-Disclaimer: Los personajes son de Meyer, la historia completamente mía. Está basada en la canción de I Need a Doctor de Skylar Grey
AU, TH, Lemon.
Estoy apunto de perder la cabeza,
porque te has ido para siempre y me estoy quedando sin tiempo,
necesito un doctor, llámame a un doctor, necesito un doctor,
un doctor para que me traiga de vuelta a la vida...
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— ¿Por qué no contestas? ¿Qué ha pasado esta vez? Estoy muy preocupado por ti, Bella. También tu familia. Te fuiste de casa hace dos días sin dejar ni una nota, te has llevado tu ropa excepto los regalos que te hice. ¿Qué ha pasado? Sabes que te quiero Bella, vuelve antes de cometer alguna estupidez. Recuerda que te caracterizas por cometerlas una y otra vez. —se rió. — Te espero.
Cuando el mensaje dejó de sonar de mi móvil, grité y lo tiré contra la pared con todas mis fuerzas. El móvil se rompió, la pantalla estalló en miels de pequeños cristales y con un pitido, el móvil murió. Me dejé caer en el suelo mientras me llevaba las manos al cabello, tirando de él.
¿Qué se creía Edward? ¿Cómo que yo cometía muchas estupideces?
La mayor estupidez fue casarme con él, la siguiente fue perdonarle la primera infidelidad.
Me levanté del suelo y me fui hacia la cocina sintiendo el frío del suelo por mis pies desnudos. Cogí un vaso de agua y miré el reloj de la cocina. Eran las siete y media, dentro de una hora debería estar en la oficina trabajando.
Cuando bebí agua, dejé el vaso encima de la encimera y me fui hacia mi cuarto para coger ropa.
Cogí una simple falda vaquera hasta las rodillas, una camisa azul de lino y unas botas.
Me arreglé cabello tan desastroso y enredado que tenía y luego me pinté algo para atapar las ojeras y los ojos hinchados. Cuando terminé, guardé todo en mi bolso mientras pensaba qué excusas le daría a mi jefe por haber faltado al trabajo dos días.
Sólo esperaba que no me despidiese. En ese momento el dinero era lo que más necesitaba.
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— ¿Por qué llegas tarde, Isabella?
Suspiré y miré a Aro de reojo.
— Hm-m... — ¿Debía decirle la verdad? Aro era como un padre para mí, siempre me había cuidado. Pero apreciaba mucho a Edward. — Voy a separarme de Edward. —Susurré.
Los ojos oscuros de Aro se abrieron desmesuradamente mientras se dejaba caer en la silla como un peso muerto.
— Vaya... —Susurró. — ¿Qué ha hecho ahora?
¿Que qué había hecho ahora? ¿Es que acaso él sabía las infidelidades de Edward? Intenté controlar la furia que cada segundo se iba apoderando de mi cuerpo mientras los ojos de Aro me seguían observando atentamente. No pierdas los nervios, ¡no los pierdas! Eso es lo que quieren todos. Cogí aire antes de hablar.
— No me gusta mi vida de casada. —Mentí. — quiero libertad. —Eso fue verdad.
Aro asintió lentamente mientras se levantaba se la silla y se acercaba a mí con pasos decididos. ¿Aquello que veía en sus ojos era descaro? ¿Estaba intentado ligar conmigo? Me mordí el labio para intentar no reírme de él y de su patética forma de ligar. Me besó en el tope de la cabeza y me miró a los ojos.
No te rías...
— Bella, me alegro que lo hayas hecho. Edward no te merece. —Asentí convencida. — Quizás... Esta noche quieras pasar por mi casa a tomar algo, debes sentirte sola.
Puse los ojos en blanco, ¿de verdad que aquella persona que consideraba mi segundo padre se estaba insinuando? Me levanté de la silla mientras lo mriaba con el ceño fruncido.
— Gracias, pero estoy algo ocupada con mi nueva... casa.
— Puedo ir a ayudarte. —Me siguió mientras yo me dirigía hacia las escaleras para irme a la segunda planta, donde yo trabajaba. Ir en el ascensor sólo conseguiría que estuviese encerrada con él, y eso no me vendría nada bien.
Sonreí tensamente mientras sin dejar de mirarlo, iba bajando las escaleras lentamente.
— Quizás otro día. —Sonreí. — Necesito estar sola, ya sabes. —Rodé los ojos. — Tengo que enviarle a Edward los papeles y todos.
— Claro, Bella. Quizás otro día, ¡Bella ten cuidado con las escaleras!
Demasiado tarde, una de mis piernas se había saltado un escalón y acabé rodando por las escaleras.
Antes de acabar en el suelo, me golpeé en la sien izquierda contra el escalón, gemí de dolor e intenté levantarme.
— ¡No te muevas Bella, ahora bajo!
¡No, no bajes! Ahora no tengo paciencia ni para ti ni para tus estúpidos coqueteos.
— ¡Llamar a una ambulancia ahora mismo!
La gente empezó a moverse y a llamar a la ambulancia mientras yo intentaba levantarme. Aro me sentó en el suelo y gemí al sentir dolor en las pantorrillas, en las lumbares y en la cabeza. Miré mis manos, que estaban raspadas y tenían un poco de sangre. No sé cuando tiempo pasó hasta que llegó la ambulancia, pero escuché el sonido de la sirena y suspiré.
¿Es que acaso todo el mundo estaba en contra mía?
Primero Edward, el hombre con el piso feo, después Aro con sus estúpidos coqueteos, que me habían asustado.
Me llevaron hacia el hospital mientras me observaban y me miraban los ojos. Sabía que estaba algo desorbitada, me dolía demasiado la cabeza y la zona lumbar, pero me preocupaba que no pudiese mover mi pierna derecha, ¿qué iba a hacer?
Recé -por una vez en mi vida - para que no me hubiese roto ningún hueso, no me vendría nada bien estar poco capacitada. Mi lista de accidentes era muy grande, estaba segura de que cuando los enfermeros leyesen mi historia, no se extrañarían.
Entramos en el hospital, yo sentada en una camilla mientras gemía por no poder mover mis piernas. ¿Qué iba a hacer con mi casa? ¡Estaba hecha un desastre por la mudanza!
— ¡Llamen al doctor Cullen ahora mismo, la llevamos a la sala de observaciones número 2!
Me tapé los oídos cuando escuché el grito del enfermero.
Me llevaron a la habitación mientras esperábamos al doctor Cullen, él cual esperaba que tuviese paciencia conmigo. ¡Todo aquello había sido culpa de Aro! ¡No! ¡De Edward! ¡De Edward y su estúpida bragueta!
— Ya me ocupo yo, Eric. — Susurró una voz masculina.
Levanté la mirada y gemí de dolor cuando había intentado mirarlo mejor, girándome. Pero el hombre que había delante mía con una tarjeta en su bata donde ponía "Carlisle Cullen" era el hombre más guapo y sensual que había visto. Siempre había pensado que era Edward, es más, sabía que era perfecto. Pero este le superaba con creces, y aquellos ojos celestes...
Su cabello rubio, peinado hacia atrás le daba un toque pícaro y a la vez elegante, pero lo que me sorprendió fue lo joven que parecía. Tendría treinta y dos años, estaba segura. Su nariz era recta, su mandíbula cuadrada y olía a frescor. Su cuerpo no era delgado como el de Edward, era más musculoso y algo más alto o quizás igual.
— ¿Pasé el examen? ¿Puedo verte ahora a ti? —susurró acercándose con unos papeles en la mano y una sonrisa comprensiva.
Me llevé una mano a la cabeza.
— Ay, lo siento. — Susurré avergonzada.
— No te preocupes, estarás algo desorbitada... —Miró sus papeles. — Isabella.
— Bella.
—De acuerdo, Bella. — Dejó los papeles encima de la mesa y se colocó al lado de la camilla, tocándome la pierna derecha. — Han llamado a tu marido para decirle dónde te encuentras.
Gemí de dolor al sentir sus dedos apretando en la pierna.
— No... —susurré.
— ¿Duele mucho? —susurró acariciándome la pierna.
— Por favor, no lo llaméis. —Susurré.
Sus manos me tocaron la otra pierna y después me miró a los ojos con el ceño fruncido.
— ¿No quieres que le llamen?
— Voy a separarme de él. —susurré mientras sentía una presión en mi garganta y los ojos humedecerse. Desvié la mirada. — No quiero verlo.
Me sorprendí cuando sentí una mano sobre la mía adolorida, pero su contacto me relajó.
— Lo lamento, pero desgraciadamente ya lo llamaron. Si cuando venga no quieres que entre, puedes decirlo y no le dejaremos pasar.
Me encogí de hombros y susurré un "gracias" cuando terminó de inspeccionare las piernas, me dijo que le rodease el cuello con las manos para que pudiese notar mi peso sobre el suyo y poder ver si las lumbares o la espalda habían sufrido daño alguno-
Sonrojándome, lo hice.
Enredé mis manos alrededor de su cuello y con cuidado al sentir los primeros pinchazos de dolor en mi espalda. Gemí de dolor.
—Sé que duele, pero será solo un momento. Así puedo notar mejor los músculos.
Asentí.
Apoyé mi rostro contra la curva de su cuello, suspirando mientras cerraba los ojos con fuerza pro el dolor que sentía en la espalda. Pero las manos del doctor Cullen se movían con firmeza sobre mí espalda, pero delicadamente. Me encontré tocándole el cabello suave y rubio de la nuca y me sonrojé. El doctor sonrió y me dio una palmada en la parte de la espalda que no me dolía.
— No te preocupes, Bella.
— Lo lamento, doctor. — Susurré sin separarme aun, escondiéndome de su mirada.
Me separó con cuidado de él y me miró a los ojos, sonriendo.
— Me llamo Carlisle, por si no lo habías visto en la bata. — Sonreí y asentí.
Su rostro se volvió serio y empezó a apuntar algo en el papel y a veces me miraba con una sonrisa. Me sonrojé y rápidamente, me di cuenta de que me estaba comportando como una adolescente enamorada o encaprichada. Carlisle dejó los papeles y me dio un vaso de agua con dos pastillas, una de color blanca y otra roja.
— Son para los dolores. Una de tus piernas, la derecha, está rota Bella. La otra sólo está hinchada y se podrá mover en unas horas. En la espalda sólo tienes morados qué se quitarán en unos días. Quizás sería bueno que te quedases esta noche aquí. —Asentí mientras me tomaba las pastillas. — Puedes marearte y supongo que tampoco podrás hacer mucho en casa con una pierna menos funcionando. —Me reí y me pellizcó la mejilla antes de dirirse hacia la puerta. — Ahora vengo Bella, voy a entregar unos papeles.
Asentí.
— De acuerdo.
Cerré los ojos mientras pensaba qué iba a hacer. Podía quedarme aquella noche en el hospital, yo tampoco podía hacer nada en mi casa con "una pierna menos funcionando" como había dicho Carlisle.
En ese momento, llamaron a la puerta. Se abrió y vi a Aro con culpa en los ojos y volví a morderme los labios para no reírme ante la carita de pena que tenía.
— Bella... ¡cuando lo siento! —Me cogió las manos con delicadeza.
— No te preocupes Aro.
— Puedes venir a mi casa. — Oh Dios... otra vez. — Puedo cuidar de ti hasta que estés bien.
Negué con la cabeza demasiado rápido, mareándome.
— No, hoy me quedaré a dormir en el hospital y mañana me miré a casa. Llamaré a mi amiga Alice para que venga a recogerme o algo.
— Cualquier cosa... Sabes que puedes contar conmigo. —Me miró fijamente y me incomodé.
— Lo sé, y gracias Aro. Sólo espero que me des la baja durante dos semanas o una.
Asintió rápidamente y me besó en la cabeza -otra vez -antes de irse por al puerta y dejarme sola de nuevo. Cerré los ojos e intenté dormirme, y lo conseguí. Dejé de sentir aquel dolor en la cabeza que parecía como un martillo. Tuve una pesadilla. Edward volvía a engañarme y yo le perdonaba, una y otra vez, haciéndome la estúpida como si nada hubiese pasado.
Abrí los ojos y gemí.
Me pasé las manos por el cabello y noté que me había tocado una venda en la cabeza. ¿Quién me la había puesto? Me sonrojé al acordarme de que Carlisle pensaba pasarse más tarde, me habría encontrado dormida. Eso me decepcionó. Me gustaba mirarlo y me hubiese gustado seguir hablando con él.
La puerta volvió a sonar y suspiré.
— ¿Sí?
Se abrió y vi un pelo cobrizo seguido de unos ojos verdes orgullosos. Gemí y me hundí contra la almohada mientras Edward, mi esposo cerraba la puerta tras sí y me miraba fijamente. Su mirada me estaba quemando, pero me negaba a desviar la mirada, esta vez no sería yo la que huiría.
Pero lo hice, desvié la mirada y mis ojos de humedecieron por mi poca voluntad.
— ¿Por qué te has quitado el anillo de casada?
No contesté... Todo aquello había empezado demasiado mal y terminaría peor.
Hola a todas!
Lamento la demora, pero pasé una... mala semana. Un familiar mío murió antes de ayer, y eso me dolió mucho :(
¡Gracias por sus reviews! Espero que el cap os guste. Quizás Bella sea débil, pero poco a poco irá cogiendo más confianza en sí misma, ¿qué os apreció el encuentro con Carlisle? ¿No os parece perfecto? Estoy completamente enamorada de él u.U
Un beso muy grande y nos leemos la semana que viene n.n, no olviden dejar sus reviews =D
