¡He vuelto!

U.U La verdad es que me siento muy apenada. ¡Ha pasado tantísimo tiempo! Y ustedes han sido tan buenas conmigo que no se como agradecerles por todo el apoyo que recibí.

Por ahora, las dejo con el capítulo nuevo.

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Capítulo 6. El día de los idiotas.

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Ginny pasó casi todo el tiempo de los siguientes días prodigando sus cuidados a los estudiantes que estaban ahí desde el "aterrador examen de pociones", que era como lo llamaban los demás estudiantes. De hecho, cuando Ginny se tomaba un tiempo para comentar con sus pacientes lo ocurrido, se preguntaba si ella habría sido capaz de realizarlo.

--Y yo que pensaba que el profesor Snape había sido estricto –les decía--. Ni hablar chicos, van a tener que esforzarse.

A pesar de que la enfermería estaba ocupada, a Ginny le parecieron 2 semanas muy agradables; sus pacientes la mantenían entretenida durante el día y gracias a ellos, Draco Malfoy se abstenía de interrumpir su sueño.

Casi le costo trabajo dar de alta a Brenda Winkelstein, después de que la chica estuvo casi tres semanas ahí, era la única que quedaba y a Ginny se le acabaron los pretextos para mantenerla en la enfermería.

--¿Segura que estas bien? –le pregunto un poco esperanzada.

--¡Por supuesto! –era obvio que Brenda estaba más que aburrida.

--Entonces, nos vemos luego –dijo Ginny sabiendo que esa noche, el joven de capa negra volvería aparecer con su lámpara de alcohol.

Sólo que durante todos esos días, se había decidido a ponerle fin a ese juego ridículo. A fin de cuentas, todo lo que necesitaba para deshacerse de Draco era un hechizo. Sería fácil, lo esperaría despierta y con la varita en la mano.

--Ya verás lo que es meterte con una Weasley.

El plan no resultó.

Hizo falta lo más esencial: la presencia de Draco.

-D&G-

La tarde siguiente, Hagrid llego a la enfermería con dos chicas idénticas, llevaba a una en brazos y la otra caminaba dificultosamente junto a él.

--Buenas tardes, Ginny –la saludó el semigigante.

--¡Hagrid, hola! –Respondió ella con una sonrisa--. ¿Qué ocurrió?

--Ehm… esta es Lynnette Vande… se ha caído de un árbol… y esta es su hermana, Elizabeth, ha venido por que estaba muy preocupada.

--¿Se cayó de un árbol? –preguntó Ginny haciendo ademán a Hagrid para que colocara a la muchacha en la mesa de exploración --. ¿Hagrid, qué hacía sobre un árbol?

--Ehm… es que un hipogrifo tomo su mochila y echo a volar, vimos que estaba en lo alto de un árbol y…

--¿Subió por ella? –Ginny levanto las cejas y sonrió de medio lado. Las gemelas Vande y Hagrid hacían un tercio de miedo, cada uno era más despistado que el otro.

--Si. ¡Oh pero yo le ayude!—dijo Hagrid como si eso lo resolviera todo.

--¿Por qué no simplemente realizaron un hechizo invocador?

Hagrid y las gemelas palidecieron.

Ginny sonrió y se puso a revisar a la muchacha. No era tan grave como parecía, se había luxado el hombro derecho y hecho algunos raspones. Podía reducir la luxación con una maniobra.

--Considérenlo la próxima vez.

--Si –respondieron al unísono los tres y sus caras simularon ser tomates momentáneamente.

--Bueno Lynnett, voy a tener que poner ese hombro en su sitio, te daré una poción para que no te duela y luego haré una maniobra para reducir la luxación. Los raspones no requerirán ningún tratamiento.

--Está bien –respondió Lynnet y cerro sus ojos tranquilizándose.

Ginny fue a su vitrina para buscar la poción que necesitaba, sin embargo se encontró con un frasco vacío.

--Tenemos un problema –anunció y como los demás, su cara imito a un tomate– se ha terminado la poción. Puedo corregir tu hombro sin ella pero te dolerá mucho, ehm… se me ocurre que tal vez el profesor Malfoy tenga un poco. Iré a preguntarle. Esperen aquí.

Con una sonrisa incrédula, Ginny se encontró a sí misma tocando la puerta del aula de pociones.

Quiso la suerte que en ese momento, se encontraran en clase los de séptimo, y por los hechos erróneos ya conocidos y las encantadoras mejillas que Ginny tenía aún rosadas en ese momento, los cuatro de Gryffindor interpretaron que la enfermera había querido sorprender al profesor visitándolo a media tarde.

Al verla en el umbral de la puerta del aula, Draco dejo su escritorio y se acerco a ella, los estudiantes estaban preparando alguna cosa que llevaba naranja y el olor se había impregnado a su túnica y se había mezclado agradablemente con su olor habitual.

--¿Puedo ayudarle en algo, enfermera? –preguntó y Ginny dudó en el tono burlón que utilizaba.

--¿Tendrá un poco de poción analgésica? –Ginny decidió ir al grano, tenía una sensación desagradable con respecto a Draco y no tenía ganas de indagar el por qué.

Draco atravesó el marco de la puerta del aula y la cerró tras de sí, había notado las miradas de los alumnos y no tenía ganas de meterse en más problemas… por el momento.

--¿Urge mucho, enfermera? Si es así, la tendré lista como en veinte minutos.

--Te lo agradecería enormemente… --Ginny se dio cuenta de que hacía más de dos semanas desde que había conversado con él – enormemente, Draco.

El rubio profesor sonrió.

--Sabía que tarde o temprano me necesitaría, enfermera.

--Si, bueno ¿cuento contigo?

--En un rato te la envío con un estudiante.

--Gracias.

Ginny se tranquilizó y dio media vuelta para volver a la enfermería, había dado unos tres pasos cuando Draco la detuvo.

--Nos vemos esta noche –dijo con una sonrisa casi cruel.

Al volver a la enfermería, mientras esperaba junto con las gemelas y Hagrid que llegara alguien con la poción, Ginny se sintió ajena a lo que estaba pasando, como si… ¡no! ¡no podía ser!... como si ver a Draco esa noche le… ¡No! No era nada.

Sin embargo, el tono de sus mejillas ya no se debía a la pena de notar que se había terminado la poción.

-D&G-

A la media noche, la sombra de Draco con su lámpara de alcohol se proyecto en los muros de la enfermería.

--Buenas noches, Draco –saludó Ginny, que lo estaba esperando sentada en una de las camas.

--Buenas noches, enfermera ¡qué sorpresa!

--¿Qué te trae por aquí esta noche? –preguntó en tono socarrón poniendo las manos entre sus rodillas.

--Esa respuesta es obvia –Draco dejo su lámpara de alcohol en el suelo y se sentó junto a Ginny.

--No lo es.

--¡No me diga que esta molesta por que no vine ayer!

Ginny enrojeció violentamente, a pesar de la escasa luz que brindaba la lámpara, Draco lo noto.

--¡Al contrario! –bufó Ginny dominándose—tuve una noche de tranquilo y reparador sueño.

--No pude venir por que tuve cena con mi club de eminencias –aclaró Draco como si fuera importante.

--¿Piensas continuar con eso?

--Es divertido. Pero eso no es de lo que quiero hablar.

--¿No?

--Mejor dígame, si fue tan reparador su sueño, ¿por qué apareció esta mañana en el comedor tan ojerosa y de mal humor? –Draco se acercó intempestivamente y rozo con los suyos los labios de Ginny--. Es más fácil si admites que me esperaste.

--No.

--¿Por qué?

--Por que no es cierto.

--Vaya contrariedad –murmuró Draco divertido. De alguna forma, sabía que tenía razón pero el patético intento de Ginny de negarlo le divertía.

Se puso de pie y cogió su lámpara del suelo dirigiéndose hacia la vitrina de Ginny.

--Hay muchas pociones que están por terminarse –observó –hazme una lista y te las iré preparando.

--Ehm… si.

--¿Gracias?

--Ehm… si, gracias, Draco.

--De nada, enfermera.

Se quedaron en silencio viendo la vitrina de pociones de la enfermería, a decir verdad, fue un cómodo silencio. Para disgusto de Ginny, Draco lo rompió.

--Pero que irresponsabilidad. ¿Por qué no verificas que no te haga falta nada? ¿Qué tal si fuera más grave?

--¡No me digas irresponsable! La poción no se hubiera agotado tan rápido si no se hubieran lastimado tantos estudiantes en tu clase –Ginny estaba ofendida y su tono de voz era el de alguien muy molesto.

--Como sea –dijo Draco tranquilo como si no la hubiera escuchado--. ¿Tienes antídotos?

--Por montones.

Draco le sonrió.

--¡No te hagas el desentendido, Draco! Me pones en predicamentos ¡Tu clase es la que más lesionados reporto en este mes!

--¿Enserio no me extrañó, enfermera? –dijo Draco tomándola de la cintura.

La mano de Ginny dudo dentro del bolsillo donde guardaba la varita.

--¿Qué?

--Que estoy seguro de que fuiste a mi aula esta tarde por que me extrañabas.

--¡¿Qué estas sordo?! –Le espeto Ginny--. ¡Por tu culpa se acabo en 3 semanas un frasco de poción que debió durar por lo menos hasta el final del trimestre!

--¿Pero en serio no me extrañaste? –Draco noto divertido que a pesar de su reclamo, Ginny no había hecho ni el intento de quitar sus manos de su cintura.

El puño de Ginny se cerró alrededor del mango de la varita.

--En serio, no –dijo sacándola de su bolsillo y apuntando a Draco entre ceja y ceja.

Draco se alejo un poco de ella sin quitar las manos de su cintura

--No lo harías.

--¿Por qué no?

--Por esto…

Draco llego a sus labios en menos tiempo de lo que ella tardó en parpadear, en un principio sólo apretó sus labios contra los de ella pero poco a poco fue llegando al sitio que quería, notó como el cuerpo de Ginny se destensaba y poco a poco se alejo de ella.

-D&G-

--¿Los estabas espiando acaso, Alan? ¡Merlín, eso es bajo hasta para ti!

--¡Ya te dije que no, Jill! ¡Ya dije que no!

El gran comedor estaba lleno de estudiantes desayunando, los únicos que habían dejado la actividad de la alimentación eran Alan y Jill exaltados y exasperados uno con otro, a pesar del alto tono de voz en el que hablaban, nadie les prestaba mucha atención. Y es que justamente esa mañana, los elfos domésticos habían preparado empanadas de frutas para desayunar así que todo el mundo se encontraba concentrado en su degustación.

--¿Algún día dejaran de discutir ustedes? –preguntó Alex sentándose junto con ellos en la orilla de la mesa de Gryffindor.

--Alan estuvo espiando al profesor Malfoy y a la enfermera anoche –le soltó Jill complemente malhumorada.

Alex apenas estaba probando el jugo fresco y cuando se entero del motivo de la discusión, tuvo que escupirlo sin más.

--¿Qué?

--¡Qué no es así! ¿Eres idiota o qué, Jill? –explotó Alan, si había algo que le molestaba era pasar por mentiroso y además por obsesivo acosador en ese caso.

--¡El idiota eres tú, Alan Reynard! –Jill se puso de pie en un segundo y en el otro abandonó el gran comedor.

Alex y Alan intercambiaron miradas y luego Alan se dedico a comer de su empanada.

--¿No esta loca? –pregunto casualmente.

--No lo creo, Jill es una persona linda –afirmo convencido Alex.

--¡No me digas que te gusta!

Por toda respuesta, Alex se limitó a fruncir el cejo y sacudir la cabeza.

--¡Hey ustedes! –era la voz de Claire --. ¿Qué rayos le han hecho a Jill?

--No me mires a mi –se apresuro Alex--. Ha sido el idiota de Alan.

--¡Oye! –protesto Alan.

--¡Me lo debí imaginar! ¿Qué le hiciste?

Alex reparo en el aspecto de Claire, llevaba el cabello especialmente arreglado ese día, seguramente por eso había tardado en bajar a desayunar… le pareció preciosa.

--¡Oh! ¿Tu también? Yo no le hice nada.

--La llamó idiota –dijo Alex.

--¡Ella me llamó idiota a mi!

--Y por cierto ¿de qué va todo eso de que espiaste a la señorita Weasley?

--¡No lo hice! Fue sólo una casualidad.

--¿Hiciste qué? –con los ojos abiertos como plato, Claire acaba de sentarse frente a Alan.

--Anoche, Alex no regresaba de su guardia y Jill estaba muy preocupada. Como buen amigo, me ofrecí para ir a buscarlo y ¡bingo! no lo encontré, en cambio, en el pasillo de la enfermería, frente a la ventana, si Claire, la que ofrece la vista más romántica de todo Hogwarts después de la torre de Astronomía, la señorita Weasley y el profesor Malfoy estaban…

Un estridente grito llamó la atención de todos hacia Claire.

--¡No pasa nada! –Tuvo que aclarar en voz alta Alex –esta emocionada con las empanadas.

--Se lo expliqué a Jill pero no me creyó –dijo Alan con voz que pretendía ser inocente.

--Pues da la casualidad que yo tampoco te creo –declaro Alex.

--¿Qué?

--Sabías que ayer estaba de guardia de la planta baja al tercer piso ¿Qué rayos hacías en el pasillo de la enfermería?

Repentinamente Alan palideció.

--Jill tenía razón. Eres un idiota, Alan –Alex se puso de pie acomodándose la insignia de prefecto--. Y por cierto, hoy es el cumpleaños de Jill.

--Ahora resulta… ¿Tú estas conmigo verdad, Claire?

--No –dijo ella sonriente--. Por mucho que me inquiete lo que cuentas, hiciste mal y no estaría bien apoyarte en lugar de a mi mejor amiga.

Claire congio una empanada en una servilleta y apuro su jugo. Se puso de pie y le sonrió a Alan.

--Deberías disculparte… umh, juntarte tanto con chiquillas de primero te impide un adecuado razonamiento, además te estas volviendo como Mafalda.

--Pero yo…

--Piénsalo un poco –Claire le guiño un ojo y luego le dio la espalda--. O definitivamente van a pensar que tu edad mental es de once años.

"Claro" pensó Alan peligrosamente, seguramente Mafalda entendería sus razones.

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Alan era un idiota, eso seguro, ¿y entonces por qué Jill no podía evitar sentir tantas cosas por él?

Furiosa y decepcionada, se perdió entre los pasillos del colegio para tranquilizarse antes de que comenzaran sus clases, de repente quiso ocultarse y ponerse a llorar, así que busco algún lugar tranquilo.

Quiso el caprichosísimo destino que vagaba por Hogwarts que fuera a dar a un pasillo cercano a la biblioteca, lugar donde el profesor Malfoy sostenía un objeto brillante con el ceño fruncido y mirada gélida.

Jill no quería, de verdad que no, espiar al profesor. Y sin embargo, llorosa como se encontraba, no quiso abandonar su rincón. Reconoció el objeto que sostenía el profesor como un espejo comunicador e intentó no poner atención.

--Nada de eso esta pasando –dijo el rubio profesor.

Hubo un largo silencio en el cual sus finos rasgos se descompusieron en una mueca.

"¿Pero de dónde sacas esas cosas?" Pausa. "No, ya te dije que no." Pausa. "¿Escuchas lo que dices?" "Mírate al espejo y dime si crees que alguna compite contigo" Hubo un silencio y el gesto de Draco se desvaneció. "Yo también te amo, Astoria" "Si, bye"

Jill vio a Draco alejarse por el pasillo y soltó un suspiro. Acababa de enterarse de algo de lo que no quería enterarse. Era temprano para sacar conclusiones pero algo dentro de ella se sintió mal de saber que tal vez la señorita enfermera también estaba enamorada de un idiota.

Y es que, si había entendido bien, él amaba a alguien más.

--Y juega con sus sentimientos –murmuró a modo de conclusión cuando dos períodos más tarde, entró al aula donde el rubio profesor impartía pociones.

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--Han tenido una pelea terrible –Mafalda revisaba los apuntes de su libretita mientras le contaba a Ginny--, y todos hemos sido testigos.

--Hmmm… --Ginny estaba en blanco, casi aturdida por el chismorreo de Mafalda.

--Aunque Alan es mi amigo, me siento mal por Jill, la pobre ha estado enamorada de él desde siempre.

Ginny, que estaba sentada en su escritorio, levanto la vista del libro que sostenía y se fijo en Mafalda. A juzgar por su expresión y por ese movimiento juguetón de sus pies, la niña pelirroja no parecía sentir el mínimo de pena por Jill.

--Además hoy era su cumpleaños. ¿Qué crees que debería hacer, prima?

--¿Eh? ¿Sobre qué?

--¿Acaso no lo explique bien?

Ginny frunció el ceño pero prefirió guardar silencio, no había absolutamente ningún sentido en discutir con Mafalda.

--Alan, mi amigo. ¿Lo recuerdas? Gryffindor de 7º año –Ginny movió la cabeza afirmativamente procurando poner atención esta vez para que Mafalda no se tuviera que quedar mucho tiempo--. Bueno él, ha peleado con sus amigos por Jill, que esta mañana le ha gritado "idiota" delante de todos en el comedor, tan así que en la comida se ha sentado a mi lado a conversar de nada, aunque también me contó del problema…

--Si acotas tantas cosas no voy a entender otra vez.

Mafalda dio un largo sus piro y a Ginny le divirtió por que denotaba impaciencia.

--El asunto es que peleó con sus amigos y aunque yo creo que tiene razón, pienso que no esta bien que la pobre Jill este pasando tan mal cumpleaños por que el chico de sus sueños es un idiota que no se da cuenta que le aman –A Ginny le sorprendía la velocidad con la que Mafalda hablaba, no necesitaba siquiera detenerse para tomar aire--, y pues no se como decirle a Alan que se disculpe con Jill sin contradecirlo a que él tiene razón pero tampoco que Jill esta enamorada por que podría enojarse conmigo. ¿Qué hago?

--Déjame pensar…

Mientras Ginny hacía como que reflexionaba, Mafalda se puso a deambular por la enfermería, de vez en cuando se detenía ante algún cuadro o ventana hasta que un brillo proveniente de la vitrina de pociones le llamó la atención.

Se trataba de un frasco más fino que los demás, era de vidrio soplado y en lugar de un típico corcho, tenía una especie de tapa de cristal con un visto rojo incrustado. Inconfundiblemente era del profesor Malfoy, era el tipo de frasco que él utilizaba para sus pociones.

--Tal vez si me contaras por qué fue la pelea, sería más fácil…

Mafalda enrojeció y dio media vuelta para mirar a Ginny. Definitivamente no podía contarle por qué Alan y su grupo habían peleado.

Ginny sonrió de medio lado y comprendió.

--Creo que debes dejar que ellos lo arreglen entonces –le dijo a su prima--. No veo una verdadera razón por la que una chiquilla como tú tenga que intervenir en un grupo que siempre ha sido cohesionado.

Mafalda iba a replicar alguna cosa pero en ese oportuno momento llamaron a la puerta de la enfermería.

Jill Dolgin llegó acompañada por un muchacho de Ravenclaw.

La joven Gryffindor tenía mal aspecto, sus negros cabellos que habitualmente lucían inmaculadamente lacios estaban alborotados y sus verdes iris estaban enmarcados en rojo encendido, le temblaban las manos y seguía llorando.

--¿Qué paso? –pregunto Ginny acercándose a ella.

--El profesor Flitwick me ha pedido que la acompañe, ha estado muy mal durante toda la clase. En realidad no sabemos mucho, ella no ha dicho nada.

--Déjala y vuelve a tu clase –le indicó Ginny al muchacho--, gracias por traerla.

Ginny tomo del brazo a la chica y la ayudo a sentarse frente a su escritorio, noto que Mafalda estaba preparando su libreta de notas y le hizo una señal de que se fuera, aunque a regañadientes, la niña acabo por salir de la enfermería.

--¿Me dirás lo que te pasa? –pregunto Ginny procurando no sonar agresiva.

--Yo… --murmuró Jill— yo… lo siento, no…

--Calma, si no me dices que te pasa, no puedo ayudarte.

--Lo siento –se secó los ojos con el puño de su túnica--, es que… no… no tengo nada que amerite venir a la enfermería, lo siento.

--¿Segura?

--No, yo sólo… sólo… no sé, es que… nada ha salido bien hoy.

--¿Problemas en clase?

--He errado en cada una de ellas, es que encantamientos fue mi límite.

--Habitualmente no eres así –adivino Ginny.

--No.

--¿Problemas personales?

--Creo que esa es la raíz de todo.

--¿Quieres contarme?

Jill movió la cabeza en señal de negación.

--¿Quieres quedarte a descansar?

Jill se quedo en silencio un instante, Ginny se dio cuenta de que de repente su mandíbula y sus puños se apretaron, cuando la chica levanto la vista sus ojos ya no parecían rojos por tristeza sino por una gran rabia.

--¿No cree que el profesor Malfoy es un idiota, enfermera?

Ginny abrió los ojos como platos sorprendida de la pregunta.

--¿Eh? ¿A qué viene eso?

--¿Lo cree o no? ¿Es un idiota o no?

Ginny sonrió de medio lado, tuvo que admitir que la situación, aunque confusa, le divertía un poco.

--Es un poco tonto, tal vez ridículo en algunas ocasiones, pero creo que de hecho, es cada vez menos idiota.

--¿Entonces cree que fue un idiota?

A Ginny le costo aguantar una carcajada.

--Un poco –le guiñó un ojo a la chica--, pero no le digas que yo lo dije.

Jill suspiro y se relajo, se recargo en el escritorio dejando su cabeza caer entre sus brazos.

--¿Por qué siempre nos enamoramos de idiotas?

Comenzó a llorar de nuevo.

--¿Cómo?

--¡Si! ¿Por qué siempre nos enamoramos de idiotas que no van a darse cuenta o que no van a valorarnos o que… que nos engañan?

Esta vez Ginny se perdió completamente. O bien el problema era ella o los elfos habían puesto algún ingrediente raro a las empanadas de esa mañana y todos los que las habían comido habían enloquecido.

--¿Te enamoraste del profesor Malfoy?

--¡Yo no! ¡Usted! –restalló Jill.

Bueno, cabía la posibilidad de que sólo Jill estuviera loca.

--¿Yo? –Ginny se mezo el cabello para pensar --. No, en estos momentos yo no estoy enamorada de nadie.

--No se quede conmigo. Nosotros lo sabemos todo, los hemos visto.

Ginny enrojeció súbitamente, en sus "encuentros" con Draco no había habido testigos ¿o si?

Viendo que Jill parecía una mujer enloquecida no le dio mucha importancia y decidió seguirle la corriente.

--¿Y tú de qué idiota te has enamorado entonces?

--De Alan, Alan Reynard.

Ginny sonrió tranquilizándose, aunque pensó que debió poner más atención a Mafalda.

--¿Qué te ha hecho?

--Olvidar mi cumpleaños, como cada año; llamarme idiota, besarse con Brenda Winkelstein… de Slytherin.

--¿Es ella su novia?

--¡Qué va! Ella va y lo besa cuando le dan ganas, nada más. Él nunca la busca, salvo hoy por que sabe que ninguno de nosotros aprueba que lo trate así.

--Que Alan sea un idiota no quiere decir que todos lo sean –apuntó Ginny, la chica tenía buenos argumentos para acusar a su compañero.

Por alguna razón, Alan le recordó un poco a Ron, tal vez él también reflexionaría y se daría cuenta de que Jill lo quería, después de todo, Ron y Hermione seguían juntos.

--O tal vez, los idiotas solo necesiten madurar. Podrían corregirse un poco con el tiempo.

--Si… tal vez.

--¿Por qué no te quedas a descansar aquí esta tarde? –ofreció Ginny, tampoco es que tuviera mucho interés en chismes juveniles y chicas dramáticas.

--Yo… --Jill pareció reflexionarlo dramáticamente y Ginny se imagino que también Grabrielle D´lacour hacía dramas así, sonrió de medio lado compadeciendo a Harry que tendría que soportarla.

--Piénsalo, luego podrás irte a cenar. Tal vez para entonces las cosas estén más tranquilas.

--Esta bien, gracias.

Ginny le preparó una cama a la joven prefecta de Gryffindor y le preparó un té para ayudarle a tranquilizarse sin sedarla. Cansada, Jill se entrego rápidamente al sueño, pero tuvo que advertirle algo a la enfermera para tener la conciencia tranquila.

--Por cierto –murmuró ya acostada--, el profesor Malfoy sigue siendo un idiota, señorita. Y usted es muy buena. No se enamore de él.

La pelirroja no pudo más que sonreír hacia un lado mientras se metía a su habitación. No necesitaba ese consejo.

-D&G-

Y sin embargo, cuando la noche llegó con la enfermería otra vez vacía, Ginny salió de su habitación para encontrarse con la sombra de Draco Malfoy.

Cuando el rubio llegó, la joven enfermera le esperaba con los brazos cruzados y una exquisita sonrisa torcida en sus rojos labios.

--¿Sabías que eres un idiota? –murmuró "dulcemente" cuando sintió el aliento de Draco cercano y se regocijo viendo su expresión contrariada.

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¿Les ha gustado?

=) Ojala su espera por este capítulo haya valido la pena.

Agradecimiento especial a San Juan de Weasley ¡Eres un amor niña! ¡Gracias por todos los reviews que dejaste en tu afán por que llegáramos a 90! =). También a Lorien, aunque creo que no la conozco aún, fue quien dejo el esperadísimo review 90 y además con un mensaje muy motivador. Gracias a Julia, Ireth Isilra, Natisluna y Brinitonks por el apoyo. A todas en general, las que a pesar de las demoras y los problemas siguen esperando esta actualización y regalándome sus valiosas opiniones.

Gracias, de verdad. ¡Son geniales!

Parece que no sucede mucho en este capítulo pero en realidad si, ya verán. Las que ya me han leído saben que siempre guardo cosas que nadie espera.

Por cierto, para las que si tienen vacaciones de verano ¡Disfruten mucho! y si salen ¡cómprenme un recuerdito!

¡Ah! ¿Y ya vieron la nueva imagen de mi Profile? Es de "La fuerza de la verdad", jeje pronto actualizaré este fic, me dicen qué les parece :).

Y ahora si llego la hora que todos esperábamos: ¡Cuando me dejan su review! jijiji xD.

¡Anden! No cuesta nada y me harán muy feliz!