Disclaimer: los personajes y el mundo mágico son propiedad de J.K. Yo solo tomo la inspiración de las musas y pongo el tiempo para escribir.
12. El rostro de la gratitud.
-Es diferente a lo que pensé –Harry expresó justo lo que estaba en su mente, pero en lugar de manifestar eso, cuestionó:
-¿Acaso esperabas una mazmorra?
-Bueno, no exactamente. Pero cuando dijeron "oficina" creí que se vería como una –Draco meneó la cabeza, medianamente de acuerdo.
Como Inefable, normalmente ingresaba al departamento de misterios por medio de la sala circular. Era la forma más segura de llegar a cualquier destino sin tener que andar vagando por interminables corredores y puertas que siempre estaban cambiando de lugar. La sala circular en realidad solo tenía una puerta al otro lado, que te llevaría justo a donde necesitabas ir. Esa mañana una entrada nunca antes vista se materializó frente a él, y al cruzarla llegaron al espacio prometido por su jefe para llevar a cabo la base testimonial de su última misión. Y la reacción impresionada de Harry no estaba injustificada. Era una habitación amplia con piso de madera, tenía chimenea y ventanales encantados para mostrar paisajes veraniegos. Poseía un escritorio grande y una mesa auxiliar con un pensadero, pero también contaba con un par de sillones y una mesa de té (con el servicio incluido, por supuesto). Había tinta y pergamino, también una de las máquinas que los muggles usaban para escribir. Todo estaba listo y dispuesto para él.
Draco suspiró, dejándose caer en uno de los sillones y usando el control de la ventana encantada para navegar ociosamente por los distintos parajes disponibles.
-Deberían tener la vista desde la sala común –comentó su acompañante y él frunció el ceño listo para preguntarle porqué alguien querría ver el fondo del lago negro, hasta que recordó que el hombre se refería a la torre de Gryffindor–. Entonces… ¿cómo quieres hacerlo? –En otro contexto, esa pregunta proveniente de sus labios podría haber sido más que bien recibida, pero en ese momento el rubio dejó de jugar con la ventana y se centró en él.
-Bueno… por lo que veo intuyo que Xenophilius tuvo mi idea inicial de que utilizar un pensadero sería apropiado.
-Para volver a revisarlas y luego escribir la bitácora.
-Sí, pero no será posible.
-¿Por qué no? –Draco volvió a suspirar, buscando una forma de explicar sus descubrimientos del día anterior.
-Ayer intenté extraer los primeros, eh, encuentros, pero no fue posible. Supongo que es porque no son recuerdos propiamente. Quiero decir… Puedes extraer de tu mente sucesos que presenciaste, más no sueños ni pensamientos. Y por la naturaleza del lugar, parece que lo que ocurre ahí cae en cualquiera de esas dos categorías.
-Oh.
-Así que llegué a la conclusión de que tenemos dos caminos. Primero, podría simplemente hacer un testimonio escrito. Después de todo, recuerdo cada detalle –exhaló despacio, buscando la mirada reflexiva del auror–. Y como segunda opción, podría… dejarte entrar.
-Draco. ¿Hablas de…? –Asintió, pese al tirón inconforme en sus entrañas. Porque jamás pensó que pondría esa alternativa en la mesa. Él mismo lo había admitido frente al jefe de los Inefables: llevaba casi 14 años bloqueando su mente. Se había vuelto algo tan inherente a sí mismo, que ya ni siquiera mantenía un control consciente de ello. En medio de su meditabundo silencio, el moreno llegó frente a él, sentándose al borde de la mesa y atrapando la mano que se había llevado a la boca. Draco se reprendió a sí mismo por volver a esa burda manía de mordisquear su uña cuando estaba ansioso–. Recuerda las palabras del señor Lovegood, estoy aquí como apoyo. No necesitas mostrarme nada que no quieras, tampoco debo saber cada detalle. Y no temas porque me aburriré, algo puedo hacer mientras tanto.
-Quiero hacerlo, Harry. Quiero compartirlo contigo –expresó, inclinándose para apoyar su frente contra la del joven–. Necesito hacerlo.
-De acuerdo, entonces. Pero podemos empezar poco a poco. Como hace unos días, cuando dijiste que estuve ahí y mencionaste algunos detalles. ¿Qué te parece si vamos de lo general hasta llegar a cada aspecto de lo que viviste? –Asintió, admirado y conforme con esa propuesta. Cuando volvió a alejarse, Harry mantuvo una mirada paciente y serena en él, mientras empezaba a narrarle el inicio de la misión. Es decir, la llegada a la propiedad y su encuentro con el guardián de Morgana.
-En ese momento no sabía que era eso. Que este guardián antiguo estaba incapacitando a mis compañeros mientras a mí me guiaba. Creí que todo lo que veía era cierto. Que todos habían sido vencidos y que incluso si conseguía ayuda, solo sería para… rescatar sus restos –inhaló tembloroso, concentrándose un par de segundos en las suaves caricias que Harry le daba a sus nudillos. Entonces prosiguió–. La habitación… no la vi hasta el final. Cuando entré me sentí levitando, creí que había perdido la varita y fue como si me desmayara. Ahora, lo que vi… Como dijo Xenophilius, la prisión de la mente es capaz de extraer tus memorias y sentimientos. Es como que se nutre de ellos, de cada emoción, memoria y defecto, y te hace enfrentarlos. Uno tras otro. En mi caso… fueron siete –su voz estaba temblando en ese punto, la opresión en su pecho intensificándose por momentos–. Rechazo, abandono, envidia, culpa, fracaso, muerte y… felicidad. Se presentaron en ese orden.
-¿Felicidad? Perdón, no debería interrumpirte –rió entrecortado ante eso, negando.
-No te preocupes, puedes hacerlo. Y sí, aunque la misma Morgana dijo que era algo raro.
-Lo parece… Quiero decir, lo demás tiene sentido porque son miedos o aspectos negativos, pero eso…
-También tiene sentido, pero no tan obvio –admitió. Volvió a suspirar, centrándose en darle el vistazo general que habían mencionado–. En fin, cada uno de estos rostros fueron representados por personas importantes para mí. Amigos, familia, incluso enemigos. Algunos aparecieron varias veces, otros no. Y las ilusiones… a veces eran recuerdos reales, a veces era algo totalmente falso. Pero todo tenía un punto en común: ilustrar con claridad y precisión esa emoción en particular.
-Entiendo. Y mientras eso pasaba… ¿sabías que era falso? Porque hace unos días dijiste que cuando me viste ahí deseabas que fuera real.
-Uhmm, solo dos veces. Esa fue la segunda. La primera vez… fue conmigo mismo.
-¿Qué?
-Fue cuando me encontré con el rostro del fracaso. Me vi a mí mismo –aclaró para evidente desconcierto del auror–. Aunque en realidad era mi yo de 13 años. Supongo que por eso me dejó estar consciente.
-Crees que es algo que Morgana manejaba a su antojo.
-Morgana o la casa, no lo sé –Draco permaneció en silencio un par de segundos, salvándose de ser absorbido por sus pensamientos cuando Harry le dio un beso suave en el dorso de la mano.
-¿Está bien si hago preguntas? –Asintió, por lo que lanzó la primera–. ¿Cómo salías de ellos? Digo, si no sabías que era falso…
-Nunca hubo un solo modo. Se podría decir que a algunos los enfrenté, pero con otros… supongo que me rendí –debió sentirse como una confesión deshonrosa y humillante, pero le dio una inesperada idea. Y es que era justo lo que estaba haciendo, lo que necesitaba hacer para librarse de esos espectros que lo acechaban antes de dormir. Enfrentarlos y rendirse a ellos. No necesariamente eran cosas opuestas. Se trataba de entenderlos y aceptarlos para en última instancia entenderse y aceptarse a sí mismo. Con más coraje del que esperaba, sacó su varita–. Ven aquí –no fue necesario explicar más. Pronunció el hechizo con voz temblorosa, pero certera. Y de inmediato se encontraron frente a un Draco de once años que peleaba con el cuello de su túnica.
-Abraxas siempre fue así… Duro, inflexible, cruel. Jamás me dijo una palabra de afecto, tampoco a mi padre. Es decir, ni siquiera lloró cuando murió mi abuela. Y es como se suponía que yo debía ser –habían terminado de ver esa ilusión hacía un par de minutos, en los que Harry lo sostuvo en silencio mientras se recomponía.
-Ese fue un recuerdo real, ¿verdad? Salvo la última parte –Draco asintió, dando un trago más al vaso de agua que el chico le había entregado–. Eras un niño.
-Eso no era relevante en cuestiones de honor y… toda esa mierda.
-No parece justo.
-No lo fue. Aunque es algo que he pensado hasta hace muy poco.
-Supongo que en vida nunca lo enfrentaste.
-Impensable –rió con sorna. Abraxas había muerto cuando él tenía trece años, y en secreto se había sentido aliviado.
-Pero sabes que todo lo que le dijiste es cierto. Eres un buen hombre, precisamente por lo que él desdeñaba. Eres capaz de demostrar tus sentimientos, defiendes aquello que crees correcto y las personas te respetan más allá de tu apellido.
-Gracias, Harry.
-Entonces… ¿escribirás ese primer encuentro?
-Creo que usaré la pluma a vuelapluma. Y ya que estuviste ahí, puedes ayudarme si se me queda algún detalle.
-Suena bien para mí.
Documentar ese primer rostro no fue tan difícil. Aunque lo había descolocado volver a ver a su abuelo, era algo que había sucedido hacía años y que había sanado casi en su totalidad. Sin embargo, los rostros que venían… No sería tan fácil ni agradable.
Eso se comprobó cuando volvió a ejecutar el hechizo y el segundo espectro se materializó ante ellos. Sabía lo que vería, que no era un recuerdo sino una ilusión del todo opuesta a la realidad. Pero volver a ver la mirada vacía de su madre, sus gestos desapegados y su inminente partida… Esa vez no hablaron cuando finalizó el hechizo, simplemente se dejó acunar contra el fuerte pecho del auror mientras se seguía sintiendo sofocado y tembloroso. Y en esa ocasión, fue el moreno quien usó la máquina muggle para ir escribiendo su testimonio, pues su voz se entrecortaba demasiado para hacerlo por su cuenta.
Había oscurecido cuando terminó de teclear y él se sentía como un globo desinflado, demasiado agotado para siquiera pretender que seguirían con el trabajo. Harry pareció entenderlo, porque tras ordenar los pergaminos llegó junto a él, lo tomó de la mano y lo arrastró hasta el piso, donde siguió abrazándolo en silencio hasta que él empezó a dormitar.
-¿Quieres que te acompañe a casa?
-Sigo quedándome con mis padres –replicó, ladeando el rostro para ver el perfil del hombre. Estaba sentado frente a él, con las piernas y los brazos del auror alrededor suyo. Percibía a cabalidad el vaivén de su respiración y el calor que emanaba su pecho.
-Igual.
-Los otros serán peores –Harry también inclinó el rostro, pero le dio un beso en la mejilla antes de responder.
-Puedes dejar pasar días entre sesiones, mientras editas las versiones preliminares que ya tienes.
-Suena bien.
-Sé que esto es importante, pero también lo es tu estabilidad. No te sobrecargues de manera innecesaria.
-Me gustaría librarme de todo de una vez, pero sería… aplastante. Tal como fue ese día.
-Así es. Es mejor que te des tiempo para procesar todo –Draco siguió su ejemplo, adelantándose para darle un cariñoso beso en la mandíbula.
-¿Puedo preguntar algo extraño?
-Uhmm, mi tipo de pregunta favorita –sonrió por la ironía, formulando su duda:
-Después de presenciar esas dos ilusiones… ¿Has pensado en qué verías tú?
-La verdad sí. Porque si hablamos de rechazo… sin dudas serían mis tíos. Las personas que debieron cuidarme pero que durante años me hicieron sentir como escoria. Y sobre el abandono… supongo que usaría el recuerdo de cuando Ron nos abandonó durante la guerra. Se marchó por semanas, furioso conmigo. Probablemente vería algo diferente: a Hermione yéndose con él y dejándome solo para jugarme la vida, como siempre temí que sería.
-Pero nunca estuviste solo, Harry.
-Y tú tampoco, Dragón. Ni antes ni ahora –remarcó ese punto con un juguetón beso en su nariz, lo que le hizo sonreír de lado–. Ahora vamos, te acompañaré a casa y podremos seguir con esto mañana.
-Desde ya te advierto que si mamá alcanza a verte, no te dejará marchar y te obligará a cenar con nosotros.
-Entonces me aseguraré de que lo haga –negó, pero aceptó su mano para levantarse y tampoco se quejó cuando usó ese mismo agarre para empujarlo contra su cuerpo y besarlo apropiadamente.
Draco se había enlistado en una misión muy peligrosa. Lo supo al recibir el tercer pisotón y luego cuando Harry se enredó con su túnica durante un giro, perdiendo el equilibrio y arrastrándolo a él en el proceso. Aun así, adolorido y aplastado, rió en medio de las disculpas de su aprendiz de danza.
-Esto es tu culpa –acusó con un mohín resentido, que le quedaba inusitadamente bien a pesar de su apariencia de tipo rudo.
-¿Por qué sería mi culpa?
-Tú lo haces ver muy natural y sencillo.
-Bueno, debes considerar que estudié danza cada verano durante seis años. Tú llevas media clase y solo una caída, es un comienzo prometedor.
-No te lastimé, ¿verdad?
-Mmm no lo creo.
-Es que estás siendo muy optimista y amable.
-¡Siempre soy optimista y amable! –Harry rió, pero se evitó más problemas al cambiar de tema.
-Aunque me encanta que hayas decidido enseñarme a bailar, resulta obvio que lo haces para no seguir con el papeleo.
-Dijiste que podíamos ir despacio.
-Eso fue hace una semana –Draco suspiró, trasladando la mirada hacia el alto techo con molduras. Era consciente de haber estado evadiendo sus responsabilidades. Primero, empeñándose en afinar hasta la última coma de sus primeros encuentros, después distrayendo al auror de otras formas (algunas más cuestionables que otras), para finalmente proponerle que tuvieran su primera lección de danza–. Oye, sé que es difícil. Y si necesitas estos tiempos de dispersión para serenar tu mente y volver a ello, está bien.
-Pero estamos aquí con un propósito –completó, suspirando antes de volver a centrarse en él–. Tienes razón. Y la verdad el que sigue no es tan malo, solo… vergonzoso.
-Oh. ¿Es donde me viste?
-Sí y no. Quiero decir, apareces ahí. Pero no es sobre el que te hablé –Draco dio un resoplido ante la brillante mirada complacida del chico.
-Uhmm, ya me avergoncé bastante con mis dotes de baile. ¿Por qué no nos ponemos a mano? –Sonrió de lado ante esa oferta, aunque también apreció que fuera tan comprensivo al respecto.
-De acuerdo, pero desde ya se te prohíbe comentar sobre lo que veas –Harry alzó las cejas, pero él se mantuvo serio mientras tomaba su varita y, con más bochorno que miedo, se disponía a compartir la ilusión perteneciente al rostro de la envidia.
No hubo burlas ni comentarios ingeniosos cuando el hechizo finalizó. Al contrario, el hombre lo contempló en reflexivo silencio durante varios minutos antes de colocar un par de dedos bajo su mentón y darle un distendido beso. Suspiró cuando se alejó de él, siendo el primero en volver a pronunciar palabra.
-Podría acostumbrarme a que hagas eso cada vez.
-Estaré encantado.
-Ya, puedes decir qué piensas –Harry rió por lo bajo, entrecerrando un poco los ojos.
-No sé qué me parece más inverosímil, el haber visto una realidad en que tú eras amigo de Ron; o el hecho de que yo podría estar interesado en alguien más teniéndote a ti cerca.
-¿Acaso no fue así en Hogwarts?
-¿Dices que desde entonces querías tener mi atención?
-No sé si lo diría así. Pero una parte de mí siempre se sintió celosa de la amistad que tenías con ellos. Y no solo porque me rechazaste por su culpa, sino porque notaba el verdadero compañerismo y aprecio que había entre ustedes. Mientras yo… solo tenía personas que me acompañaban por admiración o respeto, no porque realmente me quisieran. Aunque claro, tampoco hice nada por ganarme ese afecto.
-Bueno, eres uno de nosotros ahora. Sé que incluso se alegrarán cuando sepan que estamos juntos.
-¿Eso crees?
-Estoy seguro. Llevaban meses escuchándome suspirar por ti e intentando animarme para que te invitara a salir –Draco sintió la mandíbula floja al escuchar esa información, lo que hizo sonreír al moreno mientras continuaba–. Me parece que incluso estarán aliviados. Y no dudes que querrán citas dobles.
-Pero ya hemos salido los cuatro juntos.
-Sí, pero entonces éramos la tercera y cuarta rueda. Ahora será diferente –no pudo más que reír ante esa lógica, consciente de que su mirada debía estar delatado sus sentimientos. Harry corroboró eso al adelantarse para darle un casto beso.
-Ya, deja de distraerme. Tengo papeleo pendiente.
-Oh, eres un hipócrita –Draco se levantó entre risas, previendo que al menos no sería tan difícil escribir esa parte de su testimonio.
-Creo que a partir de este rostro es que todo se complica –admitió, girando la varita entre sus dedos. Seguía muy afectado después de haber vuelto a ver a su antiguo compañero de colegio en la casa de los espejos–. Porque los anteriores son miedos o defectos en los que ya he trabajado, de los que soy muy consciente. Pero este y los dos que siguen, creo que… me acompañarán toda la vida. Tal como le dije a Vincent. De vez en cuando todavía vuelvo a ese recuerdo, a todos esos años y… Sé que es mi culpa.
-Su padre también era mortifago, ¿no?
-Sí, pero… crió a su hijo en Gales, lejos de todo esto. Y cuando fuimos adolescentes no le permitió tomar la marca. Le aseguró a Voldemort que su hijo era un idiota y que sería una carga, más que un miembro valioso. Vincent estaba tan molesto, yo me burlé. Pero fue hasta después de todo que lo entendí. Lo estaba protegiendo porque quería algo mejor para él. El señor Crabbe no tenía escapatoria, estaba marcado y eso era un lazo de por vida. Pero intentó mantener a salvo a su hijo. Lástima que la forma en que lo hizo solo generó resentimiento en él y sed de demostrar que no era lo que su padre dijo.
-Por eso nos atacó en la sala de menesteres.
-Así es. Ni siquiera yo podía conjurar fuego maldito entonces. Pero él sí. Había estudiado magia oscura todo ese año, volviéndose más impulsivo y peligroso. Claro que en ese momento no lo sabía, fue Greg quien me lo dijo después.
-Cada uno elige su camino, Draco.
-Sí, pero también somos guiados. En especial por aquellos a quienes admiramos. ¿Acaso no has seguido defendiendo a Dumbledore cada vez que se cuestionan sus motivos o sus secretos? Incluso antes, ¿no tenías un club secreto donde enseñabas tus lecciones al estilo de Lupin?
-Uhmm –Harry frunció el ceño, como si nunca hubiese reparado en ambas cosas, mientras él sonreía de lado.
-Muchas veces es inconsciente, Harry. Pero lo que somos es un entramado de lo que hemos visto y escuchado. Y si durante años escuchaste a un crío idiota alardeando sobre la estirpe, el poder y servir a un maniático, también querrás hacerlo.
-De igual forma asumes mucha responsabilidad, considerando que también estuviste influenciado sobre eso desde niño.
-Lo sé. El punto aquí es, que su vida habría sido mucho mejor sin mí en ella –exhaló, porque aunque llevaba años pensando eso, había sido algo que siempre se guardó para sí mismo.
-Como sabes… Hermione renunció a sus padres para acompañarme en mi misión durante la guerra, insegura de si volvería a verlos alguna vez. O si siquiera podría revertir el hechizo en caso de hacerlo. Y aunque no se lo pedí, fue algo que me hizo sentir culpable por años hasta que un día se lo dije. Me disculpé por ello, porque se sintiera obligada a tomar medidas tan peligrosas. Supongo que pensaba lo mismo que tú, que tanto su vida como la de Ron habrían sido más fáciles si no fueran mis amigos. Pero lo que dijo ella fue… incluso diferentes caminos llevan al mismo lugar. Que si no hubiéramos sido amigos, probablemente ella igual hubiese elegido pelear en la guerra. Ya sea en la orden o como lo hizo Neville. Y que dado su estatus de sangre, también hubiese tenido que huir y proteger a sus padres. Lo que intento decir es, que tienes razón al decir que tenemos influencia sobre otros, pero a final de cuentas son sus propias decisiones las que le dan curso a su vida. Y sobre eso es poco lo que podemos hacer –Draco asintió, quedándose en un reflexivo silencio. Su papeleo estaba ocasionando una reacción imprevista, y eran esas confesiones por parte de Harry. Podría verse como una especie de intercambio, para que Draco no sintiera que era el único exponiendo su mente y su alma, pero sabía que iba más allá de eso. Como él mismo había dicho, parecía que era algo que el auror necesitaba compartir–. ¿Qué piensas?
-En ti –rió por la reacción asombrada del moreno ante una respuesta tan directa.
-Uhmm, ¿debería estar preocupado o feliz por eso?
-Un poco de ambos, quizás.
-Suena complicado.
-Nuestra relación siempre lo ha sido, ¿no? –Recordó con una sana dosis de ironía.
-Últimamente no.
-¿Has pensado el por qué te elegí para esto?
-Muchas veces –Draco alzó las cejas, en una silenciosa petición a exponer sus opciones–. Primero pensé que fue por el impacto del momento, por haber sido quien te encontró. Luego se me ocurrió que podría ser una especie de prueba, para ver cómo reaccionaba a los pasajes más oscuros de tu mente. Y por último… podría ser que simplemente confías en mí. Y antes de que lo preguntes, me quedo con la última –despacio, una sonrisa se dibujó en sus labios.
-Excelente deducción, auror Potter. Aunque la segunda opción también tiene su punto de validez. Y es que si después de saber todo esto, me seguirás viendo de esa forma… No podré jamás cuestionar lo que hay entre nosotros.
-No creo que pueda seguir viéndote como antes. Pero tampoco creo que eso sea algo malo. Para mí, eres… más real y admirable que nunca. Porque tú no estás acostumbrado a ser vulnerable… Y sé que sonará raro, pero con cada nuevo rostro siento que me enamoro más de ti.
-Harry…
-Así que gracias por permitirme ser parte de esto, por dejarme conocerte a un nivel tan profundo y sincero.
-Estuviste ahí cuando Xenophilius me propuso esto. Y debo admitir que estuve a punto de elegir hacerlo por mi cuenta. Pero entonces pensé… que ya no quiero estar solo. Quiero tener a alguien a quien molestar con mis problemas, que se preocupe por mí y me contenga cuando esos espectros vuelvan para tomar lo mejor de mí.
-Eso jamás podrían hacerlo. Lo mejor de ti está aquí –remarcó, colocando una cálida mano a la altura de su corazón–. Pero sobre lo demás que mencionaste, será un honor para mí.
-Aquí es donde me besas –Harry rió con esa instrucción, obedeciendo a medias al adelantarse y darle un amoroso beso en la frente–. ¿De verdad nunca me habrías invitado a salir?
-No lo sé. Supongo que con el tiempo me hubiese rendido, de una forma u otra.
-¿Es decir…?
-Te habría invitado a riesgo de que eso te hiciera alejarte de mí, o hubiera renunciado a nunca saber la respuesta.
-El día que me encontraste… creíste que mi propuesta era influenciada por una poción o un hechizo –Harry sonrió de lado, pasando una ociosa mano por su cabello.
-¿Puedes culparme? Llevabas días desaparecido. Y la forma en que te encontré…
-Uhmm, cierto.
-No te había visto llorar en años –remarcó suavemente, acariciando su mejilla con adoración.
-Desde el colegio, ¿no?
-Ajá.
-Me sentía tan… abrumado, quebrado. Y creo que es justo decir que la forma en que me abrazaste fue la indicada para que no terminara de romperme en pedazos.
-Draco…
-No tienes idea de lo que fue escuchar tu voz después de lo que había pasado, sabiendo que eras real y que estabas ahí por mí –exhaló tembloroso, percibiendo su pecho estrecharse, aunque de manera diferente a lo que había experimentado en la prisión de la mente. Entonces había sido instigado y dominado por el miedo y la desesperación. En ese instante, frente a la cálida y afectada mirada de Harry, se sentía colmado de agradecimiento y… amor.
-Esto… sonará mal, pero… Lamento lo que te pasó, pero no el efecto que ha tenido en ti.
-En realidad podría estar de acuerdo con eso.
-Sé que no será tan pronto, pero cuando vuelvas a tomar misiones, mi oferta se mantiene. Si alguna vez me necesitas… ya sabes lo que debes hacer para que vaya a ti –Draco se inclinó hacia él, presionando su frente contra la del chico mientras suspiraba con los ojos cerrados.
-¿Y no temes que abuse de tu buena voluntad?
-Me encantaría que lo hagas –rió ante esa respuesta tan gryffindoresca, suspirando cuando sus labios lo acallaron.
Le había dicho al rostro de la envidia que alguien más tenía lo que él tanto deseaba. Le había dicho al rostro del fracaso que jamás dejaría de temerle. Pero en ese momento su realidad se contraponía a ambas aseveraciones. No solo tenía lo que llevaba tanto tiempo anhelando, también agradecía el coraje que lo había librado de no lamentar por el resto de su vida el haber renunciado a ello por barreras que solo estaban en su mente.
Notas finales: con este cap sigo con mi tradición de dar pistas sutiles sobre mi siguiente fic, jajaja. Aunque en este caso estaría muy sorprendida si llegaran a identificarlas. Como sea, me pareció muy significativo e importante el hacer este recuento de Draco compartiendo todo lo que sucedió, al mismo tiempo que nos enteramos de la línea entre los recuerdos y las ilusiones. Espero que les haya gustado y les agradezco que me acompañen en la recta final de este fic, porque sí, ya solo nos quedan 3 capítulos más para despedir esta historia. Y nos leemos con el siguiente el viernes que viene.
Allyselle.
