Yo soy humana y vivo en un mundo donde los vampiros están en control y están en guerra con los lobos. ¿En donde deja eso a nosotros los humanos? ¿Sera posible forjar un tratado para ponerle fin a la guerra? ¿Se puede encontrar el amor en medio de este lío? Cualquier cosa es posible ¿Verdad?
Disclaimer I do not own twilight! That honor goes to Stephenie Meyer's!
Author - Nails233
Transalator – Bells Masen Cullen
La guerra de los mundos
Capítulo IV:
BPDV:
"¡Hey… ven aquí y danos un abrazo!" Edward se encorvó de repente, gruñéndoles a todos.
"¡Emmett, aléjate de Edward ahora!" ordenó Alice.
"Hey, Edward, tranquilízate tío. ¿Qué te pasa?" Levantó las manos a modo de rendición.
"Emmett, realmente tienes que alejarte, sus emociones están descontroladas." Probablemente debería haber estado asustada, pero no lo estaba.
"Edward. Hijo, por favor, tienes que relajarte. No necesito tu don para ver lo que está pasando aquí. Nadie va a alejar a tu Isabella de ti. Ella es tuya y solo tuya. Así que, ¿por qué no la llevas de vuelta al piso de arriba y os vemos más tarde?" Eso pareció calmarle ligeramente, pero solté una risita cuando se dio la vuelta y me lanzó sobre su hombro antes de subir corriendo las escaleras.
"¡MÍA!" gruñó suavemente mientras me daba un beso muy profundo que hizo que mi estómago ardiera.
"Solo tuya," jadeé cuando lo rompió para ir a mi cuello.
"Lo siento," murmuró suavemente mientras subía por mi cuello y se movía a través de mi mejilla.
"No lo sientas." Fue mi turno para capturar sus labios con los míos.
En cuanto llevó su mano al nudo de mi vestido, jadeé, dándole la oportunidad de meter su lengua profundamente en mi boca. Su sabor era más que exquisito. Con un tirón, mi vestido se abrió, exponiéndome a él por primera vez. No pude evitar preguntarme que pensaba él, pero no tuve que preguntármelo mucho tiempo.
"Mía… hermosa… mía… te necesito… mía." Vale, no creo que él quiera devolverme, eso es algo bueno.
La sensación de sus dedos helados por mi estómago no hizo nada para enfriarme. Cuando me empujó contra él, todo en lo que pude pensar era que él llevaba demasiada ropa. Me aseguré de que él lo supiera cuando empecé a gruñir y a tirar de su camisa. Gracias a Dios, pilló la indirecta y, en un fluido movimiento, había desaparecido. No pude controlar el estremecimiento que recorrió mi columna cuando me quitó completamente el vestido de terciopelo, dejándome en nada más que piel desnuda. Algo iba mal; lo supe en cuanto su cabeza giró de golpe hacia la puerta.
"¿Qué pasa?"
"Una complicación, ponte otra vez el vestido y la capa." Hice lo que dijo tan rápido como pude, pero no pude evitar notar que él estaba gruñendo bajo su aliento.
Sin otra palabra, me agarró la mano y nos llevó al piso de abajo de vuelta a la sala de estar. Para cuando entramos en la habitación, ya no escondía sus gruñidos y finalmente supe porqué; sentado en el sofá estaba el Maestro Aro y el hombre que había intentado comprarme primero, James.
"Buenas tardes, Edward, ha pasado bastante tiempo desde la última vez que te vi."
"Hola, Aro, ha pasado bastante tiempo. ¿Cómo podemos ayudarte hoy?" Podía ver que él intentaba no gruñirles abiertamente.
"Aro ha parado para asegurarse de que estábamos felices con nuestra reciente adquisición," declaró Carlisle con calma.
EPDV:
"Sí… bastante felices, gracias por preguntar."
"Así que, ¿no has tenido problemas? Sé que Carlisle no te ha dado elección. ¿Es ella aceptable?"
"Es perfecta; el único problema que hemos encontrado son demasiadas introducciones." Ese comentario sacó los pensamientos reales de James. Esperaba que no la hubiera clamado mía.
"Edward, cálmate. No es necesario gruñir. No van a quitarte a tu Isabella, ¿cierto, caballeros?"
"Por supuesto que no, Carlisle. Como he dicho, solo parábamos para ver a la pareja feliz. Habría sido terrible que él no fuera feliz con tu elección. Le habría ofrecido otra elección si no lo era, eso es todo." En ese momento le vendería a Isabella a James por cincuenta barras de oro.
"Bueno, eso no es necesario porque estoy encantado con la elección de Carlisle para mi pareja. Toda la familia no podría estar más feliz con ella, y yo nunca querría a nadie más." Era difícil no querer arrancarle la cabeza a James mientras se comía con los ojos a mi pareja. Ella, por supuesto había tomado su posición defensiva, escondiéndose detrás de mí con su capucha aún puesta.
"Isabella, por favor, quítate la capucha, tenemos que asegurarnos de que eres tú, ya que parte del acuerdo que Carlisle firmó especificaba que eras comprada como pareja y no como criada." Aro esperaba que tal vez la hubiera golpeado para que él pudiera romper el contrato bajo la pretensión de salvarla.
Sabía por la forma en que se escondía que tenía miedo de Aro, pero no sabía por qué. James siseó cuando se quitó la capucha de la capa y reveló su hermosa cara para ellos. Sus pensamientos empezaban a sacarme de quicio cuando empezó a tenerlos sobre cómo se veía desnuda en la subasta. Los pensamientos de Aro eran solo de decepción por no poder usar su excusa para sacarla de nuestra casa.
"Bueno, esto está muy bien. Se ve tan maravillosa como siempre, pero tengo que pedirle a mi hermano que se una a nosotros solo un momento para leer la relación, luego volveremos a Seattle para ver a otra pareja allí." Marco entró en la habitación como si supiera que le necesitaban.
"Hola, por favor, disculpad mi intrusión, prometo que esto será rápido e indoloro." Sus pensamientos me pillaron por sorpresa, en realidad se podían ver las cuerdas que nos unían a mí e Isabella.
"Así que, Marcus, ¿qué tal le va a la pareja feliz?"
"Honestamente, Aro, nunca he visto a una pareja tan conectada. No hay forma de separarles ahora. Son una pareja completamente unida e incluso Bella está demasiado conectada como para dejarle."
"¿Bella?" ¿Por qué la había llamado Bella?
"Sí, ella prefiere que la llamen Bella. Estoy seguro de que ya te lo ha dicho."
"Sí, por supuesto, pero me sorprende que lo sepas."
"Yo fui su maestro en la clase de "Cómo complacer a una pareja vampiro"." Gracias a Dios, según sus pensamientos, las alumnas no eran tocadas y ellas tampoco tocaban nunca a nadie.
"Bueno, gracias por enseñarle de forma tan excelente, ella siempre me hará feliz. Pero, si no os importa, Bella y yo estábamos en medio de algo y tenemos que terminarlo." Y rápido antes de que alguien más intente meterse entre nosotros.
No podía esperar a que ella subiera las escaleras caminando; la necesito lejos de ellos y en mi cama AHORA. Por suerte, Carlisle los estaba acompañando fuera a su coche cuando yo cerré de un portazo.
"¿Porqué?" suspiré.
"¿Por qué, que?" susurró.
"¿Por qué no me dijiste que prefieres que te llamen Bella?" Intenté no sonar tan frustrado como me sentía.
"Simplemente no pensé en ello, no me importa cómo me llames mientras me llames tu pareja," susurró mientras se mordía ferozmente el labio inferior.
Ese pequeño acto unido a sus palabras me deshicieron. Antes de que ella pudiera pestañear, su capa y su vestido estaban de vuelta en el suelo, dónde se quedarían hasta que hubiéramos terminado. No más distracciones, la casa podía caerse a nuestro alrededor y no permitiría que nos interrumpiera.
En el minuto en que la tuve en mis brazos el mundo se sintió correcto. Ataqué sus labios fervientemente lo que, gracias a Dios, ella devolvió con el mismo entusiasmo. Cuando sus pequeñas manos empezaron a juguetear de nuevo con mi camisa, me la arranqué en mi intento de ayudar. Honestamente, quería quitarme mi ropa tanto como ella parecía quererlo. Los sonidos de mis gruñidos empezaron a llenar la habitación cuando ella empezó a desabrochar el botón y la cremallera de mis pantalones.
Definitivamente me pilló con la guardia baja cuando se puso de rodillas mientras quitaba mis pantalones y bóxer. La sensación de sus manos en mi masculinidad me hizo temblar; nadie me había tocado nunca ahí y, después de hoy, nadie más que Bella lo haría.
Esta chica siempre me impresionaría. Podía verla inclinándose pero, antes de registrar lo que estaba haciendo, me había metido en su cálida boca. No podría detenerla ahora ni aunque lo intentara. No había nada con lo que comparar la sensación, estaba más allá del cielo pero, solo el saber que esto es lo que ella quería hacer, me mantuvo plantado donde estaba. Así que ahí me quedé, con la cabeza echada atrás, los ojos cerrados y jadeando con las manos en sus largos y suaves mechones de pelo hasta que no pude detenerme de gruñir su nombre "¡Beellllaaa!" mientras me liberaba por primera vez en mi vida.
No tuvo la oportunidad de levantarse antes de que yo la cogiera y la echara en la cama. Todavía estaba desesperado por ella y necesitaba clamarla para siempre. Incluso después de lo que acababa de hacerme, se veía muy inocente mientras me cernía sobre ella.
Dios, la sensación de sus dedos masajeando mi cuero cabelludo fue suficiente para que empezara a soltar gruñidos juguetones, pero luego empezó a tirar y no tuve más elección que darle el beso que ella buscaba acaloradamente. Finalmente, fue mi turno para conocer su cuerpo y eso era algo por lo que definitivamente estaba ansioso.
Empecé en su cuello, lentamente, y dulcemente seguí con mi viaje hacia el sur hasta sus cimas. A cambio, fui agraciado con los sonidos de los suspiros y gemidos de Bella. Eso es definitivamente algo que podría pasar la eternidad escuchando, pero palidecía en comparación con los gemidos de sus preciosos labios cuando introduje su montón de carne en mi boca y empecé a succionar. Su sabor era indescriptible. Solo podía imaginar que la humedad de su fuente de calor debía saber incluso mejor. Iba a volverme loco cuando finalmente liberé su otro pecho, del cual me aseguré que recibiera toda la atención que necesitaba.
"Bella, por favor – dime – que te has – encargado de – tu himen." Por favor, Dios, que haya seguido esa regla sagrada.
"Sí – lo hice – yo misma – la semana pasada. ¿Por favor?" No pude detenerme de deslizarme dentro solo una pulgada al principio antes de salir y deslizarme dentro dos pulgadas.
Supe en el momento en que empecé a entrar en ella que nunca había sido tocada y que yo sería la única persona que la tocara de nuevo. Lentamente, hice mi camino para que se fuera acomodando a mi tamaño. Esto continuó hasta que estuve completamente rodeado por sus paredes íntimas.
"Tan estrecha… mía… para siempre." Fue la extensión de mi último pensamiento coherente hablado.
"Oh… tan bueno… tan grande… tuya… siempre." Aparentemente Bella sufría la misma aflicción que yo.
Entre sus gemidos y sus caderas chocando contra las mías, quedé en el borde de la inconsciencia pero, cuando ella perdió el control, lo hice yo también, y gritamos el nombre del otro. Por primera vez en mi vida, me sentí en una caída libre. Era una sensación que quería tener cada día del resto de mi existencia. Un gemido escapó de ella cuando salí para tumbarme a su lado. Sabía cómo se sentía, porque yo también moría por volver a estar en ella. De cualquier manera, les había prometido a mis hermanas tomarme quince minutos de descanso entre cada acto para asegurarme de que Bella no estaba herida, y estaba dispuesto a sufrir por su comodidad.
APDV:
"Alice, ¿qué haces aquí sentada en las escaleras del segundo piso?" preguntó Jazz mientras se sentaba a mi lado.
"Estoy haciendo guardia para el tercer piso porque, en dos minutos, Jessica va a intentar molestar a la pareja feliz y no voy a permitir que eso pase de nuevo.
"¿Sabes por qué intenta sabotear su apareamiento?"
"No. ¿Tú sí?" ¿Qué sabe él que yo no?
"Sí, a ella todavía le gusta él y está celosa de que Bella tenga su completa atención."
"¿Le has dicho esto a Edward?" Definitivamente se volverá loco si se entera de que ella lo hace a propósito.
"Nah, creo que eso puede esperar. Por la cantidad de amor y lujuria que baja de esas escaleras, diría que hay que esperar."
"Puedes decirlo de nuevo, ella acaba de dejarle seco." No pude evitar soltar una risita cuando él me miró con la boca abierta.
"Alice, no puedes decirme esas cosas ahora mismo, me está tomando todo mi control no saltarte encima aquí en las escaleras." ¡Owww, tal vez cuando Jessica se marché le deje! Al menos ella era puntual.
"Buenas tardes, Jessica, ¿dónde crees que vas?"
"Voy a dejarle a la Señora Isabella una bandeja de comida."
"Este no es el mejor momento para eso, ¿por qué no me la dejas a mí y yo la dejaré en su puerta?"
"Pero al Señor Edward no le gustaría eso, Señora Alice." Como si fuera el momento, se pudo oír el gruñido de Edward "¡Beellllaaa!" por todo el pasillo.
"Sí, veo que es un mal momento. Simplemente la dejaré aquí, con usted. Gracias." Nunca la había visto correr tan rápido como lo hizo al escapar.
"Bueno, Alice, creo que la has asustado. Eso o lo ha hecho Edward." Soltó una risita conmigo mientras le llevaba a nuestra habitación para unos juegos de tarde.
