Disclaimer: los personajes y el mundo mágico son propiedad de J.K. Yo solo tomo la inspiración de las musas y pongo el tiempo para escribir.


10. El rostro de la comprensión.

Su mente se quedó en blanco durante algunos segundos antes de ponerse a trabajar a toda máquina. Una primera reacción (bastante aceptable según su criterio), habría sido el escepticismo. Imposible. Porque Xenophilius Lovegood era el hombre más chiflado que conocía. Sí, de carácter tratable y predominantemente inofensivo, pero chiflado a final de cuentas. Su periódico había sido un chiste durante años, se vestía como una mezcla de abuela de los sesenta y preescolar. Pero al mismo tiempo... Tenía sentido. Y quizás esa era la parte más impactante. Porque todos los Inefables debían tener una fachada, algo para descartar su posible relación con el trabajo y que los dejara como magos del montón ante los ojos de la sociedad. Y eso debía ser especialmente aplicable al líder de todos ellos.

Pero no dejaba de ser sorpresivo, rocambolesco. Si bien jamás había dedicado mucho tiempo a especular quién podría estar al mando de un departamento con tanto secretismo y poder, siempre imaginó a un hombre mayor, quizás a alguien que fumaba pipa, usaba trajes oscuros y tenía una cicatriz en la ceja. Definitivamente nunca habría apostado por alguien... Bueno, por él.

El silencio de la habitación parecía cargado de estática. Draco se dio cuenta de su falta de réplica un poco tarde, pero entonces reparó en que Lovegood no lo miraba a él, sino a Naethan. Al final el hombre negó y una sonrisa afable apareció en las comisuras del jefe, quien lucía con algunas arrugas extras desde la última vez que lo vio.

-Señor Lovegood.

-Xenophilius está bien –acotó, entrelazando las manos frente a sí. Parecía un ministro hippie a punto de oficiar una ceremonia–. Yo me haré cargo a partir de ahora –el anuncio fue expresado en general, aunque el Inefable de túnica verde no parecía nada complacido–. Muchas gracias por acudir, Naethan –la despedida, tan casual e irrevocable, fue mucho menos del agrado del hombre. Pero claramente no iba a quejarse de la orden de un superior. Por tanto, les dedicó un par de rígidas cabezadas antes de retirarse–. Entiendo que no estaba siendo un interrogatorio sencillo.

-Yo... –Draco negó. Su cabeza, todavía nublada por sus vivencias recientes, y ahora agitada por la revelación de la identidad del hombre frente a él. Quién, la verdad sea dicha, mantenía una expresión de calma, pero con un brillo de interés que jamás había notado en él.

-Permítanme compartirles algo. El escuadrón de casos no clasificados, o más popularmente conocido como "los de las túnicas verdes" –citó, con una amplia sonrisa–. Es un grupo de élite muy reducido, no solo por su línea de trabajo, sino por su principal requisito de admisión. Y es que solo legeremantes naturales pueden formar parte de él –Draco alzó las cejas en reconocimiento, mientras el auror fruncía el ceño detrás de Lovegood–. Oh, en efecto, Harry. Significa que son perfectamente capaces de acceder a la memoria de cualquier persona sin necesidad de un hechizo y casi sin que su receptor sea consciente de ello. Aunque claro, hay excepciones –el hombre, que se había girado a medias para responder a la pregunta no verbalizada del moreno, volvió a centrar su atención en él–. Y tengo entendido, que eres una de ellas.

-Mi mente ha estado bloqueada desde que tenía quince años –admitió, sorprendiéndose a sí mismo. Con Naethan se había sentido juzgado, como si tuviera que estar en guardia. Pero Lovegood daba otra impresión, mucho más relajado y confiable. Además, era su jefe. Qué tan malditamente impactante era eso, eh.

-Tienes un dominio excepcional de la oclumancia, es innegable –asintió, aumentando su cuota de asombro cuando siguió hablando–. Lo siento por esa última parte del interrogatorio, creo que nuestro compañero empezaba a frustrarse por no poder acceder a tu mente. Diría que es la primera vez que le pasa en... Bueno, en toda su vida –rió por lo bajo, aunque casi de inmediato se quedó callado, absorto en sus pensamientos.

-No es problema, je... Xenophilius. Conozco el procedimiento en estos casos.

-Ah. Claro, el procedimiento –Draco reconocía la mirada especulativa del hombre, aunque no poseía el tinte hostil y acusatorio que la de Naethan–. Extraer un detallado recuento de cada aspecto de la misión. Un poco engorroso bajo ciertas circunstancias, ¿no crees? –Sin embargo, antes de que pudiera contestar volvió a hacer el movimiento de mirar sobre su hombro, girando un poco para dejar a Harry más al frente de Draco–. Antes de proseguir, ¿te parece bien que tu amigo esté presente durante el resto de la conversación? –La expresión anonadada del auror casi lo hizo reír. Y es que para él mismo todo eso era... Impensable. Estaba seguro de jamás haber cruzado más que un par de palabras con el hombre. En tanto Harry había visitado su casa, era amigo de su hija desde hacía años. Sin embargo, ese reconocimiento de su derecho a hablar en privado, el sentir que protegía su integridad, lo hizo experimentar una ráfaga de simpatía y admiración por él.

-Sí... Me gustaría que esté conmigo –decidió finalmente. Si tenía que embarcarse en un relato pormenorizado de lo ocurrido, quería al menos poder buscar su mirada, sino es que sentirse reconfortado por su sola presencia. Sabía que la connotación en que aceptó también decía mucho, no solo aceptar su participación en algo tan delicado y personal, sino hacerlo de esa forma cercana. Esperaba que Harry también lo entendiera así.

-Sabia decisión –dijo con simpleza, obligándolo a apartar la mirada de esos maravillosos ojos verdes–. No planeo quitarte mucho tiempo, Draco. Tengo una pregunta y dependiendo de tu respuesta, actuaremos... Digamos, con una excepción no explícita de nuestro manual de procedimientos.

-De acuerdo –replicó despacio, reconociendo una sombra de inquietud en los usualmente soñadores ojos grises.

-Tengo una teoría sobre los acontecimientos y la locación de tu última misión. Por ello necesito preguntarte... ¿Estuviste en su celda? –Una vez más, fue como si su mundo se detuviera durante segundos muertos para luego empezar a girar a toda prisa. Volvió a escuchar un atronador silbido en sus oídos. Y comprendió que había dejado de respirar como es debido cuando la habitación se emborronó y se deslizó entre las sábanas. De pronto Harry estaba a su lado, diciéndole a Lovegood algo que no pudo entender. El mayor asintió una vez, para descontento del moreno. Draco se las arregló para tomar su mano en medio del caos, al tiempo que se esforzaba para llenar con suficiente aire sus pulmones.

La mención tan directa, aunque al mismo tiempo discreta, hacia la prisión de Morgana, lo desconcertó por completo. Era obvio que el jefe de los Inefables sabría al respecto, o al menos tendría una idea. No obstante, al mismo tiempo se sentía vulnerable, desnudo. Porque si sabía lo que era, también sabría lo que había vivido ahí.

Y querrá la historia completa.

No tenía forma de escapar o de salir de ello con un relato a medias. No notó que había cerrado los ojos hasta que escuchó que lo llamaban. Parpadeó los puntitos de colores en los bordes de su visión y se concentró en el semblante preocupado de Harry.

-¿Quieres agua? –Negó. Entonces regresó su atención a Lovegood, que aguardaba paciente y sin parecer ni un poco sorprendido por su reacción.

-Mis disculpas, debí considerar que una mención directa podría...

-Sí –Draco carraspeó, moviendo los dedos nerviosamente contra los del auror–. Estuve ahí.

-Es lo que temía –y genuinamente lucía pesaroso, como si una de las criaturas inventadas que defendía su periódico hubiera estado cerca de ser descubierta, pero al final se hubiese escabullido–. Lo que pediste a Naethan se hará efectivo –determinó tras una larga inspección, en que había conservado ese aire de disculpa–. Se cancelará el reconocimiento actual y cualquier misión futura que involucre ese lugar. Es demasiado peligroso –eso debió tranquilizarlo, pero solo pudo responder con un asentimiento flojo. A su lado, Harry parecía contrariado, obviamente sin poder comprender de qué iba todo eso–. Te aseguro que de haber estado al tanto de esa misión, la habría anulado en el acto.

-Señor... Xenophilius –consiguió decir por fin, recuperando cierto dominio sobre su voz–. ¿Ha estado ahí?

-No, nunca. Mi conocimiento se basa en archivos clase alpha –dicha mención le hizo alzar las cejas. Era el tipo de información más restringida. De acceso reservado para el jefe y subjefe de los Inefables–. De hecho, el último testimonio sobre este lugar data de hace ciento treinta y siete años. Había sido apropiadamente evadido desde entonces –de nuevo, información que debía ser tranquilizadora, pero solo aumentó la presión en sus hombros. Porque aunque Lovegood no lo dijera explícitamente, su testimonio en ese momento era de incalculable valor documental. De su experiencia dependía dotar de más claridad el misterio sobre ese sitio.

-Dijo que actuaríamos con una excepción al manual –recordó, luchando por mantenerse al día con la conversación y evadir por más tiempo la inevitable narrativa de su misión. Inexplicablemente, eso iluminó el rostro del hombre.

-En efecto, no podemos clasificarlo ni procesarlo como cualquier otra misión –hizo una pausa, con una sonrisa a medias–. Cada mentor tiene una filosofía que transmite a quien entrena. ¿Qué te enseñaron a ti?

-No debe haber secretos entre la magia y yo –respondió sin dudar. Él asintió con solemnidad.

-Resume muy bien nuestro propósito. Y creo que a todos nos forman con una idea similar. Pero al asumir el manto de jefe, mi antecesor añadió un segundo renglón a lo que había sostenido hasta ese momento –suspiró despacio y citó–. Todo el conocimiento requiere un precio, y la oferta se cierra cuando involucre dañar a los tuyos.

-Suena como algo difícil de cumplir.

-En innumerables ocasiones. Desde la más básica misión que podría comprometer la integridad física de un individuo, hasta la más compleja, que ponga en riesgo la estabilidad mental y emocional de alguien –Draco asintió, entendiendo sin más el mensaje. Xenophilius sabía dónde había estado. Y en pos de su bienestar, no le exigiría el testimonio de rigor. Siguiendo con su racha de reacciones contradictorias, el joven suspiró, tomando una dolorosa pero necesaria decisión.

-Aprecio la oferta, señor. Pero juré sobre un reglamento y elijo ceñirme a él –sí, muy probablemente estaba siendo necio y masoquista. Aunque también se sentía valiente, dueño de sí mismo. Si era capaz de transitar por esas memorias, de relatar y plasmar en papel todo lo vivido, era posible que encontrara algo de la paz que había mencionado Morgana.

-No puedo decir que me sorprende tu decisión –admitió con una sonrisa. Y aunque se sintió bien ser el receptor de su admiración, Draco no lo hacía por eso. Era total y certeramente por sí mismo–. Y en ese caso, voy a respetar tus deseos. Aunque siguiendo mi compromiso con tu bienestar, voy a proponerte dos alternativas para la recolección de tu base testimonial.

-¿Sin interrogatorios? –Sonó quizás demasiado esperanzado, pero es que de verdad que no quería volver a enfrentarse a Naethan, más aún sabiendo que todo el tiempo el hombre estaría intentando tirar las protecciones de su mente. Sería igualmente incómodo con alguien de su equipo o su jefe inmediato. De hecho, irónicamente quién se perfilaba más confiable para el trabajo era el mismísimo Xenophilius. Lo habría propuesto y aceptado sin muchas quejas, pero el hombre le ofreció sus opciones primero.

-Así es. Nada de preguntas intrusivas o entrevistas con desconocidos. La primera posibilidad, es una base documental a forma de monólogo. Un testimonio escrito que puedas elaborar en soledad y que, por supuesto, tendrá desde el principio la categoría alpha –casi volvió a deslizarse en las sábanas por lo aliviado que se sentía, al fin después de tantas emociones negativas–. La segunda es quizá menos atrayente en principio, pero creo que es más adecuada. Y es que, por la naturaleza y contenido del testimonio que darás, es posible que necesites algo de apoyo y contención. Ya sabes, la carga emocional se puede sobrellevar mejor entre dos. Sin embargo, el carácter personal de lo ocurrido obliga a que quien sea que te brinde este apoyo, sea alguien de absoluta confianza –Lovegood les sonrió a ambos, con un suave encogimiento de hombros–. En resumen, puedes tener a alguien contigo que te ayude a dar forma a tu testimonio, sin realizar propiamente un interrogatorio. Solo para acompañarte durante una experiencia que no será nada fácil. De elegir esta opción, deberás comunicarme quien sería la persona asignada, para dar mi autorización y realizar el juramento de silencio respectivo.

El Draco de hacía unos años jamás habría siquiera considerado la segunda alternativa. A quien engañaba, el Draco de hacía tres días habría soltado un rotundo no. Y es que desde muy joven había aprendido a no pedir ayuda, a no necesitar a nadie. No tenía por qué molestar a otros con sus problemas. En el mejor de los casos simplemente no podrían ayudarle, y en el peor les estaría otorgando armas en su contra. Se tenía a sí mismo, su astucia, su ingenio. No debía necesitar a nadie. Y la verdad es que podía imaginarse encerrado por horas escribiendo el monólogo requerido. Yendo y viniendo, entre lapsus de serena concentración y momentos de pánico y abatimiento. Claro que podría sacarlo adelante.

Pero no tiene que ser así.

Por primera vez desde su adolescencia, se permitió considerar cómo sería dejar entrar a alguien. Compartir esas densas alucinaciones. Admitir lo asustado y triste que había estado. Compartir su dolor. No sería algo sencillo o agradable de escuchar. Sería como derribar las barreras de su mente por primera vez en 14 años. Liberó un ligero suspiro por sus labios entreabiertos. No quería poner esa carga sobre sus padres. Y sus amigos más cercanos no tenían idea de su verdadera identidad como Inefable. Jugueteó con los dedos de Harry… Y casi se echa a reír del alivio y la ironía en ese gesto.

-La segunda –dijo finalmente, sin prolongar más sus meditaciones.

-Perfecto. Tendrás que informarme la identidad de tu compañero en cuanto hayas decidido y esa persona haya aceptado –Draco ya se había ladeado en ese instante, clavando sus ojos en el subjefe de aurores.

-Harry, ¿tú querrías...? –Se le quebró la voz, aunque no fue necesario que terminara su petición.

-Por supuesto que sí, Draco –sin dudas, sin pensarlo dos veces. La incipiente calidez que había sentido hacía rato volvió para asentarse.

-Así será. Lo que nos facilita las cosas, pues Harry ya ha realizado dicho juramento –se obligó a regresar su atención a su jefe, asintiendo solo una vez–. Bien, con eso resuelto, y tal como Harry no ha dejado de pensar, debería marcharme para permitirte descansar –un nuevo chispazo de afecto lo atravesó, conmovido de que ni el jefe de los Inefables se salvaba del temperamento protector del moreno–. Pero antes de eso, ¿hay algo más que pueda hacer por ti?

No quería hacerlo, pero debía pedirle algo. Sabía que Harry no lo atacaría a preguntas al retirarse Xenophilius, pero necesitaba que entendiera a qué se enfrentaría tras lo que acababa de aceptar. A riesgo de que se arrepienta y decida que no quiere pasar por eso. Draco mandó a callar a esa parte de sí mismo, y se forzó a efectuar su solicitud.

-De hecho, sí. Xenophilius... ¿Podría explicarle a Harry en donde estuve? –Si su demanda le pareció sorpresiva o fuera de lugar, no lo demostró. Al contrario, le brindó una sonrisa de ánimos antes de girarse hacia el auror.

-Con gusto. ¿Debo partir asumiendo que tu conocimiento sobre Morgana es limitado? –Harry parpadeó atónito, como si ese inicio fuera lo más alejado a aquello que esperaba escuchar.

-Así es, señor.

-Eso pensé. Lastimosamente, es muy poco lo que se enseña sobre Morgana. Y cuando se hace alusión a ella, tiende a ser con connotación negativa. Pero hay mucho más allá de esa imagen de bruja oscura y desquiciada que suele asignársele. Morgana fue, en resumen, un prodigio. Desde su juventud mostró aptitudes para la creación de conjuros, elaboración de pócimas e invención de artilugios mágicos. En nuestros días, sería incentivada, habría hecho fortuna con tanto ingenio. No en su época. Al contrario, fue perseguida e incluso castigada por todo lo que hacía –suspiró con pesar, como el profesor que reconoce talento en el más vago de sus alumnos, sabiendo que la mayor parte de él se perderá–. Fue su búsqueda por el conocimiento la que llevó a Morgana a emprender un viaje, documentando diferentes formas de hacer magia y brebajes dependiendo de cada región. Sin embargo, poco a poco empezó a correr el rumor. ¿Una bruja viajando sola y preguntando sobre magia antigua? Las mentes más conservadoras empezaron a verla con recelo. Fue entonces que llegó a Devonshire, en esa época el condado de Wellmerie. En tanto el conde se enteró de la presencia de Morgana en sus tierras, ordenó su captura. Fue sencillo, porque era la primera vez que era perseguida. No obstante, igual de sencillo fue para ella escapar. Pero eso sentó un precedente, y entonces lo que se decía de ella tuvo un cambio significativo. Ya no se trataba de una bruja solitaria y extraña. Ahora era una hechicera descontrolada y peligrosa. Por lo tanto, muchos más poblados empezaron a tratarla como presencia hostil, demandando su captura. Pero como he dicho, ella era astuta. Y consiguió evadir a sus perseguidores durante mucho tiempo. Al menos lo suficiente para que las aguas se calmaran. Sin nuevas noticias, los rumores mueren y el colectivo pasa a otro tema. Pero no el conde de Wellmerie. Quien no solo mantenía activa su búsqueda, sino que se había obsesionado tanto que ordenó construir una prisión capaz de contener a la bruja. Y para mala suerte de Morgana, la cacería del conde dio resultados. Esa sería la primera vez que ella fue encarcelada. Porque la fortaleza, construida con una impresionante unificación de métodos mágicos y muggles, era impenetrable. Se esperaba que fuese su morada hasta el final de sus días. Así, sin juicio, defensa ni testigos. Solo una condena irrevocable. Y por un tiempo, el conde debió regodearse en su triunfo. Al menos hasta que se esparció el rumor de que Morgana había escapado. Nadie sabía cómo, y parecía imposible dado lo portentoso de la fortaleza y los habilidosos carceleros asignados a custodiarla. Fue entonces que el conde envió a un grupo de sus lacayos a traer noticias de la prisión. Esperaba que volvieran en tres días, con información tranquilizadora. Para su desazón, pasaron las semanas y ninguno regresó. Presa del temor, envió a tres de sus mejores duelistas, seguro de que ellos volverían para explicarle qué había ocurrido. Pero de nuevo, ninguno volvió. Sospechando que Morgana se había valido de magia muy poderosa para desaparecer a tan expertos magos, decidió enviar al mayor de sus consejeros, un viejo muy sagaz y curtido en hechizos antiguos. Y tal como lo previó, el hombre fue capaz de regresar. Aunque no lo hizo solo. Traía consigo a los carceleros originales, y a los demás enviados. Sin embargo, ninguno de ellos era útil para narrar lo sucedido. Todos parecían abstraídos, fuera de sí mismos. Murmuraban, gritaban, huían sin provocación. Únicamente el viejo mago era capaz de comunicarse de forma coherente. Pero lo que hizo dejaría todavía más asombrado al conde: el sabio consejero anunció su renuncia a su cargo, brindando un último consejo. Que nunca, en ninguna circunstancia, un hombre volviera a poner un pie en la antigua prisión de Morgana. La cordura será el precio por tan temeraria acción. Obviamente, el conde exigió más explicaciones, pero a parte de la corroboración de que Morgana había escapado, no obtuvo más información. Pensando que el mago ya estaba demasiado senil, optó por entregarle una bolsa con oro y lo envió a su retiro. Para infortunio de su corte, no siguió la recomendación del hombre. Y durante años designó a diferentes personas para explorar la fortaleza abandonada, siempre obteniendo el mismo resultado: magos hábiles que quedaban incapacitados de por vida, sin poder volver a articular una frase coherente. Pasaron décadas hasta que se pudo dar un poco de luz al misterio que rodeaba la que fuera la primera prisión de Morgana. Y quien reveló su naturaleza fue precisamente el viejo mago, que en su lecho de muerte pudo escribir su testimonio y enviarlo al conde. Es el primer relato conocido sobre la que él denominó "la prisión de la mente".

Draco, que había estado más que embebido en el relato, sintió un escalofrío ante tal mención. Un nombre de lo más apropiado para semejante lugar.

-Lo describió como un sitio que se apropia de los recuerdos, sentimientos y miedos de quien se interna en él. Centrándose en los últimos. Relató la forma vívida y tormentosa en que había sido enfrentado a cada uno de ellos. Al parecer, sus memorias finalmente hicieron entrar en razón al conde, quien ordenó el cese a la búsqueda de la bruja y la clausura definitiva de la fortaleza. Prohibió toda visita al lugar, escribir al respecto o siquiera hablar de ello –Xenophilius suspiró, alternando la mirada entre ambos con cierto deje de ironía–. El problema sobre este tipo de secretismo es que con el tiempo se olvida. Y la historia se repite. Tristemente, eso pasaría muchas veces en los años venideros. Porque durante mucho tiempo funcionó, la fortaleza se mantuvo fuera del radar de magos y muggles. Pero sería un descendiente del original conde de Wellmerie quien reviviría la historia. Para ese entonces, el condado había desaparecido y dicho hombre estaba más cerca de ser un donnadie que de ser relacionado con una estirpe de poderosos magos. Y fue en ese contexto que encontró los archivos de su antepasado. Documentos que llevaban mucho tiempo en el olvido, en los que se narraba los horrores que aguardaban a aquellos que tuvieran la mala suerte de encontrar tal lugar. Parece suficiente para disuadir a cualquiera, ¿no? Pues surtió el efecto contrario en dicho joven. Más bien, lo vio como una oportunidad perfecta para obtener fama, y regresar algo de gloria a su apellido. Por ello partió en búsqueda de la antigua prisión de la hechicera, como la nombraba su antepasado, y para su mala suerte, la encontró. Su testimonio nunca fue documentado. Lo único que se sabe de su destino, es que volvió unos años después, totalmente trastornado. Fueron curanderos y algunos historiadores quienes le dedicaron un par de líneas, refiriéndose a él como el hombre desquiciado que apareció un día diciendo algo imposible. Que Morgana lo había llevado a la locura. Era una acusación de lo más inesperada y rocambolesca, ya que para entonces la bruja llevaba muerta algunos años. Pero su historia trascendió, al punto de cobrar vigor y convertirse en una leyenda urbana que ya fue imposible de ignorar. Y como sucede en muchos casos, hubo quienes quisieron ponerla a prueba. De nuevo, desafortunadamente, algunos lo consiguieron. De forma muy diferente a lo ocurrido hacía años, el lugar se volvió muy atrayente. Se le llegó a considerar una prueba de valentía, una forma de ganar conocimiento. Por supuesto, para algunos funcionaba. Para muchos otros simplemente era su perdición.

-Abundan las mentes quebrantables –citó, haciéndose eco de las palabras de Morgana. El Inefable mayor asintió, con un brillo de admiración en los ojos.

-En efecto. Y con el tiempo, fue esa percepción la que ganó. Era un sitio peligroso, que debía mantenerse abandonado. Lo que favoreció a que se diera así fueron las revueltas de los duendes. Si bien no estaban directamente relacionadas, ese territorio fue reclamado por ellos y como sabrán, los magos dieron un paso atrás en pos de la negociación –Draco hizo una mueca y podía imaginar el rostro de confusión de Harry, ya que ninguno de los dos había usado esa parte de la historia más que para bromear de cuando en cuando. Sí, lo aprendió alguna vez para los TIMOS, pero lo desechó en cuanto hizo el examen y nunca volvió a pensar en ello. No obstante, Xenophilius siguió hablando, ajeno a su desconocimiento de esa parte de los sucesos–. No dudo que alguno que otro desafortunado haya encontrado la fortaleza durante ese tiempo, pero no se tiene registro al respecto. Las crónicas se reavivan siglos después, casualmente con la formación del ministerio de magia. Fue justo después de instaurado el estatuto del secreto. Nace el ministerio como tal y poco a poco sus dependencias, según las necesidades que surgían. El primer ministro dio prioridad a velar por el estatuto, y en esa línea ordenó que se sacara de circulación todo objeto mágico que estuviera en poblaciones recientemente denominadas como muggles. Al mismo tiempo, propuso que se realizara un censo de propiedades mágicas que deberían ser escondidas. Y déjenme agregar, que fue así como surgió el departamento de misterios. Un grupo selecto de magos que tendrían a su cargo el resguardar la información más peligrosa, velando porque los secretos de la magia permanecieran así. Fue en esta búsqueda que encontraron testimonios sobre la prisión de la mente. Y por supuesto, fueron enviados a explorarla.

Xenophilius se detuvo un momento, suspirando como si le pesara lo que contaría a continuación.

-Debo advertirles que en esa época se tomaron una serie de decisiones desafortunadas que tuvieron consecuencias nefastas. La primera fue esa, enviar a un grupo a explorar la edificación. Porque nadie nunca supo el motivo, probablemente por el tiempo que estuvo en abandono, pero los hombres designados a tal misión encontraron un lugar con magia descontrolada que los enloqueció hasta el final de sus días. Lo lógico ante esa demostración de hostilidad, habría sido ocultar el sitio y olvidarse de él. Pero como otros hacía siglos, el ministro se obsesionó con la prisión de Morgana. Y decretó que cada año, un mago de talento excepcional sería enviado a adentrarse en la prisión de la mente. Había filtros, por supuesto. Tenía que ser alguien que hubiese probado su fortaleza mental, su poder mágico y su ingenio para enfrentarse a situaciones de vida o muerte. No obstante, ninguno de los enviados volvía ileso. Algunos jamás volvían a ser miembros productivos de la sociedad. Otros se recluían u optaban por el exilio. Hay diversos testimonios de esa época, pero todos coincidían en lo mismo: era una experiencia demoledora que cambiaba tu vida.

Efectuó una pausa, quizás por cansancio, quizás para ordenar sus ideas. O para permitir que eso calara en Draco antes de continuar. Algo era seguro, su testimonio no iba a contradecir esas conclusiones.

-Fue el siguiente ministro de magia quien cambiaría el enfoque hacia esa propiedad. Y que, siendo honestos, tomaría la peor decisión al respecto. Su primer decreto fue sensato: concluir con esa horrible misión que ponía en riesgo la vida de los Inefables. Lo más conveniente después de eso, habría sido clausurar el lugar y esconderlo. Pero aquí viene algo que se ha repetido muchas veces en la historia, incluso en la más reciente. Y es que se toman malas decisiones fomentadas por el miedo –no lo comprendió del todo, pero un tono de disculpa se coló en la voz del hombre, que en ese momento tenía fija su mirada en Harry–. Su decreto fue el siguiente: que la prisión de la mente sería destruida hasta sus cimientos. Bien, no niego que con otras edificaciones mágicas eso sea posible. No hay lugar indestructible. Es lo que nos dice la razón. Y para eso designó a un grupo de expertos, que derribarían hasta la última roca de la fortaleza.

Draco sabía muy bien que eso había sido imposible, y preveía que en esa parte de la historia estarían las consecuencias nefastas que se habían mencionado antes.

-Al principio fue una tarea sencilla. Destruir puertas, ventanas. Demoler paredes. Una actividad de lo más ordinaria, hasta que llegaron a la habitación que había sido su celda. Porque no importaba cuántos hechizos de explosión o desintegración aplicaran, nada parecía surtir efecto. Ni siquiera la destreza combinada de varios magos al unísono. Por lo que, tras intentar por todos los medios de uso habitual, alguien tuvo una idea desesperada. Un medio de destrucción tan inestable y peligroso que la mayoría jamás llega a verlo en su vida –habían pasado años, pero Draco casi cae presa del pánico. Todavía era capaz de evocar el calor sofocante, las figuras demoníacas y el color intenso de las llamas. Era el tono que solía teñir sus peores pesadillas–. Decidieron usar fuego maldito. Y la reacción contra la magia acumulada ahí fue peor de lo que podrían haber podido imaginar. No creo necesario abordar detalles, pero el resultado de esa misión fue de 7 bajas en el campo, 3 en días posteriores y dos sobrevivientes. Tras tan trágico accidente, por fin se ordenó abandonar el sitio indefinidamente. Se ocultó de los muggles, y poco a poco se eliminó todo rastro de su existencia del folklore popular. Desde entonces, solo se tiene registro esporádico sobre la edificación. Su carácter sobrenatural alcanzó tal punto que no siempre es posible encontrarla, como si se desplazara de lugar o apareciera en determinados días del año. Eso hace que sea imposible rastrearla u ocultarla de forma más definitiva. Y, tal como te comenté hace rato, el último testimonio sobre su existencia databa de hace más de un siglo. Según el mago que estuvo ahí, la misma Morgana le brindó instrucciones para dejar mejor protegido el lugar, otorgándole el uso de un guardián que alejaría a cualquiera que corriera el riesgo de llegar a la prisión –Draco asintió, pero fue incapaz de decirle que el guardián seguía ahí. Aunque en su caso había sido más un guía–. Eso es cuanto puedo contarles sobre la prisión de Morgana.

-Gracias, Xenophilius –pronunció, con un latente sentimiento agridulce. Ahora que sabía mejor la historia del lugar, podía considerarse afortunado de salir de ahí en solo un par de días y con la cordura prácticamente intacta. Pero saber los horrores ocurridos entre las paredes donde él mismo estuvo, cómo su vida podría haberse quebrado ahí mismo... Resultaba impactante, muy difícil de digerir. Harry tenía razón. Necesitaba descansar, aunque una parte muy importante de sí mismo temía volver a ese lugar al cerrar los ojos.

-No hace falta decirlo, Draco. Solo un consejo: toma el tiempo que necesites. Para poner en orden tu mente, para realizar tu base testimonial. Se te otorgará una licencia para tus demás responsabilidades. Y en cuanto te sientas listo para regresar, el departamento de misterios estará ahí para ti –suspiró, el alivio y la gratitud entremezclándose. No es que temiera perder su trabajo. Pero, y aunque le hubiera gustado que fuera de otra forma, sabía que era imposible volver al campo de inmediato. No sería eficiente ni apropiado. Pero tener la opción sosegaba esas preocupaciones–. Además, me tomé la libertad de firmar una autorización para que tus padres puedan visitarte. Ya fueron notificados y se encuentran en la sala de espera –el viejo Inefable habló ladeando el rostro, como una antena que intenta localizar mejor una señal–. Están en el proceso general antes de poder entrar a esta ala. Puedes indicarle a cualquier miembro del hospital el momento en que decidas verlos. ¿Tienes alguna otra pregunta o petición? –Ver a sus padres... Sintió su garganta apretarse, su tranquilidad de nuevo en vilo.

-No, ninguna –su voz salió algo ronca, lo que le valió una sonrisa de disculpas del mayor.

-De nuevo, sé que no es el procedimiento habitual, pero pensé que podrías querer verlos –por un instante, temió que Xenophilius realmente pudiera estar traspasando las defensas de su mente, algo que casi se confirmó con su siguiente comentario–. Tus pensamientos siguen siendo tuyos, Draco. Como legeremante natural, llevo tanto tiempo leyendo a los demás, que me he vuelto muy hábil en reconocer reacciones en otros, incluso sin prestar atención a sus pensamientos puntuales. Y me pareció notar cierta turbación en ti cuando los mencioné.

-Oh –casi exhaló aliviado, para negar de inmediato–. Es solo que pensé que no los vería hasta salir de aquí.

-Comprendo. Y creo que ellos también comprenderán si estás demasiado agotado para recibirlos ahora. No deberían tener problema con esperar o volver en otro momento –no estaba seguro de haberlo pensado en otra ocasión, pero esa habilidad para brindar apoyo y calma sí que parecía algo mágico también. Y definitivamente encajaban con el perfil del líder del departamento de misterios.

Draco se obligó a dejar de divagar, tomando otra osada resolución consecutiva.

-Está bien, los recibiré en 15 minutos.

-Como gustes, se lo comunicaré al encargado al salir –les sonrió una vez más, arreglándose su capa ladeada lo suficiente para dejarla más asimétrica–. Estoy seguro de que te ayudará rodearte de las personas que quieres y que se preocupan por ti –su mirada se desvió un segundo hacia el auror, antes de volver a él con calidez–. Usa esta experiencia como una oportunidad de aprendizaje y conocimiento personal. Enfréntalo con sabiduría y entereza, sin permitir que las partes más negativas se apoderen de ti. Y por último, quiero que sepas que estoy orgulloso y muy satisfecho de contar con alguien como tú entre mis colegas. Hasta la vista, jóvenes.

Fue así, como tras la corta despedida del subjefe de aurores y el atónito silencio del Inefable, se retiró el jefe del departamento de misterios.


Notas finales: la historia de Morgana fue algo en lo que pensé mucho y que tuve que escribir dos veces, ya que fue en esta parte del fic que tuve un percance con mi celular y perdí más o menos un capítulo y medio. Pero finalmente me gustó como quedó y fui incapaz de acortarla. Espero que les haya gustado, y será hasta el viernes. Como siempre, se agradecen los comentarios. Y desde ya les deseo una muy feliz navidad.

Allyselle.