Destino: capítulo 7: Hielo en el corazón

En el capítulo 6

-Sí. Es muy sencillo. Todas las damas aquí presentes, intentan ser la más bella, ya con vestidos caros y llamativos, ya con maquillaje y alhajas…pero vos, como Kikyo, no intentáis llamar la atención. Sino que por el contrario no os importa toda esa frivolidad. Queréis estar bien, sentiros bien con vuestro aspecto. Sentiros bellas por dentro, no por fuera.

Sonrío. Quizá él tenga razón. Quizá lady Kikyo llame tanto la atención de los hombres por su belleza indiferente. Por esa distancia que pone entre ella y los demás, que según me dijo Kaede, atrae tanto al sexo masculino. Y sin embargo sé que esa mujer que parece tan fría sufre por amor. Al igual que yo. Por el amor por el que sufro yo también. Y luego pienso, cómo puedo llamar la atención siendo bella "por dentro", "para mí", como dice él, si ahora mismo me siento el ser más minúsculo y feo del mundo. Un amor no correspondido, es un dolor parecido al miedo a la muerte.

-Sois muy amable, lord Naraku. Pero sin embargo me creo incapaz de compararme con vuestra esposa. Sin duda alguna, ella es mucho más bella que yo.

Él me mira, y abre los ojos sorprendido. Luego una media sonrisa aparece en su rostro. ¿Qué es? Por un momento, me ha creído parecer…No seguramente es porque estoy cansada.

-Sois sincera…

Comenta sin más.

La pieza acaba, y me lleva de la mano hasta una mesa. Estoy cansada, como si no hubiésemos comido, como si no hubiese reparado fuerzas. Y sin embargo hace poco hemos estado todos juntos cenando un banquete. Mi pecho sube y baja, y siento que aunque me guste bailar, no soportaré ni dos piezas más. Estoy hecha polvo. Además de mi estado de ánimo, mi cuerpo se resiente, y me pide a gritos que me eche en una cama.

Lord Naraku ha sacado a bailar a otra dama. Este hombre parece que no se cansa nunca. Y en ese momento me doy cuenta que no distingo a su esposa entre tanta gente. Pero no me importa, ahora lo único que quiero es encontrar a Inuyasha y pedirle que nos vayamos.

Lo busco por todas partes, pero no lo veo. Quizá este fuera en el jardín. Salgo, y un manto oscuro lleno de estrellas me recibe. Me quedo un rato quieta, observándolas.

Recorro casi todo el jardín y no lo encuentro. Y descubro sin querer una pequeña puerta, la observo. Me llama la atención. Pero tengo que buscar a Inuyasha, así que me vuelvo y echo a andar de nuevo al interior del castillo. Un rumor lejano me llega, y me detengo, un grito quizá. Viene de dentro. Al otro lado de la puerta.

Sé que no debo entrar, pero la curiosidad es demasiado fuerte. Es una especie de pasillo largo. El rumor se hace más audible, pero aún no logro entender lo que dice. Parecen dos personas. Avanzo con cuidado, y de repente me encuentro en otro pequeño jardín. Una fuente de una mujer que echa agua desde una jarra se encuentra en medio, y el pasillo protegido por altas columnas, giran alrededor de la fuente en forma cuadrada. El cielo perlado de estrellas también se ve desde aquí. Y su luz cae directamente sobre la estatua de la mujer. Es una escena preciosa. Camino despacio, y mis pasos no suenan.

De repente me sobresaltó y escucho un grito.

-¡No!…aléjate… ¿por qué lo has hecho? Dime por qué…

-Aún te quiero…

Son un hombre y una mujer, estoy segura. Veo dos figuras, oscurecidas por la sombra de una columna alta y majestuosa. Me giro y adelanto unos pasos, y la luz de las estrellas les ilumina un poco.

-¡Pues no lo parece! ¿Por qué lo has hecho? Sabes que yo no lo amo, que era mi obligación casarme con él.

-Te quiero…

Repite por toda respuesta él, abrazándola. Debaten un poco, pero luego se quedan quietos, mostrando su amor y su dolor unidos.

Y entonces descubro de repente, que el hombre es Inuyasha. Lady Kikyo está de espaldas, y él la abraza, y su rostro refleja el amor que no siente por mí.

Siento que las lágrimas se agolpan en mis ojos, y asustada, como alguien que no debe estar allí, retrocedo. Con tan mala suerte, que cuando estoy a punto de salir corriendo, él levanta la vista y me ve por unos instantes.

Ya no puedo dejar de correr, pero mis pasos no suenan. Estoy segura que sólo me ha visto Inuyasha. Abro la puerta y la cierro con cuidado, a pesar de mi aturdimiento. Me paro, sigo llorando. Siguen cayendo más lágrimas.

Durante mucho tiempo o poco, no sé, estoy sentada en un banco, y mis lágrimas siguen cayendo. No sé qué hacer, no sé qué decir.

Levanto la vista y pronto diviso una figura lejana. O no tan lejana. Es lord Naraku. ¡Lord Naraku! Seguramente está buscando a su esposa. Dios mío, si los encontrase…

Y aún con este dolor, con la rabia de sentirme humillada y utilizada por mi marido, me levanto. Me seco las lágrimas. Me pongo recta, doy unos pasos y caigo al suelo.

Lord Naraku se acerca corriendo y me mira interrogante.

-¿Os encontráis bien, milady?

Su voz es grave, fría, distante.

-Lord Naraku…

Finjo no poder seguir, y mi respiración se vuelve agitada a propósito. Él que ya se ha agachado, me toma de los brazos e intenta ponerme en pie. Pero yo no hago nada por ayudarlo, y me vuelvo a dejar caer.

-No-no me encuentro…demasiado bien, milord…

-Tranquila, os llevaré dentro. Seguramente sólo sea un mareo.

Me mira a los ojos, pero desvío la vista y los cierro unos segundos. Luego dejo que él me levante en brazos, y me quejo débilmente. Parece que se ha creído mi mentira, pero aunque me duela mentirle, es mejor así.

Me deja sobre una cama, y hay muchas personas a mi alrededor. Distingo entre mis ojos medio cerrados, a lord y lady Keyth, que se muestran inquietos.

De repente no logro reprimir las lágrimas.

-¿Os duele algo, muchacha?

Lord Keyth me mira con auténtico temor. Seguramente mi escena no es de un mareo normal. Puede que al no poder reprimir el llanto, parezca algo más grave. Intento decir algo, pero en ese momento alguien abre la puerta. Es lord Taisho. Me mira, pero yo no quiero mirarlo a los ojos. Es demasiado doloroso. Hay ahora demasiado rencor en mi corazón.

Estoy de pie, mientras él me sostiene con delicadeza, miro a todos y les prometo que me cuidaré. Inuyasha me hace entrar al carro, con cuidado, y estando ya dentro, sin que nadie pueda vernos, me deslizo fuera de su abrazo, casi con desesperación, y me coloco lo más alejada de él posible. No se lo esperaba. Siento sus ojos sobre mí, pero aunque mi cuerpo tiembla, y las lágrimas quieren de nuevo salir, me arrincono cerca de la ventanilla, y finjo mirar el exterior.

Todo el camino es una tortura, siento constantemente que él me mira, pero yo no quiero ni siquiera sentirlo cerca. El rencor que siento ahora es demasiado profundo. Quizá mañana pueda sentirme con fuerzas de verlo a la cara. Sí, tengo miedo, porque ahora sé, que aquellas veces en las que me miraba sin verme, aquellas veces que parecía ver a otra persona…era…miraba…