os reconozco. Salís en todas las noticias de Internet y por las revistas…

Las presentaciones se hicieron eternas, aunque gracias a ello, todos acabaron conociendo el emocionante día de Ylea, a su nueva madre Marie Bielik, a su gata Tambria y a la nueva amistad del club. Curiosamente, Kariya no se mostró reacio a una nueva compañía, si no que estuvo centrado en Tay todo el tiempo.

-¿De qué escuela eres, Tay? –Preguntó el peliazul, levemente ruborizado.

-Almai Libera… -Respondió, con una gran sonrisa. –También juego al fútbol y vengo aquí a entrenar todos los días…

-¿Cómo, si no hay ni un solo campo en este parque? –Preguntó Shindou.

-Oh, no me hacen falta. –Rió. –Me basta con los columpios y todos los elementos que veis…

Antes de que cualquier otro pudiera pedir otra explicación, Tay dejó su mochila en el suelo y levantó una pierna hasta dejarla a la altura de su cabeza, sujetándola con una mano.

-Manuda flexibilidad. –Añadió Minamisawa, sorprendido, como todos los del equipo.

-También soy contorsionista… mi madre lo fue en su día. –Bajó la pierna y esta vez, se abrió de piernas en el suelo, fácilmente y sin dejar de sonreír. –Es fácil.

-¡Para ti! –Comentó Akane, sacando una foto.

Tay volvió a levantarse, como si no hubiera nunca adoptado ninguna postura incómoda.

-¿Tanto sorprende? En Almai Libera todos somos iguales… Somos como un… "circo" ambulante. –Rió, contagiando a todo el resto.

En realidad, todos los del club habían quedado para entrenar, a lo que Tay se unió sin ningún problema. Impresionó a todos que alguien como ella, de apariencia tan frágil y delgada, pudiera regatear de ese modo. En una de sus numerosas tomas de posesión del balón, se encontró con Kariya, impidiéndole el paso.

-No pasarás… -Dijo el peliazul, lanzándose a robarle el balón.

Ella no contestó, pero aferró con fuerza el balón con ambos pies, dio un increíble salto y, apoyándose en los hombros de Kariya con las manos, pasó por encima de éste sin problemas, para seguir luego con su carrera. Llegó en frente de la portería con suma facilidad, intentando ser detenida por los defensas, sin éxito. De un golpe seco clavó el balón en el suelo, formando unas chispas alrededor de éste.

-¡No me puedo mover! –Exclamó Kirino, al ver que sus piernas no obedecían la orden de interceptar a Tay.

Y era verdad, pues ninguno de los chicos de Raimon podía moverse. Inclusive Sangoku, que observó cómo de un levísimo toque, la estudiante del Almai Libera metió gol.

Anonadados con el poder de la tailandesa, los chicos se rindieron. Ylea sonrió; no por que todos estaban a gusto con su nueva amiga, si no en la agradable vista que suponía ver a Minamisawa respirando tan rápido debido a las carreras.

-Perdona. ¿Es esto Raimon?

Una voz la sacó de sus pensamientos, justo a tiempo antes de que se ruborizara. Se giró, para ver a una chica muy similar a ella, que llevaba un sombrero blanco.

-Eh… sí. –Respondió. -¿Buscas a alguien?

La chica rio.

-No… tan sólo es por curiosidad. Me sonaban sus caras de la televisión. –Le tendió la mano. –Me llamo Haru Kanako… Acabo de llegar a la ciudad.

-Bienvenida entonces, Haru. –Ylea aceptó su cordial saludo.

A estas alturas, todos habían reparado ya en Haru, pero la que más sorprendida parecía era Tay. No dejaba de mirarla como si ya la conociera. Y en cierto modo, así era.

"-¿Qué hacéis aquí, mi señora, mintiendo como de costumbre? –" Pensó la jugadora, mirando con el ceño fruncido a la recién llegada. Cerró el puño, sabiendo que si la hija del director de su escuela estaba aquí por algo, tenía que ser por un asunto importante. Aquello no la tranquilizó para nada. Sabía lo que Haru podía llegar a hacer por conseguir lo que quisiera.

Justo entonces, ella y la "inocente" Haru cruzaron miradas. En silencio, estalló una batalla de diálogos sin voces, en la que Tay comprendió que debía callarse, hacer como si no la conociera… Comenzar de cero, aunque significara poder poner en peligro a sus nuevos amigos.

Calló y bajó la cabeza. No tenía otra opción.

-Me interesa el fútbol… -Admitió Haru, sonriendo. –Espero que me dejéis quedarme con vosotros… Ayudaré en lo que pueda.

Las cuatro mánager de Raimon no encontraron inconveniente, tampoco los jugadores (Exceptuando a Tay) así que se quedó con ellos. Poco consiguieron conocer de ella, pues no dijo ninguna información exacta. Tan sólo su nombre, edad y unos cuantos datos más; pese a todo, era una gran chica.

-He de irme. –Anunció de repente Haru, sonriente. –Ha sido un gusto… creo que volveremos a vernos.

Tay palideció, pero Kariya le dedicó una sonrisa que extrañamente la hizo sentirse mejor.

Ylea la secundó unos minutos después, al percatarse de la hora. Se despidió, incluyendo a la chica del Almai Libera, con unas cálidas sonrisas y alguna que otra broma graciosa. No reunió el suficiente coraje para despedir a Minamisawa tal y como tenía planeado, pero no le importó. Otros se dieron cuenta, y cuando la castaña dobló por la esquina, desapareciendo, Kirino propinó tal codazo al pelivioleta que éste soltó una exclamación de dolor.

-¿La vas a dejar ir, así sin más? –Le dijo.

Al principio no entendió, pero rápidamente se puso en pie, siguiendo a Ylea, rogando porque no le hubiese dado por irse corriendo.

Ylea se maldecía por su falta de iniciativa. Vale que fuese tímida, pero todo dios se despide con un simple movimiento de mano y una mirada, no debía de ser tan difícil. Oyó unos pasos tras de sí. Corrían. Alguien corría. Por un momento le dio miedo, y su curiosidad se giró. No supo si para bien o para mal, porque al ver que Minamisawa se paraba allí de golpe en frente suya casi hizo que el corazón se le saliese del pecho.

-¿Me he dejado de nuevo la mochila? –Preguntó ella, riendo.

-No… -Respondió al instante, sonriendo.

Luego, Minamisawa sintió que se le iba el color del rostro. ¿Con qué propósito había salido corriendo tras ella?

-¿Qué sucede entonces?

-¿Sabes? Realmente nada. Quise acompañarte.

Ylea abrió los ojos desmesuradamente. ¿Lo decía en serio? Sin poder evitarlo, sonrió.

-Me alegra… es triste volver a casa sola.

Agarró la mano de Minamisawa, arrastrándolo hasta su lado para caminar al mismo tiempo. Ninguno hizo amago de mirarse, sabiendo que no conseguirían más que quedar en evidencia en frente del otro por culpa de su sonrojo.

-¿Está lejos tu casa? –Preguntó él, curioso, sin llegar a mirarla.

-No… hemos andado mucho. –Y cierto era. –Mira, es esa blanca…

-Es grande. –Rio Minamisawa.

-Lo suficiente para una madre, una hija y un gato que araña… -Le siguió Ylea, sin dejar de señalar a su nuevo hogar.

-Creo que ya puedo dejarte aquí… me parece que no harás nada peligroso en los dos metros que te separan de tu casa.

-¿Y si viene un coche y me atropella?

-Es una calzada, idiota… los autos no pasan por aquí…

-¿A quién llamas idiota? –Ylea le pellizcó el brazo levemente, sonsacándole una mueca a Minamisawa.

-Vaya… no sólo las abejas pican… -Dijo él, frotándose el brazo.

-No sólo las piedras son unas cabezahuecas…

-No sólo las mariposas acarician a las flores… -No quiso pensarlo, pues cuanto más lo hiciese, no sería capaz. Se inclinó sobre ella, presionando levemente sus labios contra los de la chica, incapaz de moverse. Los dos segundos más eternos de su vida, pero a su vez, los más rápidos.

-Adiós entonces, baka… -Minamisawa se separó, dándose la vuelta y yéndose antes de que Ylea pudiese reaccionar, dejándola a la misma puerta de su casa.

*Canción: How do you do – beFour (Muy buena, escuchen xD)

¡Merezco ser apaleada, sí señor! :D ¡Con un remo, una cuchara o con un cojín! T_T Me siento miserablemente mal por hacerles esperar tanto T^T Espero por el amorcito de Dios, que esto sea suficiente para ustedes durante una temporada, pues me voy de vacaciones de Navidad y no sé cuánto podré escribir.

En finito, con esto y un bizcocho, ¡me despido hasta mañana a las ocho!