Perdón por la tardanza, pero los motivos están al final del todo xD Lean, lean… espero que esta vez, salgan con una buena crítica!
Inazuma eleven pertenece a Level5, pero tanto Ylea como otros personajes y nombres de técnicas ajenas a la realidad, son puramente y genuinamente míos eue!
¿Lo había hecho? La había… ¿besado? La puerta se abrió tras ella y pudo ver a su madre, que la miraba extrañada. Ylea sonrió, ocultando sus verdaderos pensamientos.
Tay anduvo detrás de Haru, a una distancia prudencial, siguiéndola hasta la puerta de su lujosa casa. La odiaba con todas sus fuerzas, pero se negaba a contradecirla, sabiendo el agrio futuro que la esperaba a ella y su familia. La odiaba, por ser tan chantajista y manipuladora y no dejaba de sentir pena por su pasado, roto como una tela comida por las polillas.
-¡HARU! –Se atrevió a gritar, haciendo que la mencionada diera un leve respingo y se volteara a mirarla. Tay apretó los puños. -¿Qué se supone que quieres de Raimon? ¿Acaso quieres asegurar nuestra victoria con el Fifth Sector? ¿Tan sólo quieres información? ¡Estoy en…!
-Cállate. –Le espetó, poniendo los ojos en sombra. -¿Quieres ver de nuevo a tu familia en las calles de Tailandia?
Un durísimo golpe para Tay, que tembló de pies a cabeza.
-Deja de cuestionar al Fifth Sector y acata las reglas. Para tu uso exclusivo, tienes una más: No cuentes ni una sola palabra de esto, o puedes asegurarte de que el día de mañana te verás de nuevo en tu país. –Haru terminó, suspirando y volviendo a poner aquella sonrisa tan falsa y angelical. –Ahora, buenas noches, Lhaos, y no olvides…
Cerró la puerta de un sonoro portazo, dejando a la chica pelivioleta con un amargo sabor de boca. La trataba como si fuera un estorbo, seguramente eso es lo que fuera para la señorita aristócrata… No le importaba que hubiera perdido una hermana cuando era pequeña ¡se lo merecía!
-¡Ylea no tiene nada que ver contigo! ¿Me oyes? ¡NADA!
Estaba segura de que Haru la había oído y eso la bastaba. Dio media vuelta, camino de nuevo a lo que Tay llamaba hogar.
Las semanas siguientes fueron extrañas para todos. En los entrenamientos, había más silencio que nunca. Aunque el entrenamiento cambió ligeramente su estructura, se hacían monótonos y tanto aburridos. Haru siempre acudía, al igual que Ylea, pero no quitaba que la nueva incorporada se mostrara esquiva, siempre observando en silencio y yéndose antes de que acabaran las sesiones. Incluso Minamisawa e Ylea no hablaban tanto; muchos dirían que llegaban a esquivarse, evitando cruzar alguna mirada o gesto. Tay aparecía cada vez menos, pero siempre alegre… o al menos, aparentemente alegre.
-¿Una carta? –Dijo Shindou, tomando la misiva que Tay le hizo entrega uno de los días.
-Una invitación… a jugar un partido. Con nuestra escuela. –Explicó, sin dejar de lanzar miradas nerviosas a Haru, que sonreía. –Nos gustaría que aceptaseis…
-¡Será divertido! –Exclamó Tenma, pasando su brazo por los hombros de Tsurugi, que chasqueó la lengua, contrariado.
Un murmulló creció por el campo.
-¡Iremos! –Sentenció Shindou, mirando a Tay.
La pelivioleta asintió, sintiendo cómo el mundo se venía abajo. "No debieron…" Pensó. Haru rio con malicia, pero no hizo ningún comentario.
De nuevo, en la salida del entrenamiento, Ylea decidió que las cosas cambiarían. ¿Cómo se le pasaba por la cabeza besarla de ese modo y luego darle esquinazo? La situación era inaguantable, y cada segundo que se alargaba, creía perder toda esperanza de recuperar la cordura.
-¡Oye, espera! –Ylea cogió del brazo a Minamisawa, que se escapaba ya por las esquinas como de costumbre.
-¿Qu…? –Dijo éste, frenando bruscamente ante el agarre de la chica morena.
-No pienso dejar que sigas pasando de mí así. ¡No después de lo que me hiciste! –Le costó pronunciar cada palabra, controlando su rubor.
-Ahora niega que no te gustó. –Minamisawa frunció el ceño, sabiendo bien que aquella pelea la tenía ganada de antemano.
Ella no contestó, se limitó a mirarle con seriedad, intentando simular enfado, sin éxito. Suspiró pesadamente, sonriendo para sí misma; por lo menos, él no se había enfadado…
-Necesito que me ayudes a estudiar. –Mintió Ylea. –Llevo mal las Ciencias Sociales…
Minamisawa parpadeó varias veces, intentando asimilar que primero, ella le hubiera reprimido y luego, le pidiera ayuda. Iba a negarse, pero sus fuerzas flaquearon al encontrarse con aquellos ojos de color avellana, tan dulces e inocentes que parecían frágiles desde el exterior.
-De acuerdo… ¿Cuándo?
-Hoy.
-¿Hoy? ¿No es un poco precipitado?
-El examen es este viernes… Y yo estoy en una escuela diferente. –Lentamente, Ylea entrelazó su mano con la de él. –Anda, me lo prometiste… ¡muévete!
No hablaron durante el camino, pero sí que no dejaron de tomarse de la mano, mirando siempre hacia direcciones contrarias. Aún era temprano cuando llegaron y Tambria los esperaba subida a la valla de la casa. Maulló, frotándose contra las piernas de los dos, ronroneando y clavando las uñas en los zapatos de Ylea. La gata entró por una ventana abierta, mientras que ellos, obviamente, tuvieron que abrir la puerta.
-¡Mamá, traigo compañía! –Vociferó desde el vestíbulo la niña, haciendo un ademán a Minamisawa para que la acompañara a su habitación. -¡Vamos a estudiar!
Se oyó una vaga respuesta proveniente del jardín trasero, algo así como: Tened cuidado.
-¿Tened cuidado? ¿Acaso guardas un león en tu armario? –Preguntó el pelivioleta, sentándose en el suelo.
-No. –Ella puso los ojos en blanco. –Tengo un par de cebras, un cocodrilo y cincuenta peluches en forma de ponis…
-Muy femenino.
-Sobre todo los ponis…
-¿Corro el riesgo de feminizarme dentro de esta habitación? –Minamisawa se cruzó de brazos, mirándola con una sonrisa de sorna cuando se sentó.
-Oh, corres incluso el riesgo de volverte un entusiasta de historia… -Ylea le lanzó el libro de Sociales al pecho, el cual recogió. –Anda, pregunta los temas 3, 4 y 7…
Él abrió el voluminoso libro, percatándose de que en realidad, allí dentro había bastante materia… Ojeó la religión musulmana, la conquista de Tierra Santa, el arte gótico en el y tras un rato con la mirada perdida en el libro, musitó.
-Te compadezco, Ylea… esto es duro de estudiar.
-Gracias… ¿Puedes empezar? En poco será la hora de comer…
-Bien… te propongo una cosa. Cada vez que falles, tendrás un castigo.
-De cara a la pared quince minutos, como en las escuelas antiguas… -Ella negó con la cabeza. –Me das miedo, y más cuando dices que habrá castigo…
-No haberme pedido que te pregunte… -Hizo una pausa. -¿Qué fueron las Cruzadas?
-Expediciones militares realizadas por los reyes europeos y el papa Urbano II, para conquistar Jerusalén… -Respondió ella, de forma automática.
Y, por más preguntas que formulara, Ylea respondía siempre, quizás alguna que otra vez dudando, pero hasta el momento correctamente. Hasta el momento…
-Di cuatro catedrales góticas… las que sean… [Bokku, todo lo que salga aquí me lo sé :3 Tuve un examen de esto… 10 en toda regla xD]
-Amiens… Chartres…. Siena… y…
-¿No sabes…? –Minamisawa rio. Podría decir una realmente sencilla, quizás una de las más famosas…
-¡Espera! Seguro que me saldrá… -Pensó por unos segundos eternos, aunque su memoria decidió traicionarla. –Está bien, no recuerdo…
-Castigo… -Él pellizcó ligeramente la mejilla de Ylea, riendo. -¿No te acordabas siquiera de la de Notre Dame?
-Me falló la memoria… -Ella se atusó la mejilla derecha, con una cara falsa de dolor.
-Eso dicen todos…
-Claro… ¿A que no sabrías responderme cuántos años tiene Tambria?
-¿Cómo voy a saberlo? –Se defendió Minamisawa, apartando el libro a un lado. -¡Es tu gata, no la mía!
Ylea hinchó los mofletes y se lanzó a hacerle cosquillas, riendo.
-Pues tiene ocho años ¡ya lo sabes!
-¡Para, no soporto las cosquillas! –Él intentaba liberarse de ella, que había logrado tirarle al suelo. -¡Se supone que estamos estudiando!
-¡La ley del estudiante! Si invitas a alguien a estudiar, haréis de todo menos estudiar.
-¿De todo, eh?
En el fondo, Minamisawa era más fuerte que ella y en poco, fue él quien la tuvo contra el suelo. La miró directamente a los ojos, jadeando. Para ser una simple chiquilla, había puesto bastante resistencia…
-Oye… -Comenzó ella, con las mejillas completamente enrojecidas. –Ya… puedes bajarte ¿no?
-Una cosa es poder y otra querer… -Se hizo un repentino silencio, en donde sólo se escuchó la respiración entrecortada de ambos al besarse. Quizás de vez en cuando las uñas de Tambria al arañar la puerta, intentando entrar… pero silencio.
-P-para… -Musitó Ylea, apartando cariñosamente a Minamisawa de su rostro. –No me dejas respirar…
-Será por tu culpa… yo puedo respirar perfectamente. –Rio, volviendo a besarla, pero en la mejilla.
-Empalagoso… -Escapó de debajo de él incorporándose y estirándose.
-¿Entonces…? ¿Hemos estudiado ya?
-Qué va… pero ha sido la mejor sesión de estudio del mundo.
-La próxima vez que estudie anatomía humana ya sé a quién pedirle ayuda…
-¡Salido! –Ylea le lanzó un cojín, si poder evitar un ataque de risa.
-No he dicho nada, adicta a los ponis… -Recogió el cojín y volvió a dejarlo sobre la cama de ella. Justo entonces, Marie, con una sonrisa, entró llamando con cuidado.
-Cielo… ¿Has terminado? –Preguntó.
-Por supuesto mamá… Ya me lo sé todo. –Miró a Minamisawa. –Es un gran profesor.
-Bien… -Su madre no dejaba de sonreír. –Entonces, es tarde… debería irse a casa, si no quiere que sus padres se preocupen.
-Cierto… -Dijo él, cogiendo su cartera. –Te veré el día del partido contra el Almai Libera.
Y sin más, fue una despedida "normal" pues ¿quién querría que Marie Bielik se enterase de todo lo que había pasado?
-Este instituto es exageradamente grande… -Tenma tragó saliva, mirando a aquella carpa de circo, rodeado por una muralla blanca y dorada.
-¿Se supone acaso, que ESTO es un instituto? –Contradijo Shinsuke.
-Tay nos debe un par de explicaciones… -Susurró Haruna, al lado de Endou.
Pero sí, sí era un instituto, con aulas subterráneas y patio bajo aquella carpa del color del emblema del Almai Libera: Azul celeste y malva. Dentro, no se escuchaba una sola voz. Todo el equipo se acercó, entrando dentro de la carpa.
-Para no oírse nada, aquí hay una manada de estudiantes. –Añadió Kirino.
Y cierto era, que dentro de la pista, como mínimo, cuarenta niños y niñas practicaban con el balón. Ylea, acompañante fiel al grupo, divisó a lo lejos a Tay, que, sujetándose con las manos en el suelo, mantenía su cuerpo en vertical, con un balón entre los pies.
-No atino a acertar cómo hace eso… -Pensó.
La niña se percató de la presencia de Raimon y corrió a recibirles. Pero se paró a unos metros de ellos. Extendió la mano al aire, y tocó algo invisible: un cristal.
-¿Qué hace un cristal aquí? –Preguntó Kariya, al ver que todos sus compañeros se habían acercado a tocar el cristal.
Tay ladeó la cabeza, con expresión confusa. Luego, se llevó una mano a la oreja, indicando que no había oído lo que él había dicho. Tras varios intentos de hacérselo entender, ella caminó hasta una puertecita, que nadie había percatado en ella. De repente, todo Raimon tuvo que cubrirse los oídos, golpeados por el estruendoso sonido de una guitarra eléctrica.
-¡Humanos normales! –Bromeó Tay, riéndose. -¡Os acostumbraréis!
-¿Cómo vamos a acostumbrarnos, a una música que como poco, está a un volumen exagerado? –De nuevo, Kariya se dirigió a ella.
-¡Por que, amigo mío, vamos a jugar el partido con la música!
Sí, hice este capi escuchando Monster de Skillet xD
¡Jajajaja! Terminé! Pero esta vez tengo excusa! He estado de vacas en Barcelona, así que no he podido escribir :3 Mañana empiezo de nuevo el colegio, así que… aguarden con este hermoso capi LOL
¡Un besazo a todos los que leen esta historia, espero no defraudarles!
