Capitulo 4 De Olores.


Tokyo, Japón.

Residencia Takashima (Komae).

25 de Noviembre de 2011.

Es Josh quien le llama.

Cuando le escucha llorar y no entiende lo que dice no sabe que pensar.

Le toma varios minutos comprender, y cuando lo hace, la euforia de haberlo hecho con Jared, con su cuerpo joven temblando bajo el suyo toda la noche, mientras se aferraba a su espalda gimiendo su nombre, esa misma euforia desaparece.

Ya no hay mas Jared con mejillas rosadas y labios hinchados de tanto besar y chupar, ya no hay mas felicidad porque el niño sea todo un romántico y le haya dicho dos palabras que hicieron su piel erizarse. No, no hay nada más de eso, solo pura y vil tragedia.

Le duele su pecho que se contrae de dolor cuando se levanta al baño. Se tambalea y esta por irse al suelo de bruces cuando los brazos de Jared le sostienen, no tiene ni idea de porque luce de veintisiete, pero no le importa, solo se deja caer contra el y se derrumba, solloza y se refugia en sus brazos.

Su padre esta muerto. Su padre verdadero.

Le duele, porque su madre esta devastada según palabras de su hermano, ese al que odia y aun quiere matar, en el buen sentido de la palabra. Pero es su madre y Mac por las que esta preocupado, quiere ir allí, aunque por alguna razón que no entiende, Jared le esta negando ese derecho.

—No puedes ir. – le dice. Sosteniéndolo con fuerza entre sus poderosos bíceps. – dije que no, Jensen. No puedes, si vas morirás tu mismo. – y Jensen quiere entenderle por una maldita vez en su vida, a ese mocoso que no debería de ser así de maduro en estos momentos. —Por favor no vayas.

—Necesito ir, ni tu, ni nadie va a detenerme. – termina gruñendo y de un codazo a la barbilla de Jared lo aparta. Para cuando se ha levantando del suelo, una larga cuchilla apunta a su cuello. Le toma unos segundos ver el resto del cuerpo de la mano que sostiene el afilado objeto de modo amenazador.

Es una mujer que va y viene, desapareciendo frente a el y apareciendo, de cabello azul intenso. Es un Yokai, o como lo llame Jared, y la razón de su extraña transparencia es su poca habilidad de ver espíritus. Pero esta aunque no parece amigable, tampoco es peligrosa.

—Hinoe-san, déjalo. – escucha a Jared decir desde el suelo. – déjalo ir.

Te golpeó, lo matare.

—Lo se, pero no es su culpa, quiere irse… déjalo. – su voz resignada hace que las emociones en Jensen se pongan en orden. No esta actuando racionalmente, al igual que tampoco esta pensando bien, aun esta doblegado por el dolor que ni siquiera le permite derramar lagrimas.

—No… yo… necesito descansar. – susurro, sentándose de nuevo en el suelo y dejándose caer sobre el futón. Las manos de Jared se adhirieron de nuevo a su cuerpo, y sus labios se apoderaron de los suyos, besándolo con fuerza, buscando absorber el dolor que sabe su cuerpo posee al igual que su alma.

—Lo siento, Jen. – susurra, colocando ambas manos sobre el pecho de Jensen, acariciándole hasta llegar a sus anchos hombros que masajea buscando des tensarlos. Funciona. Jensen se relaja hasta quedarse completamente laxo en el futón. Es un momento que Jared aprovecha para besarle el mismo, mordiendo sus mullidos labios con amor, mientras susurra esas dos palabras que ya antes habían desarmado a Jensen. —Te amo. No se porque pero te amo.

No recibe respuesta y no le importa, nunca ha esperado nada a cambio, nunca ha querido nada a cambio de su cariño, solo le ofrece todo el amor puro que tiene a Jensen y deja que quede de su parte si aceptarlo o no hacerlo. Porque Jared ya ha hecho todo, ya se ha rendido a ese hombre con olor a muerte y con sabor a vida.

Se deja lamer y Jared lo aprecia, que le dejen usar ese cuerpo no importa si Ian lo esta viendo con reproche desde la ventana mientras tiene a Jensen endureciéndose en su boca, calentándose entre sus labios que lo chupan con ganas hasta dejar que se cuele al fondo de su garganta.

Arranca un orgasmo que les deja mareados a ambos, lo suficiente para que Jensen olvide por unos segundos lo que le agita.


Tokyo, Japón.

Parque Fiji (Komae).

2 de Diciembre de 2011.

— ¿Qué vas a hacer en casa? – le pregunta su madre por teléfono, suena mejor que cuando la llamo hace cuatro días, pero no animada del todo. – quédate allí, pasa tus días con ese chico Jared, y no vengas aquí, ya tendrás tiempo de hacerlo, cariño.

No suena convencido cuando responde, pero es su madre, su tonta madre la que no comprende que esta en peligro, por lo que le ha dicho Jared durante todos estos días, obligado a contarle la verdad, y aunque el primer día le pego un puñetazo y le dejo sangrando sentado en una banca en ese mismo parque.

La verdad no era otra que algo que su escepticismo no podía aceptar, algo que involucraba a su padre, a Morgan y a una mujer que había muerto hace unos días bajo las mismas circunstancias que los otros dos, con el cuello rebanado en dos.

Desangrados hasta la muerte, según Jared, todos habían muerto por que estaban siendo seguidos por el demonio que le había traído a la vida, ese mismo que ahora le daba ese olor particular a su alma.

Así que su trabajo básicamente consistía en salvar a su madre de lo que sea que buscara ese demonio.

— Mama, necesito ir, necesito protegerte. – susurro, viendo como Ian se acercaba por el caminito de piedra entre los columpios y la rueda giratoria. – por favor, necesitas cuidarte y…

—Mac esta haciendo un buen trabajo conmigo. – dijo, perdiendo la paciencia. – Estoy bien, Jensen, quiero decir… nunca he estado mejor… y si, sueno como una perra, pero tu padre… no era lo mejor para mi, lo ame mucho, pero siempre fue este… bastardo perfeccionista al que no podía llevar. Lo siento, pero no quiero que vengas y arruines tu trabajo.

—Wow… - susurra una vez su madre ha colgado.

—Por eso las mujeres son todas brujas. – dice Ian, subiéndose a la banca y limpiándose las patas traseras. - ¿Qué? No veas.

— Ok, y esa es la razón por la que estoy con Jared, o con cualquier hombre en general. – replica, dejándose caer contra el respaldo.

— ¿Jared? Pufff… ese es una mujer más, tan niña como su madre respecto al trabajo, esa perra estúpida. – el gato gruño algo mas bajo mientras seguía a lo suyo.

— ¿Conociste a su madre? – pregunto Jensen inocentemente.

Ian se subió a su pecho, golpeando el rostro con una de sus patas delanteras antes de saltar al suelo.

— ¿Qué si le conocía preguntas, imbécil? Claro que le conocía, fue la estúpida bruja que me convirtió en esto. – el gato desapareció de nuevo por los matorrales, dándole a Jensen la impresión de que cada vez que estaban a solas, él y el gato, se enteraba de mas secretos de Jared que con el mismo Jared.

El chico era todo un libro cerrado, con problemas de crecimiento y problemas de actitud. Algunos días estaba tan feliz que se podía palpar, otros era tan deprimente con toda su patraña de sentimientos problemáticos que provenían de cualquiera que lo tocara por mucho tiempo. Pero después de la muerte de su padre, Jared había estado callado, recogido si se podía decir.

No le gustaba hablar del tema, pero por medio de Ian descubrió que no era por no inducir a Jensen al llanto, sino por razones propias. Jared era adoptado por el monje del templo, allí es donde vivía cuando no estaba en el Café Yanaka o en el Parque Fiji, incluso en el curso. Jared no le gustaba hablar de ello y según el gato había perdido a sus padres a temprana edad, ahora resulta que también se enteraba por el jodido gato que la madre de Jared era una jodida bruja.

Dio un suspiro largo mientras volvía a su sitio, debía estar diseñando, pero no habían salido más que dos líneas largas que representaban cada torre.

—Hey, lamento haberte echo esperar tanto. – Jared llevaba una camisa blanca y sus pantalones caquis, una bufanda azul electico cubriendo su cuello. – estaba… ocupado.

— ¿En que? Si se puede saber, señor secretos y mi madre es una bruja que convirtió al gato que supuestamente era de la naturaleza. – respondió Jensen, con tanta presteza que Jared pensó que todo era una broma, hasta que, desafortunadamente noto que era todo lo contrario.

— Jen…

—No, no, no, nada de Jen. Puedes decirme esa clase de cosas, ¿sabes? Estoy en desventaja frente a ti, chiquillo.

— Es solo que… a veces tengo miedo de que veas mucha mierda sobrenatural y termines… no se, ¿huyendo? – esa es una buena respuesta, considerando que mas de una vez Jensen ha estado por correr al aeropuerto.

— Incluso así no es excusa suficiente. – responde, negando con su cabeza. – vamos, háblame de ti.

—Pero Jen… se supone que hoy…

—Nada. Hoy hablamos de ti. Estoy cansado de escuchar de mí. – responde tajantemente.

—Bien. – dice resignado, y maldición si Jensen no quiere besar esos labios que ahora hacen un puchero. - ¿Qué quieres saber?

— Quiero que empieces desde el principio, y con eso me refiero a ¿en serio tu madre era una bruja?

—Si, una muy mala. - responde suspirando. - podía ver yokais, y espíritus y esas cosas. Pero no sabía como controlar su poder y era muy mala haciéndolo. Mi padre siempre peleaba con ella por que no maduraba respecto a los espíritus, y la casa donde Vivian siempre terminaba en llamas o con todo en su interior siendo destruido. Ella no era popular entre los espíritus. Fue cuando naci yo. – dijo con un suspiro resignado. – los espíritus la alejaban de la cuna, le decían lo inútil que era como madre y que yo moriría bajo su cuidado. Estaban tan enfadados que trajeron a un psíquico, Ian. – sonrió al tiempo que Jensen alzaba las cejas incrédulo. – Ian me robo de la cuna, y mi madre lo maldijo, fue así como… termino gato. Me odia por eso, pero luego de eso consiguió llevarme a rastras al templo de su padre, que supo de inmediato que el era su hijo… pero nunca, nunca he intentado devolverlo a su lugar forma original.

— Así que a pesar de ser un gato gruñón es uno muy bueno. – Jensen dijo, riéndose por lo bajo. – esto es absurdo.

—Jen…

—No, no en el mal sentido, solo que, desde el principio siempre fue un imbécil conmigo y todo porque te esta cuidando… de mi. – parecía claro como el cristal ahora, el como los sentimientos del gato se manifestaban. – es un buen amigo.

—Lo es… también hay algo mas que quiero decirte. – susurro, acariciando su cabeza. – no tengo veinte.

— ¿Qué? – ahora si va a matarlo.

—Es que… cuando me hago débil, porque uso mucha energía, me vuelvo joven, y cuando estoy descansado vuelvo a la normalidad, y tú dijiste eso, y te mentí porque pensé que sonaría menos raro, si tengo veintisiete.

— ¿Y que diablos haces en tu… no se, forma de adolescente? – esta a punto de levantar su puño y darle una colleja, jura que esta por hacerlo.

— Es que… note que te gusto mas así… joven, en la cama…. Y me gusta también, es solo jugar con mi edad, el mismo demonio me ayuda… lo siento, Jen.

—Eres hombre muerto.


Tokyo, Japón.

3 de Diciembre de 2011

Le toma seis días encontrarle.

Cuando lo hace, siente miedo de acercarse.

No es el humano en cuestión, sino la persona que le rodea, el como todo el olor del médium esta sobre el, y como hasta ha conseguido pegar como protector del humano a un demonio yokai grande, un caballo como el, quizás no tan poderoso, pero lo suficiente como para bloquear parte de sus poderes.

Las casualidades de que su humano se hubiera juntado con un médium son muy pocas, así que debe de haber alguien detrás de eso.

Cerca de la casa donde el humano vivía, había un rastro de olor donde ese hombre de Irlanda parecía haber dejado un rastro muy fuerte. No le fue difícil rastrear su olor al cuerpo de la mujer dueña de la casa, y de allí al templo donde el médium vivía.

Al menos ya sabia cual era su siguiente objetivo solo por diversión.


Tokyo, Japón.

Café Yanaka (Komae)

6 de Diciembre de 2011.

Es evidente que ha llegado allí por culpa de Jared. Si el chiquillo tenia una idea extraña, el tendía a seguirla. A veces le costaba pensar que en menos de un mes su padre, tanto el biológico como su tutor, habían muerto; a veces le costaba entender que el que lo haya superado tan rápido es todo gracias al chiquillo que en estos momentos escapa de sus brazos riéndose.

El local esta cerrado. Son más de las ocho de la noche y nadie pasa por la calle de enfrente a menos que sea en autos. Por eso se han permitido dejarse llevar.

Jared pesaba cien kilos cuando se lo sentó en las piernas, besándole lento y acariciando su baja espalda con mas cariño que lujuria. Así habían empezado, con mordiscos lentos y risitas traviesas que terminaron abruptamente cuando un niño de al menos trece años le veía, desde la misma posición en la que antes tenia a Jared. El pequeño le veía dudoso, como esperando que estallara, pero al ver que no hacia nada, decidió sumarse al juego, apoderándose de sus labios y tomando sus mejillas. El calor era el mismo, la lujuria era la misma y su erección permanecía poderosamente erecta debajo de las piernas del ahora pequeño cuerpo que tenia debajo de el.

Era un bastardo enfermo, lo supo desde que los labios del niño se posaron sobre los suyos y los acepto. Jared tenia ese picante que el había necesitado toda su vida, esas ganas de pecar que Jared decía eran normales en el. Claro que eran normales, mas cuando observaba con una erección como el niño lamia ese piercing que poseía entre su dedo corazón y dedo índice, demostrándole lo fascinante que lo conseguía.

—Eres un cerdo. – murmuro, al ver como el pequeño bajaba de sus rodillas aun sin decir nada, dejando besitos pequeños por todo su pecho que estaba al descubierto gracias a las manos del Jared "grande".

—No me importa. – murmuro el niño, enterrando su nariz en su entrepierna, sus manos acariciando los muslos de Jensen, sus manos eran tan pequeñas en comparación con su verdadera apariencia, que era difícil en no concentrarse en lo diminuto que era. – quiero chuparte la polla. – murmuro boqueando aire caliente sobre la erección de Jensen. - ¿me dejas?

Rogando como un buen chico, hizo que Jensen sonriera, acariciando sus mejillas sonrojadas, mas regordetas debido a su corta edad y aun así en perfecta resonancia con sus miembros pequeños y delicados.

— ¿Aquí o en la cama? Tengo un par de cosas que quiero hacerte, y follarte la boca con esos labios pequeños y rosados esta entre una de ellas. – susurra, introduciendo su dedo pulgar en la boca de Jared. Dejando que el niño le succionara, metiéndose el dedo hasta donde este terminaba y sacándolo de su boca.

— ¿Puedo tener tu leche en mi rostro? – pregunto poniéndose de pie de un saltito adorable mientras sonreía, hoyuelos y dientes por todas partes.

— Puedes tener todo si sigues hablándome así. – era cierto, a estas alturas si Jared le propusiera follar en publico, iría a la cárcel con orgullo.

—A las mantitas será entonces… - dijo antes de salir corriendo.

Decir que aun estaba en shock era poco, seguramente el mismo le había dado un nuevo significado a esa expresión. Busco con su mirada alguna ventana abierta y cuando no consiguió ninguna se dirigió hacia el piso de arriba. Jared le esperaba, su delgado cuerpo de niño envuelto en el yukata que le quedaba enorme, el mismo se había sorprendido cuando había visto a Jared esa noche, apenas vestido debajo del traje japonés, con plumas saliendo de su cabello y las mejillas igual de rojas que las del pequeño que estaba sentado.

—Jen, rápido. – exigió, moviendo sus manitas de un lado a otro, Jesús, parecía mas pequeño que antes. – ¡Jeeeeen!

— Ya voy, ¿no eres del tipo niño malcriado no? – pregunta, quitándose la camisa y desabrochando el pantalón. – porque no me gustan los niños malcriados. – dice, y suena amenazante para Jared que enseguida se lleva las manos a los glúteos, defendiendo su dignidad al entender las palabras de Jensen.

—No me pegues, seré un buen chico. – murmuro, poniéndose de pie y acercándose a Jensen con una sonrisita adorable que era difícil perder de vista, mucho menos cuando las manos del niño se acercaron a ayudarle con el cinturón.

—Esas no son cosas que hacen los chicos buenos, Jay, ¿desde cuando eres un pervertido? – pregunto con algo de dificultad al sentir los labios adherirse a su erección sobre su ropa interior. Dando pequeñas succiones que erizaron los vellos de su nuca. – Más arriba…

Jensen pierde el control de su moral cuando esa diminuta boca toma gran parte de su miembro, dejando que este resbale dentro de esa deliciosa boca que se mueve torpemente por toda su extensión, dándole un toque morboso a toda la situación.

—Jay… deberíamos… - murmuro, acariciándole el cabello al pequeño.

Pero este no se detiene, continua chupando hasta que Jensen termina recostado en el suelo, con las piernas abiertas, dejando que Jared siga con sus esfuerzos por tragárselo entero, tarea imposible para un infante como lo era ahora.

Las pequeñas manos se acercaron a su rostro, a la vez que abría sus ojos, observando la sonrisa traviesa de Jared, que se relamió los labios.

—Quiero más. – dijo con su voz de niño, colocándose encima de Jensen, que lo observo con detenimiento.

— ¿Es esto una prueba? ¿Cuantos años tienes? – dijo casi sin voz, llevando sus manos a las estrechas caderas.

—Tengo siete, papi Jen. – respondió el niño soltando una risita cuando Jensen dejo caer su cabeza hacia atrás con un fuerte golpe.

—Estas loco... Nos condenas al infierno... - murmuro, cerrando sus ojos con fuerza cuando dirigió sus largos dedos a la estrecha entrada. – no entrare.

— Pero yo quieroooo... - gimoteo, al borde de las lagrimas cruzándose de brazos con un puchero grande en sus hinchados labios. -¿quieres mas saliva? Puedo darte saliva.- indico metiéndose dos deditos a la boca para luego llevarlos a donde estaban los de Jensen, con una mueca malévola que demostraba que aun era el maldito de Jared allí dentro.

Jensen pudo sentir todo el movimiento que el chiquillo hizo, hasta cuando introdujo el primer dedo, penetrándose con desesperación, su respiración agitándose y sus mejillas sonrojándose con el calor. Era un rostro demasiado joven para sentir esa clase de placer, y Jensen en estos momentos no era más que un depravado que buscaba ayudarle alcanzar el orgasmo masturbando esa diminuta polla libre de vellos y tan delgada que con dos dedos la abarcaba completa.

Jensen estuvo a punto de correrse cuando con su mano libre introdujo su dedo corazón en el estrecho ano produciendo que el niño gritara y se retorciera sobre el teniendo un orgasmo lleno de espasmos pero sin expulsar una gota de semen de su aun muy joven cuerpo.

Exhausto, Jared se dejo caer sobre el pecho de Jensen, dejando que este le siguiera preparando mientras el mismo llevaba una mano para masturbar el grueso y apetitoso miembro del rubio arquitecto.

En poco tiempo, el niño volvió a excitarse, impulsándose hacia los dedos de Jensen que ya eran tres que estrechaban sus paredes internas hasta donde podía, recién ahora comenzaba a tener esperanzas de que esto no terminara en el masturbándose sobre el rostro del pequeño – aunque no sonara tan mal – y de que lograría meterse en ese estrecho culo y poder llenar una vez mas a Padalecki.

Retiro sus dedos con delicadeza, dejando que el agujero se cerrara buscando atrapar sus dedos en el cálido interior. Una mirada basto para que Jared se sentara sobre su polla, restregándola entre sus nalguitas adelante y hacia atrás, llenándose del liquido pre seminal que brotaba de ella, era todo un calienta pollas y sabia como encender a Jensen con cada pequeño movimiento incluyendo la jugada sucia que realizo cuando tuvo la mirada de Jensen sobre el, estrujando entre sus dedos sus diminutos pezones.

—Lléname de polla. – pidió, sacando su lengua y lamiendo la barbilla de Jensen.

Como si ya no fuera difícil para Jensen aguantar las ganas de metérsela de una estocada, ahora tenia que resistir la tentación de follarselo duro sin esperar a que el cuerpo tan joven se acostumbrara.

—La próxima vez no tendré piedad, Jared. – susurro a su oído, tomándolo por debajo de sus axilas para alinearlo con su polla que quedo tentadoramente sobre el arrugado conjunto de músculos que se contrajo.

El arquitecto nunca pensó que una penetración se le haría tan forzosa, mucho menos pensó que lo haría con un niño de ¿Cuántos años es que tenia? Prefería no recordarlo, no cuando ese interior de terciopelo le esta succionando la polla hasta el punto de dejarle viendo estrellas detrás de sus parpados. Es exactamente como su boca, pecadora y pendenciera, pero con ese ultimo toque que hace a Jensen embestir como si su vida dependiera de ello, de la intensidad con la que le folla el culo.

Se corre cuando esa voz infantil se lo ordena, dejando caer su espalda en el futón y resoplando como un toro mientras siente su propio semen caer sobre sus muslos luego de resbalar sobre su polla.

—Gracias, Jen. – es Jared quien habla, Jared el gran bastardo de cuerpo torneado.

Así se duerme, rápidamente, después de escuchar el suave "te amo", y con el se van todas sus preocupaciones.


Tokyo, Japón.

Parque Fiji (Komae).

7 de Diciembre de 2011

Desafortunadamente se levanta con ese día con una mala noticia, pasa todo el día siendo interrogado, con Jared a su lado, traduciendo todo lo que dice, porque a estas alturas no es capaz de responder con coherencia cuando se ha enterado de la muerte de Kaoru. Es toda su maldita culpa, y esta claro que es un castigo de Dios por haber echo tal depravación la noche anterior.

—No es tu culpa, Jensen. – Jared ha intentado hacerle entrar en razón, tomándole del brazo, reteniéndole en su huida.

— ¿No es mi culpa? ¿Qué sabes tu de culpa mocoso depravado? – le había respondido, soltándose y casi pegándole un puñetazo en su intento por huir de su presencia.

En su camino a ciegas había terminado en el parque, sentando solo en medio de un par de cerezos grandes y viejos, lejos de donde Jared y el se sentaban, lejos de donde le había visto la primera vez. Aunque no tan lejos de donde Jared pudiera vigilarle. Sabia que Mizusu aun estaba protegiéndole, podía sentir su respiración pesada cerca de su nuca, pero no podía escucharle hablar, lo que era un ventaja por que de acuerdo a Ian, el gato, Mizusu era de los que no se callaban la boca.

A pesar de tener una compañía tan grande, se sentía solo, con pocas ganas de llorar y mas ganas de romper cosas que no podía tocar, como por ejemplo el rostro de la cosa que había estado asesinando a diestra y siniestra a sus dos padres, o al maldito que había acabado con la vida de Kaoru, dejando a Yuu y a Jun desesperanzados, ni siquiera había podido verle a los ojos.

—Quizás deberías intentar detenerlo. – Ian apareció entre unos matorrales cercanos, subiéndose a las piernas de Jensen y mirándole con aprehensión. – al demonio, digo.

— ¿Eso detendría las muertes? – pregunta, se escucha cansado y eso solo lo hunde un poco mas.

—Si, considerando que el siguiente es Jared. – responde, y solo así tiene la atención de un repentinamente angustiado Jensen.

— ¿Qué? – cuestiono, tomando al gato entre sus manos y alzándolo en vilo, sabiendo por experiencia que Ian odiaba que lo tocaran en su forma gato.

— ¡Suéltame, imbécil! – gruño dándole un zarpazo certero a las manos de Jensen que saco le saco sangre. – y si, Jared es el siguiente en su lista, es patrón, idiota, y no lo has visto aun.

— ¡NO SOY PSIQUICO! – grito, poniéndose de pie de un salto sin prestar atención al gato que había erizado todos sus vellos. - ¡No soy un maldito psíquico! ¿Cuándo vas a notar eso? No puedo ver el futuro, y no recuerdo nada de mi pasado, ¿Cómo diablos quieres que una puntos que no puedo ver?

Afortunadamente, para su mal humor no vio a la señora que regaba unos cerezos lejanos, ni como esta se alejaba murmurando algo sobre "locos extranjeros".

—Pero no eres estúpido. ¿Nunca has escuchado de los demonios que hacen tratos de un alma por un alma? – pregunto el gato, acostándose en el suelo y mirándole acusadoramente por el susto que le había pegado.

— No, bueno… no. – respondió cruzándose de brazos.

—Pues existen, ahora pon tus malditas piezas juntas.

— Ok… - Jensen cerró sus ojos, forzándose a pensar. – mi padre, hizo un trato, murió por ello, ¿Dónde están Jared, Kaoru y Jeff en este plan?

—Idiota. Ok, bien, te lo diré así… Jeff era un rico estrambótico, ¿cierto?

—Si, tenía sus gustos extraños.

—Pues uno de esos gustos eran los fantasmas, el espiritismo… conoció a una mujer, y esa mujer tenia una niña. ¿Estas perdido?

—Te sigo.

—Esta mujer y Jeff hicieron un trato, de dinero, y tu padre no pago nada para que la hija de esta mujer contactara al demonio.

—Ella era una psíquica.

—Una médium, imbécil. Y si, ella trajo el demonio, el demonio hizo el trato, te trajo a ti de vuelta, pero no alcanzo a cobrar el alma de tu hermano. Fue exorcizado. – respondió dando un bufido.

— Pero volvió.

—Si, dejo un gran rastro en el alma de la niña, las almas de los niños son perfectamente corruptibles, y la de ella lo fue aun mas, no era muy fuerte.

— ¿Quién lo exorcizo?

—Cazadores, ya muertos, cazados por las criaturas que mataban. – respondió el gato, negando con la cabeza. - ¿puedes ver los puntos?

—Ok, Jeff muere primero porque sugirió la idea, por lo que… conocía a mi padre. – dice con un poco de dificultad, desconocía totalmente esa información. – mi padre muere de segundo… por ser mi padre, y esta mujer, asumo que esta muerta también… - dice, dejando la frase a medias para que el gato le de la aprobación.

—Bien muerta.

— Ok… Kaoru conocía a Jeff… el demonio pudo haber visto que… ella me conocía, por lo que… la asesino.

—Kaoru conocía a Jared, Jared es un médium y controla demonios. Jeff te envió a japon para darte protección cuando se entero por medio de esta psíquica que su hija había desaparecido, luego de que el demonio se presentara ante ella, esa mujer sabia que todos morirían, Jensen… Morgan te protegió al enviarte cerca de Jared, quien lleva siendo profesor de japonés por apenas solo un año, ¡el mismo año que Morgan lleva conociendo la noticia!

Las verdades llegaban a el como una ráfaga de cuchillos que le rompían poco a poco, diablos, el gato de verdad esperaba que averiguara todo eso por su cuenta.

— ¿Jared me mintió? – susurro, porque de todo lo que mas dolía es que el castaño siempre le había tenido como objetivo a el.

—Eso no importa ahora. Tonto. Ese idiota se enamoro de ti desde la primera vez que te vio, es un tonto, ya lo sabes. Ahora tienes que preocuparte como enfrentaras a ese demonio. – el gato se puso de pie, caminado hacia Jensen sobre sus cuatro mullidas patas.

— ¿Cómo lo matare si Jared no puede hacerlo?

— Porque tienes una pieza de el dentro, tu mueres, el demonio muere.


Tokyo, Japón.

Templo de Komae

7 de Diciembre de 2011

—Sal, gatito, donde quieras que estés, quiero jugar.

No le hizo falta alzar la mirada para saber que Roshirou le observaba desde la otra habitación, a través de la delgada tela. El monje no estaba nervioso, la primera regla para actuar contra el mal era precisamente no temerle. Y el mal rodeaba el templo en esos momentos, caminando por los bordes de la protección sagrada, en un cuerpo demasiado joven, muerto en el instante que el demonio había entrado en el.

— ¿Acaso el gatito no quiere jugar?

—Cuando salgas no hay vuelta atrás. – susurro Roshirou desde la otra habitación, mirándole sobre el pergamino que mantenía en el suelo, su mano apoyada sobre el. Manteniendo el sello sobre los alrededores.

—Lo se. –respondió. – pero es esto o el, y no le dejare morir por mi cobardía. – le aseguro, poniéndose de pie.

Llevaba una camisa purpura, oscura como la noche que comenzaba a caer, y sus pantalones caquis. Iba descalzo como le era costumbre cuando estaba en el interior del templo, esta vez solo llevaba una pluma roja colgando de su oreja.

Abrió la puerta, localizando al demonio sentado en una de las rocas fuera del círculo, esperando paciente el momento en el que le tocara rajar su garganta.

A simple vista era hermosa, cabello rubio largo hasta debajo de las caderas, liso y luego curvado, ojos negros, llenos de maldad, y con un rostro tan infantil que a Jared no le era difícil verla el día en que se había firmado su muerte, un contrario sellado por su propia madre.

Le duele verla, ver lo hermosa que es y a la vez lo hermosa que nunca será, con un alma tan manchada que es inútil hacer el esfuerzo de volverla a la vida.

— Sabía que el gatito jugaría. Eras tu o el otro gatito indefenso. Al menos tú lo intentaras. – el demonio sonríe. – di mi nombre, gatito.

—Orias. – menciono, sin dejar que el odio se apoderara de su vos.

El demonio grito, retorciéndose en el cuerpo humano antes de romperlo, como un manojo de telas viejas, regando su sangre ya negra por todas las arenas del templo, dejando maldad desperdigada por cada rincón.

Chobi limpiara luego, el yokai es un experto limpiando basura como esa.

El demonio era grande, un caballo como Mizusu, de color azul intenso y con cola de serpiente, perdiendo allí su forma de caballo. Es tan fuerte como lo fue Homi en su momento y es a el a quien recurre.

— ¡Homi! – grita, trayendo al toro fuera del pergamino, es tan grande como Orias, con largos cuernos saliendo de su cabeza humana, y fuertes cascos golpeteando el piso arenoso.

Pero a el toro no le da tiempo de dar el primer ataque cuando Orias se esta retorciendo, gritando con su voz gutural al aire, un grito que solo será oído por aquellos que quieran oír. Un grito de dolor y de terror que escapa de los labios de Jared al comprender lo que esta pasando.

Jensen.

Tiene que ser Jensen.

—Maldito, Ian. – mascullo, comenzando a correr escaleras abajo, escaleras interminables. – ¡Homi, retenlo! ¡No lo mates hasta que te lo ordene! – grito desesperado, sin apartar la vista de los escalones que bajaba a toda velocidad.

Jensen había hecho algo estúpido o ese demonio tenia secuaces, y maldición, ¿Por qué no podía verle en su mente? Estúpido, Ian. Maldito gato, por eso se mantendría gato mil años mas, de eso se encargaría.


Tokyo, Japón.

Parque Fiji (Komae).

7 de Diciembre de 2011

No duele.

No al principio de todas formas. Duele mas cuando esta en el suelo, sintiendo como el dolor se propaga al mismo ritmo que la sangre que brota de el, tiene una cortada en su mano, donde Mizusu le ha mordido intentando detener sus intenciones.

Ahora lo puede ver, es grande y tan hermoso como le ha dicho Jared que es. Pero ha sido inútil contra un humano, porque Mizusu es débil contra los humanos. Contra un demonio hubiese tenido todas las posibilidades, pero Jensen le ha tomado por sorpresa, rompiendo una de las estatuillas y encajándola en su abdomen. Fue tan fácil romper su piel que si sobrevive nunca vera algo filoso igual.

Siente a Ian lamer su sangre, no sabe con que propósito lo hace, pero lo agradece, la calidez y aspereza de su lengua le sana por dentro, le hace adormilado y torpe.

—No te duermas. – la voz del gato le susurra. – tienes que esperar a Jared.

—Jared… - repite, por supuesto, Jared, tiene que despedirse, pero no piensa que pueda, no piensa que pueda resistir. – dile que lo amo, por favor… dile que lo amo.