Lost.
Lenta pero seguramente, la ciudad comenzó a levantarse. El total fue de cinco bombas, y los últimos informes dijeron que el número de muertos era ochenta. Ochenta… Quizás solo fueran ochenta personas para el resto del mundo, pero en un lugar como este, donde todos se conocían, ochenta personas podían significar de todo. Podía haber sido tu hermano, tu amigo, tu madre, tu profesor de la infancia. Fueras donde fueras, veías las heridas abiertas. La gente ya no sonreía tanto, los susurros eran más normales en este tiempo. La noticia de que estábamos oficialmente en un periodo de guerra había volado como si fuera dinamita y un poco de fuego la hubiera encendido. No causo gran sorpresa en la gente, ya que se sabía que esto estaba viniendo desde hace mucho, pero el miedo fue igual a lo que se esperaba, o incluso mayor. La gente estaba comprando cosas para abastecerse, las calles cada vez mas vacías, los niños cada vez más tristes.
A pesar de todo esto, no hubo ningún ataque. Cuando era pequeña, y en clases de Historia me hacían leer sobre las guerras que estremecieron al mundo hace tantos años atrás, me había imaginado que todo había cambiado de un día a otro. Que la tranquilidad había sido remplazada por el fuego. Que las risas de un día eran los gritos de otro. Que no había momento de tranquilidad, donde la desesperación no estuviera presenta. Que la lucha por la sobrevivencia era simplemente eterna. Pero, quizás no era así. Y, a decir verdad, lo prefería. Quizás los gobiernos habían llegado a un acuerdo pacífico, como siempre tuvo que ser. No tenían por qué poner en peligro a simples ciudadanos inocentes. Las vidas perdidas no se les iban a devolver. La sangre derramada ya era suficiente, más de lo que debería haber sido nunca.
Mis heridas también comenzaron a sanar. Mi pierna poco a poco dejó de sangrar, y la herida se cerró, aunque aún sentía algunas pequeñas molestias al moverme muy rápido, o cuando alguien pasaba a llevar esa zona sin quererlo. Mi cabeza se demoró aun más. A pesar de que la herida no era profunda, era víctima de mareos y vómitos casi todos los días. A veces sentía que estaba metida en una lavadora, todo el mundo se movía a mí alrededor mientras yo lo miraba como si fuera de otro universo. Mamá insistió que fuera a ver un médico que pudiera decirme exactamente lo que me pasaba y como arreglarle, pero me negué. Dándome la razón, después de algunos días, los mareos y los vómitos dieron un paso atrás y me dejaron tranquila. Mi corazón, sin embargo, fue lo que mas lento sanó.
Las pesadillas de lo que había pasado me atacaban casi todas las noches. No podía dormir tranquila, despertaba una, dos, tres veces. Muchas veces lloraba y mordía la almohada con fuerza para que mis sollozos no despertaran a Mamá o a Sora. No quería que se preocuparan por mí, después del esfuerzo que tuve que usar para que se convencieran de que estaba bien. Ni siquiera yo misma sabía como estaba. Mi cabeza era un pantano muy oscuro como para atravesarlo. Y, sinceramente, me encontraba muy cansada como para hacerlo. Cada vez me retraía más en mi misma. Intentaba que no se notara, intentaba sonreír, escuchar, responder, entusiasmarme por cosas que se veían tan monótonas y bañadas en rutina. Pero la desorientación en los ojos de la gente era innegable. No podían hacer nada, de igual manera.
Comencé a interesarme más en la escuela. No tenía nada que perder. Las tareas se hicieron mas rápido, los profesores vieron que prestaba atención a las clases. Bueno, ellos eran los únicos felices con el cambio de personalidad del que había sido víctima. Le mostré todas las pruebas a mi madre, para que creyera que mi poco interés en las conversaciones familiares significaba mas interés en mis deberes. La vi contenta, y mi sentí contenta conmigo misma, también. Sora sabía mejor. Me sentía culpable de no pasar tanto tiempo con ella como lo hacía antes, pero no quería que mi hermanita viera el peso que tenía en el corazón. Así que me ahogué en deberes, tratando de no pensar. Me ahogué en deberes, en responsabilidades, en distracciones. Y la única vez que me permitía asustarme o llorar era en las frías y solitarias noches.
Un día, en el que la misión era ordenar el pequeño ático de la casa, encontré un arco. Seguramente era de mi padre. Su nombre había sido Kyo Haruno. Bueno, habló en pasado porque murió de cáncer, años atrás. La familia había sobrevivido a la muerte, pero aún veía en los ojos de Mamá esa chispa de tristeza, de 'te extraño', y me dolía en el alma saber que no había nada a mi alcance que pudiera lograr hacerla sentir mejor. Volví mi atención al arco. Estaba hermosamente hecho, casi tallado, y decía K.Hen letras pequeñas. Busqué las flechas, pero me costó aún mas hallarlas. Al parecer las habían guardado en dos cajas diferentes. Cuando por fin, luego de una hora y muchas cosas cambiadas de lugar, las encontré, no perdí tiempo en salir a probar la nueva herramienta de distracción que había encontrado gracias a un milagro.
La ciudad donde vivía colindaba con un bosque. Era grande, con árboles grandes y frondosos, que te daban una sombra exquisita en los calurosos días de verano. También estaba lleno de animales salvajes. Es por eso que nadie iba para allá. Mucho menos los adolescentes, como yo. Las únicas veces que había puesto un pie dentro de ese mar de verdes había sido cuando la escuela hacía viajes de cultura, donde te enseñaban cosas tan interesantes como era la televisión un domingo en la mañana. En síntesis, aburrido y desesperante. Las primeras veces fueron un desastre. Mis manos dolían terriblemente, y mi corazón también al darme cuenta de que tenía que darme por vencida, mis flechas no llegaban a ninguna parte y solo me estaba haciendo daño si seguía con este hobbie.
Pero decidí continuar. Y, con el paso de los días, me fui haciendo mejor. Me fui haciendo bastante buena. Quizás venía en mi sangre, ya que Papá se entendía con el arco y las flechas más que con su propia familia. Solíamos verlo salir con ellos hacia el bosque, para escucharlo volver a altas horas de la madrugada. La gente solía decir que yo y mi padre éramos iguales. Y quizás tenían razón en más de una manera. Así que, por un par de semanas, mi rutina de encontrar cosas que me sacaran la cabeza de las pesadillas de las que era víctima, fue cambiada por horas y horas en el bosque, practicando con el arco que había empezado a querer y respetar. Una noche, mientras cenaba con mi Mamá y mi hermana, les conté. Se sorprendieron de que las sonrisas verdaderas volvieran a bailar sobre mis labios, así que la alegría fuera inmediata. Sin embargo, me advirtieron que tuviera mucho cuidado dentro del bosque.
Y aquí me encontraba, saliendo del bosque. Debían ser aproximadamente las ocho de la noche. Generalmente, salía del bosque mas tarde, pero el gobierno iba a dar una noticia de emergencia, y nadie podía perdérsela. Arrugué la nariz. Esperaba que tuviera que ver con la guerra, que dijeran que había terminado, que no iban a haber mas bombas ni ochenta muertos ni niños como Kai que quizás no tuvieran la suerte de encontrar a alguien cerca. Quería que dijeran eso, pero mi mente sabía que había muy pocas probabilidades de que se hiciera realidad. Lamentablemente, las grandes cabezas de cada país eran personas que se caracterizaban por su falta de corazón y compasión hacia la gente que no había crecido en las mismas facilidades que ellos. Estaban tan acostumbrados a caminar en un camino hecho por la avaricia, que se perderían en uno que fuera hecho por la bondad. Suspiré. No había nada que una pequeña chica de una pequeña ciudad pudiera hacer.
El camino a mi casa pasó sin incidente alguno. Bueno, no quedaba muy lejos del bosque así que no mucho podía pasarme. Al abrir la puerta, mi hermana y Mamá ya estaban sentadas frente al televisor, esperando la transmisión. Murmuré un saludo y dejé el arco con cuidado sobre la mesa. Tomé un vaso de agua al seco, y me encaminé hacia donde se encontraba mi familia, sentándome en el espacio libre entre Sora y mi madre. Hablamos de temas sin mayor importancia, la escuela, las tareas, los peligros del bosque en la noche (a lo que yo dejé rodar los ojos, el tema había sido escuchado tantas veces que era casi una tortura china volver a escucharlo), las notas de Sora, etcétera. Quince minutos deben haber pasado fácilmente antes de que un ruido agudo hiciera que nuestra atención se volviera nuevamente a la televisión. Nos acomodamos en el sillón, esperando que cualquiera fuera el anuncio, le diera un respiro a todos los habitantes del país.
El presidente se encontraba ahí. Parecía nervioso, y sus labios apretados daban la sensación de que no quería comunicarle al resto del país la noticia con la que cargaba. Su frente se encontraba llena de perlas brillantes, que asumí era sudor. Alcé una ceja. ¿Qué cosa tan terrible podía ser para que el presidente se encontrara tan nervioso? Ni siquiera en cámara era posible disimularlo. Estaba rodeado de unas personas de las que no sabía el nombre, pero supuse eran famosos en el mundo de la política, que no me causaba mucha atracción, para ser sinceros. El contraste entre la calma presente en los rostros de estos extraños y la cara deformaba por el nerviosismo del presidente era impresionante. Mamá tosió un poco. Supuse que a ella le estaba causando el mismo asombro que a mí. Sora era muy pequeña para entender.
- El estado de guerra en el que nos encontramos no es sorpresa para nadie. – Comenzó, su voz rasposa. Mi esperanza bajó hasta el suelo. – Tampoco es sorpresa el estado en el que se encuentra el mundo. Muriendo. Cada vez hay menos personas y la calidad de vida baja asombrosamente cada año. Es por eso que me he visto en la obligación de contactar con los Presidentes de los países que nos están atacando. Finalmente, hemos llegado a un acuerdo. – Pidió un vaso de agua con la mano que no se hizo esperar, y luego de tomar un par de sorbos, recobró la fuerza. – Para no comprometer el destino de la raza humano, hemos decidido elegir a dos jóvenes, de entre trece a dieciocho años, representantes de cada país. Serán mandados a un lugar amplio en un país que no diremos aún. Allí, pelearan a la muerte. El último, o los últimos, en caso de ser del mismo lugar, que sigan en pie, le darán la victoria a su país. Así será la guerra en la que nos vemos encapsulados.
Sentí mi boca caer, mis ojos abrirse mas de lo normal, mi cuerpo tensarse. El aire comenzó a faltarme y me di cuenta de que se debía a que estaba respirando más rápido de lo debido. Tomaba pequeñas bocanadas de aire y luego las soltaba como si me quemaran la boca y la garganta. No quería pensar, no quería procesar, y absolutamente no quería darme cuenta del hecho de que Sora posiblemente podría ir a esa estúpida guerra. Y mierda. No quería que mi hermana pequeña pasara por todo eso. Pero no quería que ningún niño o niña lo pasara tampoco. Quizás una guerra normal fuera mejor, pero borré el pensamiento enseguida, ya que fue muy cruel, incluso para mi. Entre el zumbido de mis oídos escuché la voz del presidente balbucear algo de "mañana se darán los nombres" y mi cabeza volvió a Sora y al nerviosismo y mierda mierda mierda. Me sentí un pequeño nudo de emociones, y mamá se debe de haber dado cuenta, porque tomó mi brazo y mi dirigió a mi habitación.
Y veía las lágrimas caer por sus mejillas y el pasillo se movía y la oscuridad me engulló, así, sin mas. Quizás fue para mejor. Las pesadillas fueron confusas y llenas de sangre esa noche. Y cuando desperté, quise volver a las pesadillas con todas mis fuerzas. Al menos, ahí sabía que tenía una posibilidad de escapar. Porque verdaderamente no quería ser una adolescente en este mundo. Porque ya era muy enfermo y retorcido y tóxico llegar al extremo de matar niños solo por el simple placer de verlos. Porque no todos los Presidentes tenían el corazón de oro que el nuestro tenía. Y quise llorar, pero las lágrimas no salían. La rutina de la mañana ese día fue amarga y tortuosa. El camino a la escuela fue peor. Silencioso. Los niños salían de sus casas con la misma mirada que estaba segura yo presentaba en mi rostro. Apreté la mano de Sora con más fuerza, y su mirada asustada buscó mi rostro. Mi corazón se apretó.
Las primeras horas de clases pasaron como si nada. Incluso, comencé a cuestionarme si lo que había visto ayer en la televisión había sido culpa de mi dañada imaginación. Pero la expresión en el rostro de los demás me aseguraba que no, que por mas que deseara que fuera un sueño y rezara y todas las demás cosas que se me ocurrían podrían funcionar, lo pasado estaba hecho. Alguien de este país, dos personas, en realidad, tendrían que luchar. ¿Quién sabía luchar? Ya no estábamos en una época donde eso fuera importante y te pudiera salvar la vida. ¿Se estaban dando cuenta los Presidentes que lo que iban a presenciar iba a ser 30 niños asustados y con ganas de volver a casa, donde sus madres, donde sus padres, donde todo se hacía normal? Si, quizás si, quizás alguien se había negado, tratado de salvarnos, pero sus voces se habían acallado cada vez mas, aplastadas por la de la gente sádica y retorcida.
En medio de la clase de Lenguaje, una campana sonó y la profesora dejó de enseñar. Su cara se ensombreció y, con orden, llevó a toda la clase hacia el patio, que era grande, y podía aguantar a todos los alumnos presentes en la escuela. El Director, que era un hombre entrado en años y carne, se puso en frente a un podio de madera, común y corriente. Arregló los lentes que se resbalaban debido a su transpiración, y comenzó a leer un discurso. Mentiría si dijera que escuché alguna palabra de ello. Me pasé el rato buscando a Sora con la mirada, y cuando por fin la encontré y le dediqué una sonrisa para lograr calmarla, aunque fuera un poco, mi siguiente tarea fue mirar las expresiones de las demás personas presentes. El Director carraspeó, y volví mi atención hacia él.
- Comencemos con los hombres. – Al parecer me había perdido durante su discurso que los "elegidos" serían mixtos. No pude clasificar si era mejor o peor. Una asistente, o al menos eso parecía, de pelo castaño y una nariz respingada, le entregó un papel. El Director movió los lentes para poder leerlo bien. – Naruto Uzumaki.
El nombre no se me hacía conocido, pero sufrí por aquel chico que tendría que enfrentarse a la muerte, sin saber siquiera si saldría victorioso. Hubo un pequeño movimiento al otro lado del patio, y unos ojos azules junto con un pelo del color de los rayos de sol se posicionaron a un lado del Director. Alcé las cejas. Luché para que la sorpresa no se hiciera presente en mi rostro, pero luego sacudí la cabeza. Era imposible. Tres veces en la semana. Demasiadas veces. Imposible.
- Y ahora, las mujeres. – No querían perder tiempo, o eso es lo que se dejaba ver. Sentí un escalofrío viajar a lo largo de mi cuerpo y el nerviosismo no pudo ser escondido, como la sorpresa. Quería no estar aquí. Quería correr, escapar, respirar, y no parar hasta que alguien me dijera que todo había sido una gran broma y que ahora podía volver a casa. Que todos se habían dado cuenta que la guerra no nos haría llegar a ninguna parte y habían decidido vivir en un acuerdo de paz silencioso.
Pero este no era el caso.
Y la próxima vez que el Director abrió la boca, un sentimiento agridulce se hizo dueño de mi cuerpo.
No era Sora Haruno. Era Sakura.
Me demoré un poco más con este capítulo, el motivo es que mi imaginación no quiso aportar mucho esta vez. Tal como les había dicho, esta guerra no va a ser como las que acostumbramos a ver en el mundo de hoy en día. Por otro lado, las respuestas a sus reviews:
Ikari-cheen: ¡Muchísimas gracias! Tu review me dió ganas de seguir avanzando en esta historia, y por eso me forcé a mi misma a continuarla. Espero que no te haya defraudado.
Azkaban: Bueh, Fanfiction algunas veces nos molesta a todos. La verdad es que me dediqué a leer historias bien escritas y desarrolladas, asi que espero que estén influenciando aunque sea un poco mi forma de presentar Dandelion. De nuevo, muchas gracias por tu review :)
BlueEyesAnime: Dandelion se refiere a la planta con flor, mas conocida en español como Diente De León. Quizás mas tarde te des cuenta de la manera en que se relaciona con la historia. ¡Gracias por leer la historia y dejar tu review!
Los dejo en paz para que puedan leer el capítulo, que espero que esté a la altura de sus expectativas. Les agradecería dejar un review si es que les gusta, ya que me apasiona mas para continuar. Nos vemos a la próxima, bye bye ~
