EL SACRIFICIO DE UN AUROR.
Harry Potter la abrazo y correspondió con pasión aquel beso, no solo porque volver a ver a Hera era quizás un rayo de luz en la inmensa oscuridad que se había apoderado de su alma, sino porque sentir a otro ser humano tan cerca de él, le recordaba que aún estaba vivo.
Harry Potter recorrió con sus besos y sus caricias cada rincón del cuerpo de Hera, mientras ella se dejaba llevar y también correspondía cada gesto.
Sin embargo la sensatez se abrió paso entre la pasión y poco a poco se separaron. Hera se acomodaba su larga cabellera, mientras Harry Potter le cubría parte de su desnudes con la túnica que hacia minutos él había abierto sin ningún problema. Se miraron por unos cortos minutos. Y nuevamente volvieron a abrazarse.
-Gracias por estar aquí...dijo Harry Potter en un susurro al oído de Hera...no sabes cuanto te he extrañado...me había resignado a que quizás no volvería a verte.
-Me había hecho el propósito de que así seria Harry...dijo Hera abrazándolo con fuerza...pero al saber que te habían traído a Azkaban, no pude resistir el venir a verte...oh Harry...no sabes cuanto me duele verte en esta situación.
-Como te enteraste que yo estaba aquí?... dijo Harry Potter sentándose en la loza fría
-La noticia de tu encierro ha corrido como pólvora por toda la comunidad mágica internacional...dijo Hera sentándose a su lado...mi tío esta muy preocupado por ti...que hiciste Harry?
-No se porque estoy aquí...dijo Harry Potter con tristeza...el profesor Dumbledore estuvo aquí hace algunas horas, pero no me dijo nada.
-Pero tiene que ser algo muy grave Harry...dijo Hera preocupada tomando su mano entre las suyas... tan grave como para que el mismo Ministro de Magia Ingles halla firmado tu orden de aprensión.
Harry Potter sintió
como si una mano de hierro muy pesada le hubiese golpeado en la cara
al escuchar las últimas palabras de Hera. Un frió
extraño recorrió su espina dorsal. No podía
creerlo. El Señor Arthur Weasley, el mismo que le había
dicho que lo quería como un hijo y que lo consideraba parte de
su familia, el padre de Ron y de Ginny, aquel hombre que Harry Potter
había evitado que muriera desangrado por el ataque de una
serpiente, ese mismo hombre ahora permitía que lo encerraran
en aquel lugar tan horrible, como un asesino o como un delincuente
cualquiera.
Hera noto la reacción de Harry Potter y
entendió rápidamente el porque.
-No te preocupes Harry...dijo Hera tratando de apartar aquellos pensamientos de la mente de Harry Potter...tus amigos están tratando de sacarte de aquí.
-Cuales amigos?...grito Harry Potter con furia y dolor...yo no tengo amigos...y por lo visto los que pensé que eran ya no lo son.
-Tienes amigos Harry...no lo dudes nunca...dijo Hera con serenidad...mañana a esta misma hora saldrás de aquí...debes estar preparado porque iras a un lugar muy lejano.
Harry Potter se levanto y miro a Hera con incredulidad. Y una idea surco su mente.
-No creo que sea conveniente Hera...dijo Harry Potter con duda...si logro escapar...será peor para mi...nadie creerá en mi inocencia...todos me creerán culpable.
-Y quien te dijo que ibas a escapar?...dijo Hera guiñándole un ojo...muy lejos de nosotros algo así...tranquilo Harry todo ira bien.
Hera se coloco frente a Harry Potter y con un movimiento tierno y coqueto le dio un largo beso.
-Ahora debo irme...dijo Hera en un suspiro...quisiera quedarme, pero no es conveniente...de hecho mi presencia aquí ha conmocionado un poco a los dementores.
-Pero Fawkes no permite su cercanía...dijo Harry Potter señalando al ave fénix que permanecía en un rincón del calabozo.
-Si, lo se...por eso es su desconcierto...saben que hay un alma nueva por allí...pero no saben donde esta exactamente...dijo Hera dándole un ultimo beso a Harry Potter para luego desaparecer.
Harry Potter se
acostó sobre la fría loza y fijo su mirada en el techo
del calabozo.
Aun no entendía la razón que había
movido al Señor Weasley de permitir todo aquello. Será
que había aprendido a estimar a Draco Malfoy más que a
él, y por eso le había molestado tanto que él
hubiese atacado de aquella forma al Jefe de Aurores.
Un odio
corrió por sus venas al recordar la cara de triunfo de Malfoy
al creerlo derrotado y a su merced. Y no pudo dejar de reconocer que
si volvía a repetirse una situación parecida, actuaría
de igual forma, aunque le significara mil años en Azkaban.
Sin
embargo tampoco pudo dejar de pensar en como sus amigos lo ayudarían
a salir de allí. Pero contrario a lo que hubiese pensado, su
corazón quiso confiar en las palabras de Hera y en las de
Dumbledore. Esa confianza era su única esperanza en aquel mar
de incertidumbre.
Se dejo vencer por el cansancio y por el
sueño.
Los recuerdos hicieron estragos en su atribulada
mente aquella noche. Lo aprendido y practicado durante muchos años
sobre Oclumencia no le sirvieron de nada. La muerte de sus padres, la
muerte de Sirius, el regreso de Voldemort, sus dos años de
encierro, uno a uno desfilaron por sus sueños transformándolos
en terribles pesadillas que le hacían despertar asustado y
angustiado.
Pronto decidió que por su bienestar mental, era
mejor no volver a dormir. Por lo que decidió realizar algo que
por mucho tiempo no hacia , y que había aprendido sin estudios
en aquellas horas infinitas, encerrado en aquel lúgubre
sótano, durante dos largos años; y que se había
convertido en la mayor fuente de fortaleza y resistencia a todo el
horror que tuvo que enfrentar al lado de Voldemort.
Cerro sus
ojos. Comenzó a realizar respiraciones profundas y pausadas,
sintiendo como en cada bocanada de aire, entraba el oxigeno necesario
para vitalizar cada una de sus células y purificar su sangre,
para bañar cada tejido y rejuvenecerlo.
Poco a poco su
mente fue quedando en blanco, sin recuerdos, sin sentimientos, sin
ideas, sin pensamientos. Y poco a poco fue dejando que su alma
saliera fuera de ella y así poder materializarse y abandonar
fácilmente aquel cuerpo y emprender así un viaje ya
conocido.
Fawkes, el ave fénix presencio todo aquello con
absoluta calma, como si ver salir el alma de un cuerpo fuera algo muy
común. En realidad no lo era, solo podía ser realizado
por aquellos magos y brujas que alcanzaban un elevado nivel de
conocimiento sobre el mundo espiritual y el corporal, y para Harry
Potter fue mucho más fácil porque logro perfeccionarlo
al conocer la teoría, de manos de Baco Termopolis.
El
alma de Harry Potter, contemplo por unos segundos, el cuerpo
abandonado y luego miro al ave fénix, quien con un movimiento
de cabeza le indico que se quedaría a vigilar y cuidar que
nadie se acercara a la celda, porque si el alma no regresaba a su
cuerpo quedaría vagando eternamente en el limbo.
Sin
esfuerzo, el alma de Harry Potter llego al sitio que tantas otras
veces había visitado, y que ya no constituía para él
ningún misterio.
Atravesó con decisión el
velo rojo, que suavemente se movía, colgado en aquella
habitación, en los pisos inferiores del Ministerio de Magia
Ingles.
Se deslizo suavemente por entre aquella cálida y
reconfortante bruma cristalina, observando a otras almas que por allí
vagaban alegremente. Solo podía establecer contacto visual con
ellas, porque él no estaba muerto.
Pero aquello no le
importaba, él solo quería ver a sus seres queridos una
vez más.
Pronto se reencontraron. Sus padres le sonrieron
alegremente. Y por un tiempo indeterminado se contemplaron. Cuando
Harry Potter considero que ya era hora de regresar hizo un gesto de
despedida con la mano a sus padres, y estos correspondieron de igual
forma. Al llegar casi a la salida, Sirius lo esperaba. Solo hubo
miradas y sonrisas.
Una vez que el alma de Harry Potter había
regresado a su cuerpo, abrió los ojos. Y no quiso evitar
llorar. Las lagrimas eran la forma como su corazón agradecía
lo mucho que aun seguía siendo amado por esos seres que aunque
no estaban con él físicamente, jamás lo habían
abandonado y reconfortaban su alma cada vez que lo necesitaba, sin
palabras, sin contacto de piel, solo con la esencia del amor.
De
esa forma pudo Harry Potter dormir, y recuperar sus fuerzas
físicas.
Cuando despertó muchas horas después,
le costo un rato recordar donde estaba y todo lo que había
pasado. Se sentó a la orilla de la loza fría y sintió
hambre.
El ave fénix ya no estaba. Se sintió
indefenso al no verla. Pero unos pasos que se acercaban le hicieron
poner en alerta sus sentidos.
Pudo sentir un frió seco que
envolvía el lugar, por lo que cerro rápidamente su
mente, y pudo ver sin vacilaciones al dementor por detrás de
la puerta de barrotes.
La puerta se abrió dejando escapar
un agudo chirrido, y por ella entraron Neville y Hera.
Al verlos
Harry Potter se sintió contento y asombrado, pero recordó
rápidamente la promesa de Dumbledore. Pensó que quizás
el viejo mago había conseguido que el Sr Weasley diera la
orden de dejarlo en libertad.
-Puede retirarse...dijo Neville con autoridad al dementor...yo me hago cargo.
El dementor
parecía rehusar salir del calabozo, pero ante la firme actitud
de Neville, este opto por retirarse.
Hera abrazo a Harry Potter
luego de darle un corto y cariñoso beso.
-Pero que hacen aquí?...dijo Harry Potter con un dejo de alegría.
-Venimos a sacarte de aquí...dijo Hera en un susurro.
-Ya sabia yo que el señor Weasley no permitiría que permaneciera aquí más tiempo...dijo Harry Potter con tono más alegre.
Hera y Neville se dedicaron una mirada, que hizo que la alegría de Harry Potter se esfumara.
-No hay tiempo que perder Harry...dijo Neville tratando de evitar explicar las verdaderas intenciones del Ministerio de Magia...Hera te acompañara...debes irte de aquí esta misma noche.
-Dime que esta pasando Neville...dijo Harry Potter con molestia...no dejes que lo averigüe de otra forma...te respeto y no quiero invadir tus pensamientos.
-Puedes invadirlos Harry, porque no tengo el valor para decírtelo...dijo Neville mirando fijamente a Harry Potter a los ojos.
Harry Potter retrocedió unos pasos, al descubrir y luego comprender cuan grave era su situación. Hera volvió a abrazarlo.
-Ves Harry por eso tienes que irte...dijo Neville con seguridad...además el tercer oráculo va a ser debelado y tu no puedes estar encerrado.
-Tercer Oráculo?...dijo Harry Potter con incredulidad...si ni siquiera he logrado entender el segundo...como voy a recibir el tercero?.
-No se Harry...dijo Neville con paciencia...solo se que tienes que irte.
-Pero si me voy...si me escapo...me buscaran como fugitivo...eso empeoraría mi situación...dijo Harry Potter con apremio en su voz.
-Nadie a dicho que tengas que escaparte...dijo Neville con picardía...hay muchas formas de salir de Azkaban amigo
Harry Potter no pudo dejar de sentir
duda ante las palabras de Neville. Miro a Hera quien le dedico una
sonrisa.
Pero al ver que Neville extraía del interior de su
túnica una pequeña caja, donde habían dos
botellas de moderado tamaño, pudo darse una idea de cómo
escaparía de Azkaban.
-Si Harry...dijo Neville colocando las dos botellas sobre la fría loza...poción multijugos...así que no te molestaría darme un poco de tu cabellera?.
Harry Potter no pudo menos que dejar de sonreír al recordar la primera vez que había usado aquella poción. Sin embargo una duda volvió a embargarlo.
-Y quien se quedara ocupando mi lugar?...pregunto Harry Potter con temor de escuchar la respuesta.
-Tranquilo Harry...dijo Neville con tono alegre...el encierro en San Mugo me ha hecho resistente.
-No Neville...dijo Harry Potter con molestia...no voy a permitir que te quedes aquí por mi culpa...no...no...tu eres un auror del ministerio...no debes involucrarte en esto...si nos descubren...tu carrera se ira por el despeñadero...no Neville...no voy a tomar ninguna poción.
-No seas terco Harry...dijo Neville con impaciencia... a ti no te importo arriesgar tu vida para salvarme...además te necesitamos fuera de Azkaban...si te quedas aquí Voldemort se creerá triunfante y atacara con más furia.
-Pero los dementores te harán daño...dijo Harry Potter con preocupación...además tendrás que beber diariamente poción multijugos y en esa botella no hay suficiente...además no sabemos cuanto tiempo decidirán darme...creo que esto no es buena idea.
-Es la mejor idea que tenemos Harry...dijo Neville molesto...además no hay tiempo para idear un mejor plan...así que deja de buscar excusas idiotas y tomate la bendita poción...
Harry
Potter miro a Hera en busca de ayuda, para defender su posición,
pero ella le mostró unas tijeras de plata, y al joven mago no
le quedo más remedio que ceder parte de su cabellera
azabache.
Hera guardo con cuidado los cabellos recién
cortados en un pequeño recipiente de cristal luego de colocar
algunos pocos en la otra botella, que Neville sostenía en su
mano.
-Creo que deben de cambiarse de ropa...dijo Hera sutilmente mientras le daba la espalda a los dos magos...antes de tomarse la poción.
Los dos magos así lo
hicieron y aunque eran de la misma estatura, Neville era más
robusto.
Varios minutos después ya habían cambiado
de imagen, aunque no de personalidad.
-Esto si es raro...dijo Hera contemplando con una sonrisa a ambos magos...ahora tengo que tener cuidado a quien beso.
Los tres se miraron y rieron por lo bajo.
Harry Potter miro a Neville y le extendió la mano, la cual este estrecho con afecto.
-Gracias Neville...dijo Harry Potter con voz entrecortada...te prometo que no permitiré que estés aquí por mucho tiempo.
-Ve Harry y haz lo que tengas que hacer...dijo Neville con tono alegre...no permitas que el esfuerzo de nuestros padres quede en el vació.
Harry Potter camino hacia la puerta de barrotes
y usando el tono de voz y la apariencia de Neville llamo a los
dementores.
Volvió su mirada a Neville para darle un ultimo
adiós, antes de abandonar aquel lúgubre calabozo,
sabiendo que jamás tendría como pagarle a Neville el
sacrificio que estaba haciendo para que él recuperara su
libertad.
