EN UN CALABOZO DE AZKABAN

Harry Potter, abrió los ojos. Su mirada continuaba siendo borrosa, y la oscuridad no lo ayudaba a precisar donde estaban sus gafas.
Tanteo con sus manos a los lados de donde se encontraba tendido. Pero fue en vano.
Busco su varita mágica, y con horror descubrió que no la tenia consigo.
Se incorporo rápidamente y puso en alerta sus sentidos, porque el presentimiento de que algo no estaba bien apareció como una pequeña luz en su cerebro.
Se dejo guiar por su intuición y tanteando con sus manos, llego hasta algo sólido que sobre salía por debajo de la cama donde había estado dormido, quien sabe por cuanto tiempo.
Y allí logro encontrar sus gafas, aunque no su varita mágica.
Y chasqueado sus dedos logro que una débil luz, apareciera en el medio de la habitación.

Recorrió con su mirada el lugar. Lo detallo. Pero al darse cuenta en donde estaba dejo que la luz se apagara.

Estaba en un calabozo, de paredes de piedra enmohecida, sin ventanas, solo una estrecha puerta de barrotes oxidados.
Harry Potter no pudo evitar que su corazón se acelerara y que una sensación de ansiedad, miedo y desesperanza lo embargaran.
Un frío comenzó a recorrer su piel y a penetrar por sus poros. Difusas imágenes fueron envolviendo sus recuerdos.
Pudo sentir y comprender la cercanía de los dementores. De esas terribles criaturas de la oscuridad que se alimentan de almas y que habían vuelto a ser los cuidadores de Azkaban, la lúgubre prisión del mundo mágico.

Harry Potter cerro sus ojos, tratando de cerrar también su mente, pero no lograba hacerlo, porque muchas dudas dominaban su razón.
El porque estaba allí y donde estaban sus amigos eran quizás las dos interrogantes que más lo inquietaban. Sin embargo la respuesta a una de ellas llego casi de inmediato, al recordar el incidente con Draco Malfoy.
Pero era esa una razón suficiente como para encerrar a alguien en Azkaban, sin investigación y sin juicio.
Los recuerdos de su padrino Sirius Black, golpearon con fuerza su corazón y su mente. Y no pudo evitar que las lagrimas brotaran.
Harry Potter no quería sentirse tan débil y vulnerable, porque seria presa fácil de los dementores, pero se sentía cansado y derrotado. Y al ver nuevamente la imagen de su madre, se dejo vencer.

El Ministro de Magia, caminaba nervioso de un lado para otro de una habitación circular, en donde se llevaban a cabo las reuniones en el Ministerio de Magia Ingles.
Estaba rodeado por un gran numero de magos y brujas, quienes lo miraban fijamente, esperando de él una sola decisión, con respecto a un nuevo prisionero encerrado en un calabozo en la prisión de Azkaban.

Un golpe en la puerta, hizo sobresaltar a los presentes, sobretodo a Arthur Weasley, quien albergaba la esperanza de que fueran sus hijos.
Porque Ron y Ginny Weasley se habían negado a acompañarlo, luego de que su padre, accediera al encarcelamiento de Harry Potter en Azkaban.

Un mago robusto de aspecto tosco, vistiendo una túnica azul oscuro con ribetes amarillos sobre los hombros, atravesó al puerta.

-Es usted Investigador Cantherris...dijo Arthur Weasley con desilusión en su voz...que desea?

-Con su permiso Señor Ministro...dijo el Investigador Cantherris, al tiempo que le extendía un pergamino.

-Qué es esto?...pregunto el Sr Weasley al tomar el pergamino en sus manos.

-Es la orden de encarcelamiento para Harry Potter...dijo el Investigador Cantherris con un dejo de tristeza en su voz...debe firmarla señor.

Albus Dumbledore se separo del grupo de magos y brujas que se encontraban en el salón, y se acerco hasta el Señor Weasley, y mirándolo serenamente le dijo

-Dejaste que se llevaran a Harry sin una orden de captura...permitiste que lo encerraran en Azkaban por un delito menor...solo quiero ver...Arthur Weasley... si tendrás el valor de firmar ese pergamino.

El Sr Weasley no pudo sostener la mirada de Dumbledore, sus manos comenzaron a temblar, imposibilitando de esa manera que pudiera sostener el pergamino.

-Déjame recordarte Albus...dijo Amos Diggory desde un rincón de la sala...que atacar a un mago indefenso no es un delito menor...y si se trata del Jefe de Aurores del ministerio se agrava el delito.

Dumbledore no aparto sus ojos del Sr Weasley, quien se paso nervioso su mano derecha por el rostro, estrujándose con fuerza las mejillas, mientras pequeñas gotas de sudor corrían por ellas.

-No te dejes impresionar Arthur...dijo un mago delgado y alto, de espesa cabellera negra y oscuros ojos quien vestía una túnica color esmeralda, colocándose a un lado del Sr Weasley...haz lo que creas conveniente...eres el Ministro de Magia no puedes permitirte debilidades.

El Sr Weasley se aparto de allí, y camino con paso vacilante hacia una esquina del salón.

-Por favor Weasley no seas cobarde...grito Alastor Moody quien se acerco hasta el Sr Weasley dejándose escuchar a cada paso, el toc-toc de su pata de palo...asume con valentía la verdad.

-Exacto Arthur...asume la verdad...dijo Amos Diggory acercándose también...tu viste como Potter ataco a Draco...sin piedad y sin contemplaciones...así hay que actuar sin piedad y sin contemplaciones...ya esta bueno de tratarlo como un niño mimado.

-Como que niño mimado?...dijo Minerva McGonagall con indignación...Harry Potter ha sufrido mucho, ha tenido que luchar contra algo para lo que no estaba preparado y aun así logro superar todas las adversidades...

-Bla, Bla, Bla...interrumpió el mago que vestía la túnica color esmeralda...tonterías, puras tonterías, ese Harry Potter es un mago peligroso...con un temperamento irracional.

-Usted tiene razón en algo Minerva...dijo Madame Bones con voz queda...es cierto que ha atravesado por duras situaciones...pero eso no es motivo para soportar sus actitudes...ataco al Jefe de aurores sin un motivo aparente...lamentablemente es culpable hasta que se demuestre lo contrario.

-Pero si Harry Potter hizo eso fue por algo...dijo Minerva McGonagall con furia contenida...además la situación fue muy confusa...con Voldemort y todos esos mortifagos...¿por qué el Jefe de Aurores no se dedico a su trabajo capturándolos?...en vez de perseguir a Harry.

El silencio reino por unos segundos en la habitación. Albus Dumbledore no apartaba sus ojos del Sr Weasley, quien no apartaba los suyos del pergamino que debía de firmar.

-Creo que no estamos siendo objetivos...dijo el Sr Falcon con tono tranquilo...es cierto que Harry Potter ataco a Draco Malfoy y que dado la condición de este, pues es un delito grave...pero creo que no se debió apresurar su traslado a Azkaban...considero que debe ser trasladado aquí, que se habrá juicio y si el Winzeganmot, encuentra delito en él...pues que vaya a Azkaban.

Algunos magos y brujas asintieron complacido ante la idea del Sr Falcon, pero otros en cambio negaron tal situación.

-No Falcon, no se trata de ser objetivos...dijo el mago de túnica color esmeralda...se trata de que Harry Potter debe sufrir un escarmiento...y unos días en Azkaban no le caerán mal...debe aprender a controlar su carácter...ese chico solo causa problemas.

-Explícame por favor...dijo Lupin con actitud hostil hacia el mago de túnica color esmeralda...cual es tu afán porque encierren a Harry en Azkaban...si es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad?.

-Quieres que te lo explique Remus?...dijo el mago de túnica color esmeralda con tono arrogante...que ya estamos cansados...y creo que hablo por la gran mayoría de los aquí presentes...de Harry Potter...tal vez deberíamos de considerar la posibilidad de entregárselo al Señor Tenebroso...y así tratar de recuperar la paz perdida de nuestro mundo.

Un sentimiento de incredulidad se apodero de todos los presentes ante las palabras de aquel mago.
Muchas miradas se entrecruzaron y un murmullo se extendió por todo el recinto.

-Yo espero que esas palabras solo sean producto del momento tan tenso que estamos viviendo...dijo Madame Bones con apremio en su voz.

El mago de túnica color esmeralda abrió su boca para defender su idea, pero Albus Dumbledore lo miro y lo hizo desistir.

-Entonces Arthur...dijo Dumbledore volviendo su mirada al Sr Weasley...quiero ver como firmas ese pergamino.

Harry Potter temblaba mientras un frió sudor cubría su cuerpo y había empapado sus ropas. Trataba inútilmente de amortiguar sus escalofríos, encorvando más su cuerpo, hundiendo su cabeza entre sus rodillas.
Los recuerdos seguían atormentándolo, a tal punto que no podía escuchar ni sus propios gritos llamando a sus padres.
Su corazón le dolía y su mente agotada no le ayudaba a recuperar un poco de cordura, ya que la idea de la muerte también había logrado apoderarse de un espacio en su atormentado cerebro.
Quería morir como había muerto el unicornio, sin explicación y sin razón.
Simplemente morir y terminar con todo. Dejar de existir como tantas veces lo deseo durante aquellos dos años de encierro. Porque sabia que tener que afrontar por segunda vez la perdida de su libertad seria algo que no soportaría.
Las carcajadas de Voldemort mientras mataba a Lily Potter eran como un eco que se repetía y se repetía inundando cada fibra de su cerebro.

De repente una cálida brisa lo envolvió, un hermoso canto reemplazo las carcajadas.
El canto de un ave fénix le devolvió, como un trago de agua fría a un ser sediento, poco a poco las fuerzas perdidas.
Harry Potter pudo lentamente enderezar su cuerpo. Abrió sus ojos y allí frente a él estaba Albus Dumbledore.
El viejo mago lo miraba con sus ojos azules, tras los lentes de media luna, transmitiéndole serenidad y paz. Le dedico una dulce sonrisa.
Harry Potter quiso incorporarse, pero Dumbledore se lo impidió.

-No Harry...debes descansar...Fawkes se quedara contigo...dijo Dumbledore señalando al ave fénix que reposaba tranquila a la cabecera de Harry Potter.

-Se lo agradezco profesor...dijo Harry Potter con voz débil...Pero por qué estoy aquí?...cuanto tiempo estaré aquí?.

-Tranquilo Harry...te doy mi palabra de que pronto saldrás de aquí...dijo Dumbledore apretando con fuerza el hombro del joven mago.

-No quiero estar aquí...dijo Harry Potter tratando de reprimir las lagrimas...por favor profesor no quiero estar aquí...prefiero morir.

Harry Potter apretó con fuerza la mano de Dumbledore, quien si dejo escapar una lagrima.

-Fawkes te cuidara, debes reponerte, porque necesitas de tus fuerzas...pronto las necesitaras...ahora debo irme...recuerda Harry que yo siempre estaré contigo...y que eres una gran mago...y nadie podrá doblegarte...porque tu eres Harry Potter.

Ronald Weasley permanecía en silencio, de pie, frente a la chimenea de la sala de la Madriguera. La Sra. Weasley sollozaba sentada entre Hermione y Ginny

-No puedo creerlo...Harry en Azkaban...pero por qué?

-La situación fue muy confusa...dijo Ginny con tristeza...los aurores y nosotros tratábamos de defendernos de los mortifagos y de repente los gritos de Harry atacando a Draco...fue impresionante.

-Pero Harry no es así...¿por qué iba a atacar a alguien indefenso?...él no es así...dijo la Sra. Weasley

-Malfoy es el culpable...dijo Ron con molestia...de eso estoy seguro...conozco a Harry...él no atacaría a Malfoy si no se lo merecía.

-Y Arthur?...pregunto al Sra. Weasley levantándose con lentitud...qué hizo Arthur?...me imagino que para esta hora ya abra ordenado la libertad de Harry.

-Pues te equivocas madre...dijo Ron furioso, mientras sus orejas se enrojecían...el Ministro de Magia permitió que atacaran a Harry y se lo llevaran a Azkaban.

La Sra. Weasley se llevo una mano a la boca como reacción de asombro ante las palabras de su hijo menor.

-Ron...es tu padre...dijo la Sra. Weasley tratando de mantener una actitud serena...tienes que entenderlo...quizás su posición en el ministerio lo obligue a reaccionar así.

-Por un puesto mi padre va a dejar que encierren a Harry en Azkaban?...pregunto indignado Ron...se trata de Azkaban...el peor lugar a donde un mago puede ser enviado...acaso Harry no ha sufrido lo suficiente como para que ahora lo manden a Azkaban.

-Te entiendo Ron...dijo la Sra. Weasley...tienes mucha razón...pero no tomes esa actitud contra tu padre...él trata de hacer lo mejor.

Las llamas de la chimenea chisporrotearon, al tiempo que adquirían un color verdoso. Y por ellas salió el mayor de los hermanos Weasley.

-Oh Bill...gracias al cielo que llegas...dijo la Sra. Weasley mientras lo abrazaba...que ha pasado?...y tu padre?

Bill Weasley bajo la mirada.

-Papá acaba de firmar la orden de encarcelamiento para Harry en Azkaban.

El canto del fénix continuo embriagando a Harry Potter, quien aun se sentía un poco débil, pero ya los atormentadores recuerdos habían desaparecidos.
Pudo recorrer la celda donde estaba, lo que no le llevo ni un par de minutos, daba las dimensiones tan pequeñas.

-Gracias...una vez más haz salvado mi vida...dijo Harry Potter mientras acariciaba al ave...y me imagino que nadie más nota tu presencia aquí verdad?

El ave fénix hizo un movimiento afirmativo con su cabeza.

-Es decir que tu canto ejerce una fuerza de repulsión sobre los dementores...dijo Harry Potter mirando de reojo hacia la puerta de barrotes...y como haces eso?

El ave fénix emitió una nota aguda y guiñando un ojo, Harry Potter no pudo dejar de sonreír, al comprender que el ave también tenia sus secretos.

Harry Potter volvió a sentarse sobre la loza fría y húmeda que le servia de cama, y colocando su rostro en sus manos, trato de dominar la rabia y la impotencia que le hacia sentir el estar encerrado sin una justa razón.
De repente una suave mano acariciando su cabellos azabache lo hizo retroceder impetuoso, mientras con un rápido movimiento tomaba con fuerza aquella mano desconocida y se ponía en pie.

Pero su corazón latió aun más rápido al verse reflejado en unos hermosos ojos y al sentir como unos cálidos labios femeninos se posaban sobre los suyos.