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EL TERCER ORACULO

Harry Potter bajo la escalinata, con la mirada puesta en el callado de plata que le había entregado el Villca Humu. Madame Osiris iba a su lado, contemplándolo en silencio.

-Harry debemos emprender el camino hacia el Achicoc... dijo Madame Osiris con voz apremiante... antes de que el sol se oculte tras el ocaso, debemos estar en su morada.

-Eso puede esperar... dijo Harry Potter con calma mientras dirigía su mirada al cielo... primero quiero ver a Luna y constatar que realmente esta bien.

-No Harry... no hay tiempo... porque debemos ir andando hasta la morada del Achicoc... dijo Madame Osiris con impaciencia... es por tu seguridad... no sabemos si Voldemort nos esta vigilando.

-Voy a ver a Luna... dijo Harry Potter con determinación... luego iremos a donde usted dice Madame Osiris.

-Harry... dijo Madame Osiris tomando al joven mago por un brazo... Voldemort ha invocado sobre ti el Aveda Kedabra dos veces... quieres acaso darle la oportunidad de que no falle en una tercera.

Harry Potter soltó su brazo de la mano de Madame Osiris y le dedico una mirada fría durante unos segundos. La vieja bruja sostuvo aquella mirada con sus ojos profundos. El Joven Mago desvió la mirada al darse cuenta que su actitud insolente y prepotente no tenia cabida en presencia de aquella poderosa pero bondadosa bruja.

Camino hasta el Yayayhuasi, dejando a Madame Osiris algo confundida ante la actitud del joven mago. Sin embargo una tenue sonrisa ilumino su rostro al comprender que aquel mago había recuperado su poder y la confianza en sí mismo.
Entraron a la casa del saber Inca, donde el Canascas se encontraba frente a una pequeña mesa de madera redonda, machacando sobre una tabla de cobre, hojas de plantas de diferentes tamaños.
Hualpa levanto su mirada hacia Harry Potter y con un ademán de su mano lo invito a acercarse a él..

-Pasa Joven Guerrero... dijo Hualpa mientras continuaba su labor... la Huaca esta en esa habitación, a tu derecha.

Harry Potter inclino un poco su cabeza ante el Canascas como expresión de respeto, y continuo su camino hasta donde éste le había señalado que yacía Luna.
Aparto una hermosa cortina hecha con conchas marinas, que servia de puerta a la habitación.
Allí sobre unas mantas de colores vivos, que cubrían una especie de cama, Luna reposaba, aparentemente dormida.
Harry Potter se acerco hasta ella, y sentándose a la orilla de la cama tomo su delicada mano entre las suyas y luego de besarla la coloco suavemente sobre su pecho.
Reprimió una lagrima, pero no pudo evitar recostar su cabeza sobre el pecho de Luna. Quería comprobar que aun su corazón latía.

-Luna... perdóname... si algo llega a pasarte, jamás me lo perdonare... dijo Harry Potter en un susurro... tu también significas mucho para mí... aunque tu nunca puedas ser mía ni yo tuyo... una parte de mi te pertenece... porque gracias a ti... estoy aquí... es por eso que he decido que...

-¡No Joven Guerrero!... dijo Hualpa interrumpiendo a Harry Potter mientras entraba en la habitación... no es prudente que hagas eso... necesitaras de todo tu poder para el encuentro con el Achicoc.

-¡Luna me necesita!.. dijo Harry Potter con impotencia y levantando su cabeza fijo su mirada en el Canascas... ella nunca ha dudado en ayudarme...

-Ella va a estar bien... dijo Hualpa acercándose hasta Luna y colocando sobre su pecho un puñado de un fino polvo que emanaba un olor agrio.

-Usted sabe muy bien que no es así... dijo Harry Potter molesto tomando con fuerza la mano del Canascas, mientras sus miradas se encontraban.

Aquellos ojos verdes destellaban impotencia y dolor ante la posibilidad de perder a Luna. Hualpa le devolvió una mirada serena y tomando la mano del joven mago con la que aferraba la suya la coloco sobre el pecho de la joven bruja.

-¡Confía Harry Potter!... confía… dijo el Canascas con seguridad... ahora debes irte... el momento esta próximo.

Harry Potter contemplo por unos segundos el rostro de Luna, suspiro profundamente al comprender cuanto añoraba su corazón aquella ternura que ella siempre le infundía con su hermosa sonrisa. Le dio un pequeño beso en la frente y con una reverencia al Canascas se marcho de la habitación.

Madame Osiris aguardaba impaciente en la parte baja de la planicie, donde se encontraban el Yayayhuasi y el Templo del Sol.
Harry Potter se acerco hasta ella, volviendo de vez en cuando su mirada hacia el Yayayhuasi sin poder apartar a Luna de sus pensamientos.

-Debemos emprender el camino Harry... dijo Madame Osiris con angustia... el tiempo apremia.

Durante varias horas caminaron por un largo y estrecho sendero, rodeado de montañas con abundante vegetación y a medida que avanzaban una niebla blanquecina se iba haciendo más densa. El frió comenzaba a hacer sentir su rigor sobre la piel, por lo que tuvieron que hacer aparecer por medio de magia dos gruesas capas. Madame Osiris había sustituido su fino manto blanco por uno algo más grueso de color marfil.
Durante aquel recorrido ninguno de los dos materializo sus pensamientos en palabras. Ambos estaban sumidos en imaginar lo que les esperaba al bordear aquella formación montañosa.

El camino se tornaba cada vez más empinado, y la vegetación montañosa fue dando paso a una pequeña ciudadela, cuyas casas estaban esculpidas en las rocas.
Aquellas extrañas casas eran menos de una docena y algunos habitantes se dejaron ver, y los observaron con extrañeza. Una brisa helada se colaba por alguna abertura del abrigo dejada al azar, por lo que ambos caminantes debieron cubrirse mejor.
Harry Potter pudo notar que aquel recorrido había agotado un tanto a Madame Osiris, y aunque ella no lo demostraba, él decidió detener la marcha.

-Será mejor que descanse... dijo Harry Potter ofreciendo su mano a la vieja bruja... creo que podemos tomarnos un tiempo.

-No Harry... no... debemos proseguir... el tiempo apremia... dijo Madame Osiris apretando con cariño la mano que el joven mago le había ofrecido.

Harry Potter saco su varita y antes de poder convocar un hechizo levitador para ayudar a Madame Osiris, un hombre de avanzada edad apareció de la nada ante ellos.
Ambos se sorprendieron al verlo. Era un hombre de mediana estatura, robusto, con un pelo liso entrecano decorado con múltiples plumas de aves multicolores, con una tez morena y unos profundos ojos negros. Vestía una larga túnica blanca tachonada, decorada con hilos de plata que formaban figuras extrañas. Camino hasta ellos con actitud ceremoniosa y observo por un rato a Harry Potter quien le sostuvo la mirada.

-Harry Potter... el Joven Guerrero que esta tierra sagrada esperaba desde hace 27 lunas... dijo el hombre con una leve inclinación de cabeza... soy Roca... el Achicoc del Templo del Sol... cuya morada esta en lo profundo del Tawantinsuyu... territorio sagrado de la antigua nobleza Inca.

Harry Potter correspondió al gesto del Achicoc inclinando también su cabeza ante él. Madame Osiris se mantuvo algo apartada, pero el Achicoc camino hasta ella y abriendo sus brazos le dijo amigablemente

-Sabia hechicera llegada del otro lado del horizonte... eres bienvenida a mi morada... que es también tu morada...

-Sean tus bondades gratificadas con salud y sabiduría... dijo Madame Osiris correspondiendo al abrazo.

-Debemos apresurarnos... los astros ya están en posición y el Dios Sol dará pasa a la Diosa Luna quien regirá esta noche lo que la providencia anunciara... dijo Roca en un susurro mientras señalaba al cielo, donde se podía ver como el sol iba coronando de rojo el horizonte.

El Achicoc se volvió dándoles la espalda, y se adentro por un camino pedregoso, que Harry Potter no recordó haber visto.
El frió fue disminuyendo a medida que recorrían el extraño camino.
Harry Potter comprendió que estaban entrando a las profundidades de la montaña, ya que poco a poco fueron apareciendo paredes musgosas y el olor a tierra mojada se percibía con mayor fuerza a cada paso que daban. Pronto llegaron a una gran excavación al final de aquel recorrido.
El Achico detuvo su marcha al llegar a ese punto y volviéndose hacia Madame Osiris y Harry Potter dijo con voz ceremoniosa

-Iremos al pasado... donde reinaba el poderío Inca... antes de la llegada del hombre blanco conquistador... porque allí Harry Potter los designios de la Providencia y la fuerza guerrera de la sangre incaica se te serán dados.

El Achicoc coloco su mano sobre la pared musgosa de la montaña y esta desapareció lentamente y se dejo ver, erigida peligrosamente sobre la cúspide de una montaña, entre dos picos escarpados, una impresionante ciudad.
Harry Potter siguió a sus dos acompañantes mientras se adentraban en aquella ciudadela, en donde al igual que la anterior que había visto estaba habitada. Pero las personas que pudo observar vestían una extraña indumentaria, y sus modos y actividades eran algo diferentes, por lo que el joven mago pudo darse cuenta que en realidad había regresado al pasado. Aquellas personas no mostraban signos de que percibían la presencia de aquellos tres extraños, por lo que sin ningún problema pudieron contemplar con admiración: templos construidos de granito, acueductos por donde corrían pequeños riachuelos, fuentes de donde recogían agua cristalina, terrazas donde se ubicaban pequeñas edificaciones e incontables escaleras que comunicaban los diferentes niveles en que sé dividía aquella ciudad.
Harry Potter no pudo evitar detenerse al observar el majestuoso paisaje que rodeaba todo aquello, porque aunque ya estaba anocheciendo, aun se podía contemplar cada pequeño detalle de aquella fortaleza inexpugnable.
Prosiguieron el camino hasta que llegaron a uno de los templos, coronado a cada lado por dos estructuras cilíndricas, hechas de piedra y granito, unidas entre sí por una escalinata de mármol.
El Achicoc subió con paso firme por la escalinata seguido de cerca por Madame Osiris y Harry Potter.

-Hoy Joven Guerrero... dijo el Achicoc una vez dentro del templo... se te ha permitido conocer el designio del tercer oráculo... él ultimo oráculo que se te será dado para la batalla final... ahora deberás darme el cayado que lo encierra.

El Achicoc extendió su mano hacia Harry Potter quien le entrego el cayado de plata, sorprendido de que él había llevado en sus manos durante todo ese largo recorrido el oráculo. Observo un bloque de granito, que salía de una plataforma en donde el Achicoc coloco el cayado en forma perpendicular a la roca.

-Madame Osiris tenga a bien entregarme lo que se guarda en ese cofre... dijo el Achicoc extendiendo su mano hacia la anciana bruja, quien sin dudarlo le entrego el cofre que guardaba en su túnica.

El Achicoc esparció las cenizas sobre la roca de granito alrededor del cayado. Alzo sus ojos y con un movimiento de su mano el techo del templo se abrió en dos, dejando entrar los rayos del sol.
El Achico cerro sus ojos, mientras los rayos solares envolvían el cayado. Y luego poco a poco se podía contemplar unos rayos que como gruesos hilos plateados fueron entrando entre los rayos dorados, y de igual forma fueron envolviendo al cayado.

-Acércate Harry Potter... dijo el Achicoc mientras se retiraba unos pasos de la roca

El joven mago así lo hizo subiéndose a la plataforma y colocándose al lado de la roca de granito.
Para su asombro el cayado comenzó a vibrar y se abrió en dos saliendo de él una extraña figura de mujer de largos cabellos y penetrantes ojos en forma de semi luna. Toda la visión era de un color plateado e irradiaba poderosos destellos luminosos. Alzo sus ojos y miro a Harry Potter, quien sintió como aquellos destellos lo rodeaban como enormes brazos que lo atrajeron hasta ella, por lo que debió cerrar sus ojos.

-"En este solsticio de Invierno tu Harry Potter has venido a mí porque Yo soy la Madre Luna y Esposa de Sol. Soy Madre del firmamento... dijo la mujer con un tono de voz como un trueno... naciste por el amor de una mujer y por ese amor has sobrevivido a las fuerzas del mal... debiste reencontrarte a ti mismo y debes renunciar a lo que más amas para que la paz regrese... Tu Hijo del Sol, tu esencia es trasmitir energía... pero yo debo prepararte para que la energía que en estas tierras sagradas se te será dada, la puedas absorber y transformar para que así abastezcas tu alma y tu cuerpo para la batalla final... porque el designio de la providencia para ti es este: En ti el bien y el mal deberán formar una sola fuerza... un equilibrio... porque fuiste engendrado y dado para amar, pero la vida te enseño a odiar... y ahora Harry Potter deberás no solo renunciar a los que más amas sino también a lo que mas odias... porque en ti esta la fuerza y el poder para lograrlo".

Harry Potter abrió sus ojos sobresaltado ante lo que acababa de escuchar. La mujer se fue desvaneciendo y el cayado sé cerro al mismo tiempo que el techo del templo hacia lo propio.
Bajo con lentitud la plataforma y volviendo su mirada a Madame Osiris le dijo con voz queda

-Ha escuchado usted...

-No Harry... dijo Madame Osiris algo apenada... al igual que en el segundo oráculo... solo tu conoces el designio de la providencia.

Harry Potter busco con los ojos al Achicoc quien acercándose hasta él le dijo con serenidad

-Es menester que descanses Joven Guerrero... mi morada aguarda por ti... mañana el Villa Humu vendrá y deberás estar preparado.