EL SILENCIO DE LA DESPEDIDA
-Draco dame esa botella... dijo Ginny Weasley algo asustada, apretando con suavidad la mano de Malfoy.
-Déjeme Ginny... dijo Malfoy con voz queda... quizás sea mejor así... ya nadie tendrá que soportar mi indeseable presencia.
-No digas tonterias Draco... dijo Ginny con más miedo, al ver la determinación de Malfoy de tomarse aquella poción mortal... con eso no resuelves nada... no dejes que tu cobardía te domine.
-Si Ginny, tienes razón soy un cobarde... dijo Malfoy con sarcasmo... por eso déjame en paz...
-Yo no he dicho que seas un cobarde... dijo Ginny tratando de reparar su error.
-Déjalo así Ginny... dijo Malfoy en un suspiro... ya no importa... realmente ya no me importa.
-Draco, por piedad... dijo Ginny rodeándolo con el brazo que tenia libre por la cintura y acercando sus labios a su oído... hablemos... se como te sientes... déjame ayudarte.
-Tu no tienes ni idea de cómo me siento... dijo Malfoy cerrando sus ojos, para tratar de reprimir las lagrimas que comenzaban a brotar de sus ojos grises... además no quiero tu lastima.
-Sabes muy bien que no te tengo lastima... dijo Ginny molesta... no eres un hombre que inspire lastima...
Malfoy
trato de soltarse de los brazos de Ginny pero ella se aferró
más a él.
Ella podía sentir los latidos del
corazón de Malfoy cuyo ritmo se había duplicado por la
cercanía femenina, algo que Ginny comprendió al darse
cuenta como él temblaba ligeramente cada vez que ella le
hablaba al oído. Pero se sorprendió al darse cuenta que
ella también se había estremecido.
-Dame esa botella Draco... dijo Ginny en un susurro manteniendo sus labios cerca del oído masculino... y hablemos... quiero saber que es lo que te atormenta.
-Tu rechazo es lo que me atormenta... dijo Malfoy con un hilo de voz, pero sin dejar de aferrarse a la pequeña botella... que no correspondas a mi amor por ti.
-Bueno Draco hablemos de ello entonces... dijo Ginny manteniendo su voz suave y sin soltar la mano de Malfoy... ven salgamos de aquí... vamos a donde tu quieras... haremos lo que tu quieras
-No intentes engañarme Ginny... dijo Malfoy con tono irritado... no prometas lo que bien sabes no cumplirás... no seas como mi padre... que prometió que volvería con su familia y no lo hizo... y ahora no regresara jamás.
Las
lagrimas rodaron nuevamente por el pálido y agudo rostro de
Malfoy, empañando sus ojos grises.
Ginny sintió un
nudo en su garganta, y no pudo dejar de recordar a Harry Potter,
porque descubrió que aquellos dos magos estaban unidos por un
mismo sentimiento: haber perdido a sus padres a manos de Voldemort,
aunque en circunstancia diferentes.
-Ves Ginny Weasley... dijo Malfoy con furia… otra vez Potter entre los dos…
Con
fuerza Draco Malfoy empujo a Ginny Weasley, quien se tambaleo un poco
mientras se alejaba involuntariamente de Malfoy.
Ella saco
rápidamente su varita, convocando un hechizo que hizo estallar
en pedazos la botella color ámbar, pero ya Malfoy había
tomado un buen trago de poción.
-Draco no...grito Ginny mientras corría a su lado y lo abrazaba... eres un idiota... no... no...
Ginny pudo sentir como cada músculo del
cuerpo de Malfoy se tensaba mientras él cerraba sus ojos y
gruesas gotas de sudor rodaban por su cara. Ella no pudo sostenerlo
por más tiempo, y ambos se deslizaron lentamente hasta el
suelo.
Ginny Weasley deseo que sus pensamientos de ayuda llegaran
hasta su padre. Sabia que tal vez quedaba poco tiempo, porque no
estaba segura de que tan rápida era la mortal poción en
producir en aquel joven y fuerte cuerpo, el efecto
deseado.
-Ginny... yo lo único que he querido de ti... es tu amor... dijo Malfoy mientras dejaba descansar su cabeza entre los brazos de Ginny.
Draco Malfoy comenzaba a respirar con dificultad.
-Tranquilo Draco... dijo Ginny con tono suave mientras acariciaba el muy pálido rostro del joven auror... ya vienen a ayudarnos.
-Yo te amo Ginny... dijo Malfoy con voz entrecortada... jamás he dejado de amarte...
-Eso lo se Draco... dijo Ginny besando sus labios que comenzaban a colorearse de un tenue color violáceo.
La puerta de la oficina fue abierta con violencia, mientras el Sr Weasley, el investigador Cantherris y dos curanderos entraban en tropel.
Ginny
permanecía sentada en una butaca blanca, mientras observaba
con vehemencia un fino reloj de arena, donde vio pasar varias horas.
Aquella angustia que sentía por no saber nada de Draco Malfoy
ahogaba su corazón, no quería reprimir las lagrimas,
porque así lograba que su alma se liberara un poco del
sentimiento de culpa que también la embargaba.
Intuía
que aquella decisión de Malfoy, no solo había sido
consecuencia de su destitución como Jefe de Aurores, sino
también por el rechazo que ella le había infligido.
Lo
había rechazado una vez más, cuando él lo único
que le había pedido era que lo dejara amarla. Recordó
las palabras que aquella noche, al regresar de Azkaban, se dijeron en
la oficina de Malfoy, luego de que se habían besado.
-Te amo Ginny... le había dicho Malfoy abrazándola con fuerza... vuelve conmigo por favor... déjame quererte... déjame amarte.
-No Draco... había dicho Ginny tratando de soltarse de sus brazos... no entiendes que no te amo.
-No me importa Ginny... había dicho Malfoy mientras besaba su cuello apasionadamente... se que si me dejas, podré reconquistar tu corazón... déjame intentarlo Ginny... regresa a mi vida... vuelve... te lo pido.
-Entre los dos todo se acabo Draco... había dicho Ginny separándolo de forma brusca... entiéndelo... yo amo a Harry... yo estoy ahora con él... tu eres mi pasado.
-Nunca tendrás a Potter... había dicho Malfoy con furia... y tu lo sabes... hoy conociste a esa hermosa bruja... y hoy comprendiste muchas cosas... lo se... Ginny tu eres la única y verdadera dueña de mi corazón... tu eres la única mujer que yo amo... déjame demostrarte cuanto puede un hombre amar a una mujer.
-Pero tu no eres el hombre que yo amo... había dicho Ginny con tono hiriente... te has convertido en un ser vengativo y cruel... no eres el Draco Malfoy que ame una vez... y no me interesan tus palabras de amor... porque no las creo... tu no amas a nadie... tu solo te amas a ti mismo.
-Entre todas las personas que me conocen... había dicho Malfoy con tristeza... tu eres la única... luego de mi madre... que sabe muy bien, que yo no soy así...
Ginny cerro sus ojos,
tratando de olvidar esos recuerdos. Sabia que con esas duras palabras
había herido a Malfoy.
Escucho unos pasos y unas palabras
entrecortadas, levanto sus ojos y vio a su padre junto a otros magos
hablando con un curandero de aspecto severo y con una poblada
cabellera gris.
Se acerco con cautela, sintiendo cada latido de su
corazón, el cual ya presentía lo que sus oídos
pronto escucharían.
-Me temo que es poco lo que se puede hacer... dijo el curandero mientras hacia un movimiento negativo con su cabeza... realmente fue considerable el veneno que consumió el señor Malfoy, y es tan letal que hasta con unas gotas bastan.
-Por Merlín, pero... esto no puede ser... dijo el Señor Weasley mientras acariciaba su calva con su mano temblorosa... pero si es muy joven... algo hay que hacer.
-Como le dijo Señor Ministro es muy poco... dijo el curandero con tono triste... estamos usando todos los antídotos conocidos... pero ninguno ha dado resultado.
-Pero es el Jefe de Aurores del Ministerio de Magia Ingles... dijo el Sr Weasley con aprensión... si hay que pedir ayuda a curanderos de otros países hágalo... se lo ordeno.
-Entienda señor Ministro... dijo el curandero de cabellera gris con calma... que hemos usado antídotos... tanto ingleses como de todo el resto de Europa... pero ha sido en vano.
Todos se miraron con
aprensión. Ginny sentía que a sus pulmones no llegaba
el aire suficiente para oxigenar su cerebro, ya que se sentía
mareada y aturdida.
No podía creer, no quería creer
que Draco Malfoy se moriría así, de esa forma tan
absurda.
Y sin pensarlo corrió por el pasillo que conducía
hasta la sala de curaciones.
Empujo una de las alas de la puerta doble que precedía a una amplia habitación y allí observo a Malfoy tendido en una cama, con suaves sabanas blancas, y cubierto con una cúpula de vidrio. Se acerco con lentitud hacia él y colocando sus manos sobre el cristal, se dejo caer sobre sus rodillas, recostó su frente en el frió cristal y mientras su corazón latía con fuerza, sus pensamientos se apoderaron del vació existente en el inerte cerebro de Draco Malfoy.
-"Draco... aquí estoy... estoy aquí para ti... toma de mi la energía que necesitas... no te dejes vencer por tus miedos... eres un auror... eres un Malfoy..."
Esas palabras eran repetidas por Ginny
dentro del cerebro de Malfoy.
Ella trataba de lograr una conexión
entre ambos, para ayudar de esa forma a Malfoy, porque sabia que él
no tenia la energía para vivir. O no quería
encontrarla.
Sin embargo los minutos fueron pasando, sin que esa
conexión se lograra.
Ginny se desespero al ver que sus
esfuerzos estaban resultando infructuosos.
-"Draco... lucha... lucha por tu vida... para que me demuestres cuanto puede un hombre amar a una mujer."
Este ultimo pensamiento fue una suplica. La suplica de un corazón arrepentido por no darle una oportunidad al ruego de un corazón enamorado.
-"Déjame ir Ginny... déjame encontrar en otro espacio y en otro tiempo la felicidad que aquí se me fue negada..."
-No Draco, no... grito Ginny levantándose rápidamente y comenzando a golpear el cristal al darse cuenta que aquellos pensamientos eran una despedida... no... no me dejes.
-"No te aflijas Ginny... yo siempre estaré a tu lado... te amare eternamente... yo siempre te estaré esperando."
Ginny saco su varita mágica de su túnica y convocando un hechizo hizo que la cúpula se partiera en dos, al tiempo que entraban en la sala de curaciones varios magos y brujas.
-Te vas a dar por vencido así tan rápido...dijo Ginny desesperada mientras trataba de alzar el cuerpo de Malfoy con todas sus fuerzas... te necesito... necesito que me ames... necesito de tu amor... Draco por favor no me dejes.
Sin embargo aquello de
nada sirvió.
El curandero de cabellos grises se acerco a
Ginny, quien no podía sostener más el cuerpo de Malfoy,
por lo que tuvo que colocarlo suavemente entre las suaves sabanas
blancas.
Ginny coloco su oído sobre el pecho de Malfoy,
agudizándolo, tratando se escuchar los latidos que hacían
varias horas la habían hecho estremecer en la oficina del Jefe
de aurores.
Pero solo pudo escuchar el silencio que la muerte
había dejado en aquel joven cuerpo.
Ginny Weasley solo pudo
escuchar el silencio de la despedida de Draco Malfoy.
