Hola a tods!!!!! Aquí otra vez con un nuevo capítulo. Se deran cuenta que ahora cambio a presente, cuando hasta el capítulo anterior era pasado. Se me paso por la cabeza cuando leí un libro escrito de esta manera, en primera persona y en presente…me pareció un detalle curioso, ya que estaba acostumbrada al pasado. Espero que les guste. Y gracias por los reviews del cap 5!! sirena 8118, keiko-taisho, serena tsukino chiba, stsuna17 y Kitty Kat Jaz…muchas gracias a todas por los ánimos…Ah sí!!! Si quieren algo que cambie, o me pueden aconsejar en algo que tenga que corregir o mejorar, háganmelo saber please!!!! Sin más…
…Sayonara…
Destino: capítulo 6: Soledad
En el capítulo 5
-Así que era esto lo que no querías decirme.
Cuando Inuyasha habló me sobresalté y casi caigo al agua. Me di la vuelta bruscamente y lo mire sorprendida.
-¿Qué haces aquí? Pensé…
Sonrió divertido, hasta que vio el caballo amarrado a un árbol.
-No es tu yegua.
Su voz sonó extraña, como difusa.
-No quiero la yegua. Éste es más veloz.
Lo dije con altanería y luego apenas sonreí. Lo mire a los ojos y volvió a desconcertarme cuando se echo a reír.
-Yo le dije lo mismo a mi padre.
Salí del agua. Parecía tan distante allí de pie con las piernas separadas y los brazos detrás de la espalda. Quería acercarme. ¡Qué estúpida! pensé riéndome de mí misma. Él parecía tan sereno, y me molestó verlo tan fresco y ligero, mientras yo ya empezaba a sentir calor al verlo con la camisa blanca abierta al cuello, los pantalones ceñidos y las botas de caña alta.
-He traído comida. Comeremos allí, en esa colina. Quiero que me expliques por qué diablos no me has contado esto…y sobre todo, qué haces para que todos los empleados no te descubran.
-Bueno si os lo contara Milord, ya no sería un secreto, ¿no os parece?...
…
AHORA me encuentro echada en la cama. Miro hacia arriba, pero no veo el techo. Mi mente viaja por los rincones más difusos de la memoria. Es un día precioso, con el sol en lo alto del cielo, con los pajarillos volando alocados. Y yo…yo estoy en un profundo y tétrico pozo de melancolía, sufrimiento y nostalgia. Me siento sola, fría, horrible. Dos lágrimas surcan mis mejillas, y las limpio sin prisa, con dolor y rencor también.
-Kagome, ¿todavía no estás lista?- dice Kaede entrando en la habitación. – Saldréis en cualquier momento. Inuyasha está hablando con los mozos.
-Envía a Kanna, Kaede, y dile a Inuyasha que estaré lista en unos minutos.
-Pero si estás preciosa.- dice mirándome.- Y también estás triste.- comenta tocando mi mejilla.
-No es nada, Kaede, estoy bien.
-¿Sabes? Antes cuando yo aún tenía marido, a veces me enfadaba con él. A veces él se enfadaba también y no me hablaba. Yo, en esas ocasiones, no le hacía caso, no le hablaba, no lo miraba…Y de pronto, un día, entraba en la cocina, me besaba y me decía que era preciosa. Kagome, así son muchas veces los hombres, debes ignorarlos para que te miren.
Sonrío. Su marido tenía razón, Kaede es preciosa. Preocuparse por mí, es lo que más hace a parte de cocinar y organizar el castillo.
-Por favor envía a Kanna.- digo dándole un beso en la mejilla.
Cuando me miro al espejo, veo a otra mujer. En realidad desde hace dos días no soy yo. Delante de mí se encuentra una muchacha con pelo negro azabache recogido en un complicado moño que deja caer parte del cabello por detrás. Viste un vestido color escarlata, con los hombros descubiertos. Sus ojos son dos océanos azules, tranquilos, pero tristes y vacíos. La piel blanca, con cierto brillo. Tan delicada, tan frágil, tan…débil…y sin embargo, aunque Kanna me mira deslumbrada, yo me veo fea y horrible.
-Señora, estáis deslumbrante.
Mi rostro lleva cierto maquillaje, pero yo sólo veo ese blanco, un blanco que me da miedo.
El carro para frente a una inmensa entrada. Una puerta magnífica, pero que no veo con detalle. Mis pensamientos vagan a mi alrededor, y casi siempre se posan en él.
Desde hace una semana se comporta extraño. Aquella vez que habíamos comido en la colina…ese momento en que me sentí como si él me aceptara en su mundo, como si me quisiera, se esfumó en cuanto volvió en la noche.
Ni siquiera cenó. Se limitó a subir a su habitación como un fantasma, y yo esperándolo en el comedor, lo vi pasar. Meditabundo y triste. A partir de ahí volvió a tratarme como si fuera un adorno más de su castillo, un adorno que no debería estar allí.
Al entrar en la sala, me quedo un tanto aturdida. Hay mucha gente. Gente que ríe y habla con entusiasmo, mientras yo sólo quiero llorar. Me siento todavía más desplazada. Estorbo en ese idóneo lugar, donde todos se llevan bien y se divierten juntos. Yo soy la única que no encaja. La que estropea el cuadro.
Inuyasha me coge del brazo, y yo me dejo llevar como una niña. No siento ánimos de nada. La sala es preciosa, miro vagamente. Pero estoy demasiado concentrada en mi dolor para poder contemplarla bien.
Al fondo distingo un grupo de gente, que al entrar nos miran. Dos hombres y dos mujeres. El mayor de todos, un hombre anciano con cara de abuelo sabio me mira y sonríe casi con ternura. Como si viera a su nieta. La mujer a su lado, es unos cuantos años más joven que él, y parece igualmente amable. Al abarcar más mi vista, me sorprendo. Un hombre alto, e imponente también está allí. Su pelo negro, le cae con elegancia, y sus ojos aún de un negro más profundo, me recuerdan la noche. Pero esa noche, aunque muy atrayente, es peligrosa. A su lado se encuentra una mujer preciosa. (Después de mi madre, que por algo soy su hija) es la mujer más guapa que yo he visto.
El pelo negro y liso le cae majestuosamente por los hombros, y sus ojos también negros resaltan en su piel de porcelana. Es la pareja perfecta, pienso. Pero entonces me doy cuenta, que entre los dos hay una relación peculiar. Una especie de atracción y odio mutuo. Una relación conflictiva.
-Vaya…Por fin te dejas ver Inuyasha Taisho. Y al parecer traes a una dama. ¿Una pariente quizá?
Pegunta el hombre anciano. Y me vuelve a sonreír. Yo lo miro dos segundos y le sonrío también, sus ojos, ahora que los miro más de cerca, son de color topacio, y tienen cierto brillo compasivo. Un abuelo sabio.
-Es una dama muy hermosa sin duda.
Esta vez es la mujer a su lado la que ha hablado, y sin embargo me desconcierta que me pueda ver hermosa. Si ahora mismo mi alma está destrozada, mi corazón herido, y mi aspecto frío, distante, indiferente.
-Sin duda. Es una mujer hermosa. Tan hermosa como Kikyo.
Es el hombre alto de pelo y ojos negros. Supongo que Kikyo es la bella mujer que lo acompaña, y su esposa quizá.
-Claro que, la belleza de Kikyo se podría comparar a la belleza de la nieve. Fría y triste. En cambio la belleza de esta dama, es más bien comparable a la del fuego. Cálida e inquieta. Y sin embargo las dos, nieve, frío, y fuego, calor, son letales. Como todas las mujeres, podrían hacernos perder la razón.
-Oh, lord Naraku dejad ya de hacer metáforas y poemas. Volvamos por un momento al mundo corriente. Sin poesía, sin figuras indescifrables. Aunque os doy la razón en eso de letales.
La mujer anciana sonríe. Y Naraku la mira, sonriendo también. Luego miran a Inuyasha, esperando una respuesta. Mi marido, que ha permanecido en silencio, no por dejar que nos halagaran a lady Kikyo y a mí, tampoco porque no quiere interrumpir. Ahora que los demás lo miran vuelve a la realidad. Pero hace un momento estaba mirando fijamente a lady Kikyo.
Sé porque es. Y me duele en lo más profundo de mi alma. Pero ya sospechaba que él amaba a otra mujer. Simplemente me quedo quieta. Y dejo que todo pase. Yo soy como una espectadora más. No quiero en este momento ser consciente de nada, y mucho menos del frío que me atraviesa el alma.
-No. Lady Kagome Higurashi, no es mi pariente. Ella es mi mujer.
Hay un silencio inmediato. Y alcanzo a visualizar el segundo de sorpresa en los ojos de lady Kikyo. Su marido, me mira fijamente, más profundamente que al principio. De pronto la pareja más anciana se echa a reír, y me miran con interés.
-Inuyasha ¿Cómo has podido no invitarnos a la boda? Es una gran sorpresa, ya lo creo.
-Lamento que no hayas podido estar, pero no sucedió aquí, lord Keyth.
Lord Naraku sigue mirándome, pero Inuyasha parece no notarlo. Hay algo en los ojos de este hombre que no me gusta. Sin embargo tardo poco en dejar de prestarle atención. Su mujer me mira también. Y en sus ojos puedo detectar el resentimiento y el rencor que me profesa. Para mis adentros, sonrió tristemente. Si ella supiera que en estos momentos a la que menos debe envidiar es a mí…queda claro que ella también lo ama. Pero me pregunto, ¿por qué entonces ella se ha casado con Naraku? Y ¿Por qué lord Taisho conmigo? Me siento mal. Otra vez soy una mota de polvo en un cristal limpio. Estorbo. Pero esta vez mi dolor es más profundo. Más íntimo. Y siento lástima de mí y de ella. Las dos amando al mismo hombre, pero ninguna de las dos pudiendo tenerlo.
Estoy bailando con lord Naraku. Sin duda es un hombre culto e interesante. Y sin duda, aún me dan miedo sus ojos. Unos ojos, que me advierten que puede ser peligroso. Damos vueltas por toda la pista, mientras veo como otras parejas danzan a mi lado. Otra vez me fijo en los vestidos de las mujeres, tan impresionantes, tan majestuosos. Y luego recuerdo el mío. Más sencillo, menos llamativo.
-Y aún así, vos destacáis mucho más que ellas.
Comenta lord Naraku leyendo mis pensamientos. Me mira, y sonríe. Parece franco. Y sus ojos me lo dicen. No miente. Es lo que piensa.
-¿Por qué lo decís?
-¿No os habéis dado cuenta? Casi todos los hombres de esta sala desean bailar con vos. Bien porque sois nueva y esperan sacar información, (si, me temo que esta sociedad es cada vez más chismosa), o bien porque son llamados por vuestra sencilla belleza.
-Sencilla belleza…
Digo yo, mientras él me levanta cogiéndome por la cintura. Me coloca de nuevo en el suelo, con la suavidad de una pluma. Mi voz suena lejana, no me lo creo.
-Sí. Está muy claro. Todas las damas aquí presentes, intentan ser la más bella, ya con vestidos caros y llamativos, ya con maquillaje y alhajas…pero vos, como Kikyo, no intentáis llamar la atención. Sino que por el contrario no os importa toda esa frivolidad. Queréis estar bien, sentiros bien por dentro. Sentiros sólo en paz por dentro, no ser magníficas por fuera.
Sonrío. Quizá él tenga razón. Quizá lady Kikyo llame tanto la atención de los hombres por su belleza indiferente. Por esa distancia que pone entre ella y los demás, que según me dijo Kaede, atrae tanto al sexo masculino. Y sin embargo sé que esa mujer que parece tan fría sufre por amor. Al igual que yo. Por el amor por el que sufro yo también. Y luego pienso, cómo puedo llamar la atención siendo bella "por dentro", "para mí", como dice él, si ahora mismo me siento el ser más minúsculo y feo del mundo. Un amor no correspondido, es un dolor parecido al miedo a la muerte.
-Sois muy amable, lord Naraku. Pero sin embargo me creo incapaz de compararme con vuestra esposa. Sin duda alguna, ella es mucho más bella que yo.
Él me mira, y abre los ojos sorprendido. Luego una media sonrisa aparece en su rostro. ¿Qué es? Por un momento, me ha creído parecer…No, seguramente es porque estoy cansada.
-Sois sincera.
Comenta sin más.
