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COMPARTIENDO SENTIMIENTOS.

Faltaban unos pocos metros para llegar a la casa de Luna Lovegood, cuando Harry Potter pudo divisar perfectamente a varias personas esperándolo. Aunque vestían ropas muggles, su corazón comenzó a latir rápido, por la emoción de saber quiénes eran.
El esposo muggle de Luna salió a su encuentro y la abrazó fuertemente, alzándola y dando juntos varias vueltas. Ella correspondía a su gesto amoroso, besándolo con pasión en los labios.
Harry Potter suspiró y sonrió al ver aquella escena. Sabía que no hubiese tenido el valor de darle una mala noticia a aquel hombre enamorado.

-¡Harry, amigo, qué bueno volver a verte!... dijo Ron Weasley abrazándolo... nos tenías preocupados.

Al joven mago, aquel gesto lo tomó por sorpresa. Muy pocas veces Ron había hecho algo parecido. Sin embargo él correspondió al cariño de su amigo de igual forma. Y la experiencia fue muy gratificante.
No tuvo mucho tiempo de reaccionar, porque nuevamente se veía rodeado por otros brazos, y aunque no ejercían mucha presión, eran igual o quizás más cálidos que los de Ron.

-¡Harry gracias al cielo que estás bien!... dijo Hermione sollozando.

Harry Potter le dio un beso en la frente, y se entregó a ese abrazo cariñoso por un tiempo indefinido. Recordó en esos brazos su niñez y adolescencia. Todas las travesuras y aventuras vividas junto a esa joven bruja, que desde siempre había despertado en él sentimientos de hermandad.

Una vez dentro de la casa, al observar múltiples adornos, coronas de pino seco, guirnaldas, bambalinas, que decoraban cada rincón con matices: rojo, verde y dorado, Harry Potter
se dio cuenta que la época de Navidad había llegado.
Buscó con la mirada a Hera, pero aunque no la vio, su corazón sabia que ella lo estaba esperando.

-Gracias Harry... dijo José estrechándole afectuosamente la mano... Luna ya me contó lo que hiciste por ella.

-Sólo hice lo que tenía que hacer... dijo Harry Potter sonriendo levemente sin apartar sus ojos de Luna... y lo haría cuantas veces fuera necesario.

Luna se acercó a él y le dio un leve beso en la mejilla. Luego de dedicarle una de sus tiernas sonrisas, dijo a los presentes con alegría.

-¡Siéntanse como en su casa... ésta es una noche de celebración... Harry Potter está de nuevo entre nosotros!.

Alrededor de una gran mesa ovalada, algunos miembros de la orden, Dumbledore, Ron, Hermione, Luna y su esposo muggle, brindaron a la salud de Harry Potter.
La cena fue muy amena. Todos charlaban, comían y bebían.
Ron le informaba a su amigo sobre las últimas novedades

-Y... ento... ffeff papá deffidió... quef el maff... indica...dof para ocupaff el caff..go era Ne...vi...lle...dijo Ron luego de enguyir un bocado de una comida muggle preparada con pollo... ¡¡¡¡ummm!!!...¡effto siff... efftaf ...ffab..broffo!.

-¡Por amor al cielo Ron cierra la boca cuando comas!... dijo Hermione molesta y avergonzada ante la actitud de su esposo... ¡o por lo menos traga antes de hablar!

Una carcajada general se dejo escuchar por toda la mesa. Ron se sonrojó tanto, que no se podía distinguir dónde comenzaba el cabello en su frente.
Pero al tragar, el bocado de comida era tan grande que pasó con mucha dificultad por su garganta, por lo que comenzó a toser al sentirse ahogado.
Todos los presentes no podían dejar de reír, y entre ellos Harry Potter, que aunque tuvo que darle fuertes palmadas en la espalda a su amigo, no podía contener las lágrimas que nublaban su vista.

-Entonces dices que el Ministro de Magia le dio el cargo de Jefe de Aurores a Neville... preguntó Harry Potter una vez que Ron había pasado el ahogo y la calma había vuelto a reinar en la mesa.

-Sí, así es... dijo Ron sorbiendo un poco de jugo de naranja... Neville al principio no quiso aceptarlo... por respeto a Malfoy... pero comprendió que debía hacerlo.

-Ahora que Voldemort ha vuelto con todo su poder... dijo Harry Potter observando el fondo de su vaso... tenemos que estar más organizados que nunca... y los aurores necesitan un líder que los guíe... y me alegro que haya sido Neville el escogido.

-Bueno a decir verdad Neville sigue siendo el mismo de siempre... dijo Ron entre risas...ja, ja, ja... ¿te acuerdas de cómo era en él colegio?...ja, ja, ja.

Harry Potter sonrió. Claro que lo recordaba. Tan perfectamente como si hubiese sido el día anterior. Y también recordó cómo Neville se había hecho pasar por él para que pudiera salir de Azkaban, algo que jamás tendría cómo agradecérseloRon continuó informando a Harry Potter, luego de que las risas entre ambos amigos habían cesado.

-Puedes creerlo Harry... dijo Ron con incredulidad... un espía en el Ministerio...yo aun no salgo de mi asombro... quién iba a pensar que...

-Es momento de retirarnos... dijo Lupin, levantándose de la mesa... Luna, José, muchas gracias por su hospitalidad... pero asuntos importantes requieren nuestra presencia... Harry te esperamos mañana temprano en la sede de la Orden del Fénix.

-Sí, Harry por favor no faltes... dijo Dumbledore guiñándole un ojo... queda mucho por hacer.

Harry Potter se levantó también de la mesa al tiempo que sus amigos hacían lo propio.

-Puedes quedarte en nuestra casa... dijo Hermione abrazándolo... siempre las reuniones en la Orden se hacen muy largas.

-Así es Harry, nuestra casa es tu casa... dijo Ron estrechándole la mano.

-Muchas Gracias... dijo Harry Potter sonriendo... pero creo que tengo que ocuparme de algunos asuntos... ya he estado muy alejado de mi vida muggle.

Harry Potter buscó en los ojos de su amigo el nombre del Traidor y su sorpresa fue mayúscula al descubrirlo.
No podía creer que Voldemort hubiese podido arrastrar hasta sus filas a un mago hijo de muggles, a un "sangre sucia".

Estando solo en la habitación que Luna le había cedido en su casa muggle, luego de haberse dado un reconfortante baño, se recostó en la cama. No podía dejar de pensar en ese hombre. En el Traidor. Recordó su días en Hogwarts. En esa época lo había conocido y siempre le había parecido una persona de buenos sentimientos, aunque quizás algo tonto, pero nunca hubiese pensado que llegaría a ser un mortífago y mucho menos un traidor.

Un hermosa lechuza gris entró por la ventana, y dejando un pequeño rollo de pergamino en las manos de Harry Potter, se marchó aleteando con vivacidad.
…l sonrió al detallar el pergamino, sin necesidad de abrirlo ya sabía su contenido y quién lo había enviado.
Se levantó de la cama, abrió el armario y se vistió elegantemente. Tomó un papel y lápiz muggle que consiguió en una de las gavetas del armario y escribió una nota para Luna.

"Querida Luna:

Muchas Gracias por todo... pero debo regresar... hay algunas cosas que debo dejar en orden antes de concluir con mi destino... jamás olvidaré todo lo que has hecho por mí.
Aunque no puedas estar conmigo físicamente, te pido que no me apartes de tu corazón... aunque sé que quizás eso sea un abuso.
Tu amor incondicional me ayudó a regresar, por eso una parte de mi corazón te pertenece...porque has sido y siempre serás una gran amiga.

Te quiere

Harry Potter".

Colocó la carta sobre la cama. Con un toque de su varita hizo aparecer una capa de viaje de razo negro con broches de plata. Se la puso sobre su túnica verde oscura y con un movimiento de la misma desapareció.

En una habitación hermosamente decorada, con una cama circular bajo un dosel de terciopelo vino tinto rodeada de múltiples cojines multicolores, miles de velas de diferentes tamaños, colores y formas, daban la bienvenida a Harry Potter una vez más. Y como siempre que él pisaba esa habitación un perfume de ámbar lo envolvío.
Pero esta vez la habitación estaba vacía. Hera no estaba esperándolo como tantas otras veces.
Se sentó al borde de la cama. Acarició las sabanas de satén blanco, dejándose llevar por la pasión que lo embargaba, aquella suavidad le hacía recordar la tersura de la piel de Hera. Dejó descansar su cabeza sobre las almohadas que coronaban la cabecera de la cama. Pudo percibir entre ellas el olor, el aroma de la mujer que amaba.
Pero se sentía tan cansado, y al saberse en un lugar tranquilo y seguro, sin mucho esfuerzo el sueño lo venció.

Poco a poco abrió los ojos. Todo a su alrededor estaba borroso. Se incorporó para buscar sus lentes, los cuales llegaron hasta él con un pequeño movimiento de su mano.
No sabía por cuánto tiempo había dormido. Y se sorprendió un poco al darse cuenta de que no llevaba ropa.
Pero su corazón bajó el ritmo, al tiempo que sintió su garganta seca, y un estremecimiento recorrió su cuerpo al contemplar frente a él, allí a los pies de la cama, a Hera, quien le sonreía con sensualidad.
Llevaba puesta la capa de viaje de Harry Potter, y su cabellera caía sobre sus hombros de forma delicada.
Hera se quitó la capa dejando al descubierto su piel cubierta por una delgada y transparente bata muggle que delineaba su escultural figura y dejaba ver perfectamente su formas femeninas.
Ella se subió sobre la cama y comenzó a gatear hasta llegar al lado de Harry Potter, quien sintió que su corazón latía cada vez más rápido a medida que Hera se iba acercando a él.

-Pudiste descansar...susurró al oído de Harry Potter.

-Sí...estoy como nuevo... dijo Harry Potter con voz temblorosa por el deseo.

La tomó con fuerza por la cintura y la atrajo hacia él, al tiempo que buscaba sus labios, pero Ella le retiró las manos, se alejó de él y con picardía le dijo:

-No señor Potter, usted tiene que descansar.

-Ya te dije que estoy como nuevo... dijo Harry Potter tratando de atraparla.

-No, señor Potter... esta noche no... dijo Hera apartando con delicadeza lasmanos de Harry Potter, que intentaban tocarla.

-Hera no me hagas esto... dijo Harry Potter como un niño al que se le niega su más preciado juguete... te deseo... déjame hacerte mía...

-No... no... no... dijo Hera con un movimiento negativo, pero sensual, de su mano derecha, al tiempo que con su mano izquierda iba retirando la sábana que cubría a Harry Potter.

Aquello desconcertó al joven mago. Se sintió cohibido al ver cómo Hera recorría con sus ojos su cuerpo.

-Tienes que descansar... esta noche vas a descansar... dijo Hera mientras le acariciaba el pecho, el abdomen y un poco más allá, que luego recorrería con sus labios.

Harry Potter respiraba un poco más rápido, aquellas caricias lo estaban sumergiendo en un huracán de deseo que comenzó a alcanzar niveles de ferocidad, cuando Hera se colocó sobre sus caderas y fue quitándose lenta y provocativamente la bata que cubría su cuerpo.

-Esta noche, Harry Potter, soy yo quien te va a llevar al cielo para que puedas tocar cada una de las estrellas... dijo Hera con voz sensual.

…l acariciaba cada rincón femenino, al tiempo que ella comenzaba a subir y a bajar sobre su cuerpo.
Cada rítmico movimiento iba acompañado de dulces gemidos que fueron embriagando uno a uno los sentidos, hasta que ambos se dejaron llevar por la pasión y juntos pudieron así experimentar la explosión volcánica de su amor.

Minutos más tarde, Hera descansaba sobre el pecho de Harry Potter, mientras sus labios se buscaban y se fundían en interminables besos.

Uno tras otro, los días fueron pasando, mientras aquellos dos cuerpos danzaban juntos entre los placeres que fueron descubriendo como consecuencia de las caricias que la pasión y el deseo les fueron entregando.

La mañana de Navidad, Harry Potter se estaba vistiendo, cuando Hera despertó entre sabanas de satén.
Ambos se miraron por un momento.
Hera se sintió algo cohibida. Quería ir hasta aquel hombre que amaba y abrazarlo, pero de repente el recuerdo de sus múltiples rechazos, la hizo contener el impulso.
Harry Potter se acercó hasta ella, al descubrir el miedo en su mirada.

-Hera perdóname por todo el daño que te he hecho... dijo Harry Potter sentándose a su lado... en estos días he tratado de borrar esas cicatrices... pero creo que aún me falta mucho por hacer.

-Harry, sabes que te amo con todo mi ser... dijo Hera abrazándolo... sé que nunca lo hiciste a propósito... una vez te dije que yo sabía que me amabas... y es que mi corazón me lo decía... sé que muchas veces me hiciste tuya pensando en otra...

-Perdóname... perdóname... dijo Harry Potter con vergüenza...

-Te perdoné hace mucho... dijo Hera con dulzura... porque aunque en tu mente estaba Ginny Weasley... en tu corazón estaba yo... tus caricias y tus besos eran para mí.

-Eso no puedo asegurártelo... dijo Harry Potter bajando la mirada... no puedo garantizarte que eso fue así.

-No tienes que hacerlo Harry... dijo Hera besando sus labios... estás aquí... ¿no?... y ésa es prueba suficiente de que mi corazón jamás se equivocó.

Por un largo pasillo cubierto por una gruesa alfombra de color carmesí, cuyas paredes estaban cubiertas por láminas delgadas de madera caoba, caminaba rápidamente una joven bruja, quien se estaba quitando de su larga cabellera roja un gorro de lana, cuando se detuvo frente al ascensor.
Al abrirse sus puertas, no pudo ingresar en él, porque un joven mago buenmozo y algo robusto salió y sonriendo le dijo:

-¡Hola Ginny!...¡Feliz Navidad!

-¡Feliz Navidad Neville!... dijo Ginny dándole un pequeño beso en la mejilla.

-¿Recibiste mi lechuza?... preguntó Neville algo nervioso.

-Sí... por eso estoy aquí... dijo Ginny con duda... tu mensaje decía que querías hablar conmigo...¿para proponerme algo?.

-Pues sí, Ginny... quiero hablar contigo.. pero creo que éste no es el lugar... dijo Neville invitando a Ginny a seguirlo... vamos conozco un lugar más adecuado

Caminaron hasta un pequeño armario ubicado al lado de la recepción del Ministerio de Magia. De allí Neville sacó su capa de viaje, se la colocó y abrazando a Ginny delicadamente desaparecieron tras ella.
Llegaron hasta un restorán suspendido sobre un pequeño lago, atendido por varias docenas de elfos domésticos. Habían varios magos y brujas ubicados en las mesas finamente decoradas con manteles bordados de suaves colores. En medio, una barra de forma ovalada, en donde algunos magos de aspecto distinguido compartían bebidas.

-Yo no conocía este sitio... dijo Ginny mientras se sentaba en la silla que Neville le ofrecía.

-Está recién abierto... dijo Neville sentándose frente a Ginny... espero que resulte la inversión.

-¡No me digas que tú eres el dueño!... dijo Ginny con sorpresa.

-Pues sí... dijo Neville con una sonrisa tímida... hay que invertir... no puedo conformarme con el sueldo de Auror... además, quiero tener algo a qué dedicarme cuando me jubile.

Dos elfos domésticos atentos, sirvieron bebidas al tiempo que mágicamente eran servidas diferentes comidas y postres, mientras una conversación amena iba fluyendo cómodamente entre aquellos dos amigos.
Cuando los últimos platos fueron retirados, Ginny no soportó más la curiosidad:

-Bueno, Neville, llevamos más de dos horas aquí... dijo Ginny ansiosa... dime de una vez qué era lo que ibas a proponerme.

Neville la miró con timidez, y sacando de uno de los bolsillos de su túnica una cajita azul, la colocó frente a Ginny.
Ella no se atrevió a tomarla, porque temía que al abrirla se confirmaran sus temores.

-¿Qué significa esto?... dijo Ginny asustada.

-Vamos ábrelo... no va a morderte... dijo Neville con picardía.

-No, Neville...primero dime qué significa todo esto... dijo Ginny señalando la cajita y el sitio donde se encontraban.

-Significa Ginny Molly Weasley... dijo Neville con voz seria… que quiero pedirte que te cases conmigo.

El corazón de Ginny dio un vuelco al escuchar aquellas palabras.
No sabía qué decir.
No quería herir a Neville. Ella sólo sentía por él un inmenso cariño, porque él era un chico muy especial, y eso no era suficiente para un compromiso tan fuerte.

-Neville, no sé qué decir...dijo Ginny algo aturdida... yo jamás me hubiese imaginado algo así... es que yo...

-Ya lo sé, Ginny... dijo Neville tomando su mano con suavidad y con tranquilidad continuo... sé muy bien que no me amas.

-Entonces si lo sabes... dijo Ginny sorprendida... ¿cómo me pides que me case contigo?

-Bueno Ginny es que para ser sincero yo tampoco te amo... dijo Neville ruborizándose un poco... sabes que Hannah significó mucho para mí.

-Ahora sí que estoy confundida... dijo Ginny más asombrada aún... no me amas, yo no te amo...¿y quieres que nos casemos?.

-Sí, Ginny... dijo Neville seguro de sus planteamientos... quiero que nuestras soledades se unan... nos fue mal en el amor... quizás con el cariño y la amistad nos vaya mejor.

-Pero el cariño y la amistad no son suficientes para emprender el camino del matrimonio... dijo Ginny con seriedad... hace falta amor, deseo, pasión... si no cómo se lleva una relación de pareja...

-Yo no te estoy pidiendo eso Ginny... dijo Neville sonriendo... yo sólo te estoy pidiendo tu compañía... quiero tener a alguien a mi lado... alguien a quien colmar de atenciones, regalos y que disfrute conmigo de todo lo que poseo.

-Neville en verdad me siento honrada con tu ofrecimiento... dijo Ginny abrumada... pero yo no soy la mujer que tú crees que soy... en mi vida han existido otros hombres.

-Y en mi vida han existido otras mujeres... dijo Neville sin dejar de sonreír... así que por eso no hay problema... estamos en igualdad de condiciones.

Ginny comenzó a sentirse nerviosa ante la cautivadora mirada de Neville.
Ella sabía que todo aquello era una locura, pero tan excitante a la vez.

-No sé Neville... dijo Ginny confundida... he cometido tantos errores...que no creo que pueda soportar otro... además, no quiero hacerte daño.

-Ginny jamás he sido tan sincero en mi vida... dijo Neville tomando la cajita que aún permanecía sin abrir sobre la mesa... yo te quiero mucho... y para mí sería un placer compartir mi vida y todo lo que soy contigo... sé que esto te ha tomado por sorpresa y te pido disculpas... quizás no era el momento... con lo de Draco tan reciente... además yo sé que tú siempre has albergado la posibilidad de estar junto a Harry.

-Neville lo que me propones es una locura... dijo Ginny colocando su mano sobre la mano de Neville que sujetaba la cajita azul... pero a veces la vida necesita de toques de locura... yo también te quiero... y para mí también será un placer compartir mi vida y todo lo que soy contigo.