Disclaimer: los personajes y el mundo mágico son propiedad de J.K. Yo solo tomo la inspiración de las musas y pongo el tiempo para escribir.
11. El rostro de la reconciliación.
-Eso fue…
-Raro –completó, meneando la cabeza sutilmente.
-Entonces… quizás debería ir un rato a la cafetería –Harry se aclaró la garganta, en un evidente intento de restar seriedad a todo lo que acababa de escuchar. Sin embargo, de momento no era eso lo que le angustiaba. Y es que pese a que había aceptado recibir a sus padres, no estaba del todo seguro de cómo se sentiría volver a verlos. Porque, aunque Harry también había sido parte de las ilusiones de la prisión de la mente, al menos las suyas habían sido relativamente inofensivas y llevaderas. Pero sus padres…– O mañana, como gustes –añadió, al mismo tiempo que él cerraba los ojos. La imagen desmadejada e inerte de Lucius apareció tras sus párpados, por lo que se apresuró a abrirlos.
-Solo quédate un momento más –pidió, en un murmullo ahogado. Podría haber jurado que la arruga de preocupación había vuelto al semblante del auror, pero las lágrimas al borde de sus ojos le hacían dudar.
-Draco… –El hombre exhaló y al instante siguiente se encontró con el rostro escondido contra su pecho, un par de fuertes brazos sosteniéndolo sin dudar–. Lo siento mucho.
-¿Por qué?
-Que hayas pasado por eso.
-Es mi trabajo –si no fuera casi imposible, diría que Harry le dio un suave beso a un lado de la cabeza antes de contestar.
-Los viste ahí, ¿verdad? A tus padres.
-Varias veces –aceptó en un hilo de voz.
-Está bien, ya tendremos ocasión de hablar de eso.
-¿Estás seguro? –El moreno asintió contra su hombro, pero también ofreció una réplica verbal.
-Más que antes.
-Gracias.
-No tienes que decirlo –Draco negó, alejándose para volver a verlo a los ojos.
-Claro que sí, porque no será fácil. Pero también… por no rendirte.
-Jamás lo habría hecho.
-¿Siempre tienes que ser el maldito héroe de la historia? –Harry rió, pues era una pregunta que le había hecho un par de veces en esos años. Aunque jamás en circunstancias similares.
-No se trata de heroísmo, sino de… –Amor, completó en su mente. O al menos deseó que fuera el complemento. En cambio, el auror tragó saliva y usó sus toscas manos para limpiarle las lágrimas con delicadeza–. Eres muy valiente, Draco. No estoy seguro de haberlo dicho antes, pero es así. Y cuando vi esos destellos plateados en el cielo… Estaba sorprendido de que me hubieras tomado la palabra, pero también agradecido de que confiaras en mí. No podía fallarte.
-Sigue sonando bastante heroico –Harry rió por lo bajo, negando. Su rostro ya estaba seco, pero él seguía acariciando su mejilla. No que Draco tuviera fuerzas o intenciones de mencionar eso, claro.
-Bueno, creo que puedo soportar que me veas como tu héroe.
-Que no se te suba a la cabeza –advirtió. El moreno sonrió de lado, aunque seguía luciendo consternado–. Estaré bien –afirmó, tanto para tranquilizar a Harry como para sí mismo.
-Lo sé. Es solo que no puedo evitar preocuparme por ti.
-Me gustaría decirte que no lo hagas, pero sería un tanto hipócrita de mi parte. Porque es lo mismo que experimento cada vez que me entero de algún operativo de los aurores. Y no sabes el maldito alivio que siento cuando recibo tu nota para decirme que vayamos por una cerveza –Harry suspiró, su sonrisa inundándolo de una calidez y dulzura que pocas veces había sentido en su vida.
-Supongo que iremos por una cerveza después de esto –Draco negó, para desconcierto del joven.
-Al diablo con eso, beberé hasta desmayarme. Tú estarás a cargo de que no haga mucho el ridículo mientras tanto –rió al escuchar su pretencioso plan, pero asintió.
-Tendremos que definir qué aplica como ridículo, porque ya te he visto participar en competencias improvisadas de baile, cantar al ritmo de los Backstreet Boys y llorar porque tuviste que podar tus rosas.
-¡No lloré por eso!
-No, pero sí te pusiste muy emotivo –Draco se sorprendió riendo con eso, aunque en su momento había sido más bien vergonzoso–. Te veías de lo más adorable.
-Harry… –No sabría decir si se habría animado a besarlo justo en ese instante, para poner a prueba lo vivido en la última ilusión, porque entonces la puerta se abrió y el auror volteó de inmediato.
-Draco –inhaló tembloroso al escuchar el llamado ahogado de su madre, por lo que agradeció que Harry no lo hubiera soltado del todo aún.
-Mamá. Papá –pese a su saludo, le dio una mirada más al perfil cincelado y encantador del hombre. Entonces finalmente los enfocó. Su madre se veía mayor en comparación a las ilusiones, pero igual de hermosa y elegante. Y su padre… Aunque ya no solía ostentar el gesto altivo de antaño, sí que mantenía un porte predominantemente lejano e inconmovible. Más no en ese momento. Sus ojos de la misma tonalidad de los suyos ni siquiera parecían escandalizados de que estuviera abrazado a otro hombre, ni reservados por la identidad del susodicho. Era como si solo pudieran verlo a él, reflejando alivio y cariño.
-Esto… creo que hoy sí debería retirarme –fue Harry quien volvió a dirigirse a él, acariciando un poco su espalda como signo de apoyo.
-¿Volverás luego?
-Claro. Tengo que informar sobre… el papeleo pendiente –sonrió de lado por ese eufemismo, pero asintió conforme con ello.
-Nos vemos luego, entonces –estaba seguro de que su sonrisa se había ampliado cuando, ante el atónito silencio de los mayores, el moreno le dio un suave beso en la frente. Eso sí que requería otro tipo de valor, lo que lo hizo sentir todavía más atraído hacia él.
-Adiós, Draco. Señores Malfoy –se despidió con brevedad, saliendo tras el ahogado "señor Potter" que su madre alcanzó a emitir.
-Están aquí –dijo torpemente. Aunque por la indecisión de ellos a acercarse supuso que no era el único que reconocía lo raro de la situación. Y no solo por la compañía en que lo habían encontrado.
-Pues… Nos tomó por sorpresa cuando recibimos la llamada del sanador. Es la primera vez en años… –Finalmente llegó hasta él, sentándose donde Harry había estado y peinó su flequillo con profundo afecto–. Sé que no podemos preguntar sobre la misión, pero… ¿Estás bien?
-Yo… Sí, físicamente estoy bien –su padre se aproximó un poco más tras su vacilante respuesta, aunque se quedó a los pies de la cama.
-¿Y anímicamente? –Cuestionó su madre, ante lo que solo pudo negar. Volvió a estar al borde del llanto cuando ella lo abrazó, atenuando la dolorosa ilusión en que se había alejado pese a sus ruegos–. Estamos aquí para ti, mi niño.
-Gracias, mamá.
-Mi cielo, no es algo que debas agradecer –negó, alejándose para mirar directamente hacia los expresivos ojos azules.
-No me refiero solo a este momento. Gracias por… todo, en serio. Por dejarme ser un niño cuando los demás me exigían otras cosas, por ser tan comprensiva, por apoyarme aun cuando no estabas de acuerdo con mis decisiones. Yo… no sería quién soy sin ti. Fuiste una luz incluso en los días más oscuros de mi vida –Narcissa agachó la cabeza, pero él alcanzó a notar la lágrima que caía en su regazo–. Lo siento, no quería…
-No te disculpes, es solo que… Es tan inesperado que digas todo esto, Dragón.
-Lo imagino. Pero es que… lo que pasó puso en perspectiva muchas cosas –compartió, sin llegar a indagar en detalles–. Me di cuenta de que no siempre fui justo contigo, ni valoré los sacrificios que hacías por mí, por nuestra familia. Porque tú… pasaste por cosas que no merecías, pero lo hiciste por amor. Y eso… Eres una mujer admirable.
-Ya basta, me harás sonrojar –Draco sonrió, dándole un sonoro beso en la mejilla como ella solía hacer cuando él era un niño y lo encontraba llorando donde el abuelo Abraxas no pudiera encontrarlo. La forma en que su madre sonreía después de eso le dio el coraje necesario para voltear hacia su padre. Lucius había permanecido como un silencioso y extraño espectador del intercambio entre madre e hijo. Sin embargo…
-Papá –llamó. Y le impresionó notar que parpadeaba para espantar las lágrimas. Draco suspiró hondo cuando sus ojos se concentraron en los suyos–. Yo… Me gustaría que me quisieras por quien soy. Quiero decir… desde pequeño he sentido tu rechazo, tu juicio duro y firme sobre mí. No sabes cuántas veces quise que me defendieras cuando Abraxas me trataba de débil e inútil. Pero nunca lo hiciste. Y crecí pensando que era mi culpa, porque lo que él decía era verdad. Porque en tus ojos veía decepción, una y otra vez. Y yo me esforcé, sabes. Traté de ser quién tú querías, de encajar con todo lo que deseabas para mí. Por eso cuando por fin tomé una decisión propia y les dije que sería Inefable… Me dolió que dijeras que sería un desperdicio, una pérdida de tiempo. Y sé que quizás todos estos años lo has seguido pensando, pero aunque mis logros jamás serán públicos, quiero que sepas que soy feliz con la decisión que tomé. ¿No puede ser eso suficiente para ti?
-Draco…
-No, escucha. Porque es importante que lo sepas –insistió, por fin liberando años de sostener eso en lo más profundo de su corazón–. No fallaste conmigo. Porque sí, no soy un hombre como Abraxas te formó a ti y como querías que yo fuera. La verdad es que él siempre tuvo razón y soy más como mi madre. Y en realidad estoy orgulloso de eso. Porque yo no necesito presumir de abolengo, castas o ninguna de esas tonterías. Tampoco quiero que me teman. No, yo… Tengo un trabajo donde me respetan, amigos que me quieren por quien soy y un maldito jardín hermoso al que me dedico en mi tiempo libre porque es lo que me da serenidad. Es más… Invité a salir a Harry y él aceptó, cosa que también me hace jodidamente feliz. ¿Podrías solo… quererme aunque no entiendas mis elecciones? Aunque…
-Draco, hijo… –Lucius se aproximó entonces, acercándose del lado opuesto al que ocupaba su madre–. Yo te amo. Siempre lo he hecho. Eres… un ser humano maravilloso. Sé de sobra que eres valiente, gentil, inteligente y tantas otras cosas que no terminaría de enlistar. En muchos sentidos, he… sentido celos de ti. De ver tu determinación y tu templanza para defender lo que crees correcto. Y tienes razón, siempre he visto en ti más de tu madre. Lo cual secretamente siempre agradecí. En todo caso… Lo siento. Por todas esas veces que permití que mi padre te tratara mal, por siempre haber sido igual de inflexible que él. No busco excusarme, es solo que… me crió así. Con rigurosidad y lejanía, jamás expresando más que órdenes. No debí someterte a lo mismo. En serio lo lamento, pero si todavía no es tarde…
-Oh, Lucius, ven aquí –llamó su madre. Él dudó solo un par de segundos antes de acercarse también, dejando a Draco en el medio de un apretado abrazo familiar.
-Ustedes son lo más valioso que tengo –dijo el patriarca, sollozando en silencio a su lado–. No tienen idea… de todas las veces que he pensado que no los merezco. Que estarían mejor si siguiera preso o…. Algo más.
-Por favor no digas eso –rogó, sintiéndose confortado por el calor de sus padres.
-Sé que no es agradable de escuchar, pero ha sido mi sentir muchas veces. Aun así, sé que soy afortunado de tenerlos –se separó un poco, aunque mantuvo un brazo alrededor de sus hombros–. Narcissa, tú has sido una esposa tan leal y aguerrida… Solo puedo decirte que te amo muchísimo. Y que también lo siento, porque Draco tiene razón, viviste cosas espantosas por mi culpa. Por eso te prometo que por el resto de mi vida te compensaré, haré solo lo que tú digas –la mujer se echó a reír, con una ceja alzada.
-La decisión más sabia que has tomado en años, debo admitir.
-Sabía que estarías de acuerdo. Y en cuanto a ti, hijo… Lo dije y lo repito: por supuesto que te amo, sin dudas ni restricciones de ningún tipo. Mis más sinceras disculpas por haberte hecho sentir que no era así. Trataré de… poner de mi parte. No solo decirlo, también esto –remarcó, apretando sutilmente el medio abrazo que compartían–. No dudes que estoy muy orgulloso de ti y de todo lo que has conseguido. Eres un hombre mejor de lo que yo fui a tu edad, y me tranquiliza mucho saber que eres feliz con las decisiones que has tomado para ti.
-Gracias, papá.
-Así que… comenzarás a salir con Harry –rió un poco por el cambio de tema, apreciando la ligereza y casi complicidad en el tono de su madre.
-Ese es el plan, sí.
-Enhorabuena, mi niño. Sabes que mi única preocupación sobre tu trabajo siempre ha sido lo solitario de la profesión. Y sus riesgos inherentes, por supuesto. Es relativamente tranquilizador que tu novio sea el subjefe de aurores.
-¿Relativamente? –Repitió.
-¿Tranquilizador? –Murmuró su padre al mismo tiempo.
-Bueno, sí. Como notamos al llegar parece que será un buen apoyo para ti, considerando que es probable que tal vez puedas compartir más detalles con él. Sin embargo, su trabajo también es de considerable riesgo.
-Uhmm, aprenderemos a vivir con ello.
-Tráelo a cenar a casa algún día.
-Vamos empezando, dejemos el tormento de la cena familiar para más adelante.
-Oh, de acuerdo. Puedo esperar.
-¿Te han dicho cuándo podrás salir de aquí? –Cuestionó su padre, dejando ese tema por la paz sin comentar nada al respecto.
-No realmente. No he visto a ningún medimago desde que desperté, pero no veo razón para seguir aquí mucho tiempo. Como dije, físicamente estoy bien. No recibí ningún hechizo ni golpes.
-¿Habrá más misiones pronto? –Inquirió ella, en el pretendido tono desinteresado que usaba cada vez que efectuaba esa pregunta.
-No lo creo. Tengo mucho papeleo por hacer, podría tomarme más que un par de semanas.
-¿Considerarías venir a quedarte con nosotros? Al menos un par de días. Me gustaría poder cuidar de ti.
-Está bien, mamá –ella respondió con una sonrisa emocionada, y él posó la cabeza en su hombro, riendo mientras la escuchaba decir que su primer orden al llegar a casa sería que los elfos les preparasen un ostentoso banquete de pescado frito con papas.
Como cada mañana, Draco se despertó con una sensación de alivio. Seguía esperando volver a la prisión de la mente en sus sueños, escuchar la voz de Morgana o ver alguna desfigurada ilusión regresando para torturarlo. Sin embargo, nada de eso había sucedido. Sus horas de descanso habían permanecido pacíficas, con las típicas imágenes inconexas y aleatorias que recordaba a la mañana siguiente. Se desperezó despacio, deteniéndose frente al ventanal un momento. La residencia actual de sus padres era una casa veraniega. Estaba en las cercanías de un lago, por lo que siempre hacía una brisa fresca y confortante. En esos días había ido a dar largas caminatas con su padre, hablando de todo un poco mientras el agua lamía sus pies y las aves volaban en círculos sobre ellos. También había comido en abundancia de sus platillos favoritos. Por no mencionar las labores de jardinería junto a su madre, en que ella finalmente empezó a hablarle sobre crecer en la casa Black y sobre su hermana Andrómeda. No sabría decir cuál parte de todo eso disfrutaba más. Porque era como si desde su plática en San Mungo se hubiera abierto una claraboya, una especie de cerrojo enmohecido del que se habían desecho para finalmente dejar pasar la luz.
Suspiró en su camino a la cocina, reconociendo el olor característico de waffles, jarabe de arándanos, almendras tostadas y café. No obstante, se detuvo justo bajo el marco de la puerta. A la mesa que solía sentarse con sus padres ya había tres personas. Lucius ocupaba su sitio habitual, al igual que Narcissa. Y en la silla que él solía sentarse…
-Oh, despertaste temprano –la primera en verlo fue su madre, que le ofreció una radiante sonrisa al tiempo que usaba su varita para convocar una cuarta silla.
-Buenos días –expresó, luchando con la timidez por haberse aparecido ahí descalzo y en pijama. Pero es que no esperaba ver a alguien más aparte de sus padres. Y especialmente no a él.
-Buenos días, hijo.
-Buenos días, Draco –ambos hombres contestaron al mismo tiempo, sin perderlo de vista mientras ocupaba el lugar entre Narcissa y el inesperado visitante.
-Entonces… Asumo que traes noticias –comentó con ligereza, tras agradecer a su madre cuando le pasó un plato con una montañita de waffles. Tampoco ignoró el hecho de que Harry iba ya a la mitad de su porción.
-Te traje toda una cesta de frutas, de hecho –parpadeó desconcertado, pero Harry rió un poco antes de finalizar la explicación–. Aunque solo soy un mensajero, en realidad es de parte de tu equipo. GD me buscó ayer y me pidió que te la hiciera llegar –Giade. Era el miembro de su escuadrón con quien más había trabajado, así que no le sorprendía en lo absoluto.
-¿Cómo están ellos?
-Muy bien, según me dijo. Aunque un tanto tristes de que ya se haya acabado su semana de licencia.
-¿Sabes quién está a cargo en mi ausencia?
-Obviamente no –Draco sonrió con eso, pues era justo lo que esperaba.
-Pero asumo que no hiciste todo el camino hasta aquí solo por una canasta de frutas –insistió, esforzándose por sonar tranquilo pese a sus sospechas.
-¿No preferirías hablar de eso después de comer? –Se conformó con alzar la ceja mientras degustaba un trozo de su desayuno y el auror hizo un leve gesto de fastidio por su necedad, pero siguió hablando–. De acuerdo. Tu jefe me informó que ya está lista tu oficina y puedes empezar con el papeleo cuando creas conveniente.
-Ya veo –reaccionó sin mayor emoción, dando un trago a su café con leche antes de lanzar su siguiente pregunta–. ¿Ya conseguiste autorización para tu siguiente misión?
-Pues… considerando que soy el subjefe, ya me entregué el memorándum firmado por mí mismo. Así que sí, puedes estar tranquilo por eso –Draco se encontró riendo por esa respuesta, hasta que su madre se aclaró la garganta delicadamente.
-Entonces volverás al trabajo.
-Algo así. Pero como escucharon, será más algo de oficina por el momento.
-¿Crees que es lo más apropiado? –Secundó Lucius, aunque sin parecer crítico, solo cerciorándose de que fuera lo que él quería. Le sonrió de lado antes de asentir.
-Sí, será lo mejor.
-Oh, es una pena. Tenía la ilusión de que me ayudaras a plantar unas gardenias que me enviarán la semana que viene.
-Puedo venir el fin de semana, no es problema. Además, debería ir a darle un vistazo a mi propio jardín.
-No me preocuparía por eso –lanzó una mirada intrigada a Harry, pero él estaba ocupado echando más jarabe a sus waffles.
-¿Por qué no?
-Uhmm, tu jardín ha estado bien cuidado. Y no, ya sabes que no sé mucho al respecto, pero le pedí a alguien que sí que se mantuviera atento.
-Gracias, Harry –él solo asintió, con el indicio de una sonrisa satisfecha.
No hablaron más al respecto, mientras Narcissa se distraía preguntando al auror sobre la casa Black y él admitía haberla donado al ministerio hacía un par de años, antes de mudarse a una ciudad costera. Lucius fue menos participativo en la conversación, pero tampoco parecía esquivo ni hostil. Cuando hubieron dado cuenta de todos los waffles y no había más café en la jarra, Harry se limpió las manos en la servilleta y supuso que se despediría.
-Muchas gracias por el desayuno, Narcissa.
-Cuando quieras, Harry. Si tienes tiempo, me gustaría que también nos acompañaras a almorzar. Draco puede mostrarte la propiedad durante la mañana, incluso pueden ir a pescar.
-Oh. Bueno, eso… –Buscó sus ojos, a lo que el rubio solo se encogió de hombros–. Me encantaría.
-¡Fantástico! Es un hecho entonces. Cariño, ve a cambiarte mientras le muestro a tu novio el resto de la casa –Harry se quedó parpadeando desconcertado, pero ella lo urgió a levantarse–. Vamos, creo que mi sala de lectura puede darte una idea de cómo adecuar mejor el estudio que no termina de gustarte –el chico solo atinó a lanzarle una última mirada antes de ser arrastrado por su madre. Draco dejó caer la cabeza contra la mesa, escuchando de fondo la risa de su padre.
Se ladeó para mirarlo de mal talante, pero él siguió sonriendo mientras prevenía:
-Deberías apresurarte, o tu madre podría mostrarle tus fotos de bebé –se levantó como si le hubieran golpeado con un enervate, porque eso sí que no iba a permitirlo.
Para su desgracia, cuando volvió a la planta baja luego de ducharse en tiempo récord y escoger su atuendo con más prisa de lo usual, lo peor había pasado. No quedaba duda de que su padre conocía muy bien a la mujer que tenía por esposa, porque había hecho justo lo que vaticinó. Draco entró a la estancia ocultando su vergüenza, agradeció a su madre por entretener a su invitado en su ausencia y se lo llevó a las prisas de ahí. Harry siguió riendo incluso al llegar al jardín, negándose a soltar su mano cuando quiso alejarlo.
-¿Por qué te molestas? Creo que eras un bebé muy adorable.
-No estoy molesto, es… vergonzoso –el moreno negó, haciéndolo detenerse en su estampida lejos de la casa.
-Al contrario. Tu madre fue muy amable. Y Lucius… No me corrió ni me miró mal más de dos veces, lo cual ya es bastante impresionante. Pero más importante, ¿les dijiste que soy tu novio? –Debió prever que cuestionaría al respecto, pero más allá de su evidente conmoción inicial, en ese momento parecía más satisfecho que otra cosa.
-Esto, mencioné que aceptaste salir conmigo. Mi mamá solo… supongo que se ilusionó mucho al respecto. Por algún extraño motivo. Tú… no te preocupes por eso, solo fue un detalle pero me encargaré de… –Su insulso parloteo cesó cuando Harry se aproximó más y usó su brazo libre para rodear su cintura.
-He pensado mucho en ti estos días –lo primero que dijo fue de lo más inesperado, por lo que solo pudo admirarlo en silencio por algunos segundos.
-Quise escribirte un par de veces, pero temí no poder expresar bien mis ideas –admitió–. Además… dijiste que me buscarías después.
-Uhmm, lo sé. Pero cuando mencionaste que querías estar unos días con tus padres pensé que te referías a… no sé, una forma de buscar refugio y tranquilidad después de lo que pasó.
-Aun así viniste hoy.
-Tenía noticias.
-Esta casa está conectada a la red flú.
-No lo sabía.
-Sin mencionar que podrías haber enviado un mensaje en clave.
-Quería verte –Draco no tenía nada ingenioso que replicar a eso, por lo que se contentó con dejarse absorber por la visión del hombre frente a él. Su rostro bronceado, los matices verdes y dorados en sus ojos, el delicado arco de su nariz, la sombra de barba que siempre llevaba y que perfilaba muy bien sus labios medio llenos.
-Estuviste ahí.
-¿Cómo dices? –Su voz sonaba ligeramente ausente, haciéndole saber que también había estado perdido al poder contemplarlo tan cerca.
-Donde estuve. Te vi un par de veces –en sus ojos brilló el entendimiento y un tenue chispazo de incertidumbre.
-Oh.
-Era la mañana de año nuevo, habías preparado fruta picada y parecías tan feliz de estar conmigo.
-No parece algo malo.
-No lo fue. –Suspiró ante su expresión confusa, confesando:- Me sentí muy tentado a quedarme ahí. El único motivo para no hacerlo fue que deseé que fuera real –Harry sonrió despacio y Draco terminó por sucumbir a ese gesto, besando despacio su mejilla y sintiéndose temblar de anhelo. Los labios que estaban más que prestos a encontrarse con los suyos eran muy dulces y más memorables que cualquier ilusión. Sabía un poco a arándanos, café y paz. Cada roce lo hizo sentir más vivo y cuando el insolente Gryffindor mordió su labio antes de romper el contacto, no pudo más que sonreír por semejante muestra de salvajismo y descaro. Se quedó así por un rato, con los ojos cerrados y la frente apoyada contra su hombro.
-No sabes cómo había deseado hacer eso –susurró. Draco volvió a sonreír y respondió de la única forma apropiada: besándolo con decisión pero sin premura, porque se encargaría de que eso volviera a pasar muchas veces más.
Tienes todo lo que quieres al alcance de la mano.
Eso había dicho el Harry de su ilusión.
-Por cierto, ni siquiera te atrevas a contradecir a tu madre. Por lo que a mí respecta, estamos juntos desde que acepté tener una cita contigo –y eso había dicho el Harry real, lo que fue muchísimo más esperanzador. Draco rió entre sus brazos, previendo que era un hecho que ya nada volvería a ser como antes, pero por primera vez agradeciendo que fuera así.
Notas finales: ay, amo, amo, a-m-o que este haya sido el último capítulo del año. Como dije al principio, sé que este fic se sale de lo convencional, pero me encantó escribirlo y agradezco a quienes lo han apoyado durante los meses que lleva en emisión. Claro que esto aún no es una despedida, pero con el fin de año uno se pone a pensar cosas, jajaja. Así que nada, muchísimas gracias por dejarme llegar a sus pantallas y dedicarme horas de su tiempo durante este año. Después de dos años de silencio, este 2022 pude compartir 7 historias nuevas y dos de ellas longfics, ¿pueden creerlo? Y ni se imaginan lo que se viene para el próximo año. Así que de nuevo, no hay más que agradecimiento y cariño de mi parte. Deseando que el 2023 les traiga cosas maravillosas, entre ellas hermosas historias de esta bella pareja. Nos leemos en enero. ¡Felices fiestas!
Allyselle.
