-Y aquí tenéis vuestra habitación.-Cecil abrió la puerta y los dos chicos pudieron ver su habitación.
-Os dejo solos para que podáis vaciar las maletas.-Dicho esto, se fue.
Cuando se aseguraron de que Cecil no podía oírles, gritaron al unísono:
-¡Yujuuuuuuuuu!
-¡Es lo mejor que nos ha pasado nunca, desde que fuimos a Legoland!
-¡Me pido esta cama!-Gino pegó un brinco sobre la cama con la colcha de color verde.
-Vamos a vaciar las maletas.-Silvia fue sacando todo de los bolsillos de la maleta y metiéndolos en sus respectivos cajones.-Ropa, pijamas, cinturones, ropa interior, portátil…
-¿¡Te has traído el portátil! ¡Genial! Aunque espero que mamá y papá no se enteren…
-Tranquilo, antes de que aparezcan ya lo habremos guardado. Además, como aquí hay wi-fi, podrás enviarte correos con…-Arqueó las cejas y miró a su hermano, cambiando detono de voz.-Maggie…
Gino se puso rojo.
-¡Te dije que no tocaras ese tema! ¡Somos solo amigos y punto!
-Vamos, Gino, si te pones nerviosísimo cuando pasa por delante de ti. Te quedas pasmado mirando para ella hasta que se va.
-¿Cómo notas todo eso? Lo disimulo muy bien…
-Soy tu hermana, y las hermanas podemos detectar ese tipo de cosas.
-Bueeno…- Gino le sonrió, todavía sonrojado.- Pero júrame que no se lo vas a contar a nadie.
-De mi te puedes fiar.
Mientras tanto, en Venecia...
-Y ahora, pondremos música sensual para asegurarnos de que esta es la mejor velada de nuestras vidas. –Ambos acababan de salir de una ducha conjunta en los baños del hotel privado.
-¿Te importa que te lleve yo a ti en brazos esta vez?-Le preguntó Francesca a Bob- Nunca supe lo que se siente.
A los pocos segundos, se arrepintió de habérselo pedido.
-¡Dita sea, Bob! ¿Qué has comido hoy? Pesas más que de costumbre.
-Peso igual que siempre, pero no estás acostumbrada a llevarme en brazos. Y, por si te interesa saberlo, no he comido, ya que en el hospital estuve dormido todo el tiempo.
Una vez en la cama, Bob se puso el pijama y, lentamente, se fue desabrochando los botones de la camiseta de pijama.
-Tenemos toda la semana, no nos andemos con prisas.
-Y va a ser nuestra mejor velada juntos después de nuestro primer beso…
-Desde ese día siempre nos hemos querido, y acabamos una…
-Las frases del otro…-Bob y Francesca se miraron durante unos instantes, y después, Bob puso el tocadiscos con la canción "Sex Bomb" y apagaron la luz.
Gino y Silvia bajaron de su habitación a todo correr, con el deseo de empezar a comprar cosas, sin importar las que fueran.
-¿A dónde creéis que vais?- Les preguntó una voz desde el sofá.
La llamada los cogió desprevenidos, pero no dudaron en responder.
-Ehm…A fuera, supongo.
-No, de eso nada.
-¿Quién diablos eres, misteriooosa voooz de detraaas del sofaaaa?- Preguntó Gino con sarcasmo, poniendo voz fantasmagórica.
Un chico de unos 18 años apareció de detrás del sofá. Su aspecto les era muy familiar. De hecho, tenía un aspecto casi idéntico al de Bob, salvo por la nariz, la cual tenía ligeramente curvada hacia arriba, y el pelo, que en su caso, era castaño, a pesar de tener la misma forma de palmera.
-Me sorprende que no nos hayamos visto antes.-Les extendió la mano.-Me llamo Neil. Neil Terwilliger. Apenas nos hemos visto, pero, técnicamente, soy vuestro primo. Soy el hijo de Cecil, aunque no suelo dejarme caer por las reuniones familiares. En cuanto a salir, vais a tener que esperar algo, mientras Cecil está fuera, estoy al mando, y me han dado órdenes de esperar a Vladimir y Amber, que van a hacer una parada antes de venir directamente aquí. Si os aburrís mucho puedo estar con vosotros arriba.- Se dispuso a subir las escaleras, cuando los dos chicos le detuvieron.
-No creo que te interese nuestra habitación, primo…
-Bobadas. Vamos a ver que tenéis aquí…
Los dos tragaron saliva. Si veía el portátil, Bob acabaría por saber también que se lo habían llevado.
-Vaya, ¿Qué es esto? ¡Un portátil!
Subieron corriendo las escaleras para tratar de evitar que se lo contara a nadie.
-Por favor, no se lo cuentes a papá.- Le suplicó Gino.
-Vamos, ni que fuera marihuana, o armas ilegales… Espera, ¿Lo habéis robado?
-No, no es eso… Es que papá nos prohibió estrictamente traerlo.
Neil les miró con expresión severa. Acto seguido, se echó a reír.
-Tranquilos. Cuando era pequeño, yo también hacía cosas como estas.-Les guiñó un ojo.-
Vuestro secreto está a salvo conmigo. Además, adoro dos cosas: El dibujo y los ordenadores. Soy experto en ambas materias. ¿Queréis que hagamos algo? Me he traído juegos de estrategia, películas, juegos de mesa…
Gino y Silvia se miraron. Definitivamente, tenían un primo genial.
