Destino: capítulo 8: Vuelo lejos

QUISIERA AGRADECER A TODAS LAS PERSONAS QUE HAN LEIDO ESTA HISTORIA, Y SOBRE TODO A LAS PERSONAS QUE PONEN SUS REVIEWS Y ME ANIMAN TANTO. MUCHAS GRACIAS: SETSUNA 17, SERENA TSUKINO CHIBA, TANIA 56, SIRENA8118, SKULD DARK, CRAZY-MILE. MUCHO MÁS A AQUELLS QUE HAN ESTADO CONMIGO DESDE EL PRINCIPIO. ARIGATO!

En el capítulo 7

Estoy de pie, mientras él me sostiene con delicadeza, miro a todos y les prometo que me cuidaré. Inuyasha me hace entrar al carro, con cuidado, y estando ya dentro, sin que nadie pueda vernos, me deslizo fuera de su abrazo, casi con desesperación, y me coloco lo más alejada de él posible. No se lo esperaba. Siento sus ojos sobre mí, pero aunque mi cuerpo tiembla, y las lágrimas quieren de nuevo salir, me arrincono cerca de la ventanilla, y finjo mirar el exterior.

Todo el camino es una tortura, siento constantemente que él me mira, pero yo no quiero ni siquiera sentirlo cerca. El rencor que siento ahora es demasiado profundo. Quizá mañana pueda sentirme con fuerzas de verlo a la cara. Sí, tengo miedo, porque ahora sé, que aquellas veces en las que me miraba sin verme, aquellas veces que parecía ver a otra persona…era…miraba…

Estoy harta, estoy cansada, estoy destrozada, estoy enamorada…Es horrible, las lágrimas siguen cayendo. ¿Cómo puedo tener tanto líquido dentro de mí? Llevo cuatro días en cama. Al parecer la escena que interpreté en el castillo de lord Keyth, era un preámbulo de lo que me esperaba. ¿Puede alguien enfermar de amor? Suena a novela romántica. Pero creo que puede ser cierto. Al menos lo que me pasa…no encuentro otro motivo.

La noche en que volvimos, sentí a Inuyasha Taisho deambular durante toda la noche por su habitación. A veces, creo hasta intentó tocar la puerta que une nuestras dos habitaciones. Anoche, volvió con su insomnio, pero esta vez escuché claramente como algo se estrellaba contra la pared, y luego lo oí salir.

Hoy, quinto día, me encuentro mejor. Quiero salir, quiero que me dé el aire. Quiero montar de nuevo a caballo. Es una temeridad, acepto frente a Kaede, que me mira con preocupación. Llevaré a un mozo, le prometo, y ella aún desconfiada acepta a regañadientes.

El día es, hoy, algo más triste. El sol no brilla, pero el cielo está totalmente despejado. Hoyo, me mira de vez en cuando, creo que teme que caiga del caballo en cualquier momento. Pero este animal, por el que cambié mi yegua, sabe sentir lo que tengo dentro de mí, y se mantiene firme y cauteloso. Paramos a cierta distancia del riachuelo, y recuerdo la comida en la colina.

-¿Qué hay allí?

Preguntó sorprendida. Nunca me había fijado en la iglesia abandonada, que se divisa no muy lejos.

-Nada, sólo olvido.

Hoyo, tiene la mirada más pura e inocente que he visto. Me mira y a veces un color carmesí tiñe sus mejillas. Tiene unos 18 años, la misma edad que yo. Y lamentablemente, creo estar segura, que se ha enamorado por primera vez. Y precisamente de mí. Pobre muchacho, ojala yo no estuviera enamorada de Inuyasha, ojala no estuviera casada con él. Me iría con Hoyo, y con su mirada pura, y lo amaría con todo mi corazón, y aún desde pequeña teniendo una posición privilegiada, viviría con él. Sin dinero, sin lujos, pero con amor, con un amor correspondido.

Quiero seguir todavía, quiero alejarme más del castillo Taisho, quizá así mi dolor también se aleje, y me deje por un momento siquiera. Quizá emprenda un vuelo lejano y me deje descansar.

Nos acercamos un poco más al riachuelo, ya puedo oír el agua correr. Creo que por aquí no he venido nunca, estaremos seguramente más lejos. De repente el caballo relincha y se mueve inquieto, me agarro a las riendas con nerviosismo, Hoyo ha saltado ya del suyo e intenta calmar al animal. Me mira temeroso de que caiga.

-Tranquilo, estoy bien.-digo agitadamente mientras el animal se alza en dos patas.

Sonrío, cuando el potro descansa de nuevo en sus cuatro extremidades (o eso creo), él me ayuda a bajar. Sujeta mi cintura como si se tratara de una figura de cristal. Es gracioso que crea que puede hacerme daño sólo con tocarme. Le sonrió agradecida, y él se sonroja.

-¿Qué ocurre, Kaji? ¿Qué te pasa, pequeño?

-Creo que se ha hecho daño, señora.

Hoyo tiene razón, veo que una de las patas traseras está sangrando un poco, y el caballo la mantiene en el aire. El muchacho se acerca cauteloso e intenta mirar mejor la herida, pero Kaji se aleja relinchando asustado.

-Tranquilo, eh, tranquilo pequeño, no quiere hacerte daño…shhhh…

Apoyo mi cabeza en la del animal, y acarició suavemente la crin, Hoyo lo intenta de nuevo, pero hay el mismo resultado. Él está demasiado nervioso, y Kaji lo siente.

-¿Por qué no vas a ver a tu padre, Hoyo?

Me mira desconcertado y con desconfianza, mirando alrededor. Sonrío.

-No va a pasar nada. Estaré aquí hasta que vuelvas. Además iría yo, pero con este vestido, y como no he montado jamás al animal que tienes tú, tardaría mucho. Parece que sufre.- terminó refiriéndome a Kaji, que sigue clavando sus ojos en los míos, mientras yo le acarició el hocico.

-Pero, señora…

Me mira unos instantes, indeciso, y luego asiente. No tardará, asegura. Luego monta rápidamente en el otro animal, y lo veo alejarse.

Concentró otra vez toda mi atención en Kaji, parece que le duele mucho. Coloco otra vez mi cabeza sobre la suya, y empiezo a susurrarle para tranquilizarlo un poco. Le acarició la crin, y luego el lomo, me acercó con cautela pero con firmeza a la pata herida. Él se remueve nervioso.

-Tranquilo, tranquilo, Kaji, sólo quiero ayudarte.

Se aleja. Otra vez a empezar.

-Si no me dejas ayudarte, te seguirá doliendo.

Por fin me deja que le toque la pata derecha. ¿Qué es eso? ¿Una astilla? ¿Una espina? Vaya, hay una astilla considerable clavada en la pata, en la zona desprotegida del casco. Le levanto más la pata sin dejar de susurrarle, Kaji se queja de nuevo pero me permite seguir. En un instante le arranco la astilla de un tirón, y el caballo relincha con dolor y rabia. ¿Quién diría que estuviese haciendo aquí de sanadora? Sonrió.

-¿Ves? Ya está, no pasa nada.

Me mira, y le acarició de nuevo la crin. Poco a poco nos acercamos al río.

-Cuando sientas el agua fresca te dolerá menos.- le prometo al animal. Él sigue resentido.

Pero cuando llegamos al riachuelo y hago que meta la pata en el agua mueve la cola aliviado. ¿Cuánto tiempo más tardará Hoyo? Podría regresar en Kaji, pero no quiero que se resienta más. Y el camino es muy largo para caminar con este vestido.

Veo de nuevo la iglesia. Está, ahora, al otro lado del riachuelo. Es vieja, y está muy abandonada. Amarró las riendas del caballo a un árbol mientras él se pone a comer un poco la hierba que crece cerca del río. Es sorprendente como olvida el resentimiento hacia mí por el dolor que le he causado. Ojala fuera así de fácil olvidar los dolores más profundos, menos físicos. Me quito los zapatos, y me subo el vestido. El agua es fresca, y me dirijo tarareando por lo bajo hacia el otro lado del riachuelo.

Al llegar al otro lado me acerco a un árbol y me coloco las botas mientras miro a mí alrededor. De repente siento una presión asfixiante en mi estómago y una mano ruda en mi boca. Me revuelvo asustada, y siento el aliento del hombre en el cuello.

En pocos segundos me dirige dentro de la iglesia. Hay un silencio sepulcral. Dios, mío, pienso, ¿qué me irá a hacer?