Siento mucho la demora pero ya colgue un nuevo cap...y como he tardado les dejo dos ok? Muchas gracias por la paciencia y por leer el fic...espero comentarios, sugerencias o reclamaciones...todo es bienvenido y reproductivo XD Sayo...
Destino: capítulo 9: Una herida sangrante
En el capítulo 8
Veo de nuevo la iglesia. Está, ahora, al otro lado del riachuelo. Es vieja, y está muy abandonada. Amarró las riendas del caballo a un árbol mientras él se pone a comer un poco la hierba que crece cerca del río. Me quito los zapatos, y me subo el vestido. El agua es fresca, y me dirijo tarareando por lo bajo hacia el otro lado del riachuelo.
Al llegar al otro lado me acerco a un árbol y me coloco los zapatos mientras miro a mi alrededor. De repente siento una presión asfixiante en mi estómago y una mano ruda en mi boca. Me revuelvo asustada, y siento el aliento del hombre en el cuello.
En pocos segundos me dirige dentro de la iglesia. Hay un silencio sepulcral. Dios, mío, pienso, ¿qué me irá a hacer?
…
La iglesia se ve menos destrozada por dentro, y la escasa luz clara del cielo entra por las cristaleras de colores rotas, y alumbra débilmente la estancia. El hombre me empuja y veo a lord Naraku a unos pasos. Tiene una herida en el brazo izquierdo y un corte en el rostro.
-Señor, he encontrado a ésta merodeando.
Lord Naraku no nos mira, y yo temo que no se dé cuenta que soy yo…Me debato otra vez, pero el hombre me hace más daño y paro de inmediato.
-Te he dicho que no nos molestes.
Su voz suena peligrosamente baja. Envenenada. Hay dos personas en la estancia según lord Naraku, pero debido a la columna no puedo ver a la otra.
Siento como la bestia que me sujeta sonríe con perversión. Emito un gemido, me hace daño. Pero afortunadamente he llamado la atención de su señor. Lord Naraku gira la cabeza y me mira sorprendido.
-Suéltala.
Pero al parecer la bestia que me sujeta ya a gusto con la presa no quiere dejarla escapar. Mira a lord Naraku.
-¡Que la sueltes he dicho!
Brama la voz de él. Me estremezco y me acercó un poco aturdida a mi salvador, pero de pronto me llama la atención algo y giro la cabeza y veo a Inuyasha en el suelo, sujetándose el costado. La sangre lo rodea. ¡Dios mío, está herido!
No me he fijado en el sable que tiene lord Naraku. El de Inuyasha está a unos cuantos pasos de él.
-Ka-Kagome…-dice Inuyasha entre desconcertado y asustado.
-¡Inuyasha!
Intento salir corriendo a ayudarlo, pero una mano sujeta mi brazo y no me deja. Miro a lord Naraku suplicante, pero el odio que hace unos instantes llenaban sus profundos y bellos ojos negros, ahora parece haberse convertido en dolor. No le tengo miedo.
-Esperad.
-Por favor, por favor…está herido.- gimoteo mientras intento soltarme.
-¡Maldito bas-bastardo…suéltala! ¡Déjala!-grita Inuyasha desde la otra punta, e intenta levantarse, pero no puede.
De nuevo intento salir en su ayuda.
-Tranquilizaos. La herida no es grave, aunque sangre mucho. Y antes de que vayáis a ayudarlo, milady, sabed que aquí el único maldito hijo de perra es él.
Lo miro, y las lágrimas me bañan el rostro.
-Por favor, milord, dejadme…
-¿Sabéis por qué está aquí? ¿Por quién?
No quiero oír su respuesta. No quiero.
-Sí. Por Kikyo. ¡Ha venido pensando que ella lo esperaba aquí!- escupe él con rencor.
Miro a Inuyasha, y él me mira. Sus ojos parecen dos pozos llenos de hielo. Fríos e inexpresivos.
-Lord Naraku, por favor dejad que lo ayude…
-Lo amáis, ¿lo amáis a pesar del dolor que os causa?
Lo miro a los ojos, y las lágrimas caen con más brío. El me mira, y luego coloca su frente sobre la mía. Escucho a Inuyasha decir algo, pero no lo entiendo. Los ojos de lord Naraku Onigumo son como la noche, una noche fría y serena, una noche preciosa pero helada. El suspira y sonríe tristemente.
-Ojala yo no amara tanto a Kikyo, ojala vos no amaráis a ese bastardo…ojala nos hubiésemos encontrado antes y en otras circunstancias, Kagome. Entonces, así quizá os pudiese haber amado a vos, y quizá vos pudieses haberme amado. Amor como el vuestro, sincero y desinteresado, se encuentra escasamente, milady. ¿Lo has escuchado Taisho? ¡¿Lo has entendido? Maldito bastardo eres imbécil…
-Sí, ojala no sufriésemos por amor, ojala no nos doliera tanto. Pero es a ellos a quienes amamos, milord. Y en el corazón no se puede mandar.
Sonríe y me suelta. Yo corro a ver cómo está mi marido. Parece que la herida no es demasiado profunda, como me ha dicho el causante de la misma, pero sangra bastante.
-Más te vale que sepas apreciar lo que tienes Taisho…porque podrá ser tu esposa y podrás tenerla, pero un día se cansara de sufrir por amarte, y entonces por más que sea tu mujer, por más que entonces tú la quieras y la desees a tu lado, ella ya te habrá olvidado, y la ternura y preocupación que ahora se ven en sus ojos, se los dedicará a otras personas. Y tú…tú ya no ocuparas un lugar privilegiado en su corazón.
Inuyasha lo mira con rencor, el mismo rencor que lord Naraku le profesa. Son dos leones. Dos fieros animales matándose con la mirada.
-No me odiéis, milady, quería venganza, pero no haceros daño a vos. No sabía que lo amarais tanto…
Lord Naraku me mira con aquellos ojos negros suyos, llenos de dolor.
-No os odio. Y aunque no acepto vuestra venganza, en cierta manera la entiendo.
Él me mira por última vez. Se inclina levemente, despidiéndose, y luego fulmina otra vez a mi marido. Finalmente sale con dos heridas sangrando, con indiferencia hacia ellas, y con elegancia.
-Lo-lo siento…-me dice Inuyasha, mientras yo no sé qué hacer para que la herida pare de sangrar.
-Te pondrás bien.- le aseguro aún llorando. Él me mira de nuevo, y reparo en aquellos ojos que hace un momento me parecieron fríos e inexpresivos, están llenos de sufrimiento. No era indiferencia lo que veía sino un dolor muy profundo.- Te pondrás bien.
Rompo parte del vestido interior que llevo, y le vendo como puedo el costado. La sangre mancha la prenda, e Inuyasha empieza a cerrar los ojos. No me encuentro bien. Siento que me arde el cuerpo y la cara.
-No te duermas. No te duermas, Inuyasha, pronto nos encontrarán. Hoyo ha ido a por ayuda…
-Tranquila, es sólo que estoy cansado.
Le acarició la frente, está ardiendo. Mis lágrimas le caen en la cara, y apenas abre los ojos. Me inclino un poco y lo abrazo. Por favor, que no se muera, por favor que no se muera.
Las palabras de lord Naraku revolotean a mi alrededor. Inuyasha quería ver a Kikyo. ¿Pero cómo lord Naraku supo dónde se encontraban?
Veo de nuevo como la herida no deja de sangrar. La sangre mana de ella, como mana de mi corazón.
