Capitulo 2 Cerezos.


Dublín, Irlanda.

Suburbio de Rathgar.

3 de Noviembre de 2011.

Sentado con los pies sobre la mesa de café, con un vaso del mejor Whisky de la colección del ochenta que le han regalado hace una semana, y suavemente durmiendo en su cama su amante de turno, desnuda y satisfecha. Jeff Morgan disfrutaba de un viejo show de TV, con su mirada oscura viendo sin ver, riéndose sin reír.

Hoy es un día especial.

Nadie lo sabe, o pocos lo saben como debería decirse, pero hoy es un día especial, un día en que la vida de un cerrado circulo de personas cambio para siempre en un instante de muy malas decisiones y situaciones injustas, que nunca debieron de suceder.

Hoy hace veinte años, Jensen Ackles despertó de un coma de cinco meses, hoy hace veinte años, un circulo pequeño de personas estuvieron involucradas en un pacto con el diablo.

Ha temido esta hecho por las anteriores dos décadas, el miedo a una represalia que no se pudiera manejar siempre le había acompañado cada una de estas noches, hoy no era diferente.

Cuando era cualquier otro día, solía decirse asimismo que lo que había hecho era la mejor decisión de su vida, pero hoy, en esta fecha, era todo lo contrario.

Pocas veces había logrado sentir ese escalofrió en su espalda, pero juraba que esta noche era donde mas asustado se sentía, un hombre como el, fuerte, fornido, alto, poderoso. Un hombre como el si... no seria rival para lo que estuviera arañando la ventana a esas horas de la noche.

La tormenta no le dejaba pensar claramente, era fuerte y según la mujer del clima había informado hace dos horas, duraría toda la noche; aunque todo era incierto, puesto que la tormenta había aparecido de la nada, y manifestándose tan violentamente como lo hacia ahora, no tenia esperanza de que para la mañana se marchara.

Camino hasta su estudio, pasando por una larga galería, hasta entrar por una puerta que llevaba madera de hace cien años, y estaba adornada con largas vísceras de oro, si la entrada al paraíso, aunque el supiera que no se salvaría de los hornos del infierno.

Su cuerpo estaba angustiado, hasta el punto de que aun después de un orgasmo temprano, su corazón seguía latiendo con la misma fuerza, asustado, aterrado de algo que tendría lugar esa noche, allí en su casa, en la oscuridad que el repentino chispazo de un rayo le sumió.

La energía eléctrica se había esfumado.

Tan pronto se sentó en su flamante sillón, refugiado en la oscuridad, la puerta que había dejado abierta, se cerró con un fuerte golpe, que no se escucho en la noche tormentosa.

Tuvo la decencia de limpiarse en la alfombra de entrada el ser que estaba de pie en el portal ahora cerrado, y lo miraba con ojos negros, certificando su condición inhumana, no respiraba, solo estaba allí de pie, mirada fija y labios rojos, de sangre o lápiz labial no estaba seguro, pero fuera lo que fuera, le causaba escalofríos. Una figura tan menuda que cuando un rayo cayó cerca de su morada pudo reconocer.

—Sabía que vendrías por mi primero. – dijo, recostándose y manteniendo la calma. – fui yo quien peque primero, fui yo quien condujo a la blasfemia a otro.

No es una sorpresa que el ser no diga nada.

Ya sus facciones no son jóvenes como lo fueron hace veinte años, ahora son mas maduras, aunque con una macabra inocencia que no logra comprender del todo. Su porte de asesino es inconfundible, pero no hay sangre más que el hermoso carmesí de sus labios para demostrar que ya ha derramado el preciado liquido.

—Vamos, ¿no vas a decirme que me lo merezco, o que vas a ofrecerme un trato? – esta dispuesto a tratar con la criatura que aun con apariencia humana es incapaz de ocultar la oscuridad de su naturaleza.

Pero el demonio, oscuro y hermoso a la vez, se queda impávido ante el, diez segundos, veinte segundos, treinta... cuarenta... cincuenta... no se mueve. Ni un centímetro, y cuando Morgan abre los labios para decir algo mas con lo que busca salvar su vida, sucede rápido.

No llega a decir nada. Su garganta yace abierta, y el único sonido que escapa de el son los jadeos con los que busca aferrarse a la vida que el demonio le arrebata con rapidez.


Tokyo, Japón.

Aeropuerto Internacional de Tokyo.

3 de Noviembre de 2011.

Japón no es lo que pensaba que seria, es aburrido y colorido, muy colorido, ok, adora los colores, así que quizás, solo quizás, Japón vaya a ser un buen lugar para ver. Eso lo comprueba con solo observar como el aeropuerto es mucho más amplio que el de Dublín o el de Nueva York, y por supuesto más colorido y extravagante.

Al salir de las compuertas del avión y pasar por el sistema regular de seguridad, se siente un extraño de inmediato. Un turista perdido que ve a todos lados y a su diccionario al mismo tiempo, su guía de viaje y su reloj. Tiene que conseguir un taxi, y ni siquiera sabe como pedir uno fuera del aeropuerto.

Takushii... takushii. - ok, Jensen trata de no pensar en lo estúpido que suenas hablando un idioma que no es tuyo. Maldición.

Se siente bastante tonto, pero la cosa es que funciona, y el maldito taxi se detiene. Casi le dan ganas de usar una expresión japonesa para celebrar, pero no se imagina saltando en un pie y gritando "Yatta!" como la chica idol del programa televisivo que trasmitían en la TV del aeropuerto.

— ¿Sabe donde queda la calle Tsukishima? Cerca del mercado de pescado... Sakana Market...

— ¿Tsukiji fish market? - le pregunta el taxista, un hombre mayor, de al menos 60 años de edad.

— ¡Si! Ese mismo. – Que se jodan estos japoneses.

Una de las cosas que Morgan le enseño, es que todos los taxistas del mundo que recogen pasajeros cerca de un aeropuerto saben hablar ingles o español, y que es como una regla no escrita para el servicio, y se cumple a rajatabla.

Claro, lo de menos que Jensen puede pensar es que en una ciudad así encontrara alguien que hable su idioma.

— ¿Americano usted? – le pregunta el hombre con un extraño acento. Han subido las cuatro maletas de Jensen y lo único que ha conservado es su bolso de mano.

Aun esta respirando agitado de la carrera que le ha tocado dar detrás de su bufanda que por poco acaba en una alcantarilla, y se ha quitado el gorro de lana porque un repentino calor le ha invadido en todo ese pequeño tramo, no es de extrañar que el taxista lo vea con expresión rara cuando vuelve a ponérselo todo, porque el maldito país no se decide si ser frio o caliente.

—Si, americano. De Texas. – agrega por costumbre, sus dientes castañean unos segundos antes de que logre recuperarse de la fuerte oleada.

—Texas. Vaqueros, ¿Cierto? – el hombre le arranca una sonrisa. Espera que todos los japoneses sean así.


Tokyo, Japón.

Residencia Takashima (Komae)

4 de Noviembre de 2011

Se despierta con un chillido del piso de abajo, y quiere maldecir en voz alta, pero se contiene, si hay algo que le ha enseñado su pequeño curso interactivo es que no debe, por ningún motivo, hacer sentir insultado a algún ciudadano japonés. Aunque el cursillo no le ha dicho nada sobre no asesinarlos, de vuelta al principio, no es un asesino, así que se conforma con maldecir en su mente y darse la vuelta en el futón que le deja la mitad de las pantorrillas afuera.

Es lo más que han logrado conseguirle.

Esta quedándose en la casa de Kaoru Takashima, una mujer que vive con sus dos hijos mayores, Jun y Yuu. Jun es diseñador, Yuu es un idol de la tv. Si, también ha sido una sorpresa para Jensen. Cuando se lo han dicho ha estado por reír, pero Yuu le ha explicado mientras le ayudaba a subir sus maletas, que en Japón eso es algo mas común que en el occidente.

Le ha introducido al mundo japonés moderno. Y no sabe si sentirse mas a gusto con este Japón liberal que con el republicano autoritarista que se imaginaba cuando bajo del avión. Lo bueno es que los extranjeros tienen sus derechos en territorio nihon, pero aun así debe cuidarse de los que odian a los gaijin.

Yuu, al igual que Jun, lleva el apellido de su padre, Shirota. Y Kaoru es mitad española, por eso su cabello rubio natural, y sus ojos azules. Lo gracioso del asunto es que Yuu es lo mas occidental que puede pedir de un japonés, y en parte le decepciona, porque pensó que tendría relación directa con alguien que pudiera guiarle desde el punto de vista contrario.

Aun escucha gritos del piso de abajo, así que decide ver su celular que descansa a un lado suyo. Tiene veinticinco llamadas perdidas, al menos treinta mensajes y el resto notificaciones de su correo electrónico, incluso ahí alguien que le ha dejado dos tweets. Pero su vista aun esta borrosa.

La luz se filtra por las ventanas de papel de arroz, dañando sus ojos pocos acostumbrados a la luz matutina. Son las siete, una hora de la que no se acuerda su existencia desde su último día de universidad.

Se retuerce entre el cobertor y termina saliendo a regañadientes de la "cama", no le gusta despertar de esa forma, es un energúmeno hasta con las personas que no conoce, así que se toma su tiempo dándose un baño, y cuando la piel de sus dedos comienza a arrugarse, es cuando se retira, mojando todo el piso de vuelta a la habitación.

Kaoru esta allí de pie, observándole al principio con pasividad y luego sonrojándose y volteando a otro lado.

—Lo siento. Venia a despertarte. – dice, su voz no suena nada bien, aunque la vergüenza también opaca parte de el otro sentimiento. – lamento si los ruidos de abajo te despertaron, no era intención de Sabrina. – Sabrina, la hija de Kaoru con su segundo esposo, esa que no habla muy bien el ingles, pero domina el japonés casi tanto como su español natal.

—Oh, eso, no te preocupes. – si la mujer hubiese venido una media hora antes le hubiera dado una mirada asesina y luego se hubiera retirado sin mas.

— ¿Ya te enteraste? – le pregunta, revolviendo sus dedos.

— ¿De que? – frunce el ceño, y sabe que también frunce sus labios.

—De lo que le sucedió a Jeff. – le explica.

La relación de Morgan y Takashima es de amantes y amigos. Ella fue la segunda luego de que Samantha se divorciara de Jeff; y desde ese momento, Morgan siempre se quedaba en esta casa tal y como el lo hacia ahora. De hecho, el estaba allí porque el hombre le había recomendado la casa de los Takashima como morada perfecta.

Claro, Jeff y ella eran muy cercanos, por eso no le extraña que cuando le diga la mala noticia, sus ojos se llenen de lágrimas.

— ¿Jensen? – el sonido de su voz es opacado por el martillar del corazón de Jensen, que a estas alturas de la mañana esta mas bien embobado, y siente como si el agua caliente hubiera perdido todo el efecto tranquilizador en el.

— ¿Jensen? – la voz temblorosa de la mujer no logra llegar a el, hasta que esta alza una mano y con ella zarandea su hombro. - ¿Jensen, estas bien?

No, no esta bien. Las noticias de la muerte de su tutor, de aquel por el que estaba allí, el jefe del gremio y aquel que ejerció de figura paterna todos estos años que estuvo bajo sus brazos.

Respira profundo, adentro y fuera, adentro y afuera…. Lento y pausado. No funciona, necesitara más que clases de yoga para calmarse. Se ha puesto pálido, y Kaoru lo ayuda a sentarse en una pequeña sillita cerca de la ventana.

— ¡Yuu! ¡Yuu! – ella grita, sobresaltando a Jensen. – Yuu, trae una taza de té.

Le toma tres minutos al castaño subir corriendo las escaleras del segundo piso hasta llegar a donde esta su madre.

—Lo siento mucho. – dice el joven, sentándose en el suelo entre las piernas de Jensen.

Kaoru sale de la habitación abrumada por el dolor en los ojos de Jensen, quien comienza a sollozar mientras bebe su té-

—Lo siento mucho, Ackles-san. – el chico coloca una mano en su rodilla y aprieta fuerte.

— ¿Cómo murió? – pregunta, porque la naturaleza humana le golpea y necesita saber ese detalle.

—Por lo que dijo su amante a la policía, y lo que su hermana conto a mi madre, fue asesinado… - susurra, temiendo que con sus palabras, Jensen se eche a llorar desconsoladamente. Pero muy al contrario, su expresión es de plena concentración.

— ¿asesinado? – repite, frunciendo el ceño aun mas. - ¿Dónde?

La pregunta confunde a Shirota, que se siente un poco perdido, no sabe si contestar eso causara algo muy malo.

—En su casa… - finalmente responde luego de unos segundos de duda.

— ¿Su casa? – la pregunta sale en un murmullo que no pide ser respondido. – Yuu… ¿Puedes dejarme solo un momento? – esta vez el chico sonríe, le palmea el hombro girándose hacia la puerta para darle una mirada preocupada de reojo.

La soledad de la habitación le hace dar cuenta de su desnudez, y de cómo el frio ha entumecido sus músculos. Se coloca un suéter grueso y termina su té, para luego terminar enrollado en el futón que ahora nota puede estirarse.

Refugiado debajo de dos cobertores, uno con calentador incorporado, deja que el sueño le arrastre y reza porque todo eso sea una maldita pesadilla.


Tokyo, Japón.

Parque Fiji (Komae).

6 de Noviembre de 2011.

Dos días después, es obvio que no volverá a Reino Unido para el funeral de su tutor.

Las tormentas eléctricas por toda Europa le han capturado en medio de una población a la que en estos momentos le es hostil. Ni siquiera los Shirota han conseguido sacarle de sus pensamientos, que cada día que pasa, se vuelven más y más deprimentes.

Ahora se encuentra sentado en un viejo parque, que a pesar de tener según la placa de entrada, cuarenta años, se conserva en perfecto estado. Tanto su estructura antigua como las maquinas expendedoras y como botes de basura del lugar.

Algo que le asusta de Japón, es la pureza y virginidad de sus paisajes.

Y entre toda esa pureza, algo capta su atención. Un hombre. Dos metros, ropa extraña y colorida, y con un gato sobre su cabeza. Desde allí la visión es algo lejana como para detallar al hombre, pero Jensen se da cuenta de que esta hablando, con algo frente a el… algo que no esta allí.

—Hay gente loca en este mundo… específicamente este país… - susurra, poniéndose de pie.

Cuando esta por salir del parque, se da la vuelta, buscando con la mirada al sujeto, pero no lo ve por ninguno lado, solo una brisa con aroma a cerezos, fría y escalofriante le despide.


Tokyo, Japón.

Instituto de Lenguaje (ISI)

11 de Noviembre de 2011

Ha logrado recuperarse a medias de la perdida que ha tenido que llevar, pero aun la casa de los Shirota no se siente como el lugar donde debería pasar el resto de sus días en Japón. Por eso comienza a buscar un apartamento donde pueda tener mas privacidad, pero casi todos los apartamentos cerca de su sitio de trabajo, son pequeños lugares de una sola habitación. Es frustrante.

Ahora se encuentra en el ISI, o el instituto de lenguaje que Morgan le recomendó, y no deja de pensar en como ese hombre le ha guiado por tanto tiempo en su vida.

El lugar es… extraño. Si esa es la palabra para describir el aula donde vera clases por los siguientes tres o cuatro meses. Aunque también se aplica el término al extraño tutor que había visto cruzar el pasillo con paso cándido.

Según una chica pelirroja que había conocido, Julie McNiven, estaban "confinados a sobrevivir con ese profesor". La chica en cuestión llevaba dos meses asistiendo, pero nunca pasaba de meterse entre los primerizos, aparentemente le encantaba su profesor, Jared Padaleski o Padalecki, no sabía aun.

—Es toda una aventura, señor Ackles. – le dijo, riéndose con la cara que Jensen hizo al escuchar sus palabras, el solo quería que todo fuera normal.

Pero normal estaba lejos de los pequeños "espíritus de lluvia" (que eran básicamente un muñeco hecho de tela y una cuerdita de la que colgaban del techo) o de las mascaras de demonios japoneses colgadas en las paredes de madera. Aterrador, para alguien tan apegado a lo occidental como el.

—Dime que no es más raro que esto, por favor. – susurro cerca de Julie, que se había sentado junto a el, en los dos asientos finales, eran cuatro filas de cuatro sillas cada una, sorprendente, pero no tan extraño como el resto.

De acuerdo a lo que le habían dicho, Jared Padaleski era el mejor profesor de todo el instituto… realmente lo esperaba.

—Raro se le queda corto. – ella le susurra de vuelta, pero Jensen apenas la escucha entre todo el rumor que hay en la habitación que desaparece cuando la puerta se abre para dejar al descubierto a un hombre alto…

Un hombre que Jensen vagamente reconoce del parque, alto, casi dos metros y hasta tiene que agacharse para pasar por la puerta y no chocar contra el marco. Con cabello castaño largo, y chaqueta roja con una camisa a cuadros morada, pantalones por las rodillas y pies con sandalias tan delgadas que seguramente puede sentir todo lo que pisa.

Es… wow, algo que Jensen no es capaz de describir con palabras sin quedarse corto de estas.

— ¡Holas, gente! – saluda, con una alegría contagiosa. Tiene una sonrisa gigante, y maldición, tiene hoyuelos en sus mejillas que solo resaltan su felicidad, como un infante.

La clase responde, tratando de seguir el entusiasmo del profesor pero es difícil.

—Veo que Julie esta aquí, y Monika de nuevo, chica, ¿segura que quieres otra clase conmigo? – la mujer, de al menos cuarenta años sonríe y le guiña al chico alto de sonrisa fácil. – el resto son todos nuevos… y uno de ellos tiene un extraño olor. – sus ojos se enfocan en Jensen, que esta a punto de protestar cuando Padalecki cambia de tema, y lo deja con la palabra en la boca.

Después de clases, Jensen esta muy seguro de que no ha aprendido nada por primera vez en la vida. De que el mundo es mas complicado de lo que parecía antes, y de que aparentemente, tendrá que soportarlo.

No puede culpar al hombre que les ha enseñado lo básico de las "letras", porque lo ha hecho con tal derroche de sabiduría, que nadie diría por sus pintas que la posee. Aunque es tan horrible como lo imagino. El hombre es un hippie, en casi todos los sentidos e intenta arrastrarlos a ellos en esa… extraña adicción a lo místico que según Julie, siempre ha tenido.

— ¿No te gusto? Oh, debes de ser de la clase de escéptico que termina cambiándose en la tercera clase.

— ¿Tengo esa opción? – pregunto esperanzado.

— ¡Nooo! No puedes, Jared es lo mejor que tiene todo este lugar. Solo necesitas conocerlo un poco mejor, ¿sabes? Es realmente dulce y loco. Vamos, Jensen, toma el riesgo, te gustara.


Tokyo, Japón.

Parque Fiji (Komae).

14 de Noviembre de 2011.

No lo odia, pero tampoco le agrada, aunque, tal y como le ha dicho Julie, Jared es un hombre agradable. Y se sorprende asimismo pensando que quizás pueda acostumbrarse a el y a su rareza. Mack no es mejor que Jared algunas veces, aunque esta seguro de que Mack no le causa lujuria cada vez que Jared se inclinaba sobre el a ver que tal le iba escribiendo. Escribiendo no era nada malo, así como le gustaba diseñar, sus letras eran perfectamente suyas y reflejaban su personalidad calmada, por supuesto, eso no lo sabia hasta que el profesor se lo susurro al oído, haciéndolo estremecerse.

Debía estar enloqueciendo, pero Jared Padalecki no parecía un hombre normal respecto a el; si su radar gay no se equivocaba, este hombre estaba interesado en el, al menos físicamente. Estaba bien con eso, porque en su vida había tenido muchos hombres que querían conquistarle, lo que le extrañaba era la forma de… coquetear, que este hombre tenia con el.

Le tocaba (un montón), colocando sus largas y frías manos sobre las suyas, midiendo la presión del pincel de tinta que les había dado en la clase del viernes. Le hablaba al oído, pero no le decía cosas vulgares, solo palabras que le confundían. "Tienes las manos suaves para el extraño olor que posees", oh, esa era otra novedad, le olisqueaba. ¡Como un jodido perro! Y no importaba cuanto perfume se rociara, para Padalecki siempre olía extraño.

—Aun hueles extraño. – casi salta fuera de su piel cuando la voz de susodicho profesor resuena en su oreja. – ¡Konbanwa! – Jared lleva su mano a su frente y le saluda de forma militar.

Esta vez tiene una gorra roja y una camisa morada que dice algo en japonés y esta rodeada de muñequitos que parecen ranas. Su correa tiene el mismo diseño, aunque en vez de ser una correa, son dos enlazadas entre si. Sus pantalones son sus eternos pescadores caquis que dejan ver sus gruesas pantorrillas.

—Eh… Konbanwa. – susurra, avergonzado de haber dudado frente al profesor que le guiña el ojo y se sienta a su lado. Esta vez Jensen se siente mas libre de preguntar. - ¿Cómo huelo exactamente?

—Raro. Para un hombre tan hermoso como tu, con pecas, tu olor es extraño. – dice, dejándole echo un rompecabezas de nuevo.

—No entiende, ¿Y que tienen que ver mis pecas con esto? – pregunta.

Están en el parque, donde recuerda haber visto a un hombre parecido a Jared (¿Quién sabe cuantos locos de su tipo había en esa prefectura?) donde había pasado todo el fin de semana sentado, contemplando el cielo sin ninguna razón aparente.

Jared se sienta a su lado en la banca de madera, descansando su espalda, con una sonrisa relajada, y Jesucristo, ¿Acaso esa es una pluma que cuelga de su oreja?

— No tiene mucho que ver, pero dicen que las personas con pecas son dulces y picantes a la vez, pero nunca malvadas. – sus ojos color de las avellanadas sin madurar se posan en el, regalándole una sonrisa.

—Eso no tiene sentido.

—Muchas cosas en este mundo no lo tiene. Creo que no me equivoco en colocarte en esa lista de esas cosas. – se encoge de hombros, restándole importancia al asunto. El hombre es tan relajado que le esta comenzando a hacer sentirse incomodo. – Lo estas haciendo muy bien. – dice luego de unos minutos de silencio. A la mirada interrogativa de Jensen continúa hablando. – para la perdida que tuviste recientemente, lo llevas muy bien.

Ahora, si Jensen no estaba asustado por la rareza de este hombre, en estos momentos sentía que podría salir corriendo con los brazos alzados y gritando por ayuda y no se sentiría avergonzado de ello.

— ¿Cómo sabias…?

—Soy bueno para leer a las personas, naci con ese don, señor Ackles. – explica, sonriendo suavemente.

Un maullido felino llama su atención, un gato negro estaba sentado a los pies de Padalecki, viéndolo con intensos ojos azules.

— ¿Es tuyo?

—Es de la naturaleza. – si, cierto, no es como si fuera a obtener una respuesta mas coherente que esa, ¿cierto?

— ¿así que no es tuyo? – insiste el pecoso.

—No, no pague por el, ni le pedí que viniera conmigo, el solo apareció un día al lado de mi cama. – explico, sin sonar molesto porque Jensen no entendiera su filosofía. – también llegaría a ti si dejaras tu ventana abierta.

— ¿Cómo sabes que no cierro mi ventana? – pregunto con un bufido, no estaba esperando esa clase de admirador.

—Lo se por la forma en la que llegas a mi clase, con tus ojos casi cerrados por el sueño y un mal humor que solo denota que pasaste toda la noche debajo del calentador intentado dormir cómodo, pero que no lo conseguiste, y que cuando lo lograste, la alarma del despertador te puso de pie, no la luz del sol o el maullido de un gato.

— ¿Cómo puedes saber todo eso con verme? – Jensen se ríe, cubriéndose el rostro. – dios, estas loco.

— No, no lo estoy, y aun así sigues apestando.

— ¡Hey!