HACIA UN LUGAR PREDESTINADO.

Harry Potter y Ginny Weasley continuaron abrazados durante un largo periodo de tiempo, sintiendo cada uno el ritmo respiratorio del otro y escuchando los latidos del otro.

-Harry...Harry...dijo Ginny luego de un largo suspiro...yo no quiero perderte...no ahora que te he encontrado...no ahora que tu amor le ha dado una razón a mi vida.

-Ya tampoco quiero perderte Ginny...dijo Harry Potter acariciando su rostro...pero esto es algo que se escapa a mis deseos.

-Pero por qué?...por qué tu?...pregunto Ginny hundiendo su rostro en el pecho de Harry Potter para que este no la viera llorar.

-Esa pregunta me la he hecho desde el día que descubrí quien era y de donde venia...dijo Harry Potter con amargura... crees que ha sido fácil para mi aceptar todo lo que he vivido...aceptar con resignación todo lo que me espera?.

-Oh Harry perdóname...dijo Ginny tomando el rostro de Harry Potter entre sus manos… estoy siendo egoísta, pensando solo en mi y en mis sentimientos... pero es tan doloroso...saber que no estarás conmigo para siempre.

-Yo te lo dije...te lo advertí...dijo Harry Potter besando tiernamente los labios de Ginny... se que esto va a ser muy difícil... y creo que tal vez deberíamos de pensar...

Ginny coloco su mano izquierda sobre los labios de Harry Potter, al sentir en su corazón los pensamientos que en ese momento dominaban la mente del joven mago.

-No Harry...jamás...no...dijo Ginny con tono preocupado...yo jamás me separe de ti... no voy a dejarte y menos en los momentos más críticos.

Harry Potter volvió a abrazarla, tratando de borrar de su mente la idea de la separación, que desde hacia algún tiempo se había adueñado de sus pensamientos.

Un ruido los hizo separarse.
Harry Potter volvió su mirada hacia la ventana y vio una lechuza.
Tomo el sobre que traía aquella lechuza, atado a su pata derecha.
Ginny miro con aprensión la carta que Harry Potter sostenía en sus manos, al ver como cambiaba la expresión de su rostro y el corazón le dio un vuelco, al descubrir en sus ojos verdes un brillo de miedo.

-Harry no tienes que ir...dijo Ginny tomando su mano cuando Harry Potter se sentó a su lado...si sientes miedo por lo que revelara ese oráculo no tienes porque ir.

-Ginny no has entendido nada...dijo Harry Potter con cierta molestia.

Ginny bajo su mirada, mientras algunas lagrimas empañaban su visión. Claro que ella había entendido muy bien todo lo que Harry Potter le había explicado, pero ella no quería que él, el hombre que amaba siguiera sacrificándose.
Y sentía mucha rabia e impotencia desde que conocía la conexión que existía entre él y Voldemort.

-Discúlpame...dijo Ginny tratando de entender la situación.

-Me tengo que marchar...dijo Harry Potter alcanzándole la carta que tenia en sus manos a Ginny.

Ginny la tomo entre sus manos y la leyó en silencio.
Luego levanto sus ojos hacia Harry Potter y sin atreverse a opinar decidió esperar a que él hablara.

Harry Potter se levanto y se coloco la capa de viaje. Y sin volver su mirada a Ginny, con un movimiento de su capa desapareció.
Ginny cerró sus ojos y sintió un vació en su alma, porque sabia que no podía ir al lado de Harry Potter en ese momento tan importante, porque así él lo había querido.

Harry Potter apareció en el medio de una pequeña sala, en la casa de Baco.
Allí estaban esperándolo, el mago griego apoyado en su bastón, Lockhart vestido con una impactante túnica color carmesí que contrastaba con sus rubios cabellos arreglados en graciosos bucles.
El joven mago se sorprendió al ver un poco más allá a Dumbledore quien le guiño un ojo, mientras le sonreía amablemente, y a su lado a Remus Lupin quien inclino un poco su cabeza a manera de saludo.
Sin embargo su sorpresa fue mayor cuando se descubrió a si mismo buscando con la mirada a alguien más.
Y cuando la vio aparecer por una puerta detrás de Artemis la esposa de Baco, su corazón latió un poco más rápido, comprendiendo que sus sentimientos con respecto a Hera estaban tornándose cada vez más fuertes y que él no podía darle una explicación a lo que experimentaba cada vez que la veia.

-Madame Osiris esta por llegar...dijo Baco caminando con dificultad hacia Harry Potter.

-Pensé que ya estaría aquí...dijo Harry Potter luego de dirigir su mirada a todos los presentes... en tu carta me manifestabas que mi presencia aquí era urgente.

-Si así es...dijo Dumbledore mientras se sentaba con elegancia...necesitábamos que llegaras antes que Madame Osiris...porque hay algunas cosas que aclararte antes de que ella llegue... así que siéntate.

Harry Potter obedeció a Dumbledore sin miramientos. Se sentó en una silla ubicada frente al viejo mago, y trato de concentrar su mirada en sus ojos azules detrás de las gafas de media luna, para lograr entender en ellos todo lo que estaba descubriendo.

-Como ya sabes Harry el segundo Oráculo fue dado...dijo Dumbledore con tono calmado...y Madame Osiris se ha ofrecido gustosa a descifrarlo...pero hay algunos detalles que no habíamos previsto y que nos han tomado un poco por sorpresa.

-Profesor de que se trata todo esto?...pregunto Harry Potter con tono preocupado ya que aún no lograba entender toda la información que sus instintos recogían de todos los presentes en aquella sencilla sala.

-Creo que yo no soy el indicado para explicarte todas tus dudas...dijo Dumbledore con sinceridad... así que una vez más te pido un poco de paciencia.

Harry Potter volvió a recorrer con su mirada todo su entorno, posando su mirada en cada uno de los magos y brujas que estaban a su alrededor.

Varios minutos después de que Harry Potter acudiera a aquella extraña cita, y de que el silencio reinara en el recinto, una extraña esfera de luz se ubico en el lado lateral de la sala, la cual fue adquiriendo mayores dimensiones al mismo tiempo de que su esplendor también tomaba mayor intensidad.
La atención de todos fue dirigida hacia ese lugar y Harry Potter se levanto rápidamente de su asiento.
La esfera luminosa tomo forma humana, y luego poco a poco se duplico. Dos personas surgieron de entre aquel resplandor que se volvió cegador por unos segundos.
Madame Osiris vestía una túnica blanca con ribetes dorados, muy parecida a la que portaba el día en que fue descifrado el primer oráculo.
Sin embargo la segunda persona, era una persona completamente extraña para Harry Potter y por la actitud de casi todos los presentes él se dio cuenta que no era el único.

Harry Potter detallo a aquella joven bruja que no impresionaba sobrepasar la cuarta década de la vida. Sus facciones le hacían recordar a su primer amor de colegio, sus finos rasgos asiáticos estaban enmarcados por una cabellera negra azabache recogida en un moño adornado con delgados palos de madera de cuya punta se desprendían gruesos hilos dorados. Vestía una túnica negra de seda con brocados dorados que dibujaban dragones en diferentes posiciones y que daban la impresión de tener movimiento a medida que la bruja caminaba por la sala hasta ocupar un lugar al lado de Madame Osiris quien se había sentado en una de las sillas que Baco había hecho aparecer mágicamente.

-Bienvenida Mikami Mevlana...dijo Dumbledore haciendo un reverencia a aquella bruja, quien correspondió a aquel gesto de igual forma, antes de sentarse en la silla que Baco le ofrecía... es un placer volver a verla.

-El placer es mío Albus Dumbledore...realmente es muy agradable compartir con usted este nuevo encuentro...dijo Mikami Mevlena con un tono de voz muy suave.

Harry Potter no pudo dejar de sorprenderse al darse cuenta de lo bien que dominaba el idioma sin dejar que su acento asiático dominara sus palabras.
Harry Potter tuvo que hacer uso de todo su poder para sostener la imponente mirada de aquella bruja, quien había abierto sus pensamientos sin ningún problema, pero el joven mago logro cerrarlos rápidamente, por lo que la bruja le dedico una sonrisa muy enigmática.

-Aun faltan dos horas, para el momento señalado...dijo Dumbledore mientras miraba su reloj de bolsillo que hacia raros sonidos... por lo que me gustaría que le explicáramos a Harry a lo que va a enfrentarse...y le pido respetuosamente Mikami si usted seria tan amable de hacerlo.

-Por supuesto Albus...dijo Mikami Mevlana mirando a Harry Potter y levantándose de su asiento... es lógico que conozca...que cepa...que entienda.

Mikami Mevlana se acerco hasta la mesa en forma de pescado que se ubicaba en el centro de la sala. Una vez allí, junto sus manos y las coloco sobre su pecho, se inclino hacia delante, haciendo una reverencia. Dio una pequeña palmada, y extendió sus manos sobre la mesa, mientras elevaba su mirada, luego una ves más la fijo en Harry Potter.
Sobre la palma de sus manos, apareció un objeto largo, de aproximadamente veinte centímetros, recto en su parte trasera.
Luego la tomo entre sus manos y con un suave movimiento desprendió la vaina de cuero y dejo al descubierto una espada de bronce con un solo filo que resplandecía como si tuviese luz propia, fundida en una sola pieza desde la empañadura hasta la punta y cuyo mango de madera tenia labrado en dorado algunos símbolos japoneses.

-Esto Harry Potter es la representación de una Katana...dijo Mikami Mevlana pronunciando cada palabra con precisión para lograr ser entendida... el símbolo de la fortaleza y la disciplina de mi raza...porque este segundo Oráculo ha sido dado por los Dioses nipones...en esta noble espada se esconde los designios de la providencia sobre tu destino Harry Potter...que no es más que el destino de la comunidad mágica de este planeta.

Harry Potter sintió un pequeño estremecimiento al escuchar aquellas palabras, porque le era difícil darse cuenta, de la magnitud de su existencia terrena en ese momento.

-Es por esto Harry Potter que en esta oportunidad el Oráculo será debelado en un lugar diferente... continuo explicando Mikami Mevlana... el lugar predestinado es la montaña sagrada del Fuji-Yama, en Japón.

Harry Potter desvió su mirada hacia Dumbledore, porque no lograba comprender aún todo ese nuevo cambio, ya que desde hacia muchos años las nuevas experiencias le producían temor.
Remus Lupin dio un paso al frente y con su habitual actitud trato de serenar un poco la atribulada mente de Harry Potter.

-Entendemos Harry que todo esto puede resultar difícil de comprender...pero nosotros tampoco entendemos los designios de la providencia... los Oráculos al igual que las profecías que con respecto a ti, han surgido, merecen un especial trato, para poder entender y comprender bien sus significados...ya que es mucho lo que hay en juego...por lo tanto necesitamos de toda la colaboración posible, por eso Mikami se ha tomado la molestia de ayudarnos en esta oportunidad...y quizás lo más importante...tu debes estar dispuesto a colaborar...porque sin ti los Oráculos no podrán ser descifrados por Madame Osiris.

-Siempre he estado dispuesto a ayudar...desde el día que descubrí que era un mago...dijo Harry Potter con algo de molestia en su voz... es solo que suelo sentirme incomodo ante situaciones desconocidas...pero se que estoy entre amigos...así que una vez más confiare.

Remus Lupin le sonrió, y se coloco al lado de Mikami quien le dirigió una mirada que Harry Potter pudo notar que era diferente a la que le había dedicado a él y al resto de los presentes.

-Estamos listo Mikami...dijo Lupin con voz suave... creo que el momento ha llegado.

-Estas listo Harry Potter?...pregunto Mikami Mevlana...porque estas a punto de ingresar al portal que te trasportara al remoto lugar, donde los Dioses nipones habitan y han guiado los designios de mi raza.

Harry Potter hizo un gesto afirmativo con un movimiento de cabeza.

Mikami Mevlana dio otra palmada y nuevamente la esfera luminosa apareció a un lado de la sala, formando en esa oportunidad una puerta ovalada, por donde Mikami ingreso seguida de Madame Osiris y luego de Lupin y Dumbledore. Baco y Lockhart se miraron y cedieron el paso a Hera, quien volvió su mirada hacia Harry Potter y extendió su mano, la cual el joven mago tomo sin mucho esfuerzo.
Una vez que todos hubieron atravesado aquella puerta luminosa, esta desapareció.

Caminaron por una especie de pasillo cuyas paredes eran blancas nacaradas, desprendiendo pequeños destellos azulados y amarillos.
Harry Potter iba en el medio de aquella pequeña comitiva, y no pudo evitar recordar aquella noche, cuando tenia quince años, en la que la Orden del fénix lo había ido a buscar a Privet Drave y él había volado en su Saeta de Fuego en medio de una formación de magos y brujas hasta llegar a Grimmauld Place.
Y no pudo evitar sentirse agradecido hacia aquellos hombre y mujeres que estaban arriesgando su vida por acompañarlo, porque él sabia que todos ellos estaban allí para protegerlo de algún posible ataque de la Hermandad Tenebrosa y de Voldemort.
No pudo evitar tampoco, que su mirada encontrara la mirada de Hera quien le sonrió tiernamente y sentir nuevamente como los latidos de su corazón volvían a acelerarse.

Pronto llegaron al final del pasillo y llegaron hasta un pequeño poblado, donde sus habitantes le hicieron comprender a Harry Potter que había retrocedido una vez más en el tiempo.
Y observo en la distancia una imponente montaña, cuyas cumbres estaban cubiertas de nieve y del pico más elevado se podía ver un humo algo espeso y oscuro que sobre salía en pequeñas cantidades, haciéndole comprender que el lugar predestinado era un volcán.