Esta historia es creación única y exclusiva de Welcome2myWorldxoxo. Yo solo me adjudico la traducción. Gracias por leer.
Summary: ¿Todos tienen una fantasía con una figura mayor? bueno... yo la tengo. Diez años mayor que yo y aun sexy. Me enamore. ¿Legal? No ¿ increíble? sí. Ahora era el momento de hacer que él se enamorara de mi. ExB
Segundo Capitulo
A La Deriva
Estaba sentada bajo el taburete de la cocina, jugando con mi muñeca y tarareando una suave canción
"Isabella" sus gritos agudos y ensordecedores llegaron desde la sala de estar. La muñeca cayo de mis brazos y mi pecho se oprimió. "Isabella" grito nuevamente. Cerré los ojos por un momento deseando que todo fuera un mal sueño. Escuche un golpe desde la otra habitación y salí rápidamente bajo la mesa. Corrí hasta la sala y me encontré con el cuerpo de mi madre, tendido en el suelo, murmurando maldiciones. Cuando noto mi presencia dijo burlona "Miren quien ha decidido hacer su gran aparición"
Seguía congelada en la entrada con mi cuerpo luchando una guerra interna dentro de mí. Una parte de mi decía que me alejara, porque era seguro que saliera herida, pero otra me obligaba a ayudarla, después de todo era mi madre la que me pedía ayuda.
"Solo vas a quedarte allí pequeña perra ingrata o vas a ayudarme a subir" dijo entre dientes.
Camine lentamente hacia ella que me veía con los ojos inyectados de sangre. El desprecio puro que irradiaba casi lograba opacar el hedor a alcohol de su cuerpo.
Me detuve justo en frente, haciendo caso omiso a la sensación de suciedad de la alfombra al rozar mis pies descalzos. Mi mano temblaba mientras la extendía, su mano fría y húmeda se envolvió alrededor de mi muñeca y tiro fuertemente haciéndome caer. El dolor me atravesó, pero mordí mi labio y al momento utilizo mi caída como medio para levantarse.
Renné soltó mi mano y cogió mis brazos. Estaba tan concentrada en aferrarme a mi cuerpo, que no me había dado cuenta en cuanto ella levantaba su mano y me daba una bofetada. Caí hacia atrás con un grito ahogado, tapando mi rostro con mis manos. Mi cara picaba y cerré rápidamente mis ojos, no quería que viera las lágrimas en ellos. No hubo necesidad de ayudarla a burlase de mí.
"La próxima vez que te llame…vienes de inmediato" dijo entre dientes y luego escuche sus pasos desaparecer.
Abrí mis ojos lentamente y sobe mis labios. Me arrastre tras del sofá, sabiendo que ella no me buscaría allí. En silencio desee tener mi muñeca conmigo tal vez solo por el hecho de tener a alguien conmigo. Hundí fuertemente mis dientes en mi labio inferior por lo que no me sorprendió el hecho de sentir la tibia sangre caer de ellos. Esta no era la primera vez que algo como esto sucedía.
No paso mucho tiempo para volver a oír los pasos de Renné volver a hacer eco en la sala. Me congele al ver cómo iba por la habitación recogiendo los objetos, cosa que me extraño, ya que usualmente ese era mi trabajo. El tintineo de las botellas resonó por la habitación y me obligue a seguir en mi escondite, aprensando mi pequeño cuerpo contra la pared.
De pronto, todos los ruidos cesaron y vi una sombra por encima de mí. Mi corazón martilleaba por el miedo de mirar hacia arriba y ver su rostro. Pero en lugar de ver la habitual mueca de burla su cara solo había dolor.
"Adiós Isabella" murmuro y desapareció. Un minuto más tarde, oí cerrarse la puerta y el silencio se filtro en el apartamento. Esperé unos segundos para estar segura de que ella se había ido antes de salir por detrás del sofá.
Me senté en el medio de la sala de estar y me quede mirando la TV en blanco. No se me permitía tocarla a menos que alguien me pidiera que la encendiera. Me limpie la nariz con el dorso de mi brazo, recogiendo las lágrimas perdidas y atraje las rodillas hacia mi pecho. Apoye la cabeza en ellas y me pregunte si debería ir a buscar mi muñeca a la cocina. Finalmente decidí no hacerlo, después de todo, no tenía fuerzas para mover un solo musculo.
Solo quería quedarme allí y enviar mi mente a otro lugar. No puedo decir con exactitud cuánto tiempo deje a mi cabeza divagar en el espacio, pero cuando desperté todo estaba en el mismo lugar, oscuro y frio. Mi respiración salió a borbotones…odiaba la oscuridad.
Me puse de pie y camine por la sala intentando buscar algún interruptor, pero ninguno de ellos funcionaba. No era nuevo que a mi madre se le olvidara pagar la factura de la electricidad.
Volví a morder mi labio intentando averiguar en donde estaba ella.
Jamás se quedaba fuera por tanto tiempo. En general la única razón por la que dejaba la casa era para conseguir más alcohol en la tienda de la esquina.
Mi estomago rugió y me encontré a mi misma intentado caminar por des iluminado apartamento hasta la cocina. Sabiendo que la estufa no funcionaba intente encontrar algunas galletas.
Tome un vaso de agua y lo lleve-junto a las galletas- debajo de la mesa; donde mi muñeca yacía en el mismo lugar en donde la había dejado. La puse en mi regazo al mismo tiempo que tarareaba una canción y comía las galletitas.
Una vez hecho esto, volvía a la sala de estar y me acurruque en el sofá con una manta fina sobre mí. Ya sabía que por la mañana, ella estría de regreso para arreglar las cuentas y todo volvería a la normalidad.
Estuve a la deriva con mis sueños irregulares, estos era mesclas de gritos, dolor y oscuridad. Cuando abrí los ojos con la luz de la mañana, sentí una repentina sensación de soledad. Me di cuenta de que ella no había vuelto, volví a acurrucarme y a cerrar los ojos.
Cada parte de mi cuerpo se sentía como hecha de plomo por lo que ni siquiera intente levantarme. Mi garganta estaba seca y mis ojos irritados.
Día y noche se juntaron y cada vez que mis ojos se habría y notaban que ella no estaba, me decía a mi misma que llegaría pronto. Que ella no se había ido. Y que debería quedarme allí y esperarla.
Ella era todo lo que tenía…y ahora me dejaba.
El paquete de galletas se había acabado por completo en el segundo día. Y no pude hallar nada más que no estuviera congelado o podrido.
Por lo tanto me quede esperando a que volviera. Pero después de la segunda noche no sabía si quería o temía a su regreso. El apartamento estaba desordenado, no había limpiado ni cocinado nada. ¿Seguro eso me valdría un buen castigo?
Justo cuando pensé que podría ponerme a limpiar un poco, oí como alguien gritaba mi nombre tras la puerta, golpeando fuertemente pidiendo que abriera. Me asuste tanto, que volví a mi posición preferida y cerré los ojos. "Todo es un sueño" me dije. "Esto no está sucediendo realmente, pronto me despertaría y me encontraría en un rincón adolorida y cansada"
De pronto hubo un gran ruido y grité…luego…todo se volvió negro.
Desperté en mi cama respirando con dificultad. Mi corazón parecía latir a cien kilómetros por hora y mis oídos bloqueaban la entrada de cualquier otro sonido. El sudor empapaba mi pijama y lo hiso pegarse a mi cuerpo. Un pequeño sollozo se escapo de mis labios y clave mis uñas en mi cabello.
Cerré los ojos y me obligue a respirar, para calmarme.
"Solo fue un sueño. Estas despierta ahora" murmure. No había tenido estos sueños desde que estaba en la casa de acogida. Estos se habían vuelto menos frecuentes con el tiempo.
Una lágrima se deslizo por mi mejilla y abrí los ojos nuevamente. La oscuridad era lo único que veía y el pánico comenzó a formase en mi pecho. La noche era siempre un signo de soledad para mí. Una señal de que estaba sola y todas las personas las que alguna vez había amado, se habían ido.
Baje de la cama y camine hasta la sala. Forzándome a respirar y no dejarme invadir por el miedo. Me dirigí hacía el cuarto principal. Dude con mi mano a pocos centímetros de la perta, pero empuje de todas formas. Edward descansaba recostado sobre su espalda, con hojas esparcidas por sobre su pecho. Se veía tan tranquilo que no me atrevía a despertarlo.
Me acerque a una silla y me quede sentada cómodamente en ella. Tome la manta que estaba tras de mí y con ella me acurruque. Esta no era la primera vez en que decidía pasar la noche, sentada en su habitación, solo viéndolo dormir. Sin ningún tipo de contacto con él, el sueño volvía a mí.
Mire a Edward y suspire mientras inclinaba mi cabeza hasta las rodillas. Deseaba algún día poder tener el mismo rostro de paz que él. Me relaje y deje a mi mente vagar. Todavía era extraño para mí, incluso después de tres años de la partida de Esmme y Carlisle.
La casa estaba tan vacía sin su presencia. La atenta mirada de Carlisle desde su sillón y la hermosa sonrisa de Esmme, que siempre adornaba su rostro sin importar que.
Aun dolía pensar que ellos estaban muertos. Dos personas tan buenas de corazón y llenas de amor deberían haber vivido. ¿Por qué no murió alguien más en su lugar? Esta era la única pregunta que me hacía constantemente. Sabía que hacer preguntas para las que nadie tiene respuesta era una pérdida de tiempo, pero no podía evitar que estas circularan por mi mente.
Tuve la suerte de que Edward me llevara consigo y cuidara de mí. Quiero decir… ¿Qué chico de veinticuatro años hubiera querido tener la responsabilidad de cuidar de una niña de quince? Mi corazón se aceleraba cuando me daba cuenta de lo desinteresado que era.
Si tan solo me mirara, digo…realmente. Podría darse cuenta de todos mis sentimientos hacía él.
Edward no había tenido demasiada historia con las chicas desde que lo conocía. Incluso antes de que llagara a casa. Siempre se le veía los fines de semana…y mucho más después de que Esmme se quedara cuidando de Carlisle.
Claro. El había tenido una que otra relación…pero estas jamás se prolongaban demasiado. Ya fuera por la exigencia de su trabajo en el hospital, o la responsabilidad de cuidar a una adolecente de diecisiete.
Solo quería que se diera cuenta…lo mucho que lo amaba.
Suspire al saber que él siempre me vería como a una hermana pequeña o…dios no lo quisiera una hija.
Arrugue mi nariz; no quería poner esa imagen en mi mente.
¿Cómo haces que un hombre nueve años mayor, te tome enserio y deje de verte como una niñita? Mierda…ni yo lo sabía.
Estos eran lo momentos en que necesitaba a Alice. Su optimismo podía hacer de una personas con instintos suicidas llegar a ser sacerdote…si…era buena.
Estaba tan absorta en mis pensamientos, que no note cuando había despertado.
"Hey" murmuro dulcemente.
Alcé la vista sorprendida y me sonroje ligeramente "Hey" susurre. El movió su cabeza hacía un lado y palmeo perezosamente la otra mitad de la cama. Mi corazón se lleno de felicidad y cambie mi posición en la silla para estar a su lado.
Coloco su brazo a mi alrededor y me acerco hacía él. Descanse mi rostro en su pecho e inhale su exquisito aroma.
"¿Estás bien?" pregunto despacio. Sabiendo que la única razón por la que estaba en su habitación era por algún mal sueño o porque simplemente no quería estar sola.
Asentí. Dejando que las lagrimas de la pesadilla anterior se fueran.
"Lo estoy ahora" dije.
No volvió a insistir. Jamás me obligaría a decir más de lo que no quisiera. Esa era una de las muchas cosas que amaba de él. Su comprensión. Nunca me presionaba a hablar más de la cuenta. Edward solo me dejaba ser yo misma y me aceptaba con todos mis fallos.
Con ese feliz pensamiento. Me deje ir a la deriva…sabiendo que esta…terminaría siendo una buena noche.
(Aclaro…quince años tenía Bella cuando Edward tomo su custodia, de eso ya van casi tres años. Por lo tanto así quedan las cosas
Edward: 27
Bella: 17 (pronto 18)
