Es el momento de confesar que no pensaba actualizar tan rápido, pero fueron tan lindas en sus reviews que ¡me inspiré! Gracias…
Para The darkness princess, Cherie, Cherie la deseperada ¡xD!, ClAu-22, brinitonks, Kenia, Galadriel Granger, V. WASMALTHER, Misha, MilleniuM, Lucky y Lynette P. Broderick ¡Por sus reviews tan geniales y motivadores!
¡Y para todas las que siguen esta historia!
De verdad, espero que disfruten mucho del nuevo capítulo.
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Capítulo 13. Tratos.
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Ginny se recargó pesadamente en la puerta de la enfermería apenas cerrarla. Ella que esperaba olvidarse de todo pasando el día con Hagrid… Levantó la vista al percatarse de la mirada de un par de chicas de Slytherin, amigas de la visita de Astoria, seguramente. Tenían los ojos fijos en ella.
Dando un largo suspiro, Ginny se recompuso y avanzó decididamente por el pasillo hasta detenerse frente a la puerta del despacho de Draco, sin pensarlo demasiado, llamó suavemente a la puerta.
En menos de un segundo, casi como si hubiera estado esperando y no tuviera ganas de disimularlo, Draco abrió la puerta y Ginny se sonrojó violentamente apenas lo vio. Instintivamente, volteó a ver a las chicas de Slytherin que estaban apostadas junto a la puerta de la enfermería, aparentemente, ninguna vio nada.
Draco siguió la mirada de Ginny e hizo una mueca, esas chicas le recordaban a Crabbe y a Goyle en sus días de seguirlo como guaruras. A pesar de todo, esos eran buenos recuerdos.
-Pasa –dijo el joven profesor, haciéndose a un lado sin dejar de mirar a las de Slytherin, que convenientemente, seguían distraídas.
Ginny dio un respingo cuando escuchó la voz de Draco ¿Dónde tenía la cabeza? Lo más tranquila que pudo, entró al despacho.
-S…si –dijo torpemente cuando Draco cerró la puerta detrás suyo-. Yo… ya, he… solo vine a decirte que Astoria estará bien. Quiero que pase la noche en la enfermería, po… por las fracturas, pero para mañana ya estará bien.
Mientras Ginny se peleaba con su enredosa lengua, Draco le había dado la espalda y se había ido a sentar detrás de su escritorio. En esos momentos, tenía la barbilla recargada en una de sus manos y observaba a Ginny fijamente.
-No es todo lo que has venido a decir –aseguró adivinando que el nerviosismo de Ginny tenía explicación.
Ginny apretó la mandíbula y le sostuvo la mirada ¡Por supuesto que no era solo eso! Dio un suspiro largo y tomo asiento frente a Draco.
-No es todo –fue todo lo que dijo, la mirada de Draco ya no le intimidaba ahora que él mismo le había instado a sincerarse.
-¿Qué te ha dicho? –Draco mantuvo un tono indiferente.
-Me ha explicado tu negocio con su padre.
Contrario a todo pronóstico, fue Draco el primero que bajo la vista.
-Ya –murmuró dejando ver una sonrisa, quién sabe si irónica. Ya suponía que Ginny iba a encontrar la forma de sacarle la verdad a Astoria.
El silencio que cayó entre ellos pareció eterno, era absolutamente incomodo, con Ginny queriendo hacer tantas preguntas y sin saber qué tanto podría molestar a Draco si las hacía y Draco que esperaba las preguntas y se fastidiaba de que Ginny siguiera mirándolo con tanta intensidad.
-¿Un hombre de negocios, eh? –el tono de Ginny fue triste.
Draco se limitó a afirmar con la cabeza.
-¿No te importa lo infeliz que la haces? –antes de reflexionarlo bien, Ginny disparó la pregunta. Aunque lo hubiera pensado mucho, no iba a encontrar un modo sutil de interrogarlo.
Los ojos grises volvieron a clavarse sobre ella con una intensidad que apenas y pudo soportar, Draco apoyo la barbilla sobre sus nudillos y estuvo así, mirándola curioso por un instante. Finalmente soltó una risa desdeñosa.
-¿Qué es lo que te parece gracioso?
-¿Hablas de ella, o de ti? –Draco también sabía hacer preguntas fuera de lugar.
Ginny se sonrojo, no supo si fue por la intensa mirada del joven o por la rabia que le dio escucharlo.
-¿Vas a decirme que de verdad te preocupa la felicidad de mi prometida?
La enfermera enrojeció aún más, y entonces supo que era de rabia.
-Cretino—murmuró.
-Astoria no me ha aceptado del todo –dijo Draco como si no la hubiera escuchado-, es cierto. Pero está siendo inmadura, pronto verá todo lo que yo le puedo ofrecer y me aceptara. Te lo aseguro.
-Pero… a ella no le interesa tu dinero.
-Le interesará cuando comprenda la precaria situación en la que se encontraría su familia sin el respaldo de mi dinero. ¿Crees que permitirá que su madre trabaje? ¿O su hermana? ¿O que los malos negocios de su padre sean expuestos?
-¡Eso no te dará su amor! –Ginny se puso de pie.
-¿Amor? –Repitió Draco con incredulidad -¿te parece que es lo que estoy buscando?
Ginny miro a Draco hacia abajo. El color rojo le bajó súbitamente hasta que quedo pálida, por más que quiso mirar a Draco con dureza, la mirada helada de él la descolocaba totalmente.
-Deja que te repita, Ginevra, que soy un hombre de negocios.
-No… -Ginny quiso replicar algo, pero nada más que ese "no" le salió de la boca.
Apenas y podía creer que ese hombre, que la miraba tan fríamente y se expresaba del amor de esa forma, fuera el mismo que había compartido su cama con ella hacia unas noches. Era completamente distinto a la persona que esa noche la había seguido hasta la enfermería con los nervios tan alterados como los de ella y que se la había llevado en brazos hasta su lecho para hacerla suya.
-No… -volvió a decir, sin conseguir hilar otra sílaba.
-No espero tener el amor de Astoria, me basta el respaldo de su padre para mis negocios y un heredero para mi fortuna. Creí que se lo había dejado claro a ella.
Empequeñecida y con las manos aferradas a la orilla del escritorio para que no le temblaran, Ginny cerró los ojos. Al abrirlos, los notó llenos de lágrimas.
-¿Y yo? –murmuró por fin.
-¿Tú? –Draco se levantó y rodeó el escritorio para ponerse a su lado.
Ginny movió la cabeza afirmativamente, se limpió los ojos con una manga y por fin se atrevió a enfrentar la mirada de Draco.
-No lo sé –admitió él con gesto serio.
Por un momento, no hicieron otra cosa que mirarse, los ojos de Ginny estaban llenándose nuevamente de lágrimas, pero esta vez, fue Draco quien las retiro usando sus manos.
-La verdad no sé qué hacer contigo –continuó acariciando el contorno de su rostro –no estabas en el plan… pero me vuelves loco.
Ginny tembló ante el contacto de Draco que ya había llegado a su cuello y estaba acercándose más a ella. Instintivamente, retrocedió un paso y miró fijamente a un Draco que ya tenía el rostro inclinado hacia el de ella.
-No –dijo con la voz más firme que consiguió –Por favor… no te me acerques más. Eres un hombre comprometido.
Draco apretó los puños y le dedicó a Ginny una mirada indescifrable.
-Si no la quieres, por lo menos respétala –la pelirroja continuó mientras tomaba las manos de Draco y las apartaba de sus hombros-. Ella me agrada.
Siguió un momento incómodo y lleno de irrealidad para ambos. Como si ninguno pudiera creer lo que Ginny acababa de decir.
-Yo… -Ginny se restregó las manos en cuanto soltó las de Draco y decidió aprovechar el aplomo que le quedaba para salir del despacho – Yo sólo vine a decirte que se quedará a pasar la noche y mañana al medio día podrás llevarla a casa, creo que deberías avisar a sus padres y pensar en la forma de transportarla porque no podrá aparecerse ni ir por el flu un par de semanas o correrá el riesgo de fracturarse otra vez. Bueno, eso es todo –tuvo que secarse los ojos otra vez -. Buenas tardes.
Ginny dio media vuelta rápidamente y estaba lista para correr de vuelta a la enfermería.
-D&G-
Draco recargó los puños en la puerta a un lado de su cabeza y apretó los ojos. ¿De verdad le había dicho a Ginny que lo volvía loco?
Si, lo había dicho con todas sus letras.
Y aun así, Ginny había logrado rechazarlo. Era tan Gryffindor como la recordaba.
La odiaba. Y a la vez, deseaba repetir aquella noche…
Cuando salía con Astoria, ella apenas y le permitía acercarse, ya no digamos besarla, ¡acercarse! El caso es que Draco ni siquiera lo intentaba con mucha ganas y ya hasta se había acostumbrado al simplón apretón de labios que Astoria le daba como despedida cuando la llevaba a casa. En parte, le aburría incluso el imaginarse llegando más allá con ella.
En cambio, cada vez que veía a la enfermera, tenía ganas de apoderarse de sus labios, de verla sonrojada y con los ojos cerrados escuchar su nombre en medio de sus suspiros. Si bien ahora Ginny también lo rechazaba, Draco no se había cansado aún de acercase; quizá porque el mero hecho de provocarla y ver el brillo que se instalaba en sus ojos cuando su cuerpo despertaba a él y la forma en que ella tenía que esforzarse tanto por reprimirse y seguirse negando a ser la otra, le gustaban también.
Así, como la había dicho, estaba loco por volverse a acercar a Ginny, sin importar cuántas noches le llevara.
-D&G-
-Deja de mirarlos así –murmuró Claire a su lado-. Estas siendo muy obvia.
En cuanto escucho a su amiga, Jill se apresuró a tomar su copa de agua y clavó la mirada en el fondo de esta.
-Eso también es muy obvio –volvió a murmurar Claire con una sonrisa.
-¿De qué crees que estén hablando? -Jill preguntó en voz baja y Claire soltó una risa alocada.
-¿Acaso crees que Estella le está declarando su amor a Alan y llamó a Mafalda para que fuera testigo y enterara al resto del colegio? ¡Jill! ¡Por favor! -Claire dejo de reír apenas para decir esto y volver a comenzar con su risa.
Jill se ruborizó de inmediato. Claire tenía razón ¡Vaya una paranoia tonta! Claro que si Estella quisiera decirle algo romántico a Alan, lo haría lejos de la nariz de Mafalda.
Aun así, no podía quitar sus ojos de la mesa de Slytherin en la que Mafalda, Alan y Estella estaban sentados en un sitio apartado. En realidad, estaban cenando tranquilamente y parecían estar hablando muy poco.
Alex llegó al comedor en esos momentos proveniente de la biblioteca. Le sorprendía ver que sus compañeros se encontraban tan tranquilos considerando la cantidad de pendientes que él tenía. Sonrió sin poder evitarlo cuando la risa cantarina de Claire le llegó a los oídos, se la veía tan contenta que parecía haber olvidado que ese día había planeado ponerse al corriente con sus tareas.
-¿Han sabido algo? -preguntó el chico sentándose frente a Claire y Jill.
-¿Tú también? -Claire le sonrió abiertamente -. Sólo están cenando, si hay algo, ya nos lo dirán más tarde en la sala común.
Jill sonrió a su amiga preguntándose cómo es que ella, habitualmente muy interesada en los chismes que tuvieran que ver son el profesor Malfoy aguardaba tan tranquila las noticias de Alan y Mafalda.
De pronto, en la mesa de Slytherin, Alan y Estella unieron sus cabezas para ver algo que Mafalda les extendía; luego se miraron uno al otro y comenzaron a reírse.
Sintiendo que de pronto el ambiente se tensaba, Alex levantó la vista de su plato recién servido y Claire giró lentamente hacia Jill. Había enrojecido nuevamente, miraba a la mesa de Slytherin tan fijamente que parecía una estatua y sus nudillos se estaban tornando blancos alrededor de su copa.
-Jill... -la llamó Alex nerviosamente.
-Dejademirarlosasí-mascullo Claire.
Jill se obligó a sí misma a desviar la mirada y tuvo que respirar profundo varias veces para que se le bajara el color, un grupo de tercero que iba pasando se le quedo viendo de forma extraña.
-Ya –dijo después de un rato mirando a sus amigos- Ya...
-¡Venga! -Claire volvió a sonreírle -¿Acaso no te ha comprado golosinas hoy? -preguntó queriendo animar a su amiga- No seas tonta, Estella solamente es su amiga...
-¿Te compró golosinas? -Alex puso una cara extrañada pero una leve sonrisa se dibujó en su rostro.
Jill movió la cabeza afirmativamente y también en su cara se asomó una sonrisa.
-¡Vaya! -murmuró Alex sorprendido, luego tomó su copa y la levantó con una sonrisa –Creo que no tienes nada de qué preocuparte, entonces –dijo guiñando un ojo a sus compañeras -. Alan no es del tipo que regala cosas desinteresadamente a las chicas.
-¿Cómo sabes eso? -preguntó Claire divertida, juntando su copa con la de Alex.
-Él es mi mejor amigo, es obvio.
-Gracias –Jill sonrió y levantó su copa también. Frente a ella, Alan estaba de pie mirando a Estella, pero ya no le hizo perder el control: Alan nunca le había regalado dulces a la Slytherin...
-D&G-
En la mesa de Slytherin, Alan y Mafalda fueron a reunirse con Estella, que a pesar de estar casi al centro, tenía una buena distancia con los demás estudiantes. Frente a ella, había fuentes con todos los platillos. Alan se preguntó cómo había logrado tener ese lugar, pero luego recordó el orgullo que les había dado a los de Slytherin volver a tener el premio anual con ellos después de años.
A unos metros de distancia, sus amigas cenaban tranquilamente.
-Buenas noches –saludó la Slytherin extendiendo una mano en señal de que tomaran asiento.
Alan y Mafalda se sentaron frente a ella. Mafalda tenía una sonrisa tonta en el rostro y había un brillo de alegría en sus ojos. Alan pensó que seguramente se debía a lo importante que se sentía en ese sitio despejado de Slytherin, invitada por la premio anual que a su vez, actuaba como realeza.
-Quiero que sepas que tuve que dejar importantes labores pendientes para acudir a tu invitación –dijo Alan con una sonrisa, se ganó un codazo de Mafalda, a quien le pareció absolutamente inapropiado el comentario del chico.
Estella se limitó a asentir –Por favor, tomen lo que gusten. Ya hablaremos después de cenar.
Mafalda espero ceremoniosamente a que Estella tuviera su plato servido para comenzar ella también a comer, Alan por su parte, cenó tan tranquilo como si estuviera en su mesa con sus amigos.
Al principio se intercambiaron pocas palabras, apreciaciones de Alan y Estella sobre el último curso, algo sobre los EXTASIS y una o dos líneas acerca del clima. Mientras tanto, Mafalda estaba en silencio, concentrada en tomar los cubiertos como Breanna le había enseñado a hacer por la tarde.
-¿Y bien? -preguntó Alan mirando finalmente los postres que había frente a ellos -¿Ya nos puedes decir el motivo de tu invitación?
-¡Alan! -le regañó Mafalda, señalando con sus ojos que Estella aún no terminaba su plato.
La joven premio anual les sonrió a ambos.
-Es obvio –dijo con calma dejando los cubiertos sobre el plato-. De Malfoy y la enfermera.
A Mafalda le brillaron los ojos.
-¿De qué se trata? -insistió Alan.
-Astoria no quiere casarse –respondió la Slytherin con su habitual tono controlado.
Alan sonrió hacia Mafalda, ¿habían logrado ahuyentarla con su retorcido plan?
-Estoy dispuesta a colaborar con ustedes para evitar esa boda –siguió Estella—y no voy a acusarles por lo de esta mañana, siempre y cuando, Astoria no vuelva a lastimarse o a quedar humillada.
-¿E-vi-tar la bo-da? -Mafalda repitió lentamente y Alan comenzó a reírse al notar lo mucho que le estaba costando a la niña guardar compostura y quedarse sentada.
-¿Tenemos un trato, entonces?
-Déjame ver si entiendo –dijo Alan mientras se servía una rebanada de pastel de zanahoria –te ayudamos a evitar la boda de Malfoy y a cambio no nos delatas –Estella asintió-, además, nos ayudas a unir a la señorita Weasley y a Malfoy... ¿cuál es el truco?
-¿Truco? -Estella enarcó una ceja.
-Quiero decir, ¿qué ganas tú?
Por toda respuesta, Estella sonrió y le extendió un plato pequeño para que Alan pusiera pastel de zanahoria en el.
-Yo sé por qué –dijo entonces Mafalda, cuando por fin superó su excitación al escuchar a Estella-. Haces esto por la misma razón que yo ¿no es así? Estimas a esa persona, la que esta en la enfermería... quieres que sea feliz.
Estella le sonrió abiertamente a Mafalda y asintió. La niña tenía intuición, había que admitirlo.
Alan dejo el postre a un lado y con la cuchara sobre sus labios paso los ojos de Estella a Mafala en varias ocasiones. Estaban sonriéndose, Mafalda sonrojada pero con los ojos muy brillantes y abiertos de par en par y Estella condescendiente, pero aparentemente, contenta.
-Bueno –dijo todavía con la cuchara sobre su labio inferior -. Creo que entonces sí que tenemos un trato.
-Antes, me preguntaba qué es lo que tienen planeado después de hoy –dijo Estella comenzando su pastel.
-¡Ah! ¡Tenemos otro magnífico plan entre manos! -anunció Alan tomando otra rebanada.
-Aún estoy pensando en eso –dijo Mafalda casi simultáneamente -. Este es el primer acercamiento que tenemos con Astoria Greengras y no sabemos cuándo se repita, así que...
-Si dijera "la próxima semana" ¿Entonces que tendrías? -Estella disparó la pregunta sin miramientos. Hacia tiempo que había observado la conducta de Mafalda y no le parecía que debiera subestimarla solo por ser de primer año.
-¿Vendrá la próxima semana? -interrumpió Alan.
-Slytherin juega quiditch contra Ravenclaw –Estella asintió-. Si es que no la invita Malfoy, lo haré yo.
-Entonces necesitamos un plan ¡Urgente! -Mafalda, que iba vestida con su mejor vestido muggle, rebuscó en su bolsita de mano su libreta, también muggle.
La niña estuvo buscando el señalador en el que había puesto con letras fosforescentes "Astoria Greengras".
-¿Y eso qué es? -Estella preguntó mientras miraba a Alan servirse el tercer pedazo de pastel.
-Mis notas –dijo Mafalda simplemente, luego extendió sobre la mesa su libreta y les mostro a los muchachos las cosas que había escrito sobre Astoria.
Además de las notas de la chica cuando había estado en Hogwarts, Mafalda tenía escritas cosas como "Asombrosamente guapa" "Fracturada" "Desmayada" "Malfoy la carga con cuidado, pero ni siquiera la mira" "No hacen bonita pareja, pero tendrían hijos preciosos". Estella y Alan se miraron uno al otro y comenzaron a reírse sin poder evitarlo. Mafalda era todo un caso.
Alan puso en el plato de la niña una rebanada de pastel porque notó que no había tomado postre y Mafalda empezó a picarlo distraídamente.
-Pero si no podemos perjudicarla de ninguna forma ¿cuál es el objeto de invitarla? -de nuevo, Alan hablaba con la cucharita sobre los labios.
-¡Es básico! -estalló Mafalda entonces- estamos hablando de un matrimonio arreglado ¿no es así? -los mayores afirmaron con la cabeza- entonces debemos provocar un acercamiento entre Malfoy y mi prima, algo que sea evidente ¡que lo pongan los periódicos!
-¡Y el padre de Astoria definitivamente querrá deshacer el compromiso para salvaguardar el honor de su hija! –a Alan le estaban brillando los ojos casi tanto como a Mafalda mientras movía la cuchara hacia adelante muy contento.
Estella, que estaba sentada justo frente a Alan se sacudió las bornitas de pastel que habían saltado hasta ella cuando el chico había movido la cuchara. Su gesto estaba muy serio a diferencia de los Gryffindor.
-Podría funcionar –dijo mirando al vacío, obviamente estaba pensándolo-. Pero hace años que nadie viene a cubrir los partidos escolares de quiditch…
-Creo que puedo resolver eso –murmuró Alan mirando hacia donde estaban sentados Claire, Alex y Jill–aunque habrá que hacer un par de tratos sucios.
-Sé que podríamos fallar –dijo Mafalda a Estella, viendo que la Slytherin seguía estando muy seria, se podría decir que hasta nerviosa sino fuera tan buena en fingir estados de ánimo -. Pero como siempre, los de Gryffindor correremos el riesgo.
-Eso pensé –dejó caer Estella en tono irónico -. Pero creo que yo también voy a correr el riesgo.
El sonido de la copa de Alan cayéndose al suelo y la premura de levantarse antes de ser mojadas distrajo a las chicas.
-¿Correr el riesgo, Vartan? –Alan sonrió burlón -¿tú, en serio?
-Yo –dijo con seguridad la Slytherin. Luego sacó su varita y limpió el líquido derramado antes de volver a ocupar su sitio.
Algo no tan bueno pasó entonces y los ojos de Mafalda refulgieron maliciosos. Porque aunque Estella no lo hubiera notado, Alan estaba mirándola fijamente, muy fijamente, asombrado quizá por su actitud, aunque en opinión de Mafalda, podría ser seducido sin querer.
Después de notar que era el único que se había quedado de pie, Alan sonrió y recuperó su asiento. Instintivamente, miro hacia la mesa de profesores, esa noche no estaban ni Malfoy ni Ginny. El chico sonrió satisfecho cuando vio que Mafalda comenzaba a tomar notas otra vez; ya tenían la idea y las mentes más peligrosas del alumnado, estaban trabajando en ella.
La relación profesor-enfermera, ahora estaba en manos del titán Vartan-Preweet.
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Como pudo, Ginny estuvo todo el día evitando toparse con los ojos de Astoria. Por suerte McGonagall había pensado en enviarle a una elfina para ayudar a la chica a comer y así Ginny había podido quedarse en su habitación, luego había argumentado que había quedado en ayudar a Hagrid con sus calabazas y se había ido a los terrenos casi toda la tarde. Y por último, después de haber cenado en compañía del semi-gigante había vuelto a la enfermería con esperanza de encontrar a la rubia dormida.
No contaba con que Astoria tenía tantas ganas de hablar con ella, como Ginny de evitarla.
-Vaya que ha sido un largo día ¿eh? –la voz de Astoria cortó el silencio apenas Ginny puso un pie en la enfermería.
-Creo que si –Ginny sonrió.
-No me has contado qué dijo Draco –Astoria murmuró -. Del accidente y de quedarme aquí…
-Bueno, es porque no me ha dicho gran cosa a mi –Ginny se sentó en la cama a la izquierda de la de Astoria lista para repetir las frases que había compuesto en su mente a lo largo del día-. Le he dicho que te quedabas y que necesitarías transporte para mañana y solamente me dio las gracias por la atención –mintió-. Pero me he enterado que él y McGonagall buscan responsables por lo ocurrido y que estarán hablando con gente del pueblo…
-Ya –Astoria sonrió -. Creo que tendré que hablar con ellos para que se detengan, gracias.
-¿No quieres encontrar al responsable? –Ginny dudó.
-No me interesa –Astoria hablaba tranquilamente -. Para mañana ya estaré bien y a cambio de sufrir unos minutos, no tuve que pasar todo el día con Draco.
-Pero…
-Fue un accidente. Y no quiero que castiguen a nadie por mi falta de cuidado.
Por toda respuesta, Ginny asintió. Draco y Astoria eran personas tan distintas…
-¿Qué sucede? –preguntó entonces la rubia.
Ginny no respondió, únicamente miró hacia ella.
-Parece que has perdido toda la calma con que se te veía en la mañana –añadió Astoria -¿Hay algún problema?
Por supuesto que lo había, porque si Ginny pudiera pasarse todo el sábado con Draco sin que nadie tuviera objeciones, la pelirroja hubiera odiado alejarse de él y seguramente ella misma hubiera buscado a los responsables de su desgracia. Pero las cosas no eran así y ahora Ginny debía negar con la cabeza y hacer como que todo iba muy normal.
-Es sólo que… no puedo dejar de pensar que prefieres estar aquí, en una cama, con las piernas inmovilizadas, que con tu prometi...
-Ya he explicado que me intimida –cortó Astoria—me faltaba agregar que me es demasiado pesada su presencia…
-¿Y eso?
-Tú sabes, cuando estoy con él debo portarme a la altura de las circunstancias, ser todo lo contrario a mí misma para agradarle y que no se eche atrás en el matrimonio… cuando en realidad es lo que más deseo.
-¿Qué él se eche atrás?
-Bueno, como ya te dije, no importa si yo me niego a casarme porque soy mujer y mi padre decide, pero si encuentro la forma de que sea él quien se retracte…
-Por eso me has contado todo esto –concluyó Ginny parpadeando con incredulidad.
Astoria asintió, su cara revelaba su nerviosismo.
-Es porque sé que eres quien más convive con él –aceptó la rubia—que son amigos.
Ginny solo atino a levantar las cejas, de nuevo, las palabras de Astoria la descolocaban.
-Debe haber alguna forma de que se retracte y tengo hasta julio para encontrarla. Ayúdame –los ojos de Astoria se abrieron casi en suplica.
-Yo… -Ginny balbuceó –en realidad no es que seamos amigos… sólo…
-Él me lo dijo –acotó Astoria-. Que eras la única persona en el castillo con quien podía hablar.
-Eso es diferente que ser amigos…
-¡Venga! –Astoria sonó desesperada- ¿Acaso crees que Draco va por ahí dando abrazos y proclamando que alguien le simpatiza? ¡Eres importante de alguna forma para él! ¡Lo sé! ¡Ayúdame! Sólo puedo recurrir a ti…
Ginny trató de procesar todo aquello sin alterase demasiado. O por lo menos, sin echarse a llorar y disculparse con Astoria por tantos engaños de su parte.
-Yo…
-Di que si me ayudas.
-Yo… eh… sí.
-D&G-
Noviembre estaba pareciéndole a la pelirroja en verdad un mes malo. Esa noche tampoco pudo dormir pensando si el hecho de que Draco desistiera le traería a ella algún beneficio. Después de todo, él había hablado claramente en días anteriores: aún si no fuera un hombre comprometido, era un hombre de negocios, un Malfoy; y ella, era Weasley. Y Malfoy y Weasley no formaban parejas. Así sin más.
Además quedaba el hecho de que las cosas no serían como "Draco, por favor desiste de tu matrimonio" Y Draco "oh, ¡sí!" ¿En qué lío acababa de meterse?
La enfermera Weasley ni se imaginaba que no era la única con insomnio. Pero más allá, al final del corredor, Draco también permanecía despierto y hecho un lío con las sábanas, pensando que si Astoria no estuviera en la enfermería, ya se hubiera dejado de tanta palabrería y habría cruzado la puerta con la lámpara de alcohol en la mano para ir a perturbar los sentidos de Ginny y llenar los suyos con ella…
¡Merlín! ¡Cómo le estaba haciendo falta tocarla!
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¿Les ha gustado?
Miren que lo he escrito en tiempo record y he estado todo el rato cuidando que nadie me descubriera: Esta semana llegaron a la clínica un montón de formatos administrativos que debían llenarse para hoy ¡eran absolutamente tediosos! Pero bueno, me enviaron con ellos a trabajar a la biblioteca y con mis audífonos, mi música y paciencia ¡terminé antes de darme cuenta! ;) y como me habían dado toda la semana para hacerlo, bueno, decidí seguir ocupando la biblioteca el día de hoy y por fortuna, la inspiración quiso venir. Lo bueno es que como es viernes la biblioteca de la Unidad no es un sitio muy frecuentado ¡No quiero ni pensar lo que hubiera pasado si me descubrían escribiendo fanfics ahí! xD
Aunque no había conexión a internet y he tenido que esperar hasta llegar a casa para corregirlo y poderlo subir… En fin ¡misión cumplida!
Agradezco a todas las que continúan aguardando por esta actualización, espero que haya valido la pena =).
Un abrazo a todas mis niñas!
¡Oh! Y como ya no estará Astoria en la enfermería al fin habrá más Draco en el siguiente capítulo, no se lo pierdan!
muminSarita :D
