Los personajes no me pertenecen... Pero la historia es completamente mia.

¡Disfruten!


Con el corazón latiendo descontrolado abrí la puerta de mi habitación.

La oscuridad llenaba totalmente la estancia, pero pude identificar a alguien apoyado en la pared bajo la ventana, no se movía.

Llevé mi temblorosa mano hasta el interruptor de la luz; con la luz encendida pude ver perfectamente al individuo, demasiado bien…

-¿Inuyasha?-susurré asustada al ver su camiseta azul con unas grandes manchas carmesíes.

Me acerqué a él rápidamente, sintiendo como mis piernas temblaban, pero no podía ponerme a gritar como una histérica, no en ese momento.

Me agaché junto a él y pude comprobar que parecía estar inconsciente, temblando dirigí mi mano hacia su cuello para tomarle el pulso, suspiré tranquila, tenía pulso.

No sabía qué hacer, en las películas dicen que no se debe mover a nadie que sangre. Pero si no hacía algo él…

-Vamos Kagome tu puedes…-me animé a mi misma mientras con cuidado le recostaba en el suelo y estiraba la mano para coger la almohada que estaba sobre mi cama. Puse ésta bajo su cabeza y le observé intentando pensar que más hacer. Me levanté del suelo y busqué sobre el escritorio unas tijeras, necesitaba quitarle esa camiseta y la única manera era cortándola. Encontré unas en uno de los cajones, y decidida me volví a agachar junto a él, cogí la camiseta por abajo y comencé a cortarla rasgándola hasta el cuello. Cuando le vi sin la camiseta sentí que iba a desmayarme. Una herida de más de quince centímetros le atravesaba parte del pecho, y de ella salía mucha sangre. Sentí como me comenzaba a marear, pero no podía desmayarme, no en ese momento, aunque no supiese el porqué Inuyasha estaba en mi casa, así que me armé de valor y fui al cuarto de baño a por el botiquín, tenía que curarle la herida yo misma pues algo me decía que llamar a un ambulancia no le gustaría a Inuyasha…


Dirigí la mirada hacia el reloj que estaba sobre mi escritorio.

Habían pasado ya tres horas, y mi "invitado" no daba señales de mejoría; bueno salvo por el hecho de que parecía que había dejado de sangrar.

Me volví a sentar a su lado y le toqué la mano para buscar el pulso, no podía dejar de hacer eso, sentía que si me descuidaba un segundo él dejaría de respirar...

-Inuyasha...-susurré con lágrimas en los ojos mientras buscaba su pulso en la fría muñeca, no lo encontraba...

-No...no puede ser- empecé a temblar incontroladamente, toqué su muñeca intentando encontrar un pequeño indicio de que su corazón latía...

No lo hacía.

Alterada intenté buscarle el pulso bajo el cuello, al hacerlo me di cuenta de que no respiraba.

Aterrada acerqué mis labios a los suyos e intente darle aire. Debiera haber asistido a los cursos de primeros auxilios...

Por muchas veces que intentaba llenar sus pulmones de aire no lo conseguía, él no respiraba, sus pulmones permanecían vacíos...

-¡Inuyasha!

En cuanto grité su nombre, todo se detuvo a mi alrededor.

Una luz cegadora invadió mi cuarto...


Parpadeé varias veces antes de enfocar totalmente el lugar donde me encontraba. ¿Qué había pasado?

Me senté en suelo mientras me tocaba la cabeza, me dolía a horrores como si me hubiesen golpeado con una sartén... o con algo parecido.

Miré el techo y de pronto recordé lo ocurrido, alterada me levanté del suelo y busqué con la mirada a Inuyasha.

-¿Qué...?-no pude terminar de hablar, estaba demasiado sorprendida mirando a la "persona" que estaba tumbada en mi suelo, sin camiseta y con el pecho lleno de sangre seca.

Un hombre, no se le podía decir muchacho ni chico, era demasiado masculino y perfecto.

Pero lo que me asusto fue saber que ese hombre era...

-Maldición...

Le miré con los ojos abiertos como platos, hacía unos instantes estaba técnicamente...muerto. En cambio ahora se movía y maldecía entre dientes.

-¿Inuyasha?-murmuré con miedo mientras veía como el individuo se sentaba en el suelo y dejaba ver su perfecta musculatura, me mordí el labio mientras intentaba controlar mis hormonas. Ese hombre era pecado puro y duro.

-Kagome...¿Qué ocurre?-lentamente se levantó del suelo y se dirigió a mí, pero antes de llegar a mi lado se quedo parado y se llevo una mano al pecho, sobre donde supuestamente estaba la herida...

-¿Estas...?-comencé a preguntarle si se encontraba bien pero no pude-

-¡Maldición!

Era él, eso seguro. Porque si no me habría dado cuenta en cuanto me miró con esos hermosos ojos del color de la miel.

Era Inuyasha, mi amigo.

O al menos eso había sido durante un tiempo.

-¿A qué esperas?

Me sobresalto su pregunta, ¿Qué quería decir?

-¿A qué te refieres?-le pregunté mientras me levantaba del suelo y le miraba, era más alto que antes, y mucho más...grande.

-¿Cómo qué a que me refiero? Soy un monstruo enorme y malvado, ¿no deberías estar gritando?

Entonces es cuando me di cuenta...sobre su cabeza había dos orejas que me eran familiares...

-Tú...-le miré alarmada, pero un segundo después me sonroje. Había sido él, ¡Inuyasha me había besado!

-Bingo. Si yo soy tu acosador, asesino o como quieras llamarlo.

Le miré atentamente, esa respuesta me la esperaba.

Pero lo que no me esperaba era que él fuese el que me la diera.

-Ya me lo esperaba-susurré apartando la vista de él por un segundo.

-¿Entonces por qué me has salvado?

-No Inuyasha, esta vez la que hace las preguntas soy yo.

Le miré a los ojos sin miedo, y lentamente me acerqué a él, sin miedo, sin titubeos.

Totalmente segura de lo que hacía.

-¿Qué quieres saber?

-Ven.-le cogí de la mano sin parar a darme cuenta de las afiladas garras, ni de su reacción al ver como yo le hacía caminar hasta el cuarto de baño. Se había puesto muy tenso.

-¿Qué...?

Antes de que pudiese hablar le hice sentarse sobre un banquito que tenía en el baño y comencé a limpiarle con una toalla humedecida la sangre seca.

Me concentré en mi tarea para evitar pensar en ese torso que estaba bajo mis manos...

Aunque hice la tarea lo más rápido posible, no pude evitar pensar que el tiempo se había detenido, porque me pareció llevar horas admirando ese pecho, ahora sin sangre, pero con una herida medio cicatrizada.

-¿Qué te paso? ¿Y cómo es que te has curado tan rápido?

Le oí suspirar pero dos segundos más tarde comenzó a relatarme lo ocurrido.

-Me tendieron una "trampa" y sobre la herida...es porque soy diferente a la gente normal.

-¿Qué quieres decir con "trampa"?-le pregunté apuntando mentalmente que debía preguntarle por qué era diferente a los demás-

-Que han intentado matarme.

No pude evitar dejar escapar un pequeño ruido de sorpresa, me aterró el escuchar como él decía esa frase con tranquilidad. Como si estuviese acostumbrado.

-¿Quién?

-Eso no es asunto tuyo.

-Sí que lo es, estas en mi casa.

No me contesto nada, y eso me extrañó. Levanté la mirada de su herida y le miré a los ojos.

Estaba muy diferente, tenía el cabello plateado, y sus facciones eran más duras, las de un hombre. Sus ojos estaban como siempre, pero sus orejas eran lo que más destacaba.

Me entraron unas ganas locas de acariciarlas.

Y lo hubiera hecho si no me hubiese dado cuenta de algo.

-¿Por qué has venido a mi casa precisamente?

Silencio...Ni una respuesta.

-Inuyasha tengo dere...

-Tengo hambre.

-Te daré comida cuando me respon...

-Kagome. Tengo hambre, llevo sin comer horas.

Lo único que hizo que no le mandara directamente a la mierda fue el recordar que estaba mal herido.

Resignada, salí del baño sin esperar a que él me siguiese. Me dirigí a la cocina y abrí la nevera buscando algo que hacer de comer.

De pronto recordé las bolsas de la compra.

-¡Mierda!

Fui prácticamente corriendo hasta la entrada de mi casa.

Las bolsas seguían donde las había dejado, pero los productos congelados estaban echos una sopa, y no precisamente de la lluvia.

Se habían derretido, tendría que tirarlos.

Suspiré y llevé las bolsas hasta la cocina, las puse sobre la mesa y comencé a tirar a la basura los congelados.

-¿Por qué haces eso?

Me giré al escuchar su voz, para estar herido gravemente no parecía estar demasiado mal.

-Se han derretido, no puedo usarlos ya, es lo malo de los congelados.

-Es mi culpa.

-No, es miá. Debí de haberme acordado de ellos...Bueno después de todo no es algo que vaya a matarme.

No lo dije queriendo, pero esa frase no pareció gustarle demasiado, o al menos eso pude deducir por la expresión de furia de su cara.

-¿Qué quieres de comer?

-Me da igual, cualquier cosa.

Asentí con la cabeza y busqué algo de pasta. Puse una olla llena de agua y encendí el fuego para que se calentase antes de echar los macarrones.

-Pensé que te pondrías a gritar e intentarías matarme, ¿Por qué no lo has hecho?

Sin mirarle saqué unos platos del armario junto con un par de vasos. Cogí el tomate frito de la nevera y una botella de coca cola.

-¿Vas a contestarme o tendré que sacarte las respuestas?

-¿A golpes?

-Hay formas más fáciles.

Ignoré ese comentario, prefería no pensar en cosas fuera de contexto.

¿Por qué él no pretendía sacarme las respuestas a besos verdad?

Suspiré y me apoyé en la pared mientras dirigía mi mirada hacia él.

-Sigues siendo tú, no podría hacerte daño. Eres mi amigo.

-¿Tus amigos intentan matarte?

-No, normalmente soy yo quien intenta matarlos.

Él no dijo nada, y yo me acerqué a la olla para echar los macarrones.

Les eché algo de sal y puse el fuego a casi el mínimo, no había prisas.

Me senté en la silla y le miré.

Me mordí el labio al sentir un cosquilleo en mi pecho, podría decirse que era molesto, pero también muy tranquilizador.

Tranquilizador porque él estaba vivo, y junto a mi; bueno o al menos durante unas horas.

-¿Por qué has venido aquí?

No dijo nada.

-Inuyasha necesito que me contestes.

-¿Tanto te interesa?-me preguntó con una voz endiabladamente ronca.

-Si...-susurré conteniendo el aliento-

Él se acercó hasta mi lentamente, como un depredador, o eso al menos me pareció. Cuando nuestros cuerpos casi se rozaban, se inclinó un poco haciendo que nuestros rostros quedaran más juntos incluso que nuestros cuerpos.

Si se acercase unos milímetros más nuestros labios...

-Ya han hervido.

Parpadeé sin entenderlo, y le miré de arriba a abajo.

-Yo no, los macarrones-me dijo sonriendo malvadamente-

Agradecí no tener un espejo cerca, porque entonces me habría sentido mucho mas avergonzada de lo que estaba al verme sonrojada, eso seguro.

Apagué el fuego, y retiré la olla con los macarrones. Los escurrí con un colador, y coloque la pasta en una fuente. Todo esto lo hice sin mirarle siquiera. Sabía que el color de mis mejillas delataría mi incomodidad frente a sus... indirectas. Aunque fueran simples bromas.

Eché los macarrones en el plato junto con unas salchichas, y le di el tomate frito.

-Aquí tienes.

-Gracias.

Cuando me senté a comer, el ya llevaba más de medio plato comido.

-¿Cómo has...?

-No soy humano.

-De eso ya me he dado cuenta...comes como un cerdo.

-Muy chistosa...y bien, ¿cuál es tu hipótesis?

-¿Vampiro?-le dije mientras señalaba su boca, me había dado cuenta de los colmillos-

Él siguió comiendo, sin decirme nada.

-¿Acerté?

-No, más bien te has quedado muy lejos.

-Bueno, pues dime tú que eres.

-Sigue intentándolo.

Suspiré y me metí un tenedor de macarrones en la boca, mientras los masticaba pensaba en que era realmente Inuyasha.

-Pareces humano-le dije sin pensar-

-Y tu parecías inteligente-me dijo burlándose de mi-

-Idiota.

-Soy un demonio.

Parpadeé sin extenderle.

-¿Qué?

-Que soy un demonio.

Le miré con sorna, eso no se lo creía nadie, él ya había terminado de comer, y su plato estaba más que vació. De pronto dirigí mi mirada a su pecho, unos hilos de sangre habían salido de la herida. Dejé el plato a medio comer y me levanté de la mesa dirigiéndome al cuarto de baño.

Sentí su mirada dorada seguirme, respiré tranquila cuando doblé la esquina del pasillo. Con rapidez cogí el botiquín y volví a la cocina. Casi sin decirle nada le obligué a levantarse de la silla, tenía que llevarle al salón.

-¿Qué quieres?-me preguntó con tranquilidad-

-Ven.

Le cogí de la mano y tiré de él hasta llegar al salón y obligarlo a sentarse en el sofá, solo cuando conseguí que se relajara puse él botiquín sobre la mesita de café y lo abrí buscando desinfectante y vendas.

Cuando él me vio con la botella de desinfectante en la mano, me la arrebató.

-Tengo que desinfectar la herida.

-Eso no me hará nada.

-¿Que quieres decir?

-Me curo solo, conmigo eso no funciona.

-Ya claro-le intenté arrebatar la botella de desinfectante de la mano, pero no pude-

-Si tanto quieres curarme usa alcohol, es lo único que quizás si consiga adelantar el proceso de curarme.

Le miré sorprendida, no podía estar diciendo en serio eso. El alcohol escuece en las heridas, se iba a morir de dolor.

-Pero...

-Usa el maldito alcohol.

Asentí con la cabeza no demasiado segura de lo que iba a hacer, pero cogí la botellita de alcohol y empapé un algodón. Vi como de pronto se tapaba la nariz como si hubiese algo que apestara.

-¿Ocurre algo?

-Mi nariz es algo delicada a los olores fuertes.

-¿Como la de los animales?-pregunte sin pensar-

-Exacto...como la de los animales.

Ignoré la mirada abrasadora que me dirigió y temblando acerque el algodón empapado a la herida, cuando se lo puse sobre ella, no dijo nada.

Ni siquiera se quejó, ni se echo hacia atrás. ¿De verdad no sentía nada?

Le miré esperando encontrarme una mueca de dolor o algún signo de que el alcohol le hacía mucho daño, pero su rostro tenía una expresión de aburrimiento.

-¿Defraudada?

-¿Cómo dices?

-Esperabas que el alcohol me abrasase la piel, pero ya has visto que no.

-¿No te duele?

-No.

Aún temblando le limpié la herida lo mejor que pude, y le vendé el pecho, estaba muy avergonzada, él seguro que había oído mis latidos acelerados y mi respiración entrecortada. Sabía lo que provocaba en mi.

-¿Por qué has venido a mi casa?

Le miré esperando que me contestase, pero no parecía querer hablar.

-Tengo derecho a que respondas a mis preguntas.

-Está bien, pero te advierto algo, no te pienses que tu mundo de color de rosa se parece al mío nena, así que no empieces a gritar como una loca cuando te cuente todo.

-¿Me contaras todo?

-Sí.

-Bien pues responde a mi pregunta de antes.

Vi como se ponía cómodo en el sofá y cerraba los ojos antes de comenzar a hablar.

-No sabía donde más venir.

-Tienes una casa propia si no me equivoco.

-Así es, pero mira por donde me atacaron en mi propia casa.

Guarde silencio un momento antes de seguir preguntándole.

-Miroku está en este embrollo también ¿verdad?

-Así es. Pero ambos preferiríamos que no metieras en este berenjenal a Sango.

-No pienso meterla en problemas...aunque hace días que no me habla.

-Por lo del msn.

Asentí con la cabeza, aunque sabía que él seguía con los ojos cerrados.

-Ven aquí Kagome.

Le miré aturdida, él estaba señalando el hueco que quedaba en el sofá, me sonrojé, ¿qué pretendía ese hombre?

-No pienso violarte ni nada parecido, pero el alcohol huele fatal, y tu olor me ayudaría a no desmayarme.

-Está bien...-me senté a su lado, pero manteniendo una distancia de seguridad, no me fiaba del todo de él. Y era comprensible ¿no?

-No pienso morderte Kagome.

-Has intentado matarme.

-Cierto.

-¿Por qué no fuiste a casa de Miroku directamente?

-No quiero meterle más en esto.

-Entonces ¿por qué...

-Vine aquí porque confió en ti mujer, así que deja de preguntarme lo mismo cada dos segundos.

Me sonrojé levemente y le sonreí, eso era un avance.

-Espera...porque dices que confías en mi si has intentado matarme.

No me contestó, pero noté como sus nudillos se tensaban hasta ponerse blancos, decidí entonces que era mejor cambiar de tema.

-¿Que eres realmente?

-Un demonio.

-Venga ya, Inuyasha no soy una niña que se cree esas tonterías y...

Un segundo después pegué un grito al sentir como en un abrir y cerrar de ojos me encontraba en el suelo, y encima de mí a Inuyasha...


Bueno lo primero siento haber tardado tantisimo pero aqui tengo otro capitulo que espero que hayais disfrutado y os haya sacado una sonrisa para mi a partir de aqui la historia se va a volver mas interesante espero que vosotros tambien lo veais asi ^^.

Gracias por todos los comentarios, me animan muchisimo para seguir publicando aunque sea de vez en cuando (intento corregir eso de mi pero siempre estoy saturada de trabajo, en Navidad he aprovechado para adelantar las historias ^^).

Saludos!