Obviamente lamento la tardanza y la explicación y demás viene al final (Oh si, cambié a primera persona la historia), pero les recomiendo leer el capítulo mientras reproducen: In Memories KO-TO-WA-RI de Taku Iwasaki, soundtrack de las Ovas de RK. Vale la pena :D

Capítulo 2: Un fantasma

Tomoe P.O.V.

El camino hasta Kyoto no había sido fácil. Pero esperaba toparme tan siquiera con una muestra o pista real de que me acercaba más a él. Después de tanto tiempo, todavía no me daría por vencida. Si no, significaría que todos estos años habían sido en vano y no merecía menos a la vida que él parecía llevar ahora.

Simplemente no podía verlo de esa manera.

Conocí al cerrado Hitokiri que con tan solo un roce podía saltar a la batalla. Que entonces no necesitaba mucho de un motivo para quitarle la vida a alguien o herir a quien se interpusiera en su camino. Su vida estaba en el filo la espada desde el momento que lo conocí.

Y ahora…

Ese es el porqué inicié este viaje. Nunca me dejó aún cuando las cosas se pusieron difíciles y no había sido mi elección abandonarlo por tanto tiempo. Sentía la necesidad de volver a verlo ya que al fin, quizás podríamos tener esa paz que habíamos soñado. Vivir como granjeros y quizás él de nuevo como vendedor de medicina.

Una vida simple, sin más emociones que esas.

Por favor, espérame.


Hiko P.O.V.

Ese baka deshi mío se había ido de nuevo. Pero no podía estar del todo enojado con él, al menos no como quisiera admitir para mí, pero lo suficiente para aparentar frente a los demás. Sospeché que el día que lo encontré en esa tumba, sería la última vez que lo vería aquí en Kyoto por un largo tiempo. Que la próxima vez que nos viéramos no sabría predecir cuales serían las circunstancias, pero al menos volvería a mí rogando por un estúpido favor por haberse metido en otro lío de esos que sabe encontrar demasiado bien.

Demasiado.

Y el sake no había perdido su sabor desde aquél día que lo vi levantarse de la lluvia que desaparecía poco a poco. ¿Cómo después de tantos años de negarla… al fin había vuelto a ella?

No estaba ciego y podía notar que tenía un mejor motivo que antes. Egoísta y tonto como siempre. ¿Pero quién podía juzgar eso? ¿Quién podía decir realmente lo que estaba bien y lo que no? Todo se divide en algo más que blanco o negro. Nada es tan simple aunque se quiera ver de ese modo.

Él estará bien. Era mi único consuelo.

-Baka deshi…- murmuré, clavando mi mirada en la copa de sake como si pudiera transmitir mi frustración hasta él en estos momentos. Perdí la oportunidad cuando pasé mi tiempo esperándolo aquí en el Aio-ya.

¿Quién se ha creído? Después de todo, yo soy Hiko Seijuro 13th.

-¡Oi, Seijuro-san!-

Además de que vine hasta acá con –pocas- esperanzas de encontrarlo, lo más decente que podría haber hecho era esperarme. Ahora tenía que disfrazar mi visita de otra cosa.

-¡SEIJURO-SAN!- Y estaba esta molesta chiquilla gritando en frente de mi rostro.

-Niña, te aseguro que tengo buen oído no como tu abuelo. Así que hazme el favor de no gritar, a los clientes no les agrada que les griten- podía ver su cara ponerse de roja a casi morada. Así solía ser con mi baka deshi. Solo que esto no era ni la mitad de divertido.

Continué bebiendo mi sake.

-¡Seijuro-san, ha estado sentado ahí más de 2 horas bebiendo sake y nada más, debe ordenar algo!- Chiquilla imprudente.

-Estoy ordenando más sake- estaté mientras ponía mi vacía copa de sake cerca de ella -¿Y qué esperas? Ordeno más sake-

Podía ver cómo la trenza se alzaba desde la base de su cabeza con cierta amenaza de golpearme. Así que había aprendido algo de mi deshi… entonces le daría algo digno de lo cual sulfurarse.

-¡No tenemos una fuente inagotable de sake!- defendió.

-En realidad espero tengan una fuente inagotable de dinero- sonreí con malicia –O por lo menos la recompensa de la que mi baka deshi habló por haber salvado al Aoi-ya –

La kunoichi parpadeó un par de veces antes de digerir lo que le había dicho. Entonces, comprensión inundó su rostro con una nueva oleada de furia, insultos y sus manos que buscaban los kunai dentro de su ropa.

-¡¿QUÉ, RECOMPENSA? ¡ESTOY SEGURA DE QUE HIMURA NUNCA DIJO NADA ESO! ¡HIKO SEIJURO, USTED VINO A TOMAR GRAATIS!-

Pensé que tendría que lidiar con ella hasta que fue llamada por su abuelo. Estoy seguro de que el antiguo jefe de los Oniwabanshu entendería. Pero era mi hora de marcharme, y si era sin explicación alguna sería lo mejor. Dejé sobre la mesa una pequeña bolsa con monedas dentro. Cubría perfectamente mi consumo de las últimas horas, además de cierto dinero adicional como recompensa por haber alojado a ese baka deshi mío.

No importa el tiempo, siempre sería responsable de él. Aunque significara tener que sacar la prudencia de él a base del Hitten Mitsurugi.

Sonreí. Quizás debía comprar sake de camino a mi cabaña. Sabía tan bien.

Con una leve inclinación de cabeza me despedí del viejo Oniwabanshu que notó mi retirada. Pero al girarme una joven mujer esperaba entrar y cupo en mí la caballerosidad suficiente para dejarla pasar primero antes de salir. Ella era un tanto delgada, pequeña y al parecer, delicada. Con largo cabello negro y piel blanca.

-Domo-

Me pasó de largo dentro del restaurante y mientras salía un olor llegó a mis sentidos, ciruelo blanco. Una fragancia intrigante.

Tenía que seguir.


Okina P.O.V.

Hiko Seijuro era un hombre recto y fácil de comprender. De una personalidad un tanto difícil pero sin duda con las mejores intenciones, Kenshin Himura de hecho tenía la mayoría de esas cualidades a su modo y no era algo que todos notaran. Era un gran privilegio conocer a espadachines como ellos dos, o como Hiko-sensei. Uno no sabía que esperar en veces.

Misao regresó con un rostro confundido y una bolsa en sus manos que había recogido de la mesa del hombre. Desde luego vi su contemplación desde lejos estaba seguro que su motivo de venir aquí no había sido el molestar a mi nieta, o siquiera beber sake. Una luz casi invisible solo notable para un buen observador había pasado en sus ojos cuando preguntó por su pupilo y se le informó que se había marchado.

Había esperado verlo por última vez antes de que se fuera.

Creo que ambos sabíamos que sería un largo tiempo antes de que Himura Kenshin regresara de nuevo a Kyoto.

-¿Crees que Himura realmente regrese?- preguntó Misao tomando una orden para otra de las mesas.

-Es lo más probable- contesté. Tenía la certeza de que regresaría, pues había hecho pases con su pasado. -¿Quieres atender la mesa 4, Misao?-

Había una bella mujer ahí, e iría por mi cuenta pero sé que desde la cocina me estaba vigilando.

Uno podía decir que tenía muchos clientes extraños este día. Por la mañana, un viejo Hitokiri había desayunado con su buen amigo del Sekihou-tai, un niño, una gran doctora y una maestra de Kendo. Poco después se había aparecido el maestro del primero y ahora esa curiosa mujer de la cual no podía apartar mi vista por un motivo desconocido.

Era bella, si. Pero había algo su mirada que era hipnotizante y que se escondía bajo su rostro y mirada pasiva. En cierto modo me recordaba a Himura.

Oh si, el mundo era tan misterioso. Eso era lo bello de la vida, descubrir cada una de esas pequeñas sorpresas en cada esquina.

-¿Himura?-

La nada discreta charla de Misao llamó mi atención de nuevo. Estaba hablando con esa mujer la cual asintió a la mención del hombre pelirrojo. No podía saber qué estaban hablando desde aquí.

-¡Se acaba de marchar esta mañana de regreso a Tokyo, vaya… es una pena que no lo encontró aquí!-

¿Esa mujer conocía a Himura?

No tuve tiempo de pensarlo más, cuando la mujer se levantó con gran prisa y después de una gran inclinación y un gracias salió del Aoi-ya con la velocidad de alguien que no debía perder un minuto más. Solo cuando Misao se acercó de nuevo a mí, tan confundida como yo, supe más o menos lo que había pasado.

-Ella realmente parecía desesperada por ver a Himura- comentó

El mundo era misterioso. Quizás volveríamos a saber de esa mujer, quizás no.

Las cosas funcionaban de esa manera.


Kenshin P.O.V.

Si hay una lista de cosas que deseé durante los últimos días, una de ellas había sido regresar. Al lugar donde por largos meses tuve un hogar y donde Kaoru me recibía una vez más con la mano abierta, incitándome a seguirla y a todo el grupo, como una familia que regresa de un largo viaje y están felices de estar en casa de nuevo.

Sé que yo lo estaba.

Había sido un largo tiempo desde que me sentí así en un lugar y esto, se acercaba mucho a mi realidad de un lugar el cual proteger y no fallar. De nuevo.

El Dr. Gensai nos esperaba en la puerta del dojo con Ayame y Suzume. Ambas corrieron a mis piernas como siempre lo hacían y no pude evitar que una tonta sonrisa se apoderada de mi rostro.

Había vuelto. A un hogar, y seguía manteniendo mi promesa, más firme que antes.

Por todo esto seguiría luchando, y más. Sin importar quién se interpusiera en mi camino.

-¡Si, COMIDA!- gritó Yahiko comenzando una carrera contra Sanosuke hacia la cocina, Kaoru detrás de ello con lo primero que pudo tomar como bokken para detener a ambos y Megumi avergonzándose falsamente de sus actitudes.

Todos estábamos de vuelta.

-Vamos, Ayame y Suzume. Es hora de comer-

o-o-o

El dojo no estaba tan sucio como quizás hubiéramos pensado, aún así había mucho que hacer después de algunas semanas de muy poca actividad en el lugar, sin mencionar que Kaoru no tenía absolutamente nada para comer y me había mandado a pescar con Ayame y Suzume. Pocas veces comprendía que el Battoujutsu no tenía mucho que ver con otro tipo de habilidades como pescar, pero de nada serviría si no hacía el intento, así que me marché.

Lo que no esperaba era a aquél extraño hombre y su gran historia. Haciéndome pensar en muchas cosas de las cuales no había contemplado en un largo tiempo.

Kaoru.

Siempre me hace pensar en qué la motivó desde un principio a aceptar que me quedara. Un asesino, del cual sigue sin conocer su completo pasado pero en el cual tiene la confianza suficiente para poner su vida en mis manos. Confiando plenamente en que la protegeré.

Supongo que esto es a lo que Shishou se refería.

"Baka deshi, nunca te metas con las mujeres. Es algo de lo cual el Hitten Mitsurugi Ryu no puede protegerte y solo terminarás en más líos de los que puedas imaginar. Confía mejor en el sake, el sake me ha mantenido joven y deseable. No caigas en la trampa de la cual nunca podré sacarte, confía en el sake"

Entonces pensé que estaba bromeando, cuando de niño empecé mi entrenamiento con él, aprendí en no creer en la mitad de las cosas que mi Shishou decía y las únicas palabras confiables siempre se referían al Hitten Mitsurugi. Ahora ya no estaba tan seguro y me pregunto si experimentó algo que le enseñó eso.

Pero por alguna extraña razón no podía imaginar a Shishou con una mujer a su lado. ¿Al menos su madre, mmm? Tendría que preguntarle la próxima vez que nos viéramos.

"Baka deshi, ¡Te dije que no te metieras con eso! ¿O no te lo dije? No preguntes, no puedo ayudarte. Estás perdido"

O quizás no.

Estábamos de vuelta en el dojo sin comida alguna y me preocupaba un poco qué comeríamos.

-El Dr. Gensai trajo algo para la cena- comentó Kaoru con una leve sonrisa. Ayame y Suzume no perdieron tiempo en entrar donde seguro Yahiko y Sanosuke ya estaban acabando con todo.

Después de unos minutos de pensar, la seguí dentro. Si había algo que no quería era que se preocuparan inútilmente por algo como un par de viejas memorias.


Kaoru P.O.V.

Sé que después de Kyoto, volver aquí sería un paso más para que Kenshin pudiera relajarse más y volver a ser ese rurouni despreocupado que gustaba de lavar la ropa y hacer las comidas. Pero no esperaba que se pusiera tan pensativo con pequeños gestos, palabras o cosas en estos primeros días, sin duda había muchas cosas que resurgían a la superficie de su mente pero no me gustaba verlo así.

Y no me atrevía a preguntar de su pasado.

Era algo de lo que rara vez hablaba y cuando lo hacía parecía otra persona. Porque entonces él había sido otra persona.

Ahora que cenábamos pude notar que se estaba esforzando por esconder su distracción de todos nosotros, pero solo quienes lo conocíamos de cerca sabíamos que escondía algo. Sanosuke al menos parecía haberlo notado también. Sin embargo seguía bromeando y peleando con Yahiko para hacer que esa aire de costumbre y normalidad regresara cuanto antes al dojo.

Sé que tomaría su tiempo.

Y todos estábamos dando nuestro mejor esfuerzo para ello. Esta sería la segunda noche que dormiríamos aquí desde que regresamos y sentía que esas experiencias y recuerdos no se desvanecerían tan fácilmente como quisiera. Las heridas de Kenshin y los demás, la preocupación por saber si volvería y en qué estado. Las palabras de Megumi.

Todavía no podía expresar bien mi gratitud hacia ella. Era bien sabido por todos que sentía atracción a Kenshin y él no lo había notado o prefería no hacerlo, tomando las acciones de Megumi como su manera de ser.

Ella había renunciado a continuar. Por lo menos en la manera que ella quería y me había advertido a mí no hacer lo mismo, seguir luchando hasta el final y tratar de comprender. De ayudarlo con la carga de ser quien era y como era.

-¿Kenshin?-

La voz de Yahiko me despertó de mis pensamientos y en efecto vi como Kenshin había dejado de comer, su mano inmóvil con los palillos a un solo centímetro de su tazón, pero su mente en otro lado. Perdido en sus pensamientos.

Entonces escuché que alguien tocaba la puerta. Debía dejar por el momento la solidez de Kenshin. Alguien realmente desesperado estaba llamando a la puerta, insistencia en cada golpe.

Y no noté a Kenshin hasta que escuché sobre todo el alboroto su par de sandalias acomodándose bajo sus pies. Giré levemente sobre mi hombro mientras me preparaba a abrir la puerta, una esencia rara llegaba a mi nariz mientras abría.

Una mujer apareció frente a mí.

De cabello largo y negro atado hacia atrás, rostro pálido y ojos oscuros que contenían una esperanza que no comprendía. Abriendo un poco más la puerta pude verla mejor, vestía de kimono blanco, obi rojo y un chal violeta. Su respiración se veía cortada, como si hubiera estado corriendo, pero antes de poder preguntarle algo, ella preguntó:

-¿Vive aquí Himura Kenshin?-

Terminé de abrir la puerta para permitir la vista hacia dentro y donde yo sabía se encontraba Kenshin, pero cuando me giré a él, nunca había visto esa mirada en su rostro.

¿Miedo? Culpa, dolor, confusión, sorpresa, no podía describirlo. Dio un paso titubeante hacia adelante, pero podía ver que no estaba tan seguro y ahora yo no estaba segura de dejar a esta mujer pasar. Pero cuando me giré, ella en un rápido movimiento pasó a mi lado en una carrera apresurada y solo vi la extensión de su cabello y chal, además de reconocer su fragancia de ciruelos blancos.

Se detuvo a unos pasos de Kenshin sin hacer nada, él tampoco lo hizo pero se miraron por un largo tiempo.

¿Quién era ella? ¿Cómo conocía a Kenshin?

-Soy yo- susurró.

Su voz suave y aterciopelada.

Kenshin continuó ahí, con incredulidad y dolor muy bien reflejados en sus ojos.

Entonces la mujer trastabilló en un intento de acercarse y comenzó a caer hacia adelante, claramente también agotada e inconsciente. Kenshin tendió un brazo para detenerla y su chal resbaló por sus hombros hasta el suelo.

Nunca vi a Kenshin tan confundido y con tanto dolor en su rostro. Pero lo pude escuchar susurrar:

-¿To…Tomoe?-


Si! Se merecían el reencuentro después de la espera n.n Gracias a todos mis reviewers, ka13ms, Kikyoni, rndomfan, Maki-san, GreenIllusions, WingzemonX, Blankaoru y Krad New por nunca rendirse :D (Especiales gracias a ka13ms y rndomfan)

Espero que haya sido de su agrado y continuaré el reencuentro lo más pronto posible. Y sip, Enishi saldrá así que pueden esperar muchos problemas. Y no, no haré a Kaoru a un lado como si nunca hubiera existido o no importara. Además, debemos esperar al razonamiento de Kenshin n.n

Me despido!

any.

P.d. Al que deje review, se lleva unas lindas galletas de Kenshin y Tomoe