UNA ORDEN... UNA DECISIÓN.
En una habitación
hexagonal, en cuyas paredes se podía contemplar el universo
entero, en plena expansión, varios magos y brujas, habían
sido convocados, como cada Plenilunio.
Albus Dumbledore se hallaba
cómodamente sentado al lado de un mago negro de ojos velados
llamado Ramelus. Mantenía sus ojos azules detrás de
unas gafas de media luna, fijos en un punto en el techo, desde donde
las pléyades podían ser casi tocadas.
Un poco más
allá un mago de vestiduras relucientes y cabellera dorada
pulcramente peinada, se mantenía en pie observando con
absoluta incredulidad y respeto todo a su alrededor, porque para
Gilderoy Lockhart estar presente en aquella reunión era un
privilegio y un honor, para lo que no se creía digno.
Algunos
magos y brujas le dedicaban rápidas y escrutadoras miradas.
Sin embargo las dudas que surgían entre los presentes al ver a
aquel extraño mago de aspecto impecable entre ellos, serian
rápidamente aclaradas.
-Buenas noches... dijo Haquellu mientras se erguía imponente ante la Asamblea Mágica... un nuevo Plenilunio nos invita a congregarnos... sin embargo creo que en esta oportunidad la ocasión no será muy gratificante como algunos esperan y como en otras oportunidades a sido.
Albus Dumbledore le dedico una mirada a Lockhart, invitándolo a tomar asiento cerca de él, pero el mago de ojos azules y cabellera dorado no acepto, sintiendo sonrojarse ante tal ofrecimiento.
-Como es bien conocido por todos... continuo Haquellu sin poder disimular que su voz delatara la angustia que habitaba en su corazón... nuevamente nuestro mundo esta sumido en gran peligro... una vez más la maldad de un mago tenebroso vuelve a llenar de sombras y pesares nuestras vidas... realmente pensé que no volvería a experimentar este miedo que hoy agobia mi corazón y que me imagino que también ustedes sentirán tanto o más que yo.
-Ciertamente Lord Voldemort logra nuevamente que esta Asamblea Mágica sea sacudida... dijo Vlandius colocándose en pie, mientras apoyaba sus manos sobre la fina mesa rectangular, donde los doce signos zodiacales con sus respectivas casas estaban magistralmente labrados... es casi incomprensible que alguien pueda odiar a sus semejantes con la fuerza que Voldemort lo hace... y peor aún es lograr entender como hay quienes lo siguen en su locura y lo han ayudado a conseguir nuevamente su poder.
Algunos magos y brujas desviaron su mirada hacia Lockhart quien al darse cuenta que era observado de forma acusadora retrocedió unos pasos, deteniéndose al chocar suavemente contra una de la paredes de cristal y desde donde el ruido de un cometa surcando el espacio infinito lo hizo sobresaltar.
-En vano entonces ha resultado el sufrimiento y el sacrificio de tantas personas... dijo Ramelus golpeando con su bastón nacarado el suelo de fino mármol... principalmente de ese joven... de Harry Potter... de nada han servido entonces los avisos de las profecías y de los oráculos... si no hemos logrado destruir a Lord Voldemort.
-Me temo Ramelus, no poder encontrar palabras para echar por tierra tus afirmaciones... dijo Haquellu con voz queda... estamos en un laberinto... en una encrucijada sin salida... un tercer oráculo ha sido dado... pero quizás tampoco sirva de mucho... Harry Potter ha sido condenado a la prisión de Azkaban... y me meto que él ya no es digno y apto para emprender una nueva lucha contra Lord Voldemort.
Todos los presentes, sentados alrededor
de la mesa rectangular, desviaron sus miradas en diferentes
direcciones, para evitar que se cruzaran unas con otras.
Una tensa
atmósfera se adueño del lugar. El miedo se coló
por cada pequeña rendija, y se anido poco a poco en los
corazones de los magos y brujas que sentían perder las
esperanzas de reconquistar la paz.
Gilderoy Lockhart permanecía
alejado del grupo en silencio, solo observando como se dejaban vencer
por el pesimismo y la conformidad. No lograba entender aquella
actitud que estaban asumiendo todas esas personas herederas de la
sabiduría ancestral, conocedores de los profundos e
insondables secretos y misterios de la magia a través de los
siglos. Sus rostros reflejaban derrota antes de iniciar la batalla.
Él, que había sido testigo presencial de la maldad
de Lord Voldemort, él que había descubierto junto a
Harry Potter cuanto odio se albergaba en el corazón y en el
alma de Lord Voldemort, sentía que aun no estaba todo perdido.
Busco los ojos de Dumbledore y como leyendo sus pensamientos, el
viejo mago volvió su mirada hacia él y le infundió
el valor necesario para expresar sus pensamientos ante la Asamblea
Mágica.
-Con el permiso de esta honorable Asamblea... dijo Dumbledore mientras se acercaba a Lockhart con paso seguro... creo que el señor Gilderoy Lockhart, a quien ya conocen, desea decirnos algo.
-Se que no soy digno de estar aquí... dijo Lockhart con voz entrecortada por el nudo que sentía en su garganta al lograr la atención de los allí presentes... porque he cometido muchos errores y porque mi vida no ha sido ejemplo de virtud, y muy lejos esta de mi lograr alcanzar la sabiduría que ustedes poseen.
-No te subestimes Gilderoy... dijo Dumbledore con cariño, mientras colocaba su mano sobre el hombro del mago de cabellera dorada... quizás tu simplicidad sea lo que necesitamos en estos momentos.
-Adelante señor Lockhart... dijo Haquellu invitando con un movimiento de su mano a que Lockhart se acercara hasta él... diga lo que piensa... usted es parte de la comunidad mágica de la que todos somos miembros.
Gilderoy Lockhart sintió un poco más de confianza en si mismo y con paso algo vacilante se acerco.
-No es mi intención influir en las decisiones de esta honorable Asamblea Mágica... dijo Lockhart aun con voz entrecortada... pero... tal vez... el pesimismo y la derrota están adueñándose de ustedes.
Los magos y brujas se dirigieron fugases miradas. El silencio se dejo escuchar por breves minutos.
-Yo fui un mortifago... dijo Lockhart con vergüenza, mientras bajaba la mirada y sus mejillas se coloreaban de un suave rosa pastel... yo fui parte del plan de Lord Voldemort, para tratar de destruir a Harry Potter... yo lo secuestre aquella tarde de la estación 9 y ¾, yo asesiné a sus familiares muggles... yo lo lleve al lugar donde por dos años fue torturado y entrenado en artes oscuras... durante ese tiempo aprendí a conocer cuanta maldad y cuanto odio puede albergar un corazón y un alma que se creen vencedores y cuanta esperanza y cuanto valor puede albergar un corazón y un alma que se creen vencidos... también fui testigo de cómo el odio puede transformar a un ser noble en un ser vengativo y solitario... por eso un día comprendí... por eso un día me arriesgue... por eso un día entendí que mi vida no valía nada si permitía que otra vida fuera arrebatada de su destino...
Todas las miradas se mantenía posadas serenamente en Gilderoy Lockhart quien se sentía más seguro de sus argumentos, y a quien la sonrisa amable que le dedico Dumbledore le reconforto y le dio valor para continuar.
-El ayudar a Harry Potter a recobrar su libertad ha significado para mi el principal motivo para seguir viviendo... porque él me dio el mejor regalo que un hombre puede darle a otro hombre... el regalo del perdón... por eso he ayudado a Harry... por eso he seguido sus pasos y no lo he abandonado... y ninguno de ustedes tiene ni la mas pequeña idea de todo lo que ese joven ha sufrido... nadie de entre ustedes puede siquiera imaginar cuanto dolor ha tenido que soportar... pero él ha sabido sobreponerse... él ha sabido luchar... él ha logrado sobrevivir... yo he sido testigo de todo eso... por eso no logro entender... no logro comprender... no puedo aceptar... que todos ustedes... se sientan derrotados y abatidos ante la sola idea de lo que Lord Voldemort puede llegar a ser o de lo que puede volver a significar para nuestra comunidad mágica... y me causa molestia y repulsión el oír que consideran a Harry Potter indigno o no apto para vencer a Lord Voldemort... créanme... sin Harry Potter no podremos hacer nada.
Algunos magos y brujas se incomodaran ante aquellas palabras. Pero el silencio no fue roto.
-No es momento para el pesimismo... dijo Lockhart con seguridad... no es momento para entregarnos a la derrota sin haber luchado... porque si tengo que dar mi vida por mi mundo, la daré... porque Lord Voldemort no puede arrebatarnos lo que es nuestro... ni él con todo su poder puede quitarnos, lo que él tanto desprecia... no puede quitarnos el amor... y solo ese amor nos hará fuertes y vencedores.
A las ultimas palabras de Lockhart siguió
un hondo y profundo silencio.
Todos los presentes cerraron sus
ojos y una nube azulada comenzó a surgir del centro de la mesa
rectangular y a medida que fue creciendo, fue cubriéndolos a
todos.
Lockhart no pudo menos que asombrarse y sentirse cohibido
ante aquel raro acontecimiento, por lo que nuevamente se aparto,
colocándose en el lugar que con anterioridad había
ocupado. Allí permaneció por largos minutos, en donde
lo único que podía escuchar eran los latidos de su
propio corazón.
Poco a poco la nube azulada se fue
disipando.
Albus Dumbledore se acerco y estrecho con fuerza la
mano de Gilderoy Lockhart, al tiempo que Haquellu, se ponía
nuevamente en pie.
-Ha dejado usted señor Lockhart... dijo Haquellu suspirando profundamente... a esta Asamblea Mágica en la más absoluta vergüenza... porque usted con sus sencillas y sinceras palabras nos ha dado una lección de constancia y de perseverancia... usted tiene razón... por eso esta Asamblea a tomado una decisión... otorgar la libertad plena al señor Harry Potter de Azkaban para que pueda acompañar a Madame Osiris y a Mikami Mevlana... para que el tercer oráculo sea debelado... mientras todos buscamos la forma de impedir que Lord Voldemort pueda lograr sus propósitos.
-Crees Albus... pregunto Vlandius… qué el Ministro de Magia Ingles...el Señor Arthur Weasley acepte de buenas maneras nuestra decisión?.
-Arthur no se rehusará a obedecer una decisión de la Asamblea Mágica... dijo Dumbledore con una pequeña sonrisa.
-Pues permite expresar mis dudas al respecto... dijo Vlandius con intranquilidad... creo que debería ser considerado un cambio en esa magistratura.
-Créeme Vlandius... dijo Dumbledore manteniendo sus sonrisa... en estos momentos no hay nadie más capaz para ese puesto que Arthur Weasley.
-Ahora me gustaría su atención nuevamente... dijo Haquellu con tono serio... creo que debe ser considerada la moción que Ramelus ha propuesto.
Los
presentes guardaron silencio una vez más. Lockhart miro
intrigado a cada uno de aquellos magos y brujas.
Que seria
aquella moción que había provocado ese silencio.
-Se que el asunto es muy delicado... dijo Ramelus con voz queda... y que tal vez sea muy presuntuoso llevar a cabo tal idea... pero creo firmemente que llegado el momento será necesario considerarla, como una oportunidad de regresar la paz a un alma atormentada.
-Pero eso es muy difícil y peligroso... dijo Vlandius con preocupación... no podemos tomar una decisión semejante... involucraríamos a muchas personas inocentes... eso se escapa a nuestra misión...
-Albus... tu que opinas...pregunto Ramelus volviendo sus ojos velados hacia el viejo mago de largas barbas y lentes de media luna.
-No quisiera opinar con respecto a esa moción... dijo Dumbledore con voz suave y pausada... porque temo que mi subjetividad domine sobre mi objetividad
-Quizás no sea momento aun de tomar una decisión... dijo Haquellu dando por cerrado el asunto... ya llegara el momento... por ahora nuestra prioridad debe ser el debelar el tercer oráculo... y detener a Lord Voldemort
Un golpe fuerte y seco, hizo sobresaltar a los magos reunidos en la oficina del Jefe de Aurores, en el Ministerio de Magia Ingles.
-Como que libre?... grito Draco Malfoy, mientras sostenía entre sus temblorosas manos un pergamino escrito con una caligrafía exquisita... Harry Potter no puede quedar libre... yo ordene... el ministro de magia ordeno...
-Son ordenes superiores Señor Malfoy... dijo el investigador Canterris con respeto, pero tratando de disimular la alegría que aquella noticia le causaba.
-Ordenes de quien?... continuo gritando Draco Malfoy quien ahora recorría la habitación como una fiera enjaulada... quien ha osado sobrepasar mis ordenes... el ministro de magia firmo personalmente la orden de aprensión del idiota de Potter.
-Son ordenes de la Asamblea Mágica... dijo el Sr Weasley con tono serio.
Draco Malfoy encaro al ministro de magia.
-Usted es el Ministro de Magia Ingles... dijo Malfoy con furia... como puede usted permitir que su autoridad sea pisoteada de esta forma?
-Tranquilízate Draco... dijo el Sr Weasley mirando a los otros aurores allí presentes, quienes comenzaron a retirarse... te agradezco que no olvides a quien le hablas... se muy bien que te importa muy poco que mi autoridad no sea respetada... solo te importa tu deseo de ver a Harry en Azkaban.
Draco Malfoy cuyo ritmo respiratorio se había triplicado, abrió su boca para defenderse, pero el Sr Weasley se lo impidió con un gesto de su mano.
-No te esfuerces en defender no indefendible... dijo el Sr Weasley molesto... he venido hasta tu oficina... porque ya es momento de que asumas tu rol de Jefe de Aurores con seriedad... o me veré obligado a removerte de tu cargo.
-Pero Señor Ministro... dijo Malfoy indignado... yo he cumplido a cabalidad mi trabajo... usted tuvo de acuerdo conmigo en que Potter merecía el castigo que se le imputo... por haberme atacado de esa forma.
-Aclaremos algo Draco... dijo el Sr Weasley sentándose despacio... mi decisión de permitir que Harry fuera encerrado en Azkaban nada tiene que ver contigo... y no puedo negar que he tenido quejas de tu labor como Jefe de Aurores... tu obsesión por Harry Potter te esta haciendo que pierdas la objetividad en tu trabajo... ¿como es posible que hallas dejado escapar a Voldemort y todos sus mortifagos... solo por ir detrás de Harry?
Draco Malfoy sintió una puntada de remordimiento, al no poder dejar de reconocer que aquella acusación que el Sr Weasley le imputaba, era cierta. Él había olvidado su verdadero deber como Jefe de Aurores en aquel cementerio, porque Harry Potter se había convertido en su obsesión. Sin embargo otro sentimiento lo embargo en ese momento. Una profunda tristeza se adueño de su corazón. En ese cementerio había visto de nuevo a su padre. Y quizás esa había sido la principal razón por la que se olvido de liderizar una batalla contra los mortifagos y se había concentrado en Harry Potter.
-Tiene usted razón Señor Ministro... dijo Malfoy mas calmado y asumiendo su culpa... he fallado... quizás ese era el momento oportuno para acertar un buen golpe contra Voldemort y sus mortifagos... porque ahora ha recuperado su poder y será mucho más difícil de doblegar... tal vez sea cierto que el ministerio necesite a otro Jefe de Aurores... tal vez debe considerar nombrar a otro...Longbotton podría ser el indicado.
-No importa cuan profundo has caído... dijo el Sr Weasley con suavidad... sino con la fuerza con que te levantes... siempre te he apreciado Draco... y contrario a lo que muchos piensen yo se que tu vales mucho... pero has cometido un grave error... y creo que es inminente tu destitución como Jefe de Aurores.
Draco
Malfoy sintió que el piso bajo sus pies se sacudió
suavemente, por lo que debió aferrarse al respaldar de su
silla, sin embargo pronto se dio cuenta que no había sido el
piso, que había sido él, quien al escuchar aquellas
ultimas palabras de boca del Ministro de Magia, había perdido
el equilibrio.
El Ministro de Magia abandono la oficina del Jefe
de Aurores, mientras Draco Malfoy se dejaba caer pesadamente sobre la
silla que minutos antes le había servido de sostén,
para no caer al suelo.
Escondió su rostro entre sus manos.
Y no pudo evitar que las lagrimas inundaran sus ojos.
Levanto su
mirada y observo lentamente todo a su alrededor. Había perdido
todo por lo que había luchado. Pronto tendría que
abandonar aquella hermosa oficina. Y muchos disfrutarían con
ello.
Seco sus lagrimas y suspiro profundamente. Se recostó
del respaldar de la silla. Una sensación de vació y de
derrota lo invadió, al recordar como Ginny Weasley lo había
despreciado una vez más, y al recordar el rostro demacrado y
la mirada perdida de su padre, convertido en un muerto en vida.
Saco
su varita mágica de su túnica y con un movimiento de la
misma, abrió las puertas de un pequeño armario, ubicado
en una de las esquinas de aquella habitación. Y convocando
otro hechizo, hizo llegar hasta sus manos una botella redonda y
pequeña. Había tomado una decisión.
Lentamente
se levanto de la silla, camino hasta un ventanal, por donde
mágicamente se podía observar una hermosa pradera
bañada por el sol. Destapo con seguridad la botella color
ámbar y observo por un momento su contenido, y una nueva
lagrima rodó por su mejilla.
Pero una mano pecosa se poso
sobre la suya, con la cual aferraba la pequeña botella,
impidiéndole que se la acercara a sus labios y así
poder beber su dulce y fatal contenido.
