Los personajes no me pertenecen, ojala algun dia lo hagan... Mientras son de Rumiko :(


El color desapareció de mi rostro mientras retrocedía temblando, Inuyasha se estaba acercando a mí con una katana en la mano.

Seguí retrocediendo aterrada, pero de pronto sentí la pared tras mi espalda.

No tenía escapatoria.

-¿Sabes lo que hago con las muchachas entrometidas?-me preguntó mirándome con tranquilidad-

Negué con la cabeza demasiado asustada como para responderle.

-Te diría que me las almuerzo pero sé que eso te provocaría un paro cardiaco, o al menos eso desvelan los latidos de tu corazón.

-¿Por qué?-le pregunté con un hilo de voz-

-Porque tú eres una niña entrometida.

Estiró una mano hacia mí, instintivamente me pegué mas a la pared aún sabiendo que no tenía escapatoria.

Pero unos milímetros antes de que su mano me rozara él se puso tenso, soltó una maldición y desapareció ante mis ojos…

No, no había desaparecido…

-Ha saltado por la…ventana-murmuré sorprendida dirigiendo mi mirada a la ventana la cual estaba abierta.

Dejé escapar un suspiro de alivio mientras me tocaba el pecho justo encima del corazón, cualquiera podría escuchar mis latidos descontrolados.

-Qué está pasando aquí…-susurré con los ojos llenos de lagrimas, esto era demasiado para mí.


-¿Kagome me escuchas?

Levanté la mirada de mi hamburguesa de dos pisos, ¿quién me había hablado?, ¡ah sí!, había sido Rin pero yo estaba otra vez en las nubes, sumergida en mi mundo… y este no era precisamente de fantasía.

-Esto…lo siento Rin me tengo que ir-le dije levantándome de la silla y alejándome de mi amiga.

Perdoname Rin pero no quiero hablar con nadie, no quiero saber nada de nadie, no quiero…

Saber nada de él.

¿A quién pretendo engañar?

Han pasado tres semanas desde que Inuyasha se presentó en mi casa, y hasta entonces no le he visto.

Ha desaparecido totalmente del mapa y de mi vida.

Debería estar feliz ¿no? Los asesinatos han terminado, o al menos hacía tiempo que no ocurren.

Y yo he dejado de ser el punto de mira de un loco.

¿Entonces por qué me siento tan triste?

Salí de la universidad sin mirar hacia atrás siquiera, no sabía ni a donde iba solo quería estar sola y así pensar con claridad.

Me estoy engañando a mí misma.

Sigo intentando hacerme creer que no quiero saber nada de él.

Que no quiero hablar con él.

Que no quiero verle.

Soy una estúpida.

Y esto no es una pregunta si no una afirmación, ¿a qué chica con la cabeza bien amueblada se le ocurriría jugar a los detectives? Y encima echar de menos a algo extraño y peligroso…

Crece de una vez Kagome, el juego a terminado y de la mejor manera.

Sigo viva.

-¡Kagome!

Me giré al escuchar una voz masculina pronunciar mi nombre, una parte de mi deseaba que fuese él.

-Oh…hola Miroku.

-Menuda cara tienes ¿te pasa algo?

-No, tranquilo. ¿Y a ti? ¿Por qué me llamabas?

-¡Ah sí!, es que Inuyasha me pidió que te diese algo hace ya un mes o así.

Parpadeé sorprendida al ver como Miroku me daba un sobre de color blanco.

-No lo he abierto así que no sé lo que es.

-Oh…vale gracias –le dije sonriendo extrañada-

-Bueno me voy, que le prometí a Sango que me encontraría con ella en la universidad, ¡adiós Kagome!

Le dije adiós con la mano y vi como se alejaba, yo me había quedado plantada en el mismo sitio, no me había movido ni un milímetro.

Cogí aire y abrí la carta con cautela, mis dedos se adentraron en el sobre agarrando lo que parecía un pequeño papel.

-Qué demonios…

Mi sorpresa fue monumental.

No me esperaba encontrar mi foto "perdida".

Si, aquella por la cual comencé a conocer a Inuyasha.

Le di la vuelta y vi una palabra escrita detrás.

Enana.

Apreté el puño mientras el enfado crecía dentro de mí.

¡Ese estúpido engreído!

Comencé a andar de nuevo hacia mi casa, el enfado podía conmigo.

Mejor que nadie se acercara a mí, porque si lo hacían acabarían muy mal.

Inuyasha se había estado burlando de mí, y seguía haciendo incluso cuando no estaba.


-¡Bien!-exclamé en medio del silencio de mi casa –en realidad es un pequeño apartamento-, ya me había duchado, secado el pelo y vestido.

Parecía una ladrona.

Pero es que entrar en la Todai no es moco de pavo, y tengo que estar preparada.

Aunque quizás…me había pasado.

Me puse delante del espejo y miré.

Me había recogido el pelo en una cola alta, llevaba un chaleco de licra negro con un jersey negro encima, unos pantalones de hacer gimnasia negros y cómo no, unas zapatillas de deporte negras.

-¡Soy la hormiga atómica!-grité haciendo el tonto, los nervios podían conmigo.

Pero quizá lo que más sobraba en mi vestuario eran los ajos colgados del cuello y la cruz, las estacas las llevaba en una mochila junto con algo de agua bendita.

-Al menos ver Buffy caza vampiros me sirve de algo.

Salí de mi casa intentando no toparme con nadie, aunque a las doce menos cuarto de la noche es difícil toparse con alguien, sobre todo si es un martes.

Aunque si alguien me viese con estas pintas…creo que se asustaría.

Anduve rápidamente hasta la universidad, no había nadie en los jardines y dentro no se veía ninguna luz, esa era mi oportunidad.

Intenté entrar por la salida de incendios, pero entonces me di cuenta que las puertas de las salidas de incendios solo sirven para salir, así que rodeé el edificio y entré por la que usaba él de seguridad, el hombre es bastante viejo, así que si no hacia ruido no me cogería.

Recorrí los pasillos casi de puntillas deteniéndome en cada esquina para asegurarme que él guardia no estaba cerca y por fin tras quince minutos de nervios llegué ante la puerta del sótano, la cual abrí.

No pensaba encender la luz, si lo hacia el guardia me descubriría, así que como buena exploradora saqué de mi mochila una linterna y la encendí.

El sótano seguía igual que la primera vez que entré en el.

Incluso las cajas seguían en el suelo.

En el momento que vi la cortina verde recordé el motivo por el cual había vuelto al sótano.

Para descubrir más cosas sobre Inuyasha.

Me acerqué a la cortina y estiré la mano hasta agarrar la tela, mi corazón latía desbocado y los nervios podían conmigo.

Pero nunca fui una cobarde y no iba a empezar a serlo.

Aparté la cortina de un tirón y vi las tablas que tantos problemas me habían dado, rocé una con los dedos, y me agaché esperando oír una explosión o sentir las tablas volar. Pero no ocurrió nada.

Sorprendida me levante del suelo y toque una tabla, nada, ni una vibración ni nada de nada.

¿Qué demonios pasaba?

Comencé a aporrear las tablas muy enfadada, ¿Por qué siempre me salían mal las cosas?

Me pase más de veinte minutos examinando las tablas, pero no ocurrió nada.

Quizás era bueno que no ocurriese nada, eso quería decir que todo había acabado.

Pero me sentía decepcionada, muy decepcionada.

Le di la espalda a las tablas y comencé a andar hacia la salida, entonces de pronto escuché un crujido, me gire y lo vi, las tablas cayeron al suelo y entre la humareda que habían producido había una sombra…

Una sombra amenazante que cambiaba de forma.

Tragué saliva asustada, algo me decía que las estacas y el agua bendita me iban a servir de poco.


Creo que es un cap mas corto que el resto, pero finalmente lo traigo; lo siento me quedaron asignaturas para septiembre y ando super liada intentare subir otro cap pronto pronto.

Espero que hayais disfrutado del cap y que yo disfrute de vuestros reviews! ^^

Ya sabeis la regla de 3: cuanto mas reviews antes llega el cap :D

Saludos!