Capitulo 3 El relicario perdido.
Tennesse, USA.
16 de Noviembre de 2011
Nadie la extrañara, de eso esta segura cuando siente la cuchilla helada clavarse en su garganta, cortando la vida que tan tristemente llevaba desde que su pequeña había desaparecido hace semanas. No era más que una sombra de lo que era antes, eso lo sabía.
Desde que la fecha fatal había pasado, nunca se había detenido a pensar que estuviera a salvo, no, no había bajado la guardia un minuto, aunque hubiera pasado una semana entera desde que había escuchado la noticia del fallecimiento de ese hombre al cual desearía nunca haber conocido.
No era malo, pero los arrastro a todos ellos con el, y era seguro de que terminarían muriendo. Lo que no sabia era porque. Porque el demonio se había tardado veinte años en venir a por ellos. Se pregunto, por un segundo muy corto, si ese chico también recibiría el mismo castigo.
Tokyo, Japón.
Parque Fiji (Komae).
16 de Noviembre de 2011.
No sabe porque fue allí, pero no ver a Jared por ningún lado es decepcionante, son las cuatro de la tarde y acaba de salir de su primera reunión con el equipo de arquitectos, hablan ingles pero son desconfiados tal como Morgan le había dicho.
Así que guardaba esperanzas de conseguirse al extraño hombre aquí, quizás recibir alguno de sus consejos, que por más raros que sonaran siempre funcionaban.
Que día tan aburrido.
Tokyo, Japón.
Café Yanaka (Komae)
20 de Noviembre de 2011.
— ¿Así que aquí es donde vives?
La sorpresa en su voz solo se compara con la alegría en el rostro de Jared, parece contento consigo mismo por haberlo traído allí.
El café de la familia Yanaka, es un local pequeño a dos calles de donde recibía las clases de japonés, que no iban mejor que su obsesión por saber mas de ese hombre que solía hablar de el como si le conociera de toda la vida. El local estaba adornado con plantas y estatuillas de gatos de todos los tamaños. Todo era de madera, y parecía viejo de la época de los samuráis.
Había llegado allí porque Jared le había invitado, colocando la mano en la parte baja de su espalda y susurrándole la pregunta que no esperaba escuchar. "¿quieres venir conmigo?".
Sinceramente, no esperaba que le invitara a ese lugar, que según le había dicho era de una vieja amiga que se lo había dejado antes de morir, era su trabajo cuando no estaba las cuatro horas de la mañana enseñando a extranjeros a dominar el idioma.
—Es un buen lugar, no viene mucha gente, pero me gusta estar aquí. Estoy aquí cuando no estoy en el parque o en el templo. – le explica con una sonrisa que se convierte en cómplice cuando sus ojos se conectan. – si es lo que querías saber.
— ¿Qué? No, solo curioso.
—Ian me dijo que fuiste a buscarme al parque hace unos días, estaba aquí. – Jensen se deja esconder su expresión de Jared, dándole la espalda.
— ¿Quién es Ian?
—El gato.
— ¿Tu hablas con el gato? – pregunta con un extraño acento ingles.
—Algunas veces.
Es raro. Pero no quiere ahondar en ese tema, no en el de un gato que le ha visto buscar a Jared por un tiempo que se consideraría extraño.
— ¿Puedo preguntar porque yo? – dice después de unos minutos en los que ambos se sumen en el suave gemido de la maquina de café.
— ¿Tu que? – Jared luce confundido cuando le mira sin entender el contexto de la pregunta.
— Porque soy yo quien te acompaña esta tarde y no otra persona. – no esperaba explicarse, porque sabe como suena todo el asunto de ser tan sincero hasta que solo suena tonto y desarmado. Y así suena, como si revelara un gran secreto y esperara uno a cambio.
Jared se ríe, con gracia y soltura, la cabeza hacia atrás y el hermoso cabello moviéndose con el.
— ¿Por qué tú? Simple, me gustan las personas que extraño. – se encoge de hombros, en serio, y deja a Jensen con ganas de darle una colleja por tonto.
— ¿Te gusto por como huelo y hablas con un gato? – No tiene ningún sentido, al menos para el.
—Hueles extraño, si.
No, Jensen no se va a quedar con esa respuesta. Es insólito, que este hombre juegue con el aun después de esos días conociéndose, aunque a decir verdad, Jared es el único que ha hecho preguntas y el es el único que las ha contestado, algunas veces un poco receloso de sus secretos, pero siempre dispuesto a todo sin ninguna razón especial.
De Jared son mas bien pocas las cosas que sabe, como su nombre, su ascendencia Polaca y que es de Texas como el, ni siquiera sabe su edad o lo que lo trajo a Japón.
—Hey, Jay. – dice casualmente una vez que Jared le ha servido café y se ha puesto a cocer pastelitos de carne previamente preparados.
— ¿Si? ¿Otra duda, señor Ackles? – alza su cabeza del horno, mirándole por arriba de la encimera. - ¿O quieres mas café?
—No, estoy bien con este. – sonríe, Jared es muy amable y algunas veces parece un pequeño retoño. – la verdad es una duda sobre ti. Millones de dudas.
—Estoy dispuesto a responder las que pueda responder. Un hombre tiene derecho a sus secretos, señor Ackles. – cierra la puerta del horno y se coloca de pie de un salto, toda la joyería falsa que lleva encima moviéndose. Acercándose a Jensen, que detrás de la barra le observa con una sonrisa.
—Nombre completo.
—Jared Tristan Padalecki. – responde apoyándose en la barra.
— ¿Edad?
—27 y contando.
— ¿Por qué viniste a Japón? ¿Qué podría tener de interesante este desierto oriental? – su sonrisa se suaviza cuando Jared baja la mirada al suelo, seguramente observando sus pies desnudos.
— ¿Quieres la verdad? – pregunta, y repentinamente sus ojos avellanas se posan sobre el, no son igual de cálidos aunque no fríos del todo. – Hey, no es tan malo. – Jared se apresura a decir alzando sus dos manos en señal de paz. – es solo que… es difícil de creer. Soy un médium.
Difícil de creer se le queda corto, muy corto. Por el rostro de Jensen pasan tantas cosas, tantas emociones que es difícil creer que no le ha dado una aneurisma y no hace falta que Jared use su empatía para definir todas ellas.
—Di algo.
—No se que decir. – susurra, frotando su rostro con una mano, e ignorando el temblor de su voz.
— ¿Seguro? Estoy seguro de que tu condición de católico es la que te retiene tanto de no querer golpearme como de querer hacerlo. – Jensen no le ha dicho a Jared que es religioso, y esta seguro que no lo hizo porque el mismo ha evitado el tema. – Lo he notado, la manera en la que buscas tu relicario cuando algo no te gusta…. – por el temblor en Jensen, lo esta asustando.
—Estoy muy seguro de que nunca… - comienza a hablar, pero es cortado por Jared.
—…nunca lo mencionaste, lo vi…aquí. – señalo a su frente sonriendo. – puedo verte aquí.
— ¿Cómo…?
—Nato. Puedo escucharte y ver flashes de lo que pasa por tu mente, no es un misterio para mi que… bueno, la razón de tu olor.
— ¿Y eso es?
— Tú ya lo sabes.
Ese es el final de la conversación, cuando Ian interrumpe subiéndose a la mesa, y caminando con su paso elegante. Viendo a Jensen de reojo y rehuyéndole, Jared dice que es por su olor, a el no le gusta creer esa mierda.
—Es de mala educación subirse aquí, minino. – murmuro, empujándolo con sus palillos chinos.
—Déjalo, esta demasiado mimado como un niño, si lo bajo te rasguñara.
Tokyo, Japón.
Calle Tsukushima (Komae)
22 de Noviembre de 2011.
No ha visto a Jared en los pasados dos días, y esta seguro de que no es su culpa. Porque aun después de que este le haya dicho toda esa mierda de ser un psíquico o médium, si es que no es lo mismo para el, Jensen no ha huido, no, ha sido a Jared, que no se ha presentado en la estúpida clase de japonés, ni en el café, ni en el parque, ni en ninguna parte.
Lo odia con ganas.
Nunca ha sido alguien rencoroso, su religión le ha enseñado a colocar la otra mejilla cada vez que reciba un golpe. Y por más costoso que le haya sido dejar su orgullo de lado, lo ha logrado. Pero esta vez su orgullo esta herido, más porque después de pasar la noche recostado en ese jodido futón con una lámpara de bajo consumo con forma de Kitti, ha llegado a la conclusión de que no le importa si Jared es Houdini o Andrea Sharoni.
Pero el idiota no esta por ningún lado, y ahora el esta perdido en medio de una calle que no tiene final por lo que puede ver.
Esta por llamar a Julie (ha aprendido a confiar en la chica) para que le ayude, cuando un gato negro se cruza en su camino, viéndole con sus grandes ojos azules.
— ¿Ian? Hey, ¿Dónde esta tu estúpido amo? – le pregunta inclinándose frente al gato.
— No es mi amo, y no deberías hablar con el.
Jensen observa al minino. Una, dos y tres veces, antes de ponerse de pie y darse la vuelta.
— ¡Hey! ¿Dónde te crees que vas, imbécil? – el gato comienza a perseguirlo, porque para su error ha comenzado a correr, llevándose las macetas a los lados del camino.
No estaba esperando esto. Lo que quiere decir es que ser médium es algo, pero VERDADERAMENTE hablar con gatos es algo que no puede sobrellevar, menos cuando el maldito gato lo persigue por los bajos techos, llamándole por su nombre, haciendo todo mas difícil de llevar, porque… bueno, nunca un gato lo ha llamado por su nombre.
Lo inevitable pasa cuando se va al suelo, tropezando con una silla y cayendo inevitablemente. El peso del gato unos segundos después sobre su espalda.
—No te muevas. Hay algo que no deberías estar. – "aquí" quedando implicado en la frase. Y Jensen no quiere saber que diablos no debería estar "allí" cuando tiene un gato parlante en su espalda.
La brisa ha dejado de sonar, la misma que casi le deja sordo de tanto soplar cuando ha entrado a ese callejón, también todo el sitio se ha quedado mudo, ni un insecto ni un perro ladrando, y mucho menos una voz humana.
No hay nada.
—Gran mierda. – y eso no es raro del todo, un gato maldiciendo. - ¡Corre! – el gato se baja de su espalda y le rasguña el antebrazo para que se ponga de pie. – vamos, vienen por tu olor a muerte.
Jensen se paraliza al escuchar sus palabras, quedando medio encorvado sobre el suelo con sus ojos en el gato que le mira ¿exasperado? Mientras da saltitos en el suelo.
— Muévete, imbécil del culo. ¿Qué estas sordo? – vuelve a rasguñarle el mismo brazo, solo que esta vez alcanza solo su muñeca, dejando un trazo rosado por donde pasan sus afiladas garras.
— ¿Qué dijiste de mi olor? – le exige, cerca de darle una patada, nunca le han gustado mucho los gatos de todas formas.
— Eso no importa aho… - un fuerte rugido detrás de Jensen los paraliza a ambos, el lomo del gato erizándose.
— ¿Qué diablos es eso…? – murmuro, bajando su mirada al gato que luce tan asustado como el.
— La cosa que ha estado siguiéndote. – maulló el animal, subiéndose al hombro de Jensen que se atrevió a darse la vuelta.
No había nada allí, y sin embargo, Jensen podía sentirlo moviéndose por la estrecha calle, caminando sin cuidado sobre las macetas rotas regadas en el suelo. Era inmenso o se movía por todas las paredes, no sabía decirlo, por que de las ventanas mas altas le llegaban los sonidos del metal rompiéndose, pero del propio suelo, también le llegaba el ruido de la calle crujir bajo el peso de la cosa que lo perseguía.
— Son tres. – el gato lo saco de dudas, y sinceramente hubiese preferido quedarse sin saberlo. – Y no podemos correr… - gruño, sus uñas encajándose en el hombro de Jensen. – ese estúpido niño, ¿Por qué tenia que enfermarse?
¿Jared? ¿Jared estaba enfermo? ¿Por eso es que no se había aparecido? Estuvo por suspirar su alivio sino fuera porque estaba a punto de morir por unas criaturas que no podía ver, apenas y sentir a su alrededor, acechándole…
Un grito sobresalto tanto a Ian como a el, al final de la calle… o lo que el asumía que era el final. Jared estaba de pie a duras penas, doblado por la mitad con su cabello largo recogido, sosteniéndose en un bastón largo y con su chaqueta roja y camisa morada, lucia igual que siempre, pero débil, le asusta.
Pero el nombre que ha gritado no es el suyo.
No, ha sonado a "Biruzna".
— ¿A quien esta llamando? – pregunta, sin moverse.
— Al demonio yokai que salvara tu culo occidental.- le gruñe el gato. Solo que ahora se le ve relajado en los hombros del arquitecto.
— ¿El que?
— Cállate.
Una brisa cálida llena a Jensen, haciéndole cerrar los ojos y relajarse lo suficiente para no ver como a su alrededor todo se vuelve negro, presagio de una tormenta, no ve el momento en el que Jared alza su mano con un pergamino en ella, ni tampoco como una criatura similar a un pez purpura sale de el y se dirige "nadando" en el aire hacia los tres monstruos que han perdido interés en Jensen y se han dirigido al médium.
Para cuando Jensen abre los ojos, el clima se había restaurado, y Jared yacía sentado en el suelo, esperando a que se acercara. No había señal de peligro, no había un ruido extraño tampoco. Solo el maullar del gato que se dirigía corriendo a donde estaba el castaño.
— ¿Estas bien? – susurro Jensen cuando estuvo sentado a su lado, Jared estaba caliente con fiebre y sus ojos apenas se mantenían abiertos.
—A-algo… - respondió tosiendo y recostando su cabeza en el hombro de Jensen, se veía tan vulnerable, como un chico mas joven, si, definitivamente mas joven.
— Me mentiste sobre tu edad. – suena estúpido reclamarle ahora, cuando lo tiene en brazos respirando enfermedad. Jared parece dudar en responder hasta que finalmente lo hace.
— Nunca te hubieras acercado a mí si te dijera que tengo veinte, no soy estúpido. – murmuro, sabiendo que Jensen solo se había dado cuenta porque sin Alaina haciendo el efecto visual sobre el, ese que le hacia ver mucho mas mayor de lo que era.
—Idiota. – Jensen suspira. – así que como lo hiciste… todo en general. – no esta calmado, en lo mas minino, estaba apunto de vomitar sobre el suelo de lo mareado que comienza a sentirse.
— Demonios. Uso demonios, se que… para alguien como tu suena mal, pero… aquí los demonios o yokai no son todos malos. Muchos de ellos fueron humanos alguna vez… y no son todos malos, Alaina fue humana hace mil años, era muy hermosa y es una experta en maquillar… por eso lucia…
—Como un fisicoculturista.
— Si… ¿estas molesto? – pregunta, voz suavecita y de niño, y maldición como resistirse.
— Algo, pero un poco más asustado por esa cosa que me ataco. – murmuro, poniéndose de pie con Jared apoyado en su hombro y en el bastón, que parecía mas un bastón de mago o algo así, con varias hebillas doradas en la punta.
— Son malos yokai. – explica Jared, escondiendo su rostro en el cuello de Jensen, que comienza a sentirse mareado por otra cosa. – les gusta molestar a las personas, y en parte… son peligrosos. No pueden matarte pero causan mucho daño. – susurro aun contra la piel de Jensen. – y… no lo viste, pero Biruzna ayuda a calmar la angustia, por eso dejaste de sentir miedo mientras usaba a Mikuri, el pez.
— ¿Pez? ¿Usaste un pez? – Jensen bufa, ok, eso ha sido suficiente por hoy. Ya tiene bastante con querer a dejar a Jared en el suelo.
Lo lleva a la casa de los Shirota, que no se encuentran ninguno allí. Yuu tiene que trabajar y esta en su apartamento en Central Tokio, Jun esta en España y Kaoru también esta resfriada, por lo que se esta quedando con una conocida. Así que nadie le reclama que introduzca un chico muy joven dentro de su cama.
— ¿Cómo estas? – susurra, apartándole el cabello de la frente. – Jay.
— Necesito dormir. – murmuro, removiéndose en los brazos de Jensen que no ha dejado de sostenerle con cuidado.
La casa esta en silencio y afuera a comenzado a caer una llovizna. Es cuando mas adora esa casa, que se traga el sonido hasta volverlo un murmullo arrullador. Y eso los sume a ambos en un sueño que no dura lo suficiente, no cuanto Jensen hubiese querido que durara.
Tokyo, Japón.
Parque Fiji (Komae).
24 de Noviembre de 2011.
Saber que Jared es casi un menor de edad lo cambia todo. No puede verlo con lujuria cuando este esta dando clases en su fachada de "fisicoculturista"; ni siquiera cuando este se ríe con ganas de algún chiste. No es igual saber que le lleva casi once años de diferencia. Es mas bien muy difícil, saber que aun quiere estar con el en mas de un sentido.
La fiebre se le ha pasado con un descanso entre sus brazos, y luego de un beso robado por parte del chiquillo, se ha marchado a casa con una sonrisa. Con el gato parlante detrás, mirando de reojo a Jensen que hubiese preferido que todo fuera un sueño.
Ni siquiera lo cree. Mucho menos cuando le saluda con voz adormilada y se sienta a su lado a esperar a Jared en el parque. El porque lo espera es hasta desconocido para el, pero debe quedarse allí hasta que Jared llegue y le de la información de vida o muerte que tiene que darle. Ha sonado tan desesperado por mensaje que ha sido difícil seguir estando molesto con el por mentirle.
Busca su relicario con sus dedos, pero como siempre no lo consigue. Le asusta.
— Así que… Ian. – dice con algo de miedo, viendo como el gato abre un ojo y lo observa. - ¿por qué huelo a muerte? – si, eso le ha estado comiendo las entrañas desde que escucho al gato decírselo.
— Tú lo sabes. – le responde, y Jensen tiene la idea de haber escuchado eso antes de Jared.
"—Nato. Puedo escucharte y ver flashes de lo que pasa por tu mente, no es un misterio para mi que… bueno, la razón de tu olor.
— ¿Y eso es?
— Tú ya lo sabes."
—La razón de mi olor… no la se, nunca he matado a alguien o he visto a alguien morir. – intenta de explicarse, con un gato… por el amor de Dios.
— No es necesario. Solo lo llevas desde hace mucho tiempo… desde que eras niño. – susurra el gato, olisqueando la mano de Jensen.
— ¿Así que tu también eres un psíquico? – pregunta, retirando su mano incomodo, ya tiene bastante con ese olor que dicen que posee como para que se lo sigan recordando.
— Soy humano, pero tu idiota Padalecki me maldijo por haber asesinado a alguien, así es como termine gato, imbécil. – El gato le gruño, saltando al suelo y metiéndose por unos matorrales mientras meneaba la cola de un lado a otro.
— Wow, que sensible.
— Siempre es así. – rio Jared que se acercaba, volvía a ser el Jared delgado de ropas holgadas y rostro joven. – no asesino a alguien, solo hizo molestar a una bruja y lo maldijeron, hace mas de veinticinco años de eso, no le sienta nada bien que le recuerden la gran bocota que tiene. – Jared se ríe, sentándose inusualmente cerca de Jensen.
— Así es como te consiguió, por que es….
— Si, ahora es un bastante sensible ante las energías. Incluyendo la tuya… se que te molesta el olor, pero… es algo que debes descubrir por ti mismo, Jensen. Es una razón que cobrara muchas vidas antes de llegar a ti. – susurro, bajando su mirada al suelo para ocultar la tristeza que le invadía cuando buscaba leer a Jensen.
— ¿Es algo que me paso cuando niño? – pregunto, dejando que Jared tomara su mano entre las suyas, acariciándola con dulzura. Estaba extrayendo pensamientos de su cabeza, lo sabia por la mueca de concentración que portaba.
— Si, eras muy joven, alguien… muchos te dañaron… estaba solo. Terminaste en el hospital, no tenias esperanzas y luego…
— Volví a nacer.
— No. No, no lo hiciste. – Jared niega con su cabeza, parece algo desesperado. – algo toco tu alma, dejo un rastro horrible en ella, borro todo lo que te conectaba a este mundo y fue cuando despertaste. – Jared suspiro, soltando la mano de Jensen, a través de ella podía ver los ojos de ese demonio, le asustaban.
— Jared… - Jensen toma las manos que le han soltado, y el joven alza su mirada a el, frunciendo el ceño al ver en su mente lo que Jensen esta pensando, sus mejillas volviéndose rosas segundos después al comprender. - ¿Cómo diablos puedo robarte un beso sin que lo veas? – ríe, haciendo feliz a Jared, es tonto pero verlo no es lo mismo que sentirlo, los labios de Jensen sobre los suyos, suaves y mullidos, pronto arrolladores sacándole gemidos pecaminosos.
Dallas, Texas.
Richardson City.
25 de Noviembre de 2011.
No lo ve venir, y para cuando lo nota, su sangre esta esparcida por toda la ventana del piso de abajo, cerca de la cocina. Donna lo vera cuando se despierte por la mañana, y no entenderá el porque de su muerte, pero el la entiende muy bien, incluso con lo difícil que es pensar mientras intenta no ahogarse en su propia sangre.
Cuando la vio entrar a su casa, no la reconoció, pero una vez le puso el cuchillo al cuello, se dio cuenta de quien era, los mismos rasgos infantiles se conservaban en su expresión, y con ello se dejo llevar por el recuerdo de algo que hubiese preferido olvidar con todas sus ganas.
Dallas, Texas.
Richardson City.
3 de Noviembre de 1991
Había llevado cinco meses, pero por fin, había logrado encontrar una forma de salvar al pequeño Jensen. Era tan inocente de lo que estaba pasando, y todo era su culpa por no haber enseñado a su hijo a cuidarse mejor de esos matones que pasarían una buena época en un reformatorio. Aunque aun después de eso, el corazón de Alan Ackles no estaba tranquilo, porque su hijo aun seguía en la cama, y su esposa aun parecía a punto de morir.
Le dolía todo, pero esto era lo último que podía hacer y llegaría hasta el final con ello. Jensen viviría no importaba las consecuencias.
—Ella es Alona Tal, mi hija, y yo soy Ginny. – la mujer de ropas rosadas y horteras, con plumas por todos lados. Se le veía algo nerviosa por eso, y aunque Alan debería estar preocupado por meter a una niñita aun más pequeña de Jensen, lo único que le importaba era su familia.
— Ginny es una vieja amiga. – dijo Morgan apareciendo desde la cocina, llevaba una copa de vino en la mano. – Bueno, ¿Por qué no empezamos? – pregunto, parecía emocionado, y eso no le gustaba mucho a Alan.
Conocía a Jeffrey de un viejo trabajo de construcción que el arquitecto había liderado, no sabían por que se habían hecho amigos, pero, si había algo que le gustaba del hombre era lo directo que era.
Ginny Tal también estaba allí por el, era una mujer que leían la bola de cristal, que junto con su hija, que Alan sospechaba era la verdadera psíquica, viajaban por el país haciendo rituales de invocación de espíritus. Era ella también quien invocaría al demonio del que le había hablado Morgan.
— Así que quieres que invoquemos a…. Orias. – la mujer pareció temblar al leer el nombre. Antes de carraspear y sentar a su hija a la mesa, llenando el lugar con el olor a incienso que tenía encendido en la mesa, antes de comenzar a colocar sobre esta la manta negra con lo que Alan sabia era la marca del diablo, y llenar de velas cada punta de la estrella.
—Orias es uno de lo más débiles, pero es capaz de traer de vuelta a Jensen. – Morgan dice, seguro de que la mujer se quedara tranquilo con eso.
— Orias es fuerte, Jeff. Muy fuerte.
—Pero tu hija también, estoy seguro de que lograra sobrellevarlo, cariño, no tienes porque alterarte, todo estará bien.
Ginny no parecía convencida, suspiro y acomodo las manos de Alona sobre la mesa. La pequeña estaba inusualmente callada, con sus ojos cerrados en concentración. Ginny se sentó a su lado y tomo una de sus manos y luego la mano de Morgan, siendo Alan el ultimo en unirse al circulo.
Al principio no sucedió nada. Permanecieron en silencio un largo rato, pero pronto Alona empezó a vibrar, y un largo chirrido salió de ella cuando la silla se rompió bajo su poco peso. Sus ojos no eran humanos, fue lo que pensó Alan al ver como abría sus ojos y sus pupilas eran blancas.
Algo igual de no humano hablo. – Muchos humanos, me gustan los humanos. – la criatura sonrió, causando una mueca de lo mas diabólica en el rostro infantil de Alona. – me gusta ayudar a los humanos. – canturreo, voz doble e infantil, mientras movía su cabeza de un lado a otro.
Alan se desmayo después de eso.
Cuando se despertó, Jensen había vuelto a este mundo, extraño, pero estaba vivo y sano y eso fue todo lo que importo. Mas nunca volvió a ver a esa mujer, ni a esa niña o a Morgan, quien también desapareció.
