Epilogo.


Dublin, Irlanda

2012

El cementerio esta vacio.

Ni siquiera hay espíritus en el por lo que puede ver. Su cabello castaño no le da mucha opción, y se enfada tanto con el que esta a punto de cortarlo de un tajo con la navaja suiza en la cinturilla de su pantalón, cuando recuerda que lleva una cinta de goma en la mano y la usa para amarrarlo, domándolo con ella y logrando por fin ver normalmente.

Aun así, el cementerio sigue vacio.

No le toma mucho tiempo ubicar su tumba, lleva flores en una mano y un licor Blue Main en la otra, es el licor que tanto le gustaba tomar en Japón, y del único que el conocía.

Le extraña, aunque intente ocultarlo. Y su muerte le duele tanto como a todo aquel que le conoció.

Lidiar con su vieja madre fue mas difícil de lo que pensaba, la mujer le recordaba perfectamente, y cuando le vio, supo lo que verdaderamente se había llevado a su hijo. Que pese a ya no pasar tanto tiempo con la familia como cuando era joven, seguía siendo el favorito de la vieja mujer, quien ya tenía bastantes pérdidas que sobrellevar.

—Lo siento. – dijo. – no pude salvarle. – "Porque no quería ser salvado." No dice eso, porque no quiere ver como la mujer rompe en llanto, peca por tener un gran corazón.

El relicario cuelga de su cuello. Es como un gran recuerdo del pasado, algo que usa para protegerse aunque sepa que no es más que un relicario.

—Jay, por aquí. – Ian esta caminando frente a el, pequeños pasos y largos movimientos de cola. Ian esta un poco gordo, le preocupa que pierda su figura perfecta cuando le de por volverlo humano.

—Ya voy. – dice, girándose hacia el hombre que ha dejado atrás en silla de ruedas. Se le ve tan relajado, casi como si estuviera dormido. – Jen. – dice, atrayendo su atención.

Jensen Ackles lo ve casi de inmediato, dándole una mirada acusadora. Sabe que lo odia, lo odia porque el frio es horroroso y tuvieron que elegir este día para venir. Pero aun así, Jared sabe que Jensen nunca le odiaría en serio, le ama demasiado para eso.

No murió en aquel sacrificio.

No lo hizo, pero si quedo paralitico. No puede caminar, aunque puede mover sus manos perfectamente bien, y eso es suficiente para Jensen. Con las terapias en Japón dicen que quizás pueda volver a caminar en unos doce años. Jensen se burla y dice que para esa época ya lo habrá olvidado. Pero Jared mantiene la esperanza por los dos.

Se le ve delgado, pero más hermoso que nunca. Jensen dice que dieciséis horas en el quirófano le hacen eso a uno.

Hoy les toca visitar la tumba de Morgan.

Jared le ha contado la verdad a Jensen, de cómo Morgan no fue solo un padre para el, sino que para el médium también. Le conto de su obsesión de saber lo que los del mas allá pensaban y de cómo la madre de este le adopto como hijo hace años. Le conto toda la verdad y le pidió perdón, mientras Jensen se desangraba en sus brazos.

Gracias a Hinoe logro detener el sangramiento. Gracias a Chobi logro limpiar la sangre negra que se deslizaba fuera del cuerpo de Jensen.

—Me congelo aquí. – se quejo cuando Jared comenzó a rodar la silla en la dirección indicada por Ian.

—Lo se, cariño. –se ríe, besando su frente en un movimiento en el que se arriesga a perder la nariz. Si algo a descubierto de Jensen, es que cuando las cosas no son como quiere, se vuelve un gruñón de primera.

—No me digas cariño mientras mi culo se congela. – se queja, buscando seguramente arrancarle los cabellos.

—Me asegurare de calentarlo con mi lengua.

— ¡Por Dios! Jared, ¿no tienes respeto por los muertos?

—No les importa, Jen. Están muertos.

-FIN-