Destino: Capítulo 11: Algo es distinto.
En el capítulo 10…
Mis mejillas se tiñeron de un rojo escarlata, y decidí que no quería que él lo notase. Me aleje de la cama, y admiré el cielo azul oscuro por la ventana. La luz plateada y fría de la luna entraba por el frágil cristal, e inconscientemente abrí la ventana. Un aire fresco entro por ella…y mi bata se ondeó. Entonces me di dolorosamente cuenta de que me sentía volátil…como si no pudiera mantenerme allí, como un fantasma. Como si mi cuerpo fuera la sombra de algo, de alguien…que pronto no estaría allí. Que no era yo quien debería estar allí…No era yo quien él quería que estuviese allí.
Sentí de nuevo esos dos iris de color ámbar traspasarme, y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Cerré la ventana al instante, pero mi piel seguía erizada.
-No te alejes tanto, Kagome…
Su voz volvió a tomar un matiz diferente, y ahora distinguí con toda claridad un toque de desesperación en ella. En sus ojos había una súplica que nunca jamás había visto antes.
Me acerque con lentitud, y me senté al borde de la cama.
-¿Os sentís mal?
Entonces mi corazón volvió a llorar, y mis ojos estuvieron a punto de reflejarlo. Inuyasha se levantó con dificultad, me miró fijamente y, de repente, me abrazó. Fue un abrazo fuerte, y yo me quede quieta, sin saber qué hacer, qué sentir, qué decir…
-Lo…lo siento tanto, Kagome…tanto…
Su voz era tan grave que en ella se reflejaba toda la culpabilidad que lo agobiaba. Mi corazón sufrió otro golpe, y luego me recriminé por ello. No tenía por qué sentirme culpable por su sufrimiento. No era yo la que había traicionado. Y sin embargo allí estaba yo, con los ojos inundados en lágrimas que exigían salir, con el corazón que con el paso de los días latía más lento, con el cuerpo frágil y entumecido por el amor que me amarraba a Inuyasha…
Simplemente me quede tal y como estaba. Mis manos y brazos a los costados, sin fuerzas para subir, mi boca sin aliento para hablar, mis ojos sin valor para parpadear, mi alma desgarrándose por todos los sentimientos que me abrumaban.
Él me abrazo más fuerte, con más desesperación, como suplicando que yo correspondiera a ese abrazo.
-Kagome…Kagome…
Jamás me había hablado de esa manera. Con aquella falta de vida en la voz. Sin darme cuenta recosté levemente mi cuerpo sobre sus brazos, e instintivamente enterré mi cabeza en su pecho.
Trataba de esconderme de eso, y absurdamente hacía lo que más reflejaba mis sentimientos. Sin palabras, pero con actos más fuertes que éstas, le decía que a pesar de todo no lo odiaba. Que lo seguía amando.
Y, ahora de repente, pienso en lo injusta que he sido. La mayoría de matrimonios son pactados como el mío. Pero a pesar de todo yo he tenido suerte. He amado, amo aún. La vida me ha permitido gozar el sentimiento más fuerte de todos, y debería estar agradecida por ello. Muchas muchachas como yo, que se casan a temprana edad, y por decisión de sus padres, nunca gozan de sentir esto que ahora me llena entera.
Reacciono, al fin, y con las manos aún temblando, abrazo tímidamente a Inuyasha. De repente me siento tranquila. Como si todo lo que me atormentara fuese alejado por un viento cálido y agradable.
Hay algo distinto dentro de mí. Basta de autocompadecerme porque mi amor no es correspondido. No elegí amar a Inuyasha, simplemente pasó; y por supuesto él no eligió enamorarse de lady Kikyo, simplemente ocurrió. Mi corazón clama porque algún día él me vea como la mira a ella, pero no puedo obligarlo a amarme, así como no puedo llorar siempre, no puedo sufrir siempre. Pero parece imposible. Las dos cosas parecen imposibles. Inuyasha no podrá amarme como a ella, y yo no podré olvidarlo.
Y de nuevo la idea de una viaje largo se me cruza por la mente. Y esta vez hay dos fuerzas luchando en mi interior, una que necesita ese viaje, y otra que se niega a dejarlo. Será difícil olvidar a Inuyasha, pero debo intentarlo.
Sus brazos siguen rodeando mi espalda, y yo sigo escondiendo mi rostro en su pecho. Por un momento me ha parecido sentir como si respirase profundamente, e intento separarme un poco, pero él no se aleja.
-Inuyasha, es tarde y debéis…
-No me odies, Kagome, por favor. No lo soportaría…
-Yo no os odio…
-Es cierto… Eres incapaz de sentir eso.
-No soy una santa, milord. Siento muchas cosas que no me gustan. Sin embargo por más que intente odiaros, no lo conseguiría…y…-callo un momento, y él me mira con anhelo.- tampoco puedo odiarla, porque en cierta manera la entiendo.
Él se separa un poco de mí, y luego coloca su frente sobre la mía. Sus ojos son como un abismo. Un abismo en el que quisiera perderme.
-¿Po qué?
-No os entiendo, Inuyasha.
-¿Por qué sientes…lo que sientes por mí?
-No lo sé.- respondo sinceramente.- No sé por qué os amo. Si dijera alguna razón estaría condicionando mi amor a ella. Se supone que las personas se enamoran de otras por su belleza, por su dignidad, por lo buenas que pueden ser, porque las tratan bien, porque las hacen reír, porque se sienten bien a su lado…pero yo no puedo decir lo mismo. Simplemente me enamoré. No sé cuándo paso, ni cómo, y mucho menos por qué.- sonrío y de nuevo el rubor cubre mis mejillas.- No tiene ninguna lógica lo que estoy diciendo.
-El amor carece de lógica.- contesta y me mira con una ternura infinita.
No ha despegado su frente de la mía. Y el nerviosismo se adueña de mi cuerpo. Siento su aliento cerca de mi boca, e instintivamente me echo hacia atrás, y comento lo primero que cruza por mí mente. No quiero besarlo. No quiero, porque sé que si lo hago jamás dejaré de amarlo.
-Sois demasiado extraño, señor. –él me mira a la vez molesto y sorprendido. Supongo que jamás, nadie lo ha calificado como raro. – Podéis ser tan posesivo, tan engreído, tan arrogante, tan grosero…
-Demasiados halagos…-me interrumpe indignado.
-Tan cínico,- digo yo alzando la voz.-tan hiriente.- y ante esta palabra desvía la mirada.- Y, de repente, en ocasiones, aunque son muy pocas debo añadir, podéis ser tierno, amable, divertido, protector…
Inuyasha me mira de nuevo. Y ésta vez sus ojos reflejan de nuevo culpabilidad.
-¿Cómo puedes creer eso con lo que te he hecho?
-Oh, vamos, milord, me habéis tratado relativamente bien. A pesar…de lo que…ocurrió, no me puedo quejar del todo. Tengo un hogar, tengo con qué abrigarme, tengo qué comer, estoy rodeada de personas que me estiman, soy libre….-digo al fin, y al escucharme me doy cuenta de lo vacías que están mis palabras.
Inuyasha parece también haberlo notado.
-Kagome…
-De verdad, no soy tan infeliz.
¿Qué por qué miento? ¿Por qué digo tales tonterías? Porque debo empezar ya a olvidarlo. Debo empezar a alejarlo.
-Yo…yo…prometo que…- sus palabras no salen, y por algún motivo no quiero escucharlo.- Kagome,- se arma de valor- te prometo, que esto cambiará. Te prometo que no te haré sufrir más…Yo quiero…
-Por favor, Inuyasha no quiero que digáis…
-Ya no me tuteas…. .- Hace mucho tiempo que se dio cuenta. Y en su voz suena un matiz de impaciencia.
-… cosas que no podréis cumplir.
Mi voz ha sido igual que la suya. Un susurro grave. Es cierto, ya no lo tuteo. Supongo que es una manera de herirlo, aunque lo había hecho inconscientemente.
-Lo cumpliré, Kagome…no quiero hacerte sufrir más…No…no quiero alejarte más de mí. Yo…yo te quiero…
-¡Basta! …no digáis cosas que no sentís sólo por lástima. Se lo ruego, milord…no sea tan cruel…
Vaya…¿Cómo oír aquellas dos palabras puede doler tanto?
Entonces me mira con una sorpresa absoluta. Y su cara refleja un dolor inmenso. Pero no me importa. Ha sido demasiado cruel. No quiero que me vuelva a mentir. Ya sé todo lo que me ocultaba…¿por qué sigue mintiéndome? No es justo. Yo le abro mi corazón, lo entiendo, lo comprendo, y él a cambio, sigue humillándome. No soy tonta, aunque lo parezca.
-No te miento.-Ahora suena más confiado. Más tranquilo. Más seguro. Y me molesta. Me molesta sobremanera que pueda decir ese tipo de cosas con tanta simplicidad, con tanto descaro. Cínico.
-Sé perfectamente que usted está enamorado de lady Kikyo. No sé por qué, pero tampoco quiero seguir oyendo cómo dice mentiras, milord. Así que, buenas noches.
-Te quiero.
-¡Ya basta!
La marca que le acabo de dejar en la cara, permanecerá allí por un par de minutos más. Y al darme cuenta que lo he abofeteado, mis ojos se abren de la sorpresa, pero mi enojo no se va. Mi pecho sube y baja de manera descompasada. Le ha dolido. No tanto el golpe, sino más bien el orgullo.
Se topa la parte dolorida y sus ojos se clavan en los míos.
-Te quiero, Kagome.
Por segunda vez, mi mano se levanta. Y ahora su mejilla izquierda tiene el mismo tono que la derecha.
-Te quiero.
Me levanto furiosa. Doy vueltas por la habitación, y descubro horrorizada que no puedo salir. No puedo irme.
-Pero vos amáis a lady Kikyo.
-Sí.
-Entonces, ¿cómo podéis decir que me queréis?
-Porque te quiero.
-Maldita sea, milord. ¡Este juego es muy cruel!
-Mírame.
-No puedo. Volvería a pegaros, y no se puede golpear a una persona convaleciente.
-Mírame.-lo hago.- Te quiero, y amo a Kikyo. No puedo explicarlo. Yo tampoco sé qué es esto. Quiero estar con ella, pero temo perderte. Quiero decirle sin temor ni remordimiento que la amo y que quiero vivir con ella; y quiero gritarle al mundo que te quiero y que te necesito, que me es imposible vivir sin ti. Quiero cuidarla; y quiero protegerte de cualquier cosa. Quiero que ella no sufra más de lo que ya ha sufrido; y no puedo verte llorar sin querer destrozar al que ha causado tu sufrimiento, aunque ése sea yo mismo. Quiero poder dormir y despertar con ella cada día; y necesito hacerte el amor todas las noches, y saber que estarás conmigo siempre, dormirme abrazándote, y al despertar sentir tu aroma inundando toda la habitación. Quiero compartir mi vida con ella; y no soportaría saber que ya no estás a mi lado. Quiero darle la vida que se merece, quiero amarla en paz; y quiero escapar contigo a un lugar en el que sepa que sólo eres mía. Quiero mostrarles a todos que la amo; y quiero esconderte de ellos, ninguno merece poder verte. Quiero tocarla, sentirla cerca de mí; y quiero amarte más que nadie, amarte más que cualquier otra persona que te pueda sentir eso por ti. Quiero que ella sienta que la amo; y no puedo pensar en que me dejes de amar. Quiero salvarla de su sufrimiento; y daría todo lo que tengo y lo que no porque tu dolor desapareciera. Quiero saber que ella y yo somos uno; y quiero que sepas que sin ti, soy nada. Quiero amarla hasta que muera, y quiero vivir amándote. Quiero morir junto a ella; y quiero, antes de morir, poder decirte "Te amo". No quisiera que se aleje de mí; y no aguantaría tener que alejarme de ti. Quiero que sepa que es el amor de mi vida, y quiero que entiendas que mi vida es tuya. Quiero matar a Naraku por poder tocarla, y quiero destrozar al que se atreva a tan siquiera rozarte. Me duele pensar que ella pueda olvidarme; y me volvería loco si al despertar un día no te encuentro a mi lado. No quiero pensar en que ella podría amar a ese bastardo, y me aterroriza pensar en que sueltes mi mano…Te amo, y quiero a Kikyo. Quiero estar con ella, pero temo perderte. No sé cómo explicar esto. Sólo sé que es así. Sólo sé que lo entendí ahora. Al verte allí en la ventana, tan lejos de mí.
