UNA EXTRAÑA AMISTAD DARA LA FUERZA PARA SEGUIR
Hacia menos
de una hora que Lupin se había marchado de aquella estancia,
donde la cena se había servido y donde aún permanecía
Harry Potter sumido en sus pensamientos.
Observaba distraído
un lienzo de fino lino que colgaba de una de las paredes y sobre el
cual se podían ver símbolos japoneses, cuyo significado
el joven mago no entendía, pero que por alguna extraña
razón no podía apartar su vista de ellos.
Todo era
confuso en su mente, las dos charlas que había mantenido con
Dumbledore y Lupin, respectivamente, lejos de aclarar sus dudas, lo
colocaron en una disyuntiva bastante compleja, no solo en su vida
amorosa, que estaba quizás más complicada de lo que él
hubiese deseado, sino también en su responsabilidad con
respecto a la comunidad mágica y como siempre con respecto a
Voldemort.
Las palabras del Oráculo retumbaban, cada
vez que su mente trataba de descansar del dilema que resultaban Hera
y Ginny.
Aquella voz aterciopelada aun le hacia estremecer al
recordarla.
Y es que no lograba descubrir su significado. Ni
siquiera tener un mínimo de idea, a que era lo que tenia que
renunciar. Y aquella palabra: "Kodachi" le parecía cada
vez más difícil de entender.
Suspiro resignado
al comprender que aunque quisiera, no podría renunciar nunca a
su destino, aunque se hubiese sentido tentado a ello. Recordó
que ni aun en aquellos días de soledad y angustia en donde
quería olvidarse de quien era pudo dominar el deseo de ayudar
al mundo mágico que tan feliz lo había hecho y que como
siempre lo había rescatado de un profundo abismo y le había
dado una razón para vivir.
Y una vez más tenia el
compromiso de sobreponerse a las adversidades y de encontrar por él
mismo la salida. Porque él era Harry James Potter Evans, a
quien la providencia había designado como el único con
el poder de vencer al odio.
Pero una idea surgió en su
mente: y si Voldemort se había equivocado al marcarlo como su
igual?...Y si realmente era Neville Longbotton el único con el
poder para vencerlo?...Recordó con tristeza como Neville
siempre había sido subestimado, como sus padres aún
vivos estaban recluidos en San Mugo, y que unas cuantas camas más
allá, el mismo Neville yacía, con los recuerdos
perdidos por culpa de un hechizo que Harry Potter le había
aplicado, cuando aún no quería saber nada de nada, ni
de nadie.
Harry Potter había pensado en esa posibilidad,
cuando la vio reflejada en los pensamientos de Voldemort, una de esas
pocas veces en que el Señor Oscuro dejo sin protección
sus más profundos pensamientos. Pero algunos de la Orden del
Fénix dijeron que Voldemort lo había hecho a propósito,
para ver que reacción tenia la comunidad mágica al
respecto. Sin embargo Harry Potter tenia sus dudas, porque él
había aprendido a conocer a Voldemort y esa no era una actitud
acorde a su personalidad.
-Aun sigues sumido en las dudas, Harry Potter?...pregunto Mikami Mevlana desde el umbral de la puerta corrediza.
Harry Potter se puso en pie rápidamente, ante la imponente presencia de aquella bruja, cuya cabellera azabache caía sobre sus hombros y era alborotada por una cálida brisa que entraba e inundaba la habitación.
-Vuelve a sentarte Harry Potter...dijo Mikami señalando el suelo…quiero conversar contigo... como amigos.
Harry Potter no pudo evitar sentirse intimidado, la extraña fuerza que emanaba de la hermosa bruja, era superior a la de muchos magos y brujas que Harry Potter hubiese conocido, quizás solo comparable con la Albus Dumbledore. Ahora podía entender muy bien la fuerte atracción que Lupin sentía por ella.
-Y dime Harry... por qué tratas de encontrar de una sola vez todas las respuestas?...dijo Mikami con voz suave.
-Porque creo que no hay suficiente tiempo...dijo Harry Potter algo molesto al sentirse como un colegial frente a un profesor severo...creo que el destino no puede esperar por mi.
-Claro que el destino no espera por ti...dijo Mikami con una media sonrisa en los labios... el destino no espera por nada, ni por nadie...ni puede ser cambiado por nada ni por nadie...lo que escrito esta, así se cumplirá.
-Estoy en desacuerdo con usted...dijo Harry Potter tratando con todas sus fuerzas de igual aquella extraña fuerza... el destino si puede ser cambiado...
-Harry...tu destino no fue cambiado...dijo Mikami Mevlana con paciencia...todo lo que has vivido estaba escrito...tenia que pasar así...para fortalecer tu alma y tu corazón ante los retos que tendrías que vivir.
Harry Potter sintió una punzada de rabia. Se levanto nuevamente y comenzó a recorrer la habitación de un lado para otro. Se sentía como un león enjaulado.
-Tranquiliza tu ímpetu Harry...dijo Mikami con suavidad... con esa actitud no vas a lograr nada.
Harry Potter se sintió como un
globo desinflandose rápidamente, y cuando se volvió
hacia Mikami Mevlana esta sostenía su mano en alto apuntándola
hacia él.
Toda la rabia se había esfumado.
Bajo
la mirada, otra vez se sintió intimidado. Decidió que
mejor seria guardar silencio.
-No quieras callar tu corazón Harry...dijo Mikami sin perder su serenidad... te dije que quiero ser tu amiga...así que déjalo...déjalo desahogarse.
-Pero por qué?...por qué?...dijo Harry Potter en un susurro cayendo de rodillas sobre la alfombra multicolor... por qué tuve que ser yo?
Mikami Mevlana se levanto y se arrodillo frente a Harry Potter y coloco sus manos sobre los hombros del joven mago, que se movían convulsivamente, mientras algunas lagrimas caían sobre la delgada alfombra.
-Y si no soy yo?...y si todo es equivocado?...hasta cuando?...hasta cuando mi vida dependerá de profecías y de oráculos?...cuando mi vida será solo mía?...dijo Harry Potter apretando con fuerza sus manos en sendos puños al versé tan vulnerable ante aquella extraña.
-Eso no lo se, Harry...dijo Mikami con un dejo de tristeza en su voz... yo solo estoy aquí para darte la fuerza necesaria para que continúes tu camino.
Y dicho
esto la bruja, coloco sus manos sobre la cabeza de Harry Potter y
este sintió como si corriera por su cuerpo una corriente
eléctrica que llego hasta la ultima de sus células.
Y
se vio a si mismo rodeado de un halo de luz verde y el canto del
fénix llego a sus oídos inundando toda su mente con su
hermosa melodía. Su corazón latía con suavidad y
su respiración bajo su ritmo, se sintió liviano y una
serenidad se adueño de él.
Luego de que Mikami
Mevlana se despidiera, Harry Potter comenzó a sentir sueño,
miro su reloj de pulsera y vio con asombro que ya la media noche
había pasado. Salió al pasillo y dio unos pasos hacia
la puerta corrediza que conducía a su habitación,
cuando sintió de nuevo una brisa cálida que lo abrazo.
Miro sobre su hombro en la dirección de donde provenía
aquella brisa y vislumbró un pequeño jardín.
Lo
contemplo desde el umbral de otra puerta corrediza que estaba a medio
abrir. Había un pequeño estante de agua cristalina, con
un hermoso puente de madera labrada, que lo cruzaba, bordeado de
flores multicolores. El suelo era como de arena en donde se podían
ver surcos dibujados de forma elegante y serpenteante. Y pequeños
arbustos decoraban magistralmente aquel pequeño edén.
Harry
Potter no resistió la tentación de caminar por el
puente y al llegar a la mitad del recorrido, se asomo al agua
cristalina, donde se pudo ver como en un espejo.
Se toco el rostro
con sus manos y no pudo reconocerse a si mismo.
"¿Qué fue realmente todo eso que experimente...por qué me veo tan diferente?", pensó con asombro.
Sin embargo luego de
observarse un rato más, pudo darse cuenta que en realidad lo
único que había cambiado era su mirada. Ya no tenia
aquella mirada fría y triste. Por lo que se sintió un
poco más feliz.
Levanto la mirada y se topo con el reflejo
de la semiluna que iluminaba las aguas, que se movían
placidamente al contacto con la cálida brisa. Y no pudo evitar
acordarse de alguien.
"Quizás si Luna estuviera aquí, ella me ayudaría a descifrar el Oráculo", pensó con nostalgia.
Suspiro al recordar los momentos vividos junto a Luna Lovegood en sus años de colegio. Un sentimiento de culpabilidad invadio su corazón al recordar el trato que le había dispensado durante su último encuentro en aquel puerto Ateniense. Y tomo la decisión de que debía recuperar al menos su amistad.
De repente sus recuerdos y
pensamientos fueron rotos por una punzada dolorosa en la cicatriz en
forma de rayo ubicada sobre su frente.
Corrió al interior
de la casa, con una sola idea en su mente. Apresuro sus pasos, y se
adentro hacia las otras dependencias, con el sigilo propio de un
felino tras su presa, porque no quería ser descubierto, ni
alarmar al resto de los magos y brujas que dormían.
Agudizo
sus sentidos y a sus oídos llegaron unos gemidos y sus
sospechas fueron confirmadas.
Al llegar frente a una puerta
corrediza, la abrió con mucho cuidado al tiempo que sacaba su
varita de las profundidades de su túnica.
Allí en el suelo, de rodillas y con el rostro casi en tierra, se encontraba Hera, que temblaba descontroladamente, gemía como un animal herido; mientras de pie frente a ella una figura de contornos definidos y con ropajes oscuros la apuntaba con una varita mágica, de donde un rayo violeta salía he impactaba contra Hera envolviéndola en su totalidad.
-Quédate donde estas...dijo Voldemort con un tono de voz frió...ella me pertenece...
-No voy a permitirlo...dijo Harry Potter con furia.
Apunto su varita hacia Hera y lanzo un contrahechizo
que impacto contra la joven bruja e hizo a Voldemort trastabillar
dando pequeños pasos hacia tras.
Hera continuo gimiendo
tendida en el suelo, respirando entrecortadamente, su piel estaba
cubierta de pequeñas gotas de sudor y aun continuaba
temblando.
Voldemort se sujetaba la mano con la que sostenía
la varita, ya que el contrahechizo que Harry Potter había
convocado, había sido tan efectivo que no solo había
roto el hechizo de Voldemort sino que le había hecho perder el
control sobre Hera.
-No... aunque quieras no podrás...dijo Voldemort con un tono de voz burlón...ella regresa conmigo...de donde nunca debió irse...ella me pertenece...es mi mortifaga favorita
-Te equivocas...ella no te pertenece...dijo Harry Potter con rabia, colocándose frente a Voldemort a escasos centímetros de él... tu no eres dueño de nada, ni de nadie...ni siquiera tienes un cuerpo propio...
-Cállate...grito Voldemort lanzándole una maldición imperdonable a la cual Harry Potter repelió de forma brillante.
Voldemort pudo percibir la fuerza renovada que ahora manaba por cada poro de la piel de su enemigo, y no pudo evitar sentirse aun más débil. Y en un descuido de Voldemort, Harry Potter volvió a apuntar su varita hacia Hera y con una rápido movimiento de la misma la hizo desaparecer.
-Crees que con eso la podrás separar de mi...dijo Voldemort con rabia contenida...ella volverá a mi Harry Potter...volverá a mi cuando tu la hallas abandonado...porque yo jamás la abandonare.
-No sabes lo que dices...dijo Harry Potter sorprendido de que su enemigo conociera esos detalles...yo jamás la abandonare.
-Ja, ja, ja...eso lo veremos...dijo Voldemort con burla... no creo que quieras perder la oportunidad de casarte con una sangre limpia, hija del Ministro de Magia, hermana de tu mejor amigo...y Hera...pues la pobre...no tiene mucho que ofrecer...como se lo he hecho saber esta noche...
Harry Potter entrecerró sus ojos y clavo su mirada en los ojos rojos de Voldemort.
-Mi vida privada no te incumbe Voldemort... y no menosprecies a Hera en mi presencia...dijo Harry Potter en un susurro.
-Te has vuelto débil Potter...muy débil...has dejado que tu mente sea dominada por sentimientos nobles...que solo empañan la razón y conducen a la vulnerabilidad...por eso he venido a rescatar a mi Hera
-Ella no es tu Hera...grito Harry Potter...ella es mía.
Voldemort se llevo la mano a su cuello, como
tratando de desprenderse de algo que le cortaba la respiración.
A
medida que Harry Potter pronunciaba cada palabra, el rostro de su
enemigo iba palideciendo y gruesas gotas de sudor bañaban su
frente.
Harry Potter sabia que hacia daño, y eso aumento
más su placer, por ver como lo dominaba. Quería
causarle tanto o más dolor que el que Hera había
sentido.
-Déjalo Harry...se dejo escuchar una voz gruesa y con autoridad.
Harry Potter recupero la razón
y trato de buscar al dueño de la voz, y pronto descubrió
que Dumbledore estaba tras él.
Voldemort yacía de
rodillas en el suelo, jadeante.
-No dejes que el odio te domine...dijo Dumbledore en un susurro...tu no eres así...no eres igual a él...
Harry Potter respiro profundo, tratando de calmar su corazón, bajo la varita, y se aparto un poco de Voldemort.
-Ahora te pido que nos dejes solos...dijo Dumbledore sin dejar de apartar sus ojos azules de Voldemort...por favor Harry.
-No...profesor...yo no voy a dejarlo solo...dijo Harry Potter con miedo ante la petición de Dumbledore.
-Tranquilo Harry...crees acaso que es la primera vez que voy a estar a solas con Tom...dijo Dumbledore con una sonrisa en sus labios, pero sin apartar sus ojos de Voldemort.
Harry
Potter miraba alternativamente a Dumbledore y a Voldemort, quien aun
estaba en el suelo. Pero Harry Potter sabia que ya este había
recuperado sus fuerzas.
El joven mago comenzó a dar pasos
hasta la puerta, pero sin dar su espalda a Voldemort, pero se detuvo
al ver como este se ponía en pie. Levanto su varita
nuevamente, listo para atacarlo si era preciso.
-Lamento no poder quedarme a charlar...dijo Voldemort con tono frió...otro día será.
Y con un movimiento de su capa desapareció.
Harry Potter y Dumbledore se dedicaron una mirada, era lógico que Voldemort no quisiera una confrontación y menos sin sus mortifagos o los miembros de la Hermandad Tenebrosa.
-Es un cobarde...dijo Harry Potter con tono molesto.
-Creo Harry que debes irte...alguien te necesita...dijo Dumbledore con tono suave y guiñando un ojo añadió...además ya recibiste lo que necesitabas.
Harry Potter recordó a Hera, y apartándose un poco de Dumbledore, tras un movimiento de su capa desapareció.
