UNA RESPUESTA HA SIDO ENCONTRADA.

Harry Potter corrió escaleras arriba, al aparecerse en la amplia sala de su mansión muggle, ubicada en Escocia. Al final del pasillo superior Miqueas se encontraba frente a una puerta y cuando lo vio acercarse movió sus orejas de murciélago.

-Gracias por venir Miqueas...dijo Harry Potter al llegar junto al elfo...como esta ella?

-Harry Potter señor, la señorita Hera, señor...dijo Miqueas mientras abría la puerta...esta ahora dormida...¿que le paso, Harry Potter señor, estaba muy asustada señor.

-Voldemort la torturo...dijo Harry Potter mientras se sentaba a su lado y le tomaba dulcemente su mano.

Miqueas se estremeció al escuchar el nombre de Voldemort y trato de disimular su nerviosismo.

-Miqueas arreglara un poco esta casa señor, hace tanto que usted no la visitaba Harry Potter, señor.

-Has lo que quieras...dijo Harry Potter con tono suave para no despertar a Hera...yo te avisare si necesitamos algo.

-Será como Harry Potter quiera señor...dijo Miqueas haciendo una inclinación ante su señor.

-Y Ginny?...que le dijiste?...dijo Harry Potter con tono preocupado.

-Bueno en realidad la señorita Ginny se fue de la casa, Harry Potter señor...una hora después de que usted lo hiciera...dijo Miqueas bajando la cabeza algo avergonzado.

-Quizás a sido mejor así...dijo Harry Potter volviendo nuevamente su mirada a Hera.

Miqueas abandonó la habitación, mientras Harry Potter se sentaba con delicadeza al lado de Hera.

Mantenía aún la suave mano femenina entre las suyas, cuando la manga de la túnica se deslizo despacio y dejo al descubierto en el antebrazo izquierdo de Hera, la marca tenebrosa que brillaba intensamente y en cuyo alrededor se había formado un halo rojizo, que hizo recordar a Harry Potter el intenso dolor, que aquella marca causaba en quienes la portaban, cuando eran solicitados por Voldemort y no acudían a su presencia, como tantas veces lo habia visto en Gilderoy Lockhart.
Harry Potter acaricio la piel lesionada y la beso dulcemente. Cerro sus ojos y se dejo llevar una vez más por los recuerdos.

A su mente llego el recuerdo de aquella tarde, hacia menos de diez años, cuando regresaba de acompañar a Baco Termopolis quien como todos los días luego de su faena en el mar, acudía como un muggle cualquiera al mercado a regatear precios para vender su pescado, el cual era sin lugar a dudas el mejor de la región; y es que ningún nativo muggles lograba entender donde aquel hombre de extraños modos y extrañas ropas, lograba conseguir aquella calidad de pescado.

-Quizás tenga que vivir como muggle, mientras tu estas con nosotros...pero me esta permitido valerme de algunas ayudas...dijo Baco guiñando un ojo mientras guardaba el dinero muggle, luego de recibir miles de elogios y envidiosos comentarios sobre su pesca de ese día.

-No es mi intención ser una molestia Baco...dijo Harry Potter con tono frió y molesto...te he dicho que ya he retomado mis bienes...y he pensado en marcharme cuanto antes.

-No digas tonterías muchacho...dijo Baco alzando la mano con la que propino un golpe en la parte trasera de la cabeza de Harry Potter, que lo hizo trastabillar un poco hacia delante...además nunca había conseguido tan buena paga en nuestro mundo.

Pero lejos de Harry Potter molestarse, aquello le hizo sonreír, aunque trato de disimularlo, porque no quería sentirse como un hijo al lado de aquel mago griego

-Y como castigo por pensar así...dijo Baco lanzándole una bolsa con un gran pescado...ayudaras a Artemis a quitarle la piel al pescado y a ponerle limón...como todo un muggle.

Al llegar ante la puerta de la pequeña casa, Artemis se encontraba en la puerta conversando animadamente con tres mujeres que Harry Potter reconoció de inmediato como brujas.

-Por Dios y que hace Adonis aquí?...será que paso algo...dijo Baco apresurando el paso.

Harry Potter mantuvo la distancia, ya que sus instintos le hicieron reconocer que aquello era un problema familiar. Permaneció en silencio, pero no pudo dejar de fijarse en las tres brujas, dos de edad madura y una tercera de unos quince años o un poco más, la cual era muy hermosa, con una piel de color canela, pero que parecía de bronce al contacto con los rayos del sol.
La chica también se había percatado de la presencia de Harry Potter y no podía apartar su mirada de él, así como él no podía apartar su mirada de ella.
Un buen rato permanecieron las tres brujas y el mago hablando en su lengua, tiempo en el cual Harry Potter no pudo evitar irse acercando más. Hasta ubicarse al lado de Baco, justo al frente de la chica, quien ya le dedicaba una sonrisa que conquistaría su corazón sin él sospecharlo siquiera en ese momento.

-Oh, Harry estas aquí...dijo Baco recordando la presencia de Harry Potter al tropezarse con él...disculpa...mira ella es mi hermana Adonis, mi cuñada Sirenea y mi sobrina Hera...familia el es...

-Harry Potter...dijo una Hera de diez y siete años con un tono de voz suave.

Y acercándose hasta él, le ofreció su mano, la cual Harry Potter miro con asombro, ya que aquella reacción no se la esperaba, sin embargo no dudo en estrecharla.
Harry Potter se dio cuenta que aquello no solo lo había sorprendido a él sino también a todos los presentes.

En los días sucesivos al arribo de Hera a la casa de los Termopolis, Harry Potter no lograba entender lo que sentía al tenerla a su lado, sabia que aquella chica cada día le atraía más, pero era tan diferente a lo que hubiese experimentado con anterioridad y aunque eran muy pocas las veces en que se dirigían el habla, pronto él comprendió que entre ellos no hacían falta las palabras. Ambos podía comunicarse sin que sus bocas se abrieran, porque sus mentes habían aprendido a acoplarse rápidamente. Hecho este que desconcertó a Harry Potter, porque eso requería de una preparación especial, como bien había aprendido en Hogwarts, y como dolorosamente había tenido que perfeccionar por dos largos años.

Pronto se acumularon los besos y las caricias clandestinas, y aunque Harry Potter había descubierto en Hera un nuevo sentimiento, pensó que era mejor desecharlo, porque en él no había cabida.
Harry Potter quería alejarse, regresar a la soledad, encerrarse en si mismo, olvidarse de quien era. Y una mañana comunico su decisión a Baco.

-Me marcho...dijo Harry Potter entregándole un sobre.

-Como que te marchas?...dijo Baco asustado...de que hablas?

-Como lo oyes...ya todo esta listo...en este sobre esta mi dirección muggle y...mi agradecimiento por todo lo que tu familia ha hecho por mi.

Baco tomo el sobre y al ver su contenido, lo azoto frente a la cara de Harry Potter con indignación.

-El amor no se compra muchacho...

-No Baco...no...yo...solo estoy tratando de agradecerte... dijo Harry Potter molesto ante aquella reacción de Baco.

-Pues quédate con tu dinero...muchacho mal agradecido...dijo Baco alzando la voz a medida que pronunciaba cada nueva palabra... nosotros te hemos querido como a un hijo...y los hijos no le pagan a sus padres por su amor...

Baco comenzó a lanzarle objetos contundentes.
Aquel alboroto hizo que Artemis y Hera aparecieran en la pequeña sala.
Artemis logro con su varita mágica detener un jarrón antes de que se estallara en la humanidad de Harry Potter.

-Por las barbas de Poseidón!...Baco que pasa?...Harry que sucede?...gritaba Artemis mientras sostenía el brazo de Baco, cuyas lagrimas mojaban su rostro y sus barbas.

Harry Potter se sintió muy molesto al ver cuanto amor sentía aquel hombre por él, pero su molestia era consigo mismo por no lograr la forma de expresar su gratitud por ese amor.

Al año de aquel incidente, Harry Potter ya había emprendido su vida como empresario muggle y había conseguido muy buenas ganancias, por lo que había invitado a Baco y a su familia a disfrutar unos días entre los hermosos alpes suizos. Y para su grata sorpresa Hera venia con ellos.
Y una noche de tormenta, cuando todos dormían, ella se había colado en su habitación.
Y aquella noche ambos descubrieron en los brazos del otro, cuanta pasión albergaban sus cuerpos y cuanto deseo se podía guardar durante tanto tiempo en el corazón.

Harry Potter cerro sus ojos al recordar aquella primera vez. Como se había convertido en hombre en los brazos de Hera y como él le había robado a Hera su inocencia de niña y la había transformado en mujer.

Un ruido lo hizo regresar al presente. Abrió los ojos.

-Como te sientes?...dijo Harry Potter con voz suave, al ver que Hera había despertado.

-Estoy un poco mareada...dijo Hera sentándose a la orilla de la cama.

-Entonces debes quedarte acostada...dijo Harry Potter sosteniéndola entre sus brazos.

-Ya se me esta pasando...dijo Hera recostando su cabeza sobre el pecho masculino.

Harry Potter la estrecho contra él. Y acaricio su larga cabellera caoba. Hera cubrió la marca tenebrosa con la manga de la túnica nuevamente y unas pequeñas lagrimas rodaron por sus mejillas.
Harry Potter la sintió sollozar y solo pudo abrazarla con más fuerza.
Permanecieron así durante un largo tiempo.

-Harry...discúlpame...dijo Hera luego de un profundo silencio.

-De qué?...pregunto Harry Potter sin dejar de abrazar a Hera.

-Por haber dudado...dijo Hera levantado su vista hacia el rostro del joven mago...y por robarte el secreto del Oráculo.

-Ese Oráculo no es ningún secreto...dijo Harry Potter acariciando el rostro de Hera...y tu siempre te has adueñado de todos mis secretos...si Hera...no creas que no lo se...desde que me conociste has tenido el don de robarte mis secretos...aún las veces en que yo no te lo he permitido.

Hera sonrió tímidamente, luego bajo su ojos y los cerro al sentir los labios de Harry Potter sobre los suyos.

-Oh Harry...no sabes cuanto te amo...dijo Hera minutos más tarde.

-Si lo se Hera...dijo Harry Potter con tono suave...se cuanto me amas.

-Entonces no va a ser difícil para ti entender...dijo Hera tomando las manos de Harry Potter.

-Entender?...entender qué?...dijo Harry Potter con un dejo de miedo en su voz.

-Que este es el adios...dijo Hera mientras colocaba las manos de Harry Potter sobre su pecho... que hoy he descubierto que soy un obstáculo... y en nombre del amor que te tengo...te dejo el camino libre para que pueda llegar a ti la paz...la paz que necesitas para vencer al Señor Oscuro.

-No Hera...no...dijo Harry Potter abrazándola...no...Voldemort te dijo mentiras...para herirte...para dominarte...tu conoces mi verdad Hera...tu me conoces...tu sabes...

-Por eso Harry...dijo Hera con candidez... porque te conozco...porque conozco tu verdad es que he decidido que este sea el adios...conmigo a tu lado no lograras tu destino...

-No Hera...dijo Harry Potter con desesperación...por favor... tu sabes...tu sabes...

-Adios Harry Potter...fui muy feliz a tu lado...te amo...y mi alma siempre será tuya...porque tu la rescataste de las garras de Voldemort.

Hera desapareció, cuando Harry Potter trato inútilmente de aferrarla a él.

-Hera no...no me dejes...dijo Harry Potter mientras se dejaba caer sobre la cama acariciando el lugar que Hera había ocupado hacia minutos...tu sabes que te amo... y que fui un idiota por no descubrirlo a tiempo...por no decírtelo...por no demostrártelo".

Y recordó las palabras del Oráculo: "...y en mi Kodachi esos sentimientos te acompañaran...mi Kodachi ha estado contigo desde hace mucho...pero no la has valorado..."

-"Como pude estar tan ciego...como pude haberla tratado con tanta indiferencia...ella es...Hera tu eres ese Kodachi..."...pensó Harry Potter sintiendo un gran vació en su alma

Se levanto de la cama y cerrando los ojos recordó más: "...deberás renunciar...una vez más... a aquello que amas para que la paz regrese".

-"Ahora estoy seguro que te amo...pero de lo que no estoy seguro es que sea a ti, Hera, a lo que tengo que renunciar... sin embargo...aunque me duela respetare tu decisión...porque quizás sea mejor así...porque el amor no es para mi"...pensó Harry Potter mientras salía de la habitación.