Destino: Capítulo 12: Confusión.

En el capítulo 11

-Mírame.-lo hago.- Te quiero, y amo a Kikyo. No puedo explicarlo. Yo tampoco sé qué es esto. Quiero estar con ella, pero temo perderte. Quiero decirle sin temor ni remordimiento que la amo y que quiero vivir con ella; y quiero gritarle al mundo que te quiero y que te necesito, que me es imposible vivir sin ti. Quiero cuidarla; y quiero protegerte de cualquier cosa. Quiero que ella no sufra más de lo que ya ha sufrido; y no puedo verte llorar sin querer destrozar al que ha causado tu sufrimiento. Quiero poder dormir y despertar con ella cada día; y necesito hacerte el amor todas las noches, y saber que estarás conmigo siempre, dormirme abrazándote, y al despertar sentir tu aroma inundando toda la habitación. Quiero compartir mi vida con ella; y no soportaría saber que ya no estás a mi lado. Quiero darle la vida que se merece, quiero amarla en paz; y quiero escapar contigo a un lugar en el que sepa que sólo eres mía. Quiero mostrarles a todos que la amo; y quiero esconderte de ellos, ninguno se merece poder verte. Quiero tocarla, sentirla cerca de mí; y quiero amarte más que nadie, amarte más que cualquier otra persona que te pueda amar. Quiero que ella sienta que la amo; y no puedo pensar en que me dejes de amar. Quiero salvarla de su sufrimiento; y daría todo lo que tengo y lo que no porque tu dolor desapareciera. Quiero saber que somos uno; y quiero que sepas que sin ti, soy nada. Quiero amarla hasta que muera, y quiero vivir amándote. Quiero morir junto a ella; y quiero, antes de morir, poder decirte "Te amo". No quisiera que se aleje de mí; y no aguantaría tenerte que alejarme de ti. Quiero que sepa que es el amor de mi vida, y quiero que entiendas que mi vida es tuya. Quiero matar a Naraku por poder tocarla, y quiero destrozar al que se atreva a tan siquiera rozarte. Me duele pensar que ella pueda olvidarme; y me volvería loco si al despertar un día no te encuentro a mi lado. No quiero pensar en que ella podría amar a ese bastardo, y me aterroriza pensar en que sueltes mi mano…Te amo, y quiero a Kikyo. Quiero estar con ella, pero temo perderte. No sé cómo explicar esto. Sólo sé que es así. Sólo sé que lo entendí ahora. Al verte allí en la ventana, tan lejos de mí.

-¡Dios mío!

El me mira esperando que yo lo golpe, o le grite…o yo que sé. Pero en vez de eso, me levanto, e intento caminar, pero de nuevo ha vuelto a sujetar mi mano.

-Por favor…por favor…grítame, pégame, insúltame…pero no te vayas.

-No sé qué puedo deciros. No sé qué esperáis que diga.

-Sé…yo sé que ahora mismo…lo que más deseas es alejarte de mí…y lo entiendo, te juro que lo entiendo…

-No quiero alejarme de vos…

Me mira sorprendido. Sus ojos ahora son como dos pozos profundos. Dos pozos que no tienen fondo. Y su mano, poco a poco va soltando la mía.

-No lo entiendo. Me siento aliviado, porque, no soportaría que me odiaras…pero…no entiendo nada.

-Inuyasha, al…veros…al veros aquella vez con lady Kikyo… Os amo, y lo sabéis. Pero eso no significa que voy a aguantar todo lo que hagáis…y dejéis de hacer. En el altar, di mi palabra que estaría a vuestro lado hasta el día de mi muerte, y lo cumpliré, si me dejáis. Jure que sería vuestra esposa, que os cuidaría, que os serviría, y que os sería fiel…cosa que hasta ahora he hecho. Y seguiré haciéndolo si sigo con vos, si no logro irme. Os amo, pero no será así siempre. Permaneceré a vuestro lado, y seré, dentro de mis posibilidades una buena mujer. Pero mi amor no durará eternamente, porque llegará un momento en el que se cansará de que le hagáis daño. Si no logro escapar me alejaré.

Inuyasha me mira, y sé que él ha comprendido, que mis últimas palabras implican que puedo alejar, olvidar este amor.

-Lo sé. Y no quiero que suceda.

-Inuyasha…

Me levanto despacio, y él me mira con esos ojos llenos de anhelo. Siento que mis fuerzas empiezan a desfallecer. Rodeo la cama, y luego me acuesto junto a él. Parece que todo estuviera tranquilo, parece que yo estuviera tranquila. Pero sé que lo que ahora diga será decisivo.

-…yo entiendo, y acepto que améis a lady Kikyo. Pero…ella está casada. En acuerdo o desacuerdo, está casada. Su marido es otro, su familia es otra, su hogar es otro. Si queréis que sea vuestra debéis hacer algo para que su matrimonio se rompa. Quiero amaros, pero quiero amaros en paz, tranquila, sin tener que reprimir mis sentimientos. No podéis pretender amarnos a las dos al mismo tiempo. No podéis pretender estar con una un día y con otra otro día. Porque así no funciona esto. No la conozco demasiado. Pero sé que ella tampoco quiere esta situación. Es como si estuvierais jugando algo. Algo muy cruel.

-Kagome…

-Sé que no es vuestra culpa…- me anticipo, le tomo la mano, y él la aprieta fuerte.- Sé que no planeasteis amarla a ella, y quererme al mismo tiempo. Pero debéis entender que si la amáis a ella, será sólo ella. Yo me apartaré, puedo amaros, pero no seré utilizada, sabiendo que veis a otra mujer, milord. No sé cómo, ya pensaré en algo. Pero no quiero seguir sufriendo de esta manera. Dejaré de amaros, como sea, como pueda. No puedo separarme de vos, porque todo fue correcto, la boda no tiene ninguna falla. Y además…ya…ya no soy virgen. Ningún marido quiere una mujer que ya haya estado con otro. Pero debe haber alguna manera en que pueda…

-¿irte?

-Sí…

Creo que el silencio se hace infinito. Y ya estoy pensando en cómo puedo irme. Alejarme de él. Lejos dónde nadie sepa quién soy. Volver a empezar. ¿Cómo podré sobrevivir? Soy de la clase privilegiada, aunque eso no tiene importancia…nunca he trabajado…pero ya se me ocurrirá algo…haré algo…

-No lo aguantaría…sé que no soportaría que te fueras.

-Me lo habéis dicho ya…pero…

-No puedo dejarte ir …aquel día en la iglesia…aquel día cuando te vi llorar, intentando por todos los medios soltarte de Naraku…llorabas por mí…llorabas porque estaba herido…a pesar de lo que te dijo él, querías auxiliarme…aquel día en lo único en que pensaba era poder abrazarte y que dejaras de llorar por mi culpa.

Sus ojos me traspasan el alma. Y yo…yo no reacciono. Mi mente ha comprendido lo que está diciendo. Pero, es que, no puedo creer lo que está pasando. "¿quiere estar conmigo?"

De repente siento que me atrae hacia sí, y luego siento un abrazo fuerte, lleno de ternura, desesperación, y anhelo.

-No puedo…no puedo…

-Inuyasha…

Mis ojos que parecía que no podían llorar más, me contradicen, y empiezan a soltar una lágrima tras otra. Y me limpio torpemente la cara, y sonrío tímidamente. Correspondo a su abrazo, y escondo el rostro en su pecho. Mi corazón, que hace un momento casi no latía, ahora se deboca como loco. "Díos mío, estos cambios de humor, van a terminar conmigo", pienso mientras sonrío contra el torso de mi marido. Mi marido…

Al despertar veo que el sol ya se ha escondido, y una luz suave y plateada entra por la ventana. Sonrío, ahora el peso de todo lo que ha pasado llega por completo a mi mente. Y comprendo que tengo ganas de gritar de felicidad. Pero no puedo, él aún duerme, y sería muy descortés, hacerle eso, sobre todo si todavía se está recuperando.

Levanto la cabeza un poco y lo beso en los labios. Es un beso suave, y en extremo tímido. A pesar de todo este tiempo… ¡Qué tonta soy! Él sonríe, y sus manos ahora acomodan mi cabello. Abre los ojos y en ellos puedo distinguir un brillo sensual, que hace reaccionar de inmediato mi cuerpo.

Profundiza el beso, y yo me dejo llevar, pero al sentir sus manos recorrer lentamente mi espalda, me alejo un poco.

-Inuyasha…estás todavía débil…no podemos hacer esto…

-Tendré mucho tiempo para curarme…además creo que esto acelerará mi recuperación…

-¿Es que quieres abrir de nuevo tu herida?- digo molesta.

-No. Sólo quiero hacerte el amor…

-Inuaysha, a mí no me parece gracioso…

-No me estoy riendo, Kagome…no podría en este momento, así quisiera…

Al decir esto, sus manos han abandonado mi espalda, y se concentran en desordenar mi cabello. Pienso que no es necesario esto, ya que de por sí, es rebelde. Y él sonríe, y me muerde el cuello. Sin querer dejo escapar un leve suspiro, y me doy cuenta, que ya es demasiado tarde como para intentar detener esto. Mi cuerpo ahora también lo exige.

Sus manos pasan de un lugar a otro, y no se cansan de medirme. Y su boca juega con la mía, mientras alterna entre mi cuello, mis hombros y mi pecho.

Tengo miedo de que su herida se vuelva a abrir, por lo que estoy nerviosa. Sin embargo él parece no sufrir por eso, o al menos lo ignora.

Ahora me ha subido encima de él. Y descubro un rojo intenso que cubre mis mejillas al sentir en su parte baja a cuan grado de excitación ha llegado ya. Me agacho un poco y coloco mi frente en la suya, sus ojos, que ahora son de un dorado oscuro, se hunden en los míos. Apenas rozo sus labios, y mis manos acarician suavemente su tórax. Él sonríe, y luego me aparta el cabello del rostro. Poco a poco siento sus manos subiéndome el camisón, y al hacerlo se para un momento en mis caderas y pasa rozando mi cintura y pecho.

De pronto me encuentro en la posición contraria, estoy bajo él, y mis manos se clavan en las sábanas por las suyas. Cierro los ojos. Esta vez es diferente a la primera. Es más lenta, más suave, más desesperada.

Sus manos vuelven a recorrer mi cuerpo, y esta vez siento su entrepierna rozar la mía. Y escucho como un gruñido ronco y grave sale por su boca. Pienso en si volveré a sentir el dolor de aquella vez, pero él sigue besándome, y sus manos siguen jugando con mis piernas, mis caderas, mi cintura, mis senos…Algo dentro de mí empieza a desesperar, quiero sentirlo de nuevo dentro. Quiero sentir de nuevo que soy libre. Libre pero junto a él. Quiero sentir de nuevo que algo irrompible nos une.

Otra vez rodamos, y quedo encima. Mis manos colocadas en su espalda se tensan, y sin querer hundo mis uñas en su piel, al sentir como va entrando. Él gruñe divertido. No pienso en nada. Sólo siento sus manos en mi cintura, ayudándome a empezar un ritmo lento y profundo. Mis ojos se cierran, y mi boca emite sonidos graves y suaves.

Esta vez es diferente…este sentimiento es diferente…así como lo que estoy sintiendo es diferente. Es algo inexplicable, pero lo he sentido. Y he oído cómo nuestras gargantas se han desgarrado al mismo tiempo antes de terminar.

Él todavía está dentro de mí, y yo, cansada, quedo recostada en su torso. Mi pecho y el suyo bajan y suben como si hubiésemos corrido durante mucho tiempo. Veo su piel perlada por el sudor, de un color más oscuro que él mío. Un poco tostada por el sol. La beso, luego su barbilla, y recuesto por fin mi cabeza y lo abrazo fuerte.

-¿Cómo he podido aguantar tanto tiempo?-oigo que dice apenas en un susurro.- Es imposible…

Levanto la cara y apoyo mi barbilla en su pecho. Lo observo por largo tiempo, mientras él me mira acariciando mi espalda. Nos separamos, y ahora mi cuerpo desnudo descansa en la cama. Me acerco más y él me abraza. De nuevo mi pecho ha quedado apoyado en el suyo.

-Te amo, Kagome.

Sus palabras me cogen por sorpresa. Y lo único que atino a hacer es volver a besarlo. Él sonríe.

-Dilo.

-¿Decir qué?

-Que me amas. Quiero escucharlo.

-Te amo, Inuyasha.

-Dilo de nuevo.- pide después de unos segundos y me besa en la frente.

-Te amo.

-Otra vez.

-Te amo. Te amo. Te amo.

-¡Oh, Dios! ¡¿por qué me gusta tanto escucharlo?

-¿Inuyasha?- digo después de un silencio breve, sin poder aguantar más.

-¿Sí?

-Esta vez he sentido… he sentido algo…diferente.

-¿Diferente? ¿Más fuerte quieres decir?

-Sí.

-Es porque hemos llegado al orgasmo.

-¿Tú también lo has sentido?

-Sí.

-Es extraño. Nunca lo había sentido antes.

-¿Nunca antes?- me mira suspicaz.

-Bueno…no…me has entendido mal…no quise decir… ¡¨Por Dios! ¿Por qué juegas así conmigo? Me refería a que la primera vez no fue así…

-¿La primera vez con quién?

-Idiota…

-No lo sé. Los últimos días te he descuidado mucho.- dice tranquilamente.

-Si supieras o si sospecharas algo así no te estarías burlando. Inuyasha, el orgullo de los Higurashi es grande. No me tientes…o mejor, sí, hazlo. Quizá debería enseñarte cuan orgullosa puedo ser.

-Basta. No me gusta el camino que está tomando esta broma. - sonrío y le beso el cuello.

-Está bien. Pero no pienso disculparme, tú has empezado...-siento la necesidad de morderle, y lo hago. Luego lamo esa parte del cuello como lamentando lo que he hecho, aunque no es así…

-¡Maldita sea, Kagome! Vas a volverme loco…- me sujeta el rostro con las manos y mi cabello le cae en la cara. Oigo como respira hondamente, y me siento bien. Me siento querida. Es una sensación agradable. Sentir que la persona que amas te corresponde.

Cuando despierto de nuevo, aún es de noche. Estoy acostada junto a mi marido, y él me abraza por la cintura. Me quedo un momento así, y después intento salir de la cama.

Él se mueve un poco, pero no despierta. Cuando logro zafarme y pongo un pie en el suelo, su voz me sobresalta.

-¿Dónde vas?

-Tengo sed.

-¿Vas a bajar a esta hora por agua?- pregunta molesto.

-No. Antes de venir, subí una jarra. Debe estar por aquí.- digo mientras busco a tientas. Me acerco un poco a la ventana para alumbrarme con la luz de la luna.

Cuando el líquido alivia mi garganta emito un leve suspiro. La noche es preciosa. Y me quedo un rato mirando el paisaje que rodea el castillo Taisho.

-Kagome, vuelve a la cama.

-Sí. – doy media vuelta pero al hacerlo choco con la mesita donde descansaba la jarra, y el agua está tan fría…- Vaya, que desastre… ¿Cómo he podido ser tan torpe?- Me agacho a recoger el cristal.

-¿Qué estás haciendo ahora?- dice Inuyasha con voz cansada.

-Alguien al entrar puede lastimarse, Inuyasha. Ya está. ¿Ves? No he tardado tanto.

-Vuelve a la cama, Kagome.

-Ya voy…sólo quiero…

De repente siento cómo sus brazos me levantan en vilo. Y a pesar de la oscuridad sé que él ha notado mi sonrojo.

-Inuyasha, puedo volver a la cama sola.-digo molesta.

-Estás mojada….- me contesta él, ignorando por completo mi comentario.

-Pues claro ha sido al caer la jarra.

-Bien. Ahora habrá que hacerte entrar en calor, o podrías resfriarte.- su sonrisa seductora me deja sorprendida.

-Inuyasha, necesitas descansar…y además, no puedes hacer esfuerzos…ya…ya lo hemos hecho antes y…

-Hacer el amor contigo nunca es un esfuerzo…

-Hablo en serio. No te hagas el gracioso.

-Yo también hablo muy en serio. Además el enfermo aquí soy yo. Por lo tanto soy el que pide, y como tú eres la que me cuida, concedes.

-Eres un manipulador.

-Gracias, amor, intento hacerlo lo mejor que puedo. Ahora si no te importa me gustaría concentrarme en lo que sigue.- Siento como ya está excitado. Me dejo llevar. Creo que jamás me cansaría de que me hiciera el amor, aunque fuera a estas horas de la noche, aunque estuviese cansada.