¡Para CAROLA, Maxine Wasel, Nyraxia, Misha, Lily L Potter-Malfoy, The darkness princess, Alecita, wtf, Clau-22, kthyg, gecel 87 y todas las que siguen esta historia!
De verdad, espero que disfruten mucho del nuevo capítulo.
¡Feliz día de la enfermera, atrasado!
¡Y espero que el comienzo del año este de lo mejor!
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Capítulo 15. Milo Capewell
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Kendrick despertó a la mañana siguiente con la sensación de que había pasado demasiado tiempo sumergido, respiraba lento y profundo y hasta casi era consciente del aire que se recambiaba en sus pulmones, de vez en cuando sentía la necesidad de boquear para coger una mayor cantidad de aire hasta que alguien se acercó a él con un frasco lleno de alguna cosa que despedía vapores amarillentos, al instante en que los aspiró, el chico se relajó y dirigió una mirada agradecida a ese alguien. Naturalmente se trataba de Ginny.
-¿Mejor? –le preguntó amablemente.
Kendrick asintió. Casi de inmediato vio aparecer en la mesita a un lado de su cama una charola con tres vasos, un con líquido rojo, otro ambarino y el tercero lechoso, se giró hacia Ginny con expresión interrogante.
-Parece ser tu desayuno –dijo ella acercándose a verificarlo –solo puedes tomar líquidos claros, este parece té de frambuesa, esto uhm… huele a vainilla y esto es suero de leche.
Ginny le acercó el de frambuesa a los labios y Kendrick lo bebió con avidez, después de los dolores que había experimentado el día de ayer y el largo ayuno que ameritó por ello, aquello le sabía de las maravillas.
-¿Y no tengo regalos? –preguntó después de beber un poco de infusión de vainilla, la mesa al pie de su cama estaba tan vacía como lo había estado el día anterior.
-Ya lo creo que los tienes –repuso Ginny con una sonrisa –pero son chocolates, dulces y así, pensé que si los tenías enfrente no ibas a poder resistirte a comerlos, lo cual podría resultar en muchas complicaciones. Te los entregaré todos en cuanto estés de alta.
-Vaya ¿Al menos podría ver las tarjetas?
Ginny sonrió-¿esperas de alguien en especial?
Kendrick no alcanzó al responder porque en esos momentos entraban a la enfermería la directora del colegio junto a los profesores de pociones y defensa contra las artes oscuras.
-Buenos días –saludo la profesora McGonagall -. Hemos venido a verificar tu estado –dijo a Kendrick.
-Estoy bien, gracias, profesora.
-Y supongo que estarás más dispuesto a cooperar en tus declaraciones… -disparó Draco quien esa mañana lucía más pálido de lo normal y muy ojeroso. Quedarse toda la noche a acompañar a Ginny no había sido su mejor idea.
-Ya dije que fue un accidente –reiteró Kendrick con la voz más firme que podía en su condición.
-¿Es tu versión final? –Terció Adana Quentin, la profesora de defensa -¿Un accidente? ¿O sea que tú mismo te lanzaste la maldición?
Kendrick negó con la cabeza.
-Por fuerza hay un responsable, entonces –señaló Quentin –y entre más pronto nos digas de quién se trata, más pronto nos largamos, chico y te dejamos descansar.
Kendrick abrió los ojos de par en par y fue incapaz de ocultar el desaliento que le provocaban las palabras de la profesora.
Mientras los afilados ojos de Quentin y de Malfoy esperaban por la respuesta del chico, Ginny optó por ignorar la intromisión y continuar con los cuidados al muchacho, con sumo cuidado le puso una mano en la espalda para ganar su atención y luego le acercó a los labios nuevamente la infusión de vainilla. A pesar del cuidado con que lo trataba a él, Kendrick se percató de la mirada dura que la pelirroja les estaba poniendo a los profesores que acompañaban a McGonagall; como si aún no le estuviera lo suficientemente agradecido.
-Profesora –Ginny se dirigió a McGonagall—disculpe, pero han venido a interrogar a mi paciente sin antes preguntarme si ya estaba en condiciones para que lo hicieran. Y aunque Kendrick va a recuperarse, me parece que deberíamos dejarlo tranquilo.
-Ya les había dicho, profesores –repuso la directora-, que solamente debíamos verificar el estado del señor Capewell.
-Estará bien –volvió a decir Ginny—, lo mantendré en la enfermería toda la semana porque será la más dura y luego va a pasar otra semana es reposo relativo, pero dejaré que asista a algunas clases entonces, ya veremos qué tal se recupera después de eso.
-¿Y cuándo va a estar en condiciones de responder entonces? –Espetó Draco -¿vamos a esperar a que haya otro herido que si quiera hablar?
-Profesor Malfoy –lo llamó la directora – ¡por favor!
-Pero tiene razón, Minerva –lo apoyó Quentin –vamos a correr el riesgo cuando claramente el chico esta lúcido y puede darnos una respuesta simple.
McGonagall pasó los ojos de Ginny a Kendrick y luego hizo que su voz resonara en toda la enfermería.
-Esperaremos a las indicaciones de la señorita Weasley –dijo firmemente –esta visita era solo para comprobar su estado. Mientras tanto, mantendremos vigilado al resto del alumnado.
-Cómo quieras, Minerva –repuso Quentin, luego clavó los oscuros ojos en Kendrick y Ginny–espero que todos aquí sepan lo que hacen. ¡Cómo sea! Me voy a vigilar a mis chicos entonces.
-Supongo que yo haré lo mismo entonces –repuso Malfoy de mala manera una vez que la mujer salió de la enfermería.
-Sería lo adecuado –observó McGonagall-. Y usted, señorita Weasley, por favor avísenos en cuanto sea prudente que volvamos aquí. Hasta luego.
Ginny asintió, Draco y McGonagall ya iban de salida cuando Kendrick los llamó, sorprendiéndolos a los tres.
-¿Cambiaste de opinión? –preguntó el profesor.
Kendrick negó con la cabeza, luego miro a Ginny y luego una vez más hacia el profesor antes de poder articular su pregunta mientras miraba nerviosamente a McGonagall
-Yo… eh… ¿qué pasará con el partido del sábado?
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Para Estella, el internamiento indefinido de Kendrick Capewell no podía representar otra cosa que problemas. Él era el capitán del equipo de quidditch, pero no sólo eso, era también su mejor cazador, ¿cómo iba a jugar Slytherin su primer partido del año sin Kendrick? Además estaba el hecho de que con la vigilancia acarreada debido a su ataque, no había tiempo de buscar y entrenar a un suplente, eso, pensando que hubiera alguien lo suficientemente bueno para aprender siquiera las jugadas a tiempo.
Pero más allá del importante partido, como prefecta de Slytherin se le había dado la responsabilidad de vigilar a sus compañeros de grados inferiores y eso suponía, además de que Mafalda también estaría vigilada, que no podía distraerse de sus labores para afinar los detalles de su plan.
Y ahora, Malfoy venía a ella para decirle que la encargaba capitana del equipo en ausencia de Capewell ¿pero qué diablos? Como si no tuviera ya suficientes responsabilidades como prefecta, premio anual y jugadora de quidditch, ahora encima la hacían capitana suplente, encontrar al cazador sustituto era también cosa suya, y mejor que se apurara porque faltaban cinco días para el partido.
-Estúpido Capewell –masculló molesta cuando Malfoy se alejó de ella -. ¡Estúpido, estúpido!
-D&G-
Esa mañana, todo mundo había acudido puntual al comedor, no podía ser de otra forma porque todos estaban siendo escoltados por prefectos o maestros que no habían permitido a nadie dormir cinco minutos de más, sin embargo, nadie estaba desayunando.
Lo único que los estudiantes sabían era que Kendrick Capewell había sido herido, lo demás eran meras especulaciones, espeluznantes especulaciones, porque el toque de queda y las escoltas a todos lados les recordaban a los mayores los días en que Hogwarts había estado dominado por mortífagos y no les había resultado difícil trasmitir eso a los estudiantes más jóvenes.
Mientras los de Gryffindor se esforzaban por hacer honor a su casa y poner su cara más serena mientras fingían que el desayuno les parecía buenísimo, en Slytherin se acusaba a los de Ravenclaw por sabotear su maravilloso equipo de quidditch, en Ravenclaw se culpaba a cualquier Slytherin que quisiera desacreditarlos y que había sido capaz de atacar a alguien de su propia casa usando de pretexto la cercanía del partido y en Hufflepuff se esparcían toda clase de rumores, desde los que apoyaban la versión de los Ravenclaw hasta los que alegaban que a Kendrick se le veía seguido paseando cerca del bosque prohibido y que había sido ahí donde una criatura lo había herido.
Por su parte y contrario al pronóstico de sus amigos, Mafalda parecía haber perdido todo interés en la relación del profesor de pociones con la enfermera y toda su energía parecía estarla concentrando en buscar a un responsable, notablemente asustada por todo lo que escuchaba decir.
-No te gastes –le sugirió Alex de repente, viendo que la niña se empecinaba en escribir los rumores que escuchaba -. No creo que ninguno de esos rumores sea verdadero.
-¿Y entonces qué crees? –se interesó Alan.
-Sí, ¿qué crees? –terció Mafalda.
Alex se encogió de hombros.
-Bueno, el hecho de que Vartan haya sido elegida premio anual tiene a los de Slytherin… ¿cómo decirlo? Inspirados, hace años que no ganan la copa de las casas y me consta que han trabajado muy duro el año entero para superar en puntos al resto de las casas, por supuesto que ninguno de ellos dañaría a su capitán, ya que como saben, ganar la copa de quidditch les daría una ventaja más clara. Por otro lado, los de Ravenclaw son gente muy listilla ¿por qué se implicarían en una situación tan obvia? Por último, en el bosque prohibido solo habitan criaturas, nada que pueda sostener una varita ¿cómo van a lanzar una maldición?
-Tu siempre tan inteligente –sonrió Claire cerca de ellos provocándole a Alex un sonrojo -. Mientras que los de Ravenclaw se encorchan en culpar a los de Slytherin que no les simpatizan, tú tienes una conclusión seria.
-Ehm… si –Alex se ponía más rojo con cada segundo que Claire lo miraba -. No es una difícil conclusión, no resuelve quién es el responsable.
-Pero es una solución al conflicto entre casas aquí –acotó Claire sin dejar de sonreírle a Alex, que ahora estaba absorto en lo largo de sus pestañas.
-Si… bueno, en fin, ya es hora de que me valla. Tengo que llevar a los de segundo a Herbología.
-Te veremos más tarde –le volvió a sonreír su compañera, como si no lo hubiera turbado lo suficiente con sus primeras sonrisas.
-Ve con cuidado –repuso Mafalda nerviosamente.
-Nos vemos en clase –añadió Alan.
Mientras Alex reunía a los de segundo de Gryffindor, Alan se dio cuenta de las miradas nerviosas que Mafalda le dirigía a Breanna, sentada en su mesa con los de Ravenclaw, y a la pequeña Kathleen que ni siquiera había abierto la boca en lo que iba de la mañana, ni para tomar su jugo.
-Estará todo bien –les sonrió a las niñas, recordando como la misma Ginny Weasley junto con Neville Longbottom los tranquilizaban a ellos cuando estaban en primer año y los Carrow los atemorizaban -. La profesora McGonagall no permitirá que nadie más resulte lastimado –dijo repitiendo sus palabras.
Jill se acercó a ellos en esos momentos, había estado desayunando cerca de los otros alumnos de primero y ahora apoyaba su mano sobre el hombro de Kathleen.
-Es hora de que las lleve a clases –dijo muy seria -. Vamos.
Mafalda y Kathleen tomaron sus mochilas y se unieron al grupo que Jill debía conducir a Transfiguración.
-Cuidaré de ellas –le dijo Jill a Alan, que se le quedó mirando -, descuida.
-Lo sé –sonrió él-. Nos veremos en clases.
Uno de los chicos de primero tuvo que jalar de la manga a Jill para que se fuera con ellos porque ella se había quedado ahí, delante del sitio donde Alan seguía removiendo una avena ya muy aguada.
-Ya voy –murmuró sonrojada mientras se ponía al frente del grupo.
De pronto, cuando Jill ya estaba saliendo del comedor, Alan cortó la tensa atmosfera que había allí dentro poniéndose de pie.
-¡Voy a estar guardándote sitio! –le gritó a Jill bien fuerte y se sintió muy satisfecho de sí mismo cuando ella se giró y le dedico una sonrisa con mejillas arreboladas.
Incluso Kathleen y Mafalda habían sonreído por aquello. No había necesidad de estar tan nerviosas.
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Ginny pasó la mañana cuidando de su delicado paciente, quien parecía aún más delicado después de saber que no podría jugar quidditch en mucho, mucho tiempo, al menos no a tiempo para el primer partido de la temporada.
Además de delicado, ahora estaba triste y poco cooperador. Y eso a Ginny no le ayudaba nada.
Por eso, cuando McGonagall se lo preguntó, autorizó que a Kendrick lo visitara su familia, siempre y cuando se comportaran, pues suponía que así, al menos podría animarlo un poco.
El primero en llegar fue un hombre joven al que McGonagall presentó a Ginny como Milo Capewell, hermano de Kendrick. En cuando le vio, Ginny sintió la imperiosa necesidad de ir a su despacho a comprobar su aspecto, aunque naturalmente tuvo que abstenerse para asegurarse que Kendrick se tomaba la poción que tocaba.
Milo Capewell era aún más alto que su hermano menor, tenía el cabello rubio acanelado en un corte casi militar y los mismos ojos azul indescriptible de su hermano, también sus mismas facciones cuadradas y masculinas e iba envuelto en una túnica azul oscuro con bordes grises que definitivamente le favorecía.
Y ni siquiera le prestó atención a Ginny. Apenas entró a la enfermería, se fue corriendo hasta la cama de su hermano para abrazarlo.
-¡Ken! –Exclamó aliviado mientras le palmeaba la espalda a Kendrick -¡Ken, qué alivio! Mamá y yo hemos estado tan preocupados…
A pesar de que Milo la había echado a un lado para abrazar a Kendrick, Ginny observó la escena enternecida, le recordaba a todos los hermanos que extrañaba tantísimo cuando estaba en Hogwarts.
-¿Y ella dónde esta? –preguntó Kendrick buscando un pretexto para separar un poco a su hermano.
-Estaba en una presentación en Ibiza cuando se ha enterado –explicó Milo mientras se separaba y le ponía una mano sobre la cabeza a su hermano-, en cuanto termine verá la forma de llegar aquí.
Ginny vio que McGonagall se retiraba sigilosamente para dejar a los hermanos y pensó si ella también debía dejarlos solos un momento, pero de pronto, los ojos azul brillante de Milo se posaron en ella y una sonrisa blanca y atractiva se le dibujó en el rostro.
-¿Usted es madam Weasley? –dudó, esperaba ver a alguien mucho mayor con la túnica blanca de Ginny.
-Es mademoiselle –le corrigió Kendrick.
-Soy yo –dijo ella con una sonrisa satisfecha.
-¡Vaya! –Milo se puso de pie de un salto y la tomó de la mano –pues es un placer conocerla. En verdad, le agradezco todas las atenciones que seguramente ha tenido con Ken, la profesora McGonagall me ha dicho que lo ha salvado.
Ginny se sonrojó irremediablemente con el gesto del joven Capewell, no solo la abrumaba la cantidad de halagos sino que además era difícil dejar de notar la forma en que ese hombre tan atractivo estaba mirándola ahora.
-Si… bueno, es mi trabajo así que no hay nada que agradecer –dijo sacando suavemente su mano de entre las de Milo y fingiendo que se acomodaba la túnica -. Los voy a dejar solos un momento, seguramente tienen cosas de que hablar.
Dicho lo último, Ginny se fue a su despacho a dejarse caer en su silla con las mejillas ardientes. Y ella que pensaba que en la enfermería del colegio nunca se conocía a nadie.
Entonces le pareció que ya había escuchado el nombre de Milo Capewell, pero ¿dónde? Cerró los ojos y trató de visualizar una mañana en la cocina de la madriguera, los gemelos molestaban a Ron, Bill y Charlie hablaban de quidditch y Percy estaba quejándose por algo, como siempre. ¡Percy! ¡Claro! Milo Capewell había sido su compañero… y abusón personal.
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-¡La enfermera, qué linda!
Kendrick se rio de la expresión que ponía su hermano mientras se sentaba en orilla de la cama, era irremediable.
-Lo sé –repuso sonriendo de lado—pero no puedes acercarte a ella –advirtió.
-¿Por qué?
-Porque es la enfermera del colegio –obvió Kendrick -. Eso, y que esta colada por otro.
-Eso, nunca ha sido un problema –dijo Milo en tono de advertencia.
-¡Basta! –Protestó Kendrick -¿A quién has venido a ver?
Milo se puso serio de inmediato.
-A ti, por supuesto. En serio estuve muy preocupado cuando me avisaron.
Kendrick asintió.
-No fue tan grave…
-¿El saca-entrañas? ¿Bromeas? Admito que nunca he sabido mucho de eso y nunca lo he visto ejecutar, Ken, pero una vez vi la pintura de un tipo al que se lo habían hecho y…
-Ya –Kendrick interrumpió -. Ya sé eso de la vida en riesgo…
-Todos te lo han dicho ¿eh?
El menor de los hermanos asintió.
-Ken, ¿sabes que me han dejado visitarte con la intención de que me cuentes la verdad a mí?
-Lo sospechaba –Kendrick se encogió de hombros -. Aunque la señorita Weasley me ha dicho que era para que me animara.
-¿Estabas desanimado?
-¿No lo sabes? No van a dejarme jugar quidditch el sábado…
-¡Vaya! No lo sabía, pero es por tu bien ¿no?
-Eso también lo he oído ya…
-¿Y si hablo con McGonagall?
-¿Crees que no lo intenté? Cuando escuché que iba a estar encerrado fue mi primera reacción. Pero no logré nada, excepto claro, más reproches sobre mi salud y que si no les puedo decir quién me atacó menos voy a estar dispuesto para lanzar la quaffle…
-¿Y si les dices? Seguro que McGonagall podría darte concesiones esta vez.
-Según la señorita Weasley, en sus años Potter fue su favorito y aún si estaba herido o castigado, Gryffindor jugaba al quidditch, así que no hay esperanza.
-Venga, Kendirck ¡ya habrá otros partidos! Podrás machacarles después.
-¡Pero iba a ser mi primer partido de capitán! –Renegó el chico-. Quería que tu y mamá pudieran verme.
Milo le puso una mano en el hombro a su hermano, sabía que había estado esperando el año entero por ese partido que ahora no podría jugar y trataba de entender la frustración.
-Lo más importante para nosotros será verte recuperado. Estarás bien para los otros partidos y ya celebraremos tus triunfos. Pero lo primero es tu salud… uhm, y que nos asegures que no vas a volver a estar en peligro, porque quien lanzó la maldición esta en Hogwarts ¿no?
-Lo está, pero no voy a culparle, porque expulsarían a esa persona.
-¿Y desde cuándo te preocupa lo que les pase a otros, eh? –Milo no lo pregunto con intenciones mordaces, aunque la cuestión de por sí lo era.
Kendrick simplemente negó con la cabeza.
-En dado caso, sería más fácil si les cuentas lo que pasó exactamente para que ellos decidan si algo tan grave de verdad fue accidental. Porque no sabes los líos que tuve que pasar en el ministerio comprobando mi identidad para que me dejaran venir y aquí en Hogwarts todo mundo anda tenso, he sabido que profesores y prefectos tienen que escoltar a los chicos para sus clases para que estén seguros y hay toque de queda y…
-Están armando demasiado alboroto, no se va a herir nadie más. Es en serio.
-Pues entonces mira la forma en que lo entiendan. O no te garantizo que me dejen visitarte mañana.
La puerta de la enfermería se abrió en ese momento y la profesora McGonagall entró con la madre de ambos chicos detrás de ella, como había hecho un rato antes, los dejó a solas para que hablaran.
También la puerta del despacho de Ginny se abrió en esos momentos, primero porque había escuchado a alguien entrar y también porque ya casi era hora de darle a Kendrick otra poción.
Kendrick estaba en esos momentos en los brazos de su madre, fácil de identificar porque sus ojos eran idénticos a los de sus hijos, iba elegantemente vestida con una túnica negra con medias y sombrero grises, tenía el cabello de un rubio más claro que el de sus hijos, o tal vez así se veía porque comenzaba a pintar canas en él.
En cuanto vio a Ginny en el marco de su puerta, miró a su hijo mayor interrogante, como respuesta Milo asintió y cuando Ginny volvió a tener conciencia, la mujer, que era mucho más alta que ella, ya la estaba abrazando también, conmovida y agradecida porque la directora ya le había explicado la grave situación de la que Ginny estaba sacando a Kendrick.
-Es mi trabajo –murmuró Ginny dificultosamente, entre las miles de palabras de agradecimiento que la mujer le decía –de verdad, no hay nada que agradecer… yo…
La señora Capewell la interrumpió poniendo sus manos, de uñas largas y pintadas de gris plateado, sobre las mejillas de la pelirroja.
-Muchas gracias –volvió a decir y Ginny no pudo sino sonreírle.
Una vez que Ginny le administró la poción que tocaba a Kendrick, se dispuso a volver a su despacho, pensando en una mejor solución para no tener que darle pociones a todas horas al muchacho, pero la voz de Milo interrumpió su retirada.
-Creo que yo también debería dejarlos –dijo mientras su madre ocupaba su sitio en la orilla de la cama de Kendrick -. ¿Me invitaría a su despacho, señorita Weasley? No sabría que hacer yo solo en el pasillo –se excusó con una sonrisa.
Ginny pareció meditarlo unos segundos.
-Adelante –dijo abriendo la puerta de su despacho.
Antes de entrar, Milo le guiñó un ojo a su hermano que sonrió mientras negaba con la cabeza. Parecía que Milo acababa de aceptar el reto con la enfermera.
-D&G-
Los estudiantes de Slytherin no eran los únicos que ambicionaban la copa ese año, aunque era algo temporal, Draco era el jefe de la casa y por supuesto que le interesaba que el chico Capewell jugara. McGonagall estaba muy irritable vigilando la seguridad de todos como para que le simpatizara la insistencia para aplazar el juego por lo que Draco juzgó conveniente una plática con la enfermera, tal vez Ginny podría convencerla, o bien, autorizar a Kendrick a jugar el partido.
Llamó a la puerta antes de entrar, pero no esperó a que le respondieran. En la cama más cercana se encontraba Capewell hablando con una mujer a la que Draco había visto varias veces en la mansión Malfoy, ambos lo miraban con cierta curiosidad.
-Buenas tardes –dijo cortando el silencio -¿saben en dónde esta la enfermera?
La mujer se puso de pie y estrechó la mano de Draco a modo de saludo.
-Draco –saludó amablemente -, tu madre ya me había dicho que trabajabas aquí ¿cómo estás?
-Estoy bien, gracias Bertha –respondió él cortésmente -¿tú estás bien?
-Mucho mejor que Kendrick –sonrió ella-. La señorita Weasley está en su despacho, le indicó en el mismo tono cortés que Draco había usado con ella.
Haciendo un gesto de asentimiento, Draco fue a llamar a la puerta del despacho de Ginny, quien le abrió con una sonrisa.
-Tenemos que hablar –disparó Draco entrando sin esperar a más y topándose con el mayor de los Capewell, sentado plácidamente frente al escritorio de Ginny.
Milo se puso de pie cuando Draco entró y luego de intercambiar miradas entre ellos, ambos miraron hacia Ginny, como esperando a que ella determinara si atendería a Draco o si Milo podía quedarse ahí.
-¿Y bien? –Preguntó Draco pasados unos segundos -¿Podemos o no podemos hablar?
-¿De qué se trata? –dudó Ginny sin tener idea de por qué Draco quería hablar con ella.
Draco miro desdeñosamente a Milo y luego otra vez a Ginny con cierta severidad. No había dejado de notar que Milo le sonreía a Ginny abiertamente.
-¿Estás segura de que Capewell no va a poder jugar el sábado?
-Curioso –observó Milo quien ahora ponía una sonrisa burlona -. Yo estaba queriendo saber lo mismo.
-Lo siento –dijo Ginny sinceramente –pero creo que sería arriesgarse demasiado. Y aunque entiendo lo importante que es el partido, me parece que la salud del muchacho lo es mucho más.
Ninguno de los dos hombres ocultó su molestia tras oír esas palabras.
-¿No hay forma? –Insistió Draco -¿algún hechizo o poción?
-Temo que no. Esta maldición la inventó un sanador y creo que se aseguró de que sus efectos dieran problemas…
-¡Vaya! – Saltó Milo- Pues más razón para agradecerte tus esfuerzos entonces, sé que no has dejado de atender a Ken en ningún momento. Haz hecho una labor admirable y me consta porque llevó aquí toda la mañana.
Ginny sonrió al comentario de Milo. Milo le sonrió a ella. Y Draco se dio cuenta de todo.
"Idiota, ¿quién se cree para adularla así? ¿Y a ella qué le pasa? ¿Acaso nunca ha visto un hombre en su vida o es que no suelen darle cumplidos?" pensó Draco sintiendo de pronto un acceso de ira, el cual tuvo que disimular por tratarse de Capewell.
No recordaba mucho de ellos en realidad, solamente Bertha había seguido visitando la mansión cuando falleció su esposo y en muchos años Draco no había vuelto a ver a sus hijos, pero sabía que si hacía algo estúpido, su madre no tardaría en enterarse.
-Bueno –Milo miro su reloj de pulsera en esos momentos -, me parece que va siendo hora de que me despida por hoy. Aunque me gustaría mucho quedarme, hay negocios que aún debo atender.
Draco bufó notando las ganas de darse importancia con esa frase, pero ni Milo ni Ginny lo notaron.
-Muchas gracias por todo, de nuevo y otras mil veces –se despidió Milo acercándose a la pelirroja de improvisto y besando su mano-. Nos veremos mañana, espero.
-Seguro –sonrió Ginny sintiendo que sus mejillas volvían a enrojecerse.
-Adiós, Milo –se despidió Draco con voz de aburrimiento.
-Sólo me despido de mi madre y listo.
-Sí, sí, por supuesto –tajó Draco cerrando la puerta del despacho en cuanto Milo salió.
Draco estaba que mordía, se fue a sentar en la otra silla que había frente al escritorio de Ginny mirando con recelo la que había estado ocupando Milo unos minutos antes, en su cabeza escuchaba el encarecido agradecimiento del sujeto y veía a Ginny sonreírle embobada.
-¿Qué te pasa, Draco? –protestó Ginny sintiendo su mirada dura mientras ella tomaba asiento.
-¿Y a ti qué te pasa? –Preguntó él con ironía -¿Te ha impresionado el niñito Capewell?
Ginny sonrió con malicia.
-Pues sí, mucho. Milo –dijo paladeando el nombre, como si hubiera que presumir que le hablaba por su nombre de pila—me ha parecido un hombre…
Draco pensó por lo menos diez adjetivos desagradables que completaban la frase en ese instante.
-… magnífico, sin duda encantador.
-No me hagas reír ¿magnífico? ¿Encantador? –Draco pestañeó y fingió suspiró -¡Ay! ¡El príncipe Capewell! –se burló.
Ginny comenzó a reírse en ese momento, de Draco y su pantomima y de ella misma también ¿por qué no? Sí, se había portado como boba delante de Milo y lo admitía pero no podía o no había querido evitarlo.
-¡Hasta cuando se iba! –Soltó Draco -¡No dejaste de mirarle el trasero!
-¿Qué querías que hiciera si lo tiene tan bonito? –Respondió ella riéndose con más ganas—. Además, ¿a ti qué te importa lo que yo le mire a Milo Capewell?
Draco volvió a mirarla duramente.
-Porque ya has dejado claro que eres un hombre de negocios –espetó Ginny volviendo a su sonrisa maliciosa –así que tú y yo solo podemos ser amigos ¿no?
-Anoche…
-Me acompañaste y te lo agradezco. Pero ya dejaste claro que nunca habrá algo serio entre nosotros.
-Yo sólo te digo –siguió Draco – que no voy a permitir…
-¿Qué? –Le interrumpió Ginny -¿Qué me enamore de otro? ¿Qué me acueste con él? ¿Qué cosa no vas a permitir, Draco?
Draco tuvo que esforzarse mucho por contener su furia, sabiendo que los Capewell seguían en la enfermería, observó el gesto de Ginny que ya no tenía la sonrisa de lado que la caracterizaba, había algo dolido en su expresión mientras seguía hablando.
-Porque yo también te he dejado claro que no estoy dispuesta a ser solo tu querida, por lo que no eres nadie para…
Draco se puso de pie violentamente, haciendo que Ginny cortara su discurso.
-No tienes idea de lo peligroso que soy.
Ginny se puso de pie también, tenía los dientes apretados y sus ojos estaban fijos en el rostro enrabiado de Draco.
-No sabes hasta donde soy capaz de llegar cuando me propongo algo.
-Si lo sé –respondió fríamente Ginny-. Vas a obligar a una chica a casarse, claro que lo sé.
Draco cerró los ojos y los volvió a abrir pesadamente. Había perdido el control completamente y no estaba seguro de que se arrepintiera de eso, después de todo, ella había estado provocándolo a propósito. ¿Pero qué Ginny no se daba cuenta de que cada vez le costaba más frenar su deseo por ella?
Le entraron unas ganas tremendas de gritar, de decirle que la deseaba, que quería perderse en ella una vez más, que la noche anterior, mientras se recargaba en su hombro hasta había deseado ser otra persona, una que pudiera estar con ella, a la que ella quisiera entregarse como en aquella noche, que no estuviera comprometida, que no cargara con el apellido Malfoy…
Pero no podía, así que simplemente salió del despacho y atravesó la enfermería en pasos largos y rápidos. Sin mirar a Bertha y a Kendrick que solamente intercambiaron miradas cuando lo vieron salir a tal velocidad y con esa expresión de furia.
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A pesar de lo que cansada que se sentía, Ginny estaba consiente que las condiciones de Kendrick aún no le iban a permitir irse a dormir como si no fuera su paciente, la enfermería ya estaba oscura y el Slytherin se encontraba sin poderse dormir tampoco, la verdad es que Ginny hubiera querido darle algo para dormir, pero con tantas pociones y la tripa tan delicada del chico era mejor no arriesgarse.
-¿Qué está haciendo? –dudó la voz cansada del chico al verla montar un caldero sobre una mesa cercana.
-Te preparo una poción –sonrió Ginny.
-¿Usted?
Ginny ensanchó su sonrisa.
-Sí, yo.
-Jamás supe que Madam Pomfrey hiciera pociones…
-Lo sé, ella las encargaba a Slughorn, pero es porque había una gran demanda en ese tiempo ¿no?
-Ya –Kendrick prefería no pensar mucho en su primer año en Hogwarts, cuando el colegio había estado invadido por mortífagos.
-Además ¿preferirías que el profesor Malfoy la preparara? Tan furioso como está contigo.
Kendrick amagó una sonrisa y negó con la cabeza.
-Te aseguro que sé preparar una poción, descuida.
El chico se quedo en silencio viendo como Ginny alistaba frascos con ingredientes y algunas hierbas que irían en la poción.
-¿Y de qué se trata? –curioseó Kendrick después de un rato.
-Es una fórmula magistral que aprendí de un sanador –un sonrisa orgullosa se asomó en su rostro –es para que no tengas que tomar otras pociones cada hora, esta es mucho más potente y no es tan pesada para un estómago que ya de por sí esta delicado.
Kendrick levantó las cejas y dibujo una sonrisa débil, la expresión que para él denotaba admiración.
Volvió a hacerse silencio entre ellos, Kendrick procuraba no quejarse demasiado mientras observaba a Ginny trabajar.
La enfermera pico unas cuantas raíces y revolvió un poco más en su caldero, absolutamente concentrada, era bueno que la poción requiriera tanta concentración, eso la distraía de estar recordando a Milo Capewell con todas esas miradas y sonrisas que tanto la habían turbado y por supuesto, de estarle dando vueltas a las respuestas de Draco en su cabeza ¿sería posible que estuviera celoso? ¿Él?
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¿Qué estaría haciendo en esos momentos? ¿Dormía? ¿En qué estaba soñando?
Draco sabía que debería dejar de pensar en ella a la vez que sabía que era imposible. Cerraba los ojos y la veía, la deseaba, con sus impolutas túnicas blancas, con todo el aire inocente que la envolvía, deseaba ir a ella para que le mostrase nuevamente a la mujer apasionada que era en realidad. La deseaba.
Y entonces se la imaginaba con esa cara boba delante de Capewell y recordaba al tipo orgulloso y complacido que flirteaba descaradamente con ella. Y tenía que ir a verla, sentía la imperiosa necesidad de ir a la enfermería y enterarse en quién de los dos estaba pensando ella.
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Cuando Ginny levantó la vista después de varios minutos de dedicarse exclusivamente a su poción, se fijo en que Kendrick mantenía una expresión de sorpresa mientras miraba fijamente la puerta de la enfermería. Como si se tratara de una aparición, Draco Malfoy se encontraba de pie ahí, con los brazos cruzados y una expresión indescifrable, ignorando rotundamente al chico, con la vista fija en Ginny.
-Tú… -murmuró Ginny.
-¿Qué haces? –se interesó Draco avanzando hasta ella, la enfermería estaba apenas iluminada por unas cuantas velas cercanas a donde Ginny trabajaba y la luz de la luna por la ventana le confería al cabello y ojos de Draco un brillo casi hipnótico.
-Una poción –Ginny volvió a murmurar, como si le asustara su propia voz, luego volvió a tomar su varita y comenzó a revolverla.
Draco se detuvo a unos pasos de ella y volvió a mirarla, la luz que había era suficiente para admirar su belleza. Sintió ganas de correr hacia ella, de soltarle la coleta y acariciar sus cabellos, su cuello, su espalda ¡Merlín! ¿Qué carajo le pasaba con ella?
-¿Qué haces aquí? –preguntó ella, recelosa, mientras ponía unas gotas de alguna cosa en su caldero y comenzaba a moverlo en sentido contrario.
-¿Qué clase de poción es esa? –preguntó Draco como si no hubiera escuchado la pregunta, porque la había escuchado, pero no podía pensar en ninguna repuesta adecuada.
-Una fórmula magistral –sin darse cuenta, Ginny volvió a sonreír con orgullo.
-¿Es tu fórmula? –Draco caminó los pasos que le quedaban hasta ella e intentó asomarse al caldero.
-Es de un sanador, yo sólo le agregué menta para mejorar su sabor.
-Ya veo –El sensible olfato de Draco alcanzó a captar varios de los ingredientes que Ginny había puesto en su poción, parecía una mezcla en verdad interesante.
-¿Es para Capewell?
Kendrick escuchó apenas su nombre, Draco y Ginny hablaban tan bajo que apenas y escuchaba murmullos y no es que estuviera muy interesado en eso.
-Si.
-¿Va a ayudarlo a recuperarse más pronto?
-No lo sé, podría ser… pero lo más importante es que mitigará las molestias.
Ginny por fin levantó la vista y se encontró con los ojos grises de Draco fijos en los suyos, apagó el caldero sintiéndose turbada pero se obligó a ponerse de pie para ir a buscar algunas redomas para separar la poción.
-Ya casi esta –dijo Ginny subiendo el tono de su voz y dirigiéndose a Kendrick –falta que tome un poco de consistencia, pero ya está.
Toda la atención de Draco se quedó en ella, en el brillo altanero de sus ojos y su sonrisa orgullosa, en cada paso que ella dio para acercarse a Capewell y darle la poción, en el tono imperioso en que le indicó beberla antes de que se enfriara y de nuevo, en esa perturbadora sonrisa con la que ella volvió hasta donde él se encontraba para llenar el resto de las redomas.
Esa sonrisa le iba mucho mejor que mirar embobada al Capewell mayor.
-Con permiso –murmuró Ginny después de un rato, quitándole de las manos la redoma con la que jugueteaba distraídamente. Parecía que Ginny quería agregar otra cosa, pero se detuvo por alguna razón.
La razón fue la mirada que él tenía, estaba llena de deseo y Draco no podía ocultarla, sus ojos grises la estaban abrazando y Ginny entendió que el calor que la comenzaba a embargar no tenía nada que ver con el fuego del caldero que había estado encendido; sus mejillas tomaron color de repente y estaba por ceder a la cercanía de Draco cuando recordó que Kendrick seguía ahí.
-¿Cuánto falta para que se duerma? –preguntó Draco sin dejar de mirarla, su voz era apenas un susurro.
-Casi –fue todo lo que salió de la boca entreabierta de Ginny –Casi…
Draco miró por encima de su hombro y observó a Kendrick que dejaba la redoma vacía a un lado y totalmente ajeno a ellos se acomodaba entre sus mantas, cogió la varita que Ginny había dejado en la mesa y apagó las velas con ella mientras se acercaba a la joven.
Ginny abrió la boca en esos momentos pero no llegó a decir nada, su cuerpo dejó de obedecerla en el instante en que el aliento de Draco la rozó, porque al segundo siguiente él estaba besándola, regalándola con el calor de sus labios, cogido a su cintura y a su cuello, como si la vida le fuera en ese instante.
Draco se negaba a pensar siquiera en soltarla en ese momento, estrechó la pequeña cintura de Ginny y deseó que no estuviera de por medio toda esa tela, deseó que ella pudiera ser suya y perderse en ella.
Y ella sentía sus labios recorriendo de nuevo los suyos y sentía que iba a desvanecerse cuando a Draco le dio por recostarla en la mesa en la que había estado trabajando, era sofocante, era un dolor placentero el poder sentirlo tan cerca, el saberlo tan suyo en esos momentos. Porque no podía ser. No podía ser.
-Debo detenerme –dijeron al mismo tiempo. Y se pusieron de pie.
-Yo… -Draco se acomodó la túnica y el cabello y miró hacia el lugar en el que Kendrick se hallaba, no se había movido.
Ginny lo detuvo poniendo una mano sobre su boca, Kendrick estaba profundamente dormido y sabía que en ese sentido no había peligro, en cambio era consiente del riesgo que implicaba dejar a Draco acercársele tanto, había comprobado que su barrera a él no era ni un poco resistente y temía lo que él haría con esa debilidad.
-Ya debo ir a dormirme –dijo lo más tranquila que pudo, Draco aún respiraba pesadamente frente a ella -. Estoy cansada.
Draco asintió con la cabeza. ¡Demonios! Tenía que tranquilizarse…
-Solamente dos cosas –dijo cuando ella estaba por entrar a su habitación.
-¿Sí?
-No soporto a Capewell. Y no voy a detenerme cuando esté vacía.
-D&G-
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¿Les ha gustado?
Agradezco a todas las que continúan aguardando por esta actualización, espero que haya valido la pena =).
¡Y ya está! Y aún no se revela lo del ataque… jeje ¿teorías? En esta trama quise eliminar a Harry desde un inicio porque Draco necesitaba un competidor distinto, y Harry puede ser o indiferente o tediosón xD ¿Qué opinan de Milo Capewell? ¿Les gusta? ¿Y de las parejas Alan-Jill Alex-Claire? Alguien ya comentó que prefiere Alan-Estella ¿Qué opinan las demás?
¡Para cualquier cosa, estoy al alcance de un review!
¡Un abrazo a todas!
muminSarita :D
