Lamento la demora. Espero que les guste el capítulo…la verdad es que me he quedado en jaque…no encuentro la inspiración para seguir escribiendo. Sé cómo tiene que seguir la historia, sin embargo, lo que escribo o mejor dicho cómo escribo no me sacia…lamento tardar más en colgar los caps pero ya acabe los caps de guarda que tengo. Todavía no sé cuántos capítulos tenga el fic…pero sospecho que ya no muchos. MUCHAS GRACIAS POR LEER ESTA HISTORIA Y MUCHAS MÁS GRACIAS A LAS PERSONAS QUE SE TOMAN EL TIEMPO Y LA MOLESTIA DE COMENTAR!

Nos leemos…Sayonara…

Capítulo 15: Destino: Un acuerdo obligado.

En el capítulo anterior…

Tan solo…quisiera estar seguro que regresarás…lo sé…sé que es un sentimiento egoísta…pero es lo que siento…

-Pues sí…es muy egoísta.

-¿Desde cuándo estás escuchando?

No, no está fingiendo…a pesar de su ruido…no sabía que estaba despierta. Estoy a punto de abrazarlo…pero en vez de eso me doy vuelta. Y quiero golpearlo al sentir que se atreve a rodear mi espalda.

Me sorprende tanto sentir las convulsiones…me sorprende tanto escuchar los suaves quejidos…que por un momento no sé lo que pasa. Pero sí, él está llorando.

Está llorando como un niño pequeño.

-Por…favor…por favor…no…no…no te…vayas…por favor…no me dejes Kagome…por favor…

Es algo tan increíble. Tan asombroso que Inuyasha, ese hombre tan fuerte, esté llorando ahora porque yo…YO me voy…es una ironía…una ironía muy dura.

-Inuyasha…

Y mi corazón se ablanda por millonésima vez…sí, no me canso de sufrir…por él, no.

Estúpido, mil veces estúpido corazón masoquista.

-Kagome…por lo que más quieras no te vayas.

-Escúchame. Me voy a ir…quieras o no…te duela o no me voy a ir.

-No…no puedes hacerme esto…

Y solloza tan fuerte, tan de verdad que no me molesta su comentario tan injusto.

-Me voy, Inuyasha…así nos duela me voy. No podemos seguir así, con esta herida que no se cierra. No podemos seguir haciéndonos daño. Quizá me has dañado más, pero yo he sido culpable. Nadie me aseguró que podrías entregarme tu corazón por entero, y a pesar de ello me arriesgue. Y sé que yo ahora mismo te estoy hiriendo mucho.

-No quiero…no quiero…

Me abraza fuerte como si eso fuera a impedir que me fuera. Es algo tan desconcertante que se comporte como esta clase de niño pequeño…un niño que sufre mucho por algo que él mismo ha causado.

-Mírame – y me doy vuelta para mirarlo a la cara – Averigua, averigua bien, piensa, pon en tu cabeza los pros y los contra…y cuando estés preparado dime lo que has decidido.

-¿Pero?

-Pero…yo voy a hacer lo mismo…

Y ya no solloza pero las lágrimas siguen cayendo. Las limpio con mis dedos, y le sonrío. Jamás pensé que llegaría el momento en que yo fuera la que lo consolara y el tomara mi lugar.

-No vas a volver…lo sé…no vas a volver a mi lado.

-Puede ser…y puede ser lo contrario.

-¿Cómo voy a tener las fuerzas para estar todo este tiempo así?

-Como has tenido valor para vivir todo este tiempo solo y visitando a Kikyo las veces que podían…

Y veo que eso le duele.

-Estás llena de rencor… ¿por qué me das esperanzas…por qué no simplemente me dices que no vas a regresar?

-Porque si te aseguro que volveré te puedo estar mintiendo, pero si te aseguro que no voy a volver también mentiría. Deja el egoísmo Inuyasha, y permite que yo arregle mis ideas y elija si mi felicidad está contigo o con otro.

-¿Con otro? Eres una mujer casada…nadie te va a querer así, tú misma lo dijiste alguna vez.

Río y él se enfada aún más.

-Pero también sé de muchos hombres a los que no les importa eso.

-Me dijiste que no supiste de ningún pretendiente.

-Y es cierto. Pero mis primas me contaban muchas historias.

-Te iré a buscar. Te buscaré donde quiera que estés y te traeré de vuelta.

-Ya te he dicho que tienes que averiguar y pensar bien lo que quieres.

-Yo sé lo que quiero.

-No lo creo.

-Sí, sí que lo sé. Te quiero a ti, te necesito a ti. Sé que soy un necio, un inmaduro, un perfecto imbécil…me confié tanto en tu amor. Confié tanto en que me amabas que pensé que esta vez sería como tantas otras, en las que al final tu amor por mí no te permite odiarme. Sé lo que necesito.

-Pero no estás seguro si aún amas a otra mujer…sé que se puede amar a dos personas al mismo tiempo…pero tienes que pensar si nosotras aceptaremos ese amor dividido.

-Averiguaré si ese hijo es mío. Lo averiguaré lo más pronto posible. Y ahora, ahora ruego a Dios porque no sea.

-Mentiroso.- ese comentario me ha herido mucho más de lo que pude suponer. Qué cinismo el suyo…

-No. No estoy mintiendo.

Nunca lo entenderé. Jamás entenderé cómo puede tardar siglos en darse cuenta de lo que quiere, a quién quiere, y decidir así mismo lo que desea en dos segundos. Y lo más frustrante es que sé que es cierto, que no miente, que no finge, que en dos segundos tiene claro todo.

-Lo averiguaré…y si no es te iré a buscar así estés en la última isla del último trozo de tierra. Pero te encontraré y te traeré de vuelta.

-Y…y si es tuyo…

-No te voy a perder.

A la mañana siguiente Kaede se encarga de mandar a un muchacho al puerto para que envíe la carta en un navío pequeño y rápido de carga. Sé que es lo correcto. Sé que esto tiene que pasar. Y por eso pareciera que duele menos…pero sé que estoy huyendo de los problemas, sí, estoy huyendo. Puedo ser una cobarde pero no dejare que mi corazón se rompa de esa manera. Ya no quiero otra brecha sangrando.

-Buenas noches.

-Ojalá fueran buenas.

-Inuyasha, ya hablamos de esto ayer.

-¿Ha sido enviada ya?

-Sí.

-Perfecto.

Se voltea sin siquiera mirarme una vez a la cara y sube lentamente las escaleras. Estoy sorprendida de su egoísmo. Es algo abrumador que pueda sentirse herido cuando él me ha herido con mucho más ímpetu.

Entro a la habitación, no enfadada pero si cansada. Ya no quiero seguir así, ¿por qué no lo puede entender?

-Inuyasha…

Pero no está.

-¿Dónde te metiste Inuyasha?

El agua ya está fría en la tina. Dejo salir un suspiro y abro la puerta que conecta nuestras recámaras.

-Sí, está bien…lo veremos mañana…pero ahora déjame dormir, Kaede, no sabes cuánto lo necesito.

Al cerrar la puerta y voltearse me mira sin querer, y esquiva de nuevo mis ojos. ¿Por qué lo amaré tanto?

-Creí que ya no querías compartir el mismo aire conmigo.

-Así que así combates el dolor. Hiriendo para que no puedan herirte. Pero es una lástima que a mí no me hieras con tus ironías.

-Lo siento…sí, está bien sé que me he comportado como un idiota.

-¿Te has comportado?

-Está bien, está bien. Me comporto.

Cierro la puerta despacio y me siento y me pongo a detallar los pliegues de mi camisón. Ironías. Cuando el no notaba mi presencia permanecí a su lado, y ahora que no quiere que me vaya estoy decidida a hacerlo.

-Me gusta ése.- Dice señalando el camisón de dormir que llevo puesto.- Es elegante y sencillo al mismo tiempo.

-Era de mi madre.

-Casi toda la ropa que usas era de tu madre. Es interesante que compartan la misma altura, figura y rostro. Casi eres su retrato.

-Sí. Pero mi madre era hermosa.

-Otra vez con lo mismo. No sé porque te empeñas en ser fea.

-No es por eso. Mi madre era bella en todos los sentidos. Era una mujer admirable. Jamás dejo de sonreír, aún cuando padre…cambió. En cambio yo no puedo hacer otra cosa que llorar…mi madre era tan fuerte…

- El que llores no quiere decir que seas débil. ¿Qué tiene de malo llorar? Sí, lloras mucho… ¿y qué con eso? Es mejor llorar y sacarlo de dentro…que dejarlo allí para que se vaya pudriendo.

-Vaya, lord Taisho que sabio eres.

-No te burles de mí, Kagome.

Me echo en la cama y estirando mis brazos analizo cuán pequeñas son mis manos. Me pongo de lado y me acurruco y miro a Inuyasha. Siempre me ha gustado mirarlo.

Está sentado de espaldas hacia mí. Su espalda se ve tan ancha, tan fuerte, que quisiera guardarme en ella. Quisiera sentir de nuevo la protección de sus brazos.

Inuyasha se alborota el cabello en un gesto de frustración y luego se acuesta también. Mira atentamente el techo y sus brazos están abiertos totalmente. Si no fuera por él está cama sería inmensa para mí…apenas ocupo espacio en ella.

-Siento tanto haber llegado a este punto Kagome, sé que…

-Tus manos son enormes.

Cojo una de sus manos y la abro comparándola con la mía. Son enormes. Repaso las líneas de su palma, y algo me dice que en realidad jamás podré dejar de amarlo. Jamás lograré separar mi mano de la suya. Y añoro tanto que sea así. Que su mano siga protegiendo la mía. Que su mirada dorada siga creando un mundo sólo para mí.

Y siento como suelta mi mano y me acaricia el cabello. Y sonríe. Por fin sonríe. Sonríe.

-Te amo.

Me acomodo quedando junto a él, y los dos adquirimos mi posición de lado, pero visiblemente él, a pesar de estar encogido igual que yo, ocupa mucho más espacio. Nuestros rostros están muy juntos y su mirada se pierde un momento en la mía y luego la aparta. Entonces me doy cuenta que ha mirado mi boca y sonrío. Ahora tiene miedo. Es algo asombroso como puede llegar a enternecerme este hombre después de querer matarlo.

Lo llamo y él me mira.

-Te amo también.

Y lo beso. Es un beso tan cálido que puedo olvidar sin problema el frío de fuera. Apenas es un roce pero produce tantas sensaciones que mi piel se eriza y yo río bajito. Al abrir los ojos mi boca aún está muy cerca de la suya y él me mira con sorpresa.

Lo amo.

Su cabello alborotado cae sobre sus ojos con un atractivo sorprendente. Y un sentimiento surge de improviso en mi interior.

¿Cómo puedo querer algo así en este momento?

Me sorprende darme cuenta que ahora es él quien me besa, pero ya no es un beso tierno sino desesperado…un beso lleno de una desesperada pasión.

Quizá Inuyasha pueda oler los sentimientos, y se ha dado cuenta que yo también pensé en ello. Pero no creo que…

-Por favor…déjame amarte.

Y sé que no se refiere tan sólo al hecho de que desee que hagamos el amor, sino más bien que no rechace sus sentimientos. Pero no entiende que no los rechazo…yo sólo quiero poder volver a confiar en él. Y no puedo responder. Pero el ya ha leído mis ojos, y sabe perfectamente que está noche dormiremos juntos.

Inuyasha mide cada centímetro de mi cuerpo, memoriza cada detalle. Sus manos primero acarician mi cabello y el entierra su rostro en mi cuello. Lo oigo respirar fuerte, y me dice que mi olor es dulce. Sus manos bajan repasando mi espalda, mi pecho, mis brazos, y moldean mi cintura, y suavizan mis caderas, y al apretar suavemente mis piernas, mi espalda instintivamente se arquea. Son caricias, pero son caricias que él hace más íntimas que las que cualquier hombre pueda hacer.

Noto su respiración fuerte, su calor, su excitación. Y estoy perdida…tan perdida…que sólo logro reconocerlo a él, sólo puedo verlo a él.

Sus manos vuelven de nuevo a recordar mi cuerpo, pero esta vez se detienen…y noto...

-Eres…tan cálida y suave…

Se aleja de allí y me coloca encima de él, lo miro y no puedo creer hasta qué punto puede sorprenderme su atractivo. Ahora su cara de concentración es algo que no puedo dejar de observar.

Me ayuda moviendo mis caderas, y aprieta la mandíbula con fuerza. Entonces enloquezco, cierro los ojos.

Olvido el mundo, olvido mi cuerpo, olvido mis problemas…y lo único que siento es el tórax de Inuyasha bajo mis manos. Su fuerte pecho subiendo y bajando con rapidez. Descubro que está dejando parte de su alma en mí. Su ternura, su pasión…son abrumadoras.

Y llego al éxtasis más dulce...junto a él.

Jamás dejaré de amarlo.

-Te amo, Kagome.

-Te amo, Inuyasha.

Te amo tanto…