¡Al fin de vuelta! ;) ¡A qué me extrañaron! xD

Pero tenía que estudiar, bueno, aún tengo que… pero ya estaba muy avanzado el capítulo así que me obligué a darme el tiempo de corregirlo y escribirle un final

:D

Muchas, muchas gracias a: The darkness princess (claro que Ginny está en una situación incómoda, pero a la vez es conveniente xD ¿no crees? Digo, la propia prometida de Draco es quien quiere que le ayude a alejarlo), SkyC (Bienvenida a la historia! ;) Draco es todo un hombre de negocios, pero ¿será que mis niños y una enfermera muy profesional puedan contra eso? xD), ClAu-22 (prometo hacerme un tiempo para leer tu fic próximamente, en serio), Lilu'u Malfoy (Alan está inspirado en uno de mis primos xD, me alegra ver que muchas fans del Lilius están acercándose al Draco-Ginny, quienes siempre serán mis favoritos), V. WASMALTHER (Créeme, a Draco le falta enloquecer mucho más aún xD), Misha (espero no quedarte a deber xD porque me gusta que notes esos detallitos) , Carola (A ver ¿qué harían su tú no me jalases las orejas para que me apurase? xD siempre será grato contar con tu apoyo, de verdad) , brinitonks (No te angusties, Mafalda y yo tenemos un buen plan), Lynette P. Broderick (¡Felicidades por haberlo logrado! Y no te preocupes, algo bueno viene tanto para Ginny como Astoria), Cassandra Malfoy (¡Quiero compartir tú felicidad!,ania. coug (siii, ya actualicé xD),

¡Para todas, TODAS las que siguen esta historia!

De verdad, espero que disfruten mucho del nuevo capítulo.

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Capítulo 14. Exactis Ventrem

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Elizabeth y Lynnette Vande, eran gemelas, cursaban su quinto año, pertenecían a la casa Huplepuff y su clase favorita (o más bien la única que les gustaba) era Cuidado de Criaturas Mágicas, con Hagrid.

Una de las razones por las que les gustaba pasar el tiempo con el guardabosques era el hecho de sentirse comprendidas por alguien en el colegio. A pesar de que lo habían intentado con toda su energía, nunca lograban que su torpeza pasara desapercibida, ya fuera que alguna tropezara, o que algo estallara cerca de ellas, incluso los cuadros del colegio temían su paso a veces. En resumen, eran un desastre andante y al doble, pero habían encontrado en Hagrid a un buen amigo y alguien que podía ayudarlas a bajar de los árboles y techos... por si hacía falta.

A pesar de lo famosas que eran en el colegio por la magia inesperada que su paso invocaba, nunca habían sido populares entre los chicos ¡Y Merlín, cómo deseaban serlo! No era que les gustara algún chico en especial, era que ellas nunca le habían gustado a nadie y eso, cuando se tienen quince años es algo de lo que preocuparse.

Es fácil adivinar, que sus intentos para ser más atractivas, también fueron un desastre. Tuvieron que descubrir de la forma más desagradable que eran alérgicas a las fresas; cuando compraron brillo de labios de ese sabor y solo consiguieron llenarse la boca de eritemas. No es que no fueran bonitas, era el peligro que representaban para quien estuviera cerca.

Por eso, cuando ese chico tan guapo de séptimo de Gryffindor cuyo nombre no conocían porque nunca habían hablado con él, se sentó en su misma mesa de la biblioteca la mañana de un domingo (mientras miraban un libro sobre animales mágicos extintos), ambas sabían que era para pedirles algo. Podrían haberse ofendido con el chico y marcharse, ¿pero cuándo iban a repetir aquella oportunidad de pedirle a algún chico eso que tanto querían a cambio de lo que fuera que él chico quisiera?

-Hola –les saludo Alan amigablemente –no nos habíamos presentado antes pero soy Alan Reynard.

-Mucho gusto, Alan Reynard—respondieron al unísono, vigilando que la señora Pince no fuera a escucharlas.

-Ustedes son las famosas gemelas Vande ¡vaya! -Alan les dejó ver su bonita sonrisa, esa que hacía ver sus labios más gruesos y que siempre le había funcionado tan bien.

-No necesitas usar ningún truco –sonrió Elizabeth, la que se peinaba hacia la izquierda.

-Ya sabemos que vienes a pedirnos algo –completó Lynnette, la del peinado a la derecha.

Alan mantuvo sus sonrisa, pero ya no supo que más decir.

-Sólo dinos qué es –sonrió Elizabeth.

-Probablemente diremos que sí- volvió a completar Lynnette.

Alan se inclinó sobre la mesa para mirarlas más de cerca.

-El partido de quiditch del sábado, necesito que algún reportero lo cubra y sé que toda su familia trabaja para el profeta, así que...

Las hermanas se miraron una a la otra y Alan se alarmó al ver que sus sonrisas se perdían.

-¡Pero juega Slytherin contra Ravenclaw! -protestó Elizabeth -¡Y tú eres de Gryffindor!

-¡Sí! ¿Por qué te interesaría que alguien lo cubriera?

-Porque eventos interesantes sucederán –Alan también se puso serio –en las gradas...

-Quieres un reportero de espectáculos –razonó Lynnette.

-¿Esto es para ese asunto de la enfermera y el profesor Malfoy? -preguntó su hermana.

-¿Qué saben de eso? -Alan seguía inclinado hacia adelante sobre la mesa.

-Lo que oímos en los pasillos –el tono que usó Lynnette fue indiferente – que tienen una relación "secreta" y muy difícil y que cada vez que algo malo les sucede, alguien tiene examen de pociones.

-No es que nos interese –completó Elizabeth- de todas formas, nunca hemos podido tener buenas notas. La señorita Weasley nos cae bien y el profesor Malfoy es muy guapo pero... -se encogió de hombros y miró hacia su hermana que simplemente asintió.

-No les interesa –murmuró Alan reflexionando- pero ya habían dicho que me ayudarían ¿no es así?

Ambas asintieron en dirección al chico, luego intercambiaron miradas satisfechas entre ellas.

-Veremos qué podemos hacer –dijo Elizabeth.

-Pero pediremos mucho a cambio –completó su hermana.

Alan apoyó los codos sobre la mesa y recargó la barbilla sobre sus nudillos.

-Señoritas –dijo fingiendo seriedad -, negociemos, pues.

-D&G-

-¡Eres brillante, Kath! -elogió Mafalda a su amiga- No se me hubiera ocurrido ¡pero fue un excelente método para informarnos y ahora...

-¡No lo hice por eso! -protestó la pequeña Gryffindor- La visité porque me dio lastima por todo lo que le hicimos.

-¿De verdad? -Breanna sonrió de medio lado- ¿No tenías ni un poco de curiosidad por saber cómo era realmente?

Kathleen se sonrojó ¡ella no era como Mafalda!

-Bueno –dudó –en parte quería saber si era una persona agradable, es cierto, pero también quería comprobar que no le habíamos hecho demasiado daño.

Breanna y Mafalda se miraron una a la otra y se sonrieron con complicidad.

-Te creemos –dijo Mafalda- claro que sí. Pero no por eso dejamos de notar lo benéfico de tu acción.

Las tres niñas estaban sentadas en la escalera de mármol del vestíbulo, era domingo en la tarde y habiendo terminado sus deberes, les hubiera gustado pasarlo fuera, pero estaba cayendo una tormenta, así que se mantuvieron recluidas.

Se quedaron calladas unos instantes viendo hacia la gran puerta de roble.

-¿Se ha ido ya? -preguntó Breanna.

-Desde el medio día –informó Mafalda –su hermana vino en un carruaje por ella. ¿Dónde estabas, por cierto?

-En mi sala común –Breanna se encogió de hombros-, hubo sesión de estudio.

-¿En domingo?

-Sobre todo aprovechamos los domingos.

-¡Qué aburridos! -se quejó Mafalda y la Ravenclaw se rió.

-Ella es linda –dijo entonces Kathleen –y realmente amable, me siento mal todavía por lo que le hicimos.

-Bueno, tal vez exageramos un poco –dijo Mafalda queriendo tranquilizarla –pero, hoy salió caminando y todo. Ginny la atendió maravillosamente.

-Lo sé –suspiró la pequeña rubia.

-Además ya te he dicho que resultó que le hacíamos un favor ya que ella quería venir a hablar con Ginny.

-Ya, pero pudimos haberla dañado gravemente...

-Y fue grave, de hecho –acotó Breanna –cuando llegó, había perdido el conocimiento.

-¡Oh, bueno! -Mafalda bufó –pero no es momento de arrepentirse, lo hecho, hecho. Ahora debemos prepararnos para el próximo fin de semana –los pequeños ojos de miel de Kathleen se clavaron en ella –tranquila Kath, no habrá daño físico esta vez.

-Alan y tú andan muy misteriosos –observó Breanna -¿Cuándo nos dirán lo que tienen entre manos?

-Bueno, es que este plan no tendrá razón de ser si Alan no consigue... pues... lo que fue a conseguir.

Kath miró a la pelirroja con miedo y Breanna con una ceja levantada, sólo tenían una semana para planear lo que estuvieran planeando y a los demás solo les habían dicho que se prepararan. ¿Pero, para qué exactamente? No lo sabían.

-¡Es más! Vayamos a buscarlo a ver qué tal va –propuso Mafalda obligándose a no revelar nada antes de tiempo, cosa en serio difícil considerando su carácter "comunicativo" pero no quería que Estella se enojaran con ella, era la chica más inteligente y popular del colegio y Mafalda quería que la vieran con ella ¡Claro que si!

Algo pasó mientras se ponían de pie: el profesor Malfoy cruzó el vestíbulo a toda velocidad; llevaba los puños apretados y el cabello levente desordenado. Estaba furioso, era obvio, tanto que una mirada de milésimas de segundo las dejó heladas.

-Creo que ya no iremos a buscar a Alan ¿verdad? -Breanna preguntó tímidamente.

-No –dijo Kathleen con una nota de temor.

Mafalda tenía la cara roja y la boca apretada. No podía creer que la tranquilidad hubiera durado tan poco.

-Breanna –murmuró –ve a tu sala común por tus notas. Te veremos en la biblioteca.

-Si... bien.

-Antes del asunto del fin de semana, tenemos un examen que preparar –concluyó la pelirroja, miró a Kathleen significativamente y se fueron a buscar sus notas de pociones.

-D&G-

-¿Acaso perdiste el juicio? -protestó Alexander -¡No puedo hacer eso!

-¿Por qué no? -Alan se mantuvo tranquilo –será sólo un rato, ya sabes... café, unas galletas... luego las dejamos con sus amigos y ya. ¡Venga!

Ambos se encontraban jugando a los naipes explosivos en un rincón de la sala común de Gryffindor, fuera estaba lloviendo y el lugar estaba abarrotado de estudiantes que habían terminado los deberes y ahora se dedicaban al ocio.

-No puedo –dijo Alex obstinadamente.

-¡Oh! ¡Deberías agradecerme el que te consiga citas! -protestó Alan.

La baraja completa explotó en ese instante y ambos chicos se cubrieron el rostro. Luego, cuando Alex volvió a mirar a su amigo, le hizo sentir fulminado.

-¿Con las gemelas Vande? -rugió Alex -¿Acaso me quieres muerto?

Alan se echó a reír.

-Estoy seguro de que no puede ser tan malo...

Alex cogió a su compañero del cuello de su playera de polo.

-¿No puede ser tan malo? ¿No puede ser tan malo? -gruñó fuera de sí -¡Esas chicas son un desastre! ¿Sabes cuántas veces han quemado sus camas solo en este año? ¿Y tú me ofreciste a mí? ¿A mí? ¿En un cita doble con ellas y tú?

-Bueno... si lo pones así...

-¡Al menos me podrías haber preguntado!

-¡Pero lo hice! ¿Recuerdas? Te pregunte si seguías dispuesto a ayudarnos con lo de Malfoy y...

-¡No sabía que se trataba de esto! -Alex seguía zarandeando a su amigo contra la pared de la sala común, algunos les miraron con curiosidad, pero luego volvieron a sus propios juegos.

-¡Pero ya está! -Alan trató de zafarse, pero acababa de descubrir que Alex, ese chico serio y estudioso, era en realidad muy fuerte –No sería de caballeros echarse atrás...

-¡Tampoco es de caballeros lo que has hecho!

-¿Por qué no? -la voz de Alan era de fingida inocencia –Solo le ofrecí nuestra compañía a dos señoritas solitarias ¡Fue un gesto más que caballeroso!

-¿Y nunca te habías preguntado por qué son tan solitarias? -Alex se cansó de zarandear a Alan contra la pared y lo soltó dándole la espalda, luego hizo un pequeño berrinche, dio unos cuantos puñetazos al aire y finalmente volvió a girarse con expresión cansada -¿Cuándo será?

Alan se quedó mirando a su compañero y amigo por un momento, luego abrió su sonrisa.

-Bueno, la próxima salida a Hogsmade será hasta diciembre, un poco antes de la navidad.

Alex emitió un bufido.

-¿Ya pensaste en lo que dirá Jill cuando se entere que invitaste a alguien más a Hogsmade?

Alan se encogió de hombros.

-Un paso a la vez, mi amigo –dijo con calma, sin estar aún del todo consiente del lío en que acababa de comprometerse.

-D&G-

Ajena al mundo más allá de la puerta, Ginny permanecía sentada sobre su escritorio, tenía la mirada perdida hacia la ventana y las manos sobre su regazo, desde que Astoria se había marchado y ella había vuelto sola a la enfermería, se había sentado ahí, de vez en cuando balanceaba sus piernas o emitía algún suspiro, por lo demás, no se había movido.

Había llegado al punto en el que no sabía si debía pensar en Astoria o en sí misma, o en Draco, o en sí misma con Draco… Había intentado dejar la cabeza en blanco y descansar ya que no había dormido nada, pero su mente estaba demasiado inquieta.

Sintió un escalofrío que le erizó la piel en los brazos y solo entonces se percató de que la temperatura había descendido y de que fuera estaba lloviendo y aún después, tuvo una lucha interna para animarse a bajar del escritorio e ir a buscar algo con qué abrigarse.

Como si su mente, necesitada de algo en que ocuparse lo hubiera invocado, alguien llamó a la puerta de la enfermería y la sacó de todo aquel suplicio psicológico.

Al abrir la puerta, Ginny se encontró con un chico muy alto, casi tanto como Draco, según su apreciación, llevaba puesto el suéter de quiditch de Slytherin y encima una túnica negro noche, tenía el cabello quebrado y revuelto, rubio acanelado y ojos azules, sus facciones eran cuadradas y masculinas, Ginny lo había visto por la escuela, pero no recordaba que hubiera sido su paciente nunca.

-Buenas tardes –saludó él con expresión seria, a pesar de lo controlado de su voz, Ginny notó un fino sudor sobre su frente que la puso enseguida en alerta.

-Buenas tardes –respondió haciéndose a un lado para que el muchacho pasara -¿En qué puedo ayudarte?

El chico entró a la enfermería todavía con la expresión seria y se sentó en la primera cama ante la atenta mirada de Ginny, apenas la puerta de la enfermería se hubo cerrado, él descompuso totalmente su expresión, se dejó caer hacia un lado de la cama y se llevó las manos a la boca del estómago.

-Por favor... -murmuró levantándose el suéter de quiditch.

Ginny encendió la lámpara que estaba junto a la cama y se asustó cuando se fijó en la causa del dolor. En medio del abdomen, el chico tenía una mancha negruzca de bordes violáceos que parecía que fuera a escaparse de dentro de él en cualquier momento.

-¿Quién fue? -preguntó alterada pero sin perder tiempo en ir a buscar las pociones que ocuparía.

El chico no le respondió, se limitó a apretar los ojos y negar con la cabeza.

Ginny le extendió una poción para el dolor y el chico se la bebió de un trago, no se sintió mejor pero el dolor aminoró lo suficiente para que él abriera los ojos y aceptara la ayuda de Ginny para subirse a la cama por completo, en cuanto pudo, se encogió en posición fetal.

-Si... -dijo Ginny- irá haciendo efecto lentamente.

-Ajá –la voz del chico fue apenas un cuchicheo.

-¿Cuál es tu nombre?

-Kendrick –dijo con dificultad y ahogó un quejido para agregar:- Capewell.

-Bien, Kendrick, cuando el dolor disminuya, avísame ¿quieres? Necesito revisarte.

-Esta..., au..., mentando –soltó Kendrick con un hilo de voz.

Ginny acercó una mano al abdomen del muchacho y notó que esa cosa, lo que fuera, emitía calor. Era obviamente, el producto de una maldición.

-¿Quién fue? -volvió a preguntar mientras el muchacho se tomaba otra poción.

No obtuvo ninguna respuesta de parte del chico, pero notó que la expresión en su rostro se relajaba un poco, despegó la barbilla de su pecho y le miró fijamente, en sus azules ojos, Ginny vio lágrimas contenidas. A pesar de ser Slytherin, el muchacho le pareció valiente solamente por resistir aquello.

-Voy a necesitar que te cambies para poder revisarte–dijo con calma viendo que la segunda poción iba haciendo su efecto.

Kendrick movió la cabeza para afirmar y Ginny le extendió una bata. El dolor había menguado lo suficiente para permitirle moverse, pero todavía se le notaba febril. Además, esa cosa en su abdomen de verdad que no lucía bien. Mientras él se sacaba el suéter de quiditch, Ginny salió corriendo de la enfermería.

Sin miramientos, la enfermera aporreó unos segundos la puerta del despacho de Draco hasta que este apareció frente a ella, visiblemente molesto.

-¿Qué? -espetó sin más -¿Por qué tocas así?

-¡Hay algo que tienes que ver! -dijo Ginny firmemente -¡Atacaron a alguien!

Dicho lo último, Ginny dio la vuelta y volvió a la enfermería tan rápido como se había ido, en ella, Kendrick casi había terminado de cambiarse. No pasó mucho para que Draco reaccionara y fuera detrás de ella.

Draco y Ginny aguardaron mientras el chico botaba su ropa sin orden alguno y luego se metía bajo la sábana para volver a la posición de gatillo.

-Esta es para la fiebre –dijo la enfermera extendiéndole otra poción.

Draco observó la escena sin participar en ella, se dio cuenta de que Ginny hacía un esfuerzo por estabilizar al muchacho y decidió aguardar por las explicaciones.

Usando su varita, Ginny invocó una palangana y varias toallas, las cuales se apresuró a mojar para ponérselas al muchacho sobre la frente y los brazos. Dio un respingo cuando de un momento a otro Kendrick le arrebató la palangana e inclinó la cabeza dentro, estuvo escupiendo algo de un horrible tono violeta, igual al que se veía en su abdomen.

Draco hizo una mueca de disgusto hacía él y luego puso sus ojos en Ginny que ya se había recuperado de la sorpresa y se había ido a sacar cosas de su vitrina.

-Alguien le lanzó una maldición –dijo Ginny simplemente a la mirada interrogante de Draco-. Estoy pensando en exactis ventrem… saca-entrañas.

El rubio devolvió la mirada al estudiante, quien había logrado sentarse pero permanecía encogido sobre sí mismo, había puesto la palangana a un lado y había devuelto las manos a su abdomen.

Ginny le extendió una toalla para que se limpiara el rostro y luego lo instó a recostarse, con cuidado, le tapó con la sabana las piernas y levantó la bata para que Draco pudiera ver la mancha en su abdomen.

-¡Carajo! -murmuró Draco cuando lo vio, instintivamente devolvió sus ojos a Ginny.

Había una expresión aterrada en sus grises ojos. Hacía mucho que no veía efectos de maldiciones. Ginny ni siquiera le miró.

La pelirroja estaba ahora concentrada en su paciente, tomó y registro su pulso y luego palpó con cuidado el abdomen del muchacho, aún estaba caliente.

Draco vio al Slytherin ahogar un par de gritos mientras la experta mano de Ginny tomaba su varita y murmuraba hechizos que Draco no conocía, pasaron muchos minutos, pero al final la mancha se fue tornando clara hasta que su centro se volvió violeta y sus bordes verduscos mientras Kendrick iba relajándose, muy poco a poco.

-¿Capewell? -Draco preguntó viendo que Ginny daba por terminada su labor luego de un rato y que su estudiante tenía mejor aspecto, no bueno, pero si mejor que hacía unos minutos -¿Qué fue lo que pasó?

-Un accidente... -murmuró el chico débilmente y sin mirar a Draco.

-¡Capewell, demonios! -espetó Draco- Las maldiciones no se lanzan por accidente, así que ¿Quién fue?

Mientras tanto, la enfermera invocó otra palangana y más toallas y volvió a su labor de refrescar al muchacho.

-Vamos tener que avisarle a McGonagall –dijo la pelirroja seriamente – Y a Quentin.

Adana Quentin era la profesora de Defensa contras las Artes Oscuras, una auror retirada; la primera que había logrado impartir la materia por segundo y año luego de la guerra.

-Lo sé –Draco la miró impasible -. ¿Estará bien?

-Lo estará –Ginny miró al chico mientras le cambiaba la toalla de la frente, todavía se le notaba enfermo, pero ya no estaba en peligro -. Va a necesitar unos días y muchos cuidados, pero sí. Estará bien.

-Voy por McGonagall y Quentin entonces –anunció Draco y luego salió de la enfermería.

-¿Kendrick? -Ginny le llamó suavemente, el chico apenas y abrió los ojos-. ¿Estás mejor?

-Sí.

-Muy bien, cuando venga la directora querrá hacerte algunas preguntas, pero luego te daré algo para dormir ¿de acuerdo? -Kendrick asintió – en unos días vas a estar bien. Aun así, fue muy grave lo que pasó, un rato más y habría tenido que enviarte a San Mungo... con la tripa expuesta ¿estás consiente de eso?

Kendrick volvió a asentir.

-Alguien puso tu vida en peligro –murmuró Ginny.

-Ya –el chico estaba disfónico.

-Me inquieta que no quieras decirnos quien...

Kendrick suspiro antes de volverse a llevar las manos al abdomen, ya no dolía tanto y había dejado de sentir el tortuoso y abrazador calor dentro aunque sabía que ese remanente de maldición lo iba a mantener unos días en esa cama, se sintió muy agradecido.

-D&G-

Unos minutos más tarde la directora del colegio, junto a la profesora Quentin, apareció en la puerta de la enfermería junto al profesor de pociones.

-Buenas tardes –saludó a Ginny.

-Buenas tardes, profesoras.

-Joven Capewell –la directora se dirigió al chico quien solamente asintió – el profesor Malfoy dice que ha sido víctima de la maldición "saca-entrañas"

El chico no respondió, la directora pasó sus ojos a Ginny quien movió la cabeza afirmativamente.

-Ya está fuera de peligro –agregó la enfermera –pero...

-¡Ha sido demasiado! -le interrumpió Draco -¡Ha puesto en peligro real su vida! ¡Capewell! ¡Necesitamos que nos digas quién fue el culpable!

El muchacho negó con la cabeza.

-Tal vez, mañana, cuando se sienta mejor quiera decirnos – Ginny se dirigió a la directora –creo que por hoy ha tenido suficiente. Aun así, creo que habría que vigilar a los demás estudiantes, esta no es una maldición ordinaria y el hecho, es que no cualquiera es capaz de ejecutarla... y que quien haya sido, está libre.

-¡No lo estaría si nos dijera quien fue! -gruñó Draco.

McGonagall pareció meditarlo.

Quentin por su parte, permaneció impasible ante la escena, la antes auror siempre le había parecido profundamente misteriosa a Ginny, raramente la veía en los pasillos y no solía recibir estudiantes de su clase ya que ella misma atendía las heridas que se llegaban a presentar, pero seguramente tenía más experiencia que la enfermera en ese tipo de maldiciones, así que Ginny quería saber su opinión.

-¿Había evolucionado mucho? –Preguntó McGonagall a Ginny -¿Pudo ser en Hogsmade? Ayer los estudiantes visitaron el pueblo.

Ginny se cruzó de brazos y también lo pensó.

-No –dijo finalmente –los bordes eran violáceos cuando llegó, a lo máximo tenía unas ocho horas.

Los cuatro adultos se miraron unos a otros. Ginny siguió esperando a que Quentin tuviera algo que decir, pero la vieja auror se mantuvo con los brazos cruzados junto a Kendrick.

-Así que quien haya sido, está en Hogwarts –Draco rompió el silencio.

Ginny asintió mordiéndose los labios, no lo había pensado así.

-Profesor Malfoy –dijo la directora muy seria- Hágame el favor de reunir a los profesores y a los prefectos fuera de mi despacho, vamos a tener que hablar sobre esto con ellos.

Draco asintió y salió de inmediato de la enfermería.

-Descanse, joven Capewell –añadió McGonagall –espero que mañana este más dispuesto a cooperar con la seguridad de todos. Señorita Weasley, con su permiso.

La profesora Quentin hizo un amago de marcharse tras McGonagall pero luego volvió sobre sus pasos.

-¿Weasley, verdad? –dijo con voz ronca y pesada.

Ginny movió la cabeza afirmativamente.

-Ronald fue mi pupilo hace unos años –dijo con una sonrisa irregular la mujer -. Tenía la idea de que serías un poco mostrenca, como él, pero creo que me equivoqué… eres una buena enfermera. No muchas personas tienen la fuerza suficiente para que sus varitas detengan esta maldición.

Una pequeña sonrisa apareció entonces en el rostro de la pelirroja.

-¡Ah! ¡Ronald! ¡Ronald! –añadió la profesora y sus oscuros ojos parecieron soñadores-. A pesar de todo alegró mis últimos días como auror con su cabezonería… en fin. Creo que desde ahora, también te confiaré a los accidentados de mi clase.

En esos momentos Kendrick resopló cansado, con lo que recuperó la atención de Ginny.

-Y no se preocupen, ambos. ¡Llegaremos al fondo de esto! –aseguró levantando sus índices y saliendo de la enfermería con un paso sorprendentemente ágil para la edad que denotaba su acartonada piel.

-D&G-

"¿Por qué?"

Draco envió el recado a los prefectos por medio de los mensajeros más rápidos que había en el castillo: los cuadros y los fantasmas. En menos de cinco minutos, todos los prefectos y profesores de Hogwarts habían recibido el mensaje.

Resultaba muy irónico que de hecho, la mayor preocupación de Draco en esos momentos no fueran los estudiantes quienes finalmente, estarían a salvo en sus salas comunes. En cambio, sí había un sitio accesible en el castillo, y él mismo lo había comprobado varias noches, era la siempre abierta enfermería del colegio. Más tarde tendría que pensar la forma de vigilar la seguridad de Ginny.

Mientras se dirigía a la reunión que la directora había convocado, se dio cuenta de que estaba pensando solamente en ella: esa chica que atendía con diligencia a todo aquel que la requería, y que en serio debía reconocer, era muy buena en su trabajo.

Tan solo esa mañana, había visto a su prometida marcharse caminando como si un día antes no hubiera tenido fracturadas las piernas y hacía unos minutos, había visto a Ginny prodigar su magia y sus cuidados a un muchacho cuya vida había dejado de estar en peligro gracias a ella. Draco siempre había sido muy juicioso y selectivo con respecto a las personas y aun así, Ginny se iba ganando su admiración.

Así que no sólo era una mujer sensual, también era una excelente enfermera, de alguna forma, eso perturbaba a Draco, entre más pensaba en ella, más preocupado se sentía de que hubiera algún loco lanzando maldiciones en el castillo y más ganas tenía de ir a felicitarla por su trabajo y no dejarla escapar de sus brazos, ya que ¿dónde podría tenerla más segura si no?

Sus brazos, se sentían todavía cansados luego de haber llevado a Astoria entre ellos de Hogsmade al castillo el día anterior y pensar que todavía no cogía al responsable de la humillación de su prometida y ya tenía que buscar a otro. Aunque era raro en esos días que hubiese dos heridos en días consecutivos, Draco estuvo seguro de que se trataba de cosas distintas, con Astoria se había tratado de hechizos simples llevados en el orden correcto para que diera mal espectáculo; pero con Capewell era obvia la intención de lastimarlo. Entonces a Draco se le ocurrió, fue un flashazo surgido de pensar en Astoria y en el chico Capewell al mismo tiempo.

Ese día, había habido extraños en Hogwarts: la hermana y un amigo de Astoria habían ido a recogerla. ¿Habrían sido ellos? ¿Hacía cuántas horas que Ginny había calculado el ataque?

"¡Carajo!"

-D&G-

Cuando la señora Pince echó de la enfermería a todos los estudiantes urgiéndoles a irse a sus salas comunes, y Mafalda notó el nerviosismo en los cuadros del pasillo, supo que algo malo estaba pasando, se despidió de Breanna y tomó a la asustada Kathleen para llevarla de vuelta a la sala común de Gryffindor. Cuando entraron, Jill, Alex y los demás prefectos estaban bajando a toda prisa las escaleras de los dormitorios, se habían puesto la túnica del colegio sobre la ropa muggle que todos llevaban ese día y sin decir una palabra, salieron corriendo de la sala común. Hacia unos minutos, la dama Gorda les había informado que los prefectos eran requeridos en el despacho de la directora urgentemente y que no iba a permitirle la salida a nadie más hasta que se esclarecieran las cosas. No había dicho nada más y eso había llevado a la inquietud general. Los estudiantes, inicialmente resguardados por la tormenta, intercambiaban miradas nerviosas al tiempo que cerraban los libros.

-¡Basta, por favor! -Alan acababa de subirse a un banco y hablaba lo más fuerte que podía -¡Somos Gryffindor y debemos portarnos a la altura! -miró severamente a un par de chicos de primero -¡Y ni siquiera sabemos lo que está pasando afuera! Cuando los prefectos regresen, ya nos dirán ellos lo que sucede. Hasta entonces, no hay razón para dejar lo que estábamos haciendo ¡venga!

Kathleen y Mafalda se acercaron a él y procuraron calmarse lo suficiente para abrir sus libros de pociones. Hasta que la idea vino a Mafalda.

-¡Entonces no es que vaya a haber examen! ¡No tiene nada que ver con Ginny! -concluyó –Malfoy estaba furioso porque algo malo pasó...

-¿Y se supone que eso es mejor? -preguntó alguien detrás de ella.

-Bueno...

-No. No lo es –la defendió Alan –pero es obvio que esto ya no tiene sentido ¿no? -cerró su libro y se puso de pie.

A su alrededor, todo mundo comenzó a cerrar libros y cuadernos para mirar al chico fijamente.

-Vámonos de aquí, niñas –dijo sonriéndoles amablemente a las de primero –tengo dulces de Hogsmade en mi habitación ¿qué dicen?

Lentamente y visiblemente nerviosas, las de primero siguieron a Alan escalera arriba. La sala común de Gryffindor hirvió detrás de ellas, algunos se pusieron a hablar y cuchichear, otros corrieron a buscar las varitas y otros, más templados, no encontraron razones para dejar de estudiar, en vista de que les esperaba un largo encierro.

De nuevo, el tranquilo día de pendientes y juegos de los de Gryffindor había dado un giro entero, ese no había sido un domingo cualquiera.

-D&G-

La directora McGonagall fue tajante en las indicaciones que dio a sus profesores y prefectos; mientras que unos llevaban a cabo la búsqueda de extraños dentro del castillo, los segundos debían vigilar por la seguridad de sus compañeros de casa. Nadie tenía autorizado abandonar las salas comunes lo que quedaba del domingo y al día siguiente, los estudiantes debían ir en grupos grandes y vigilados por sus prefectos al comedor y a sus clases hasta que descubrieran a la persona que podía llevar a cabo magia tan avanzada.

En cuanto la reunión se dio por terminada, Draco se dirigió a la enfermería, donde Kendrick yacía profundamente sedado por las pociones que Ginny le había dado para el dolor. Sentada a su lado, ella parecía vigilarle el sueño con la varita entre las manos sobre su regazo.

-No deberías estar aquí –murmuró Ginny en cuanto notó la presencia de Draco.

-No puedo dejarte sola sabiendo que alguien que lanza estas maldiciones anda por ahí.

Ginny dejó escapar una risa burlona, logrando que Draco se irritara.

-¿Se supone que tú me protegerías en dado caso? –preguntó la pelirroja en tono irónico, a pesar de eso, sus ojos no se apartaron de su paciente.

Draco no contestó, no sabía que le molestaba más: el tono de Ginny o el hecho de que no lo estuviera mirando mientras le hablaba.

-Perdona, Draco –agregó Ginny en un tono menos irónico -. Pero de lo poco que recuerdo de ti en tus años de estudiante es que te aterrorizaba la varita de Hermione, entre otras muchas. Y yo sé defenderme muy bien, así que aunque agradezco tu preocupación… -se encogió de hombros.

-No seas terca –respondió Draco –Capewell necesita estar muy vigilado, si algo sucediera, te verías en un apuro.

-No va suceder nada. Porque yo soy quien está aquí.

-Aun así, me quedo.

-Supongo que no puedo evitarlo si lo tienes decidido.

-Error –remarcó Draco acercando una silla para sentarse junto a ella-. No puedes hacerlo, porque no quieres…

Ginny se sonrojó, si no supiera por experiencia que durante las primeras horas de recuperación el remanente de maldición podía exacerbarse nuevamente y que no debía apartar sus ojos de Kendrick por si llegaba a suceder, hubiera querido mirar a Draco severamente y pedirle otra vez que dejara de jugar con ella.

Pero no podía apartar los ojos de Kendrick y Draco parecía muy consciente de ello cuando recargó la cabeza en su hombro y la sedosa textura de sus largos cabellos plateados fue a dar al cuello de ella mientras él murmuraba no-se-enteró-qué pues su atención estaba otra vez en la respiración que de pronto se le agitaba al muchacho en la cama.

Y Draco se quedó un largo rato viéndola trabajar, admirando su pequeña figura empuñar la varita para verter una poderosísima magia en el estudiante que se volvía a sumergir en un pesado sueño. Hacia unas noches, cuando su cansado cuerpo se dejaba envolver por sus sábanas, Draco no la hubiera creído capaz de semejante magia; había escuchado de ella en sus años de colegio, pero nunca la había visto y por alguna loca razón, poder comprobar la fuerza interior de Ginny le mejoraba notablemente el ánimo.

Entonces se dio cuenta de que ella no le necesitaba para protegerla, así que se puso de pie para ponerle su capa encima a Ginny, cuya piel estaba delatando el frío que sentía y luego salió de la enfermería para volver con un par de tazas enormes llenas de té.

Cuando Ginny terminó de atender a Kendrick y volvió a sentarse a su lado, estuvo agradecida con el abrigo y la bebida que era todo lo que necesitaba y el hecho de que Draco se hubiera tomado ambas molestias le ponía más contenta de lo que era recomendable dada la situación. Porque tal vez, Astoria tenía razón y ella era de verdad importante para Draco.

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¿Les ha gustado?

Agradezco a todas las que continúan aguardando por esta actualización, espero que haya valido la pena =).

Fue larga la espera, pero el capítulo trae mucha sustancia =) desde el trato de las gemelas Vande con Alan xD, pasando por la nueva profesora de defensa contra las artes oscuras, un nuevo y totalmente babosable personaje ¡Me encanta Kendrick Capewell!, un misterio que al final no será tan misterioso, pero que traerá muy buenas cosas para Ginny… y este final con Draco queriendo acompañar a Ginny ;) ¡No dejen de comentar y no se vayan a perder lo que sigue de todo esto!

Un abrazo a todas mis niñas!

muminSarita :D