CON OTRO CAP. ESPERO QUE LES GUSTE. LA HISTORIA ESTÁ POR TERMINAR. AGRADEZCO EN ESPECIAL A LAS PERSONAS QUE COMENTARON: LAYLA RYU, MIKO ETERNAL KAGOME, CAFANEL, AKANE HYGURASHI, , INUGOMEL, JAVITA0SAN, SERENA TSUKINO CHIBA…MUCHAS GRACIAS POR EL ÁNIMO!

GRACIAS TAMBIÉN A LAS PERSONAS QUE AGREGARON EL FIC A FAVORITE HISTORY…

COMO DIJE ANTERIORMENTE, EL FIC YA ESTÁ POR TERMINAR. ESPERO NO DECEPCIONARLES Y QUE DISFRUTEN LEYÉNDOLA COMO YO AL ESCRIBIRLA!

UN ABRAZO

KaZe KuRoI

Capítulo 19: Destino: Hogar, dulce hogar.

Las paredes de ese enorme edificio me saludan con su cálida tosquedad. En el carro casi no hemos hablado nada. Inuyasha se ha sentado a mi lado, ha posado su mano sobre la mía, y se ha dedicado a mirar por la ventana.

Es extraño el lenguaje romántico que encierran sus actos.

Todo se mantiene intacto, como si en esa villa no pudiera pasar el tiempo. Como si solo fuera, el invierno tintara de blanco puro el suelo; como si solo lejos la primavera bañara de mil colores los árboles; como si solo fuera, el otoño decidiera hacer caer oro de los árboles; como si solo lejos, el verano aumentará el brillo del sol.

Al llegar he podido distinguir a todos los habitantes de mi hogar. La sorpresa en sus rostros es visible, pero no me molesta en absoluto. Al menos la sorpresa no va acompañada de intrigas.

La primera en acercarse es Kanna, que se inclina levemente y me felicita. Sus ojos son tan claros como el agua de un río. Al volver a su sitio Houjo que está cerca, se inclina levemente y le dice algo al oído. Me hace gracia su sonrojo. Parece que mi huida ha venido mejor de lo que imaginaba.

El agua de la tina está caliente, y mientras espero a que tibie un poco más, observo mi reflejo en el espejo.

La fina bata me cubre casi por entero. Acaricio la convexidad que ahora resalta en mí. Estoy llena de nostalgia…nostalgia de los regaños, de las discusiones, de las lluvias, pero no de la duda. De la duda no. La duda envenena, aleja, mata.

Peino mi cabello mientras pienso en todo lo que he dejado atrás. En todo lo que se viene por delante. Qué triste es saber que hay algo tan cruel como el tiempo. Algo tan difuso, tan inentendible, algo tan…decisivo.

-¿Estás muy cansada?

Inuyasha entra y cierra suavemente la puerta que conecta nuestras alcobas. Se sienta en mi cama, y distraídamente se pasa las manos por el cabello.

-No demasiado. Estoy más cansada de esperar.

-¿Por qué no me comentaste nada?

-No sé. No sentí la necesidad. Demore en saberlo al igual que tú.

-¿Cómo?

-Estos últimos meses antes de irme, mi sangre tardo en bajar muchas semanas. Incluso hubo dos meses que no bajo.

-Pero…

-No. Hay veces en las que la sangre no baja por muchas razones, no solo por un embarazo. A veces no baja cuando la mujer no se alimenta bien. A veces cuando estamos preocupadas por algo también se retrasa. Pensé que era eso. Al enterarse mi padre estuvo más impaciente porque regresara. Así que…aquí estoy.

Mi sonrisa en vez de tranquilizarlo lo molesta.

-¿Si no fuera por tu padre no hubieses vuelto?

-No lo sé.

Se acerca a mí y empieza a cepillar mi cabello.

-Pues agradezco a tu padre.

Tomo su mano y él deja de hacerme daño. A veces su brusquedad es inconsciente.

-Lo siento, no quise ser grosero. Es solo que me molesta tu actitud.

-¿Crees que no me alegra verte?

-Al menos no parece.

-Entonces, ¿hubieses preferido que hubiese saltado y gritado al verte?

-Eres odiosa.

-No te he dejado de amar, Inuyasha. ¿Eso esperabas escuchar?

-Sinceramente, sí.

-Arrogante.

Él sonríe y empieza a cepillar de nuevo mi cabello, pero se esfuerza por hacerlo con suavidad. Luego, me ayuda a entrar en la tina. Al sentarme me hace gracia el que la estancia sea mucho más incómoda. El vapor acaricia mi piel y se siente tan bien.

Por un momento olvido la idea que hasta ahora no ha dejado de ocupar mi mente. Cierro los ojos mientras él sigue hablando de algo que no comprendo.

-Ha sido aburrido…mucho…odio este tiempo. Llueve y después aclara…es estresante.

-Inuyasha…

-No creo…¿sí?

-Te he echado mucho de menos.

Escucho como su cuerpo se desploma pesado en mi cama; sé que está sonriendo. Mientras sigo lavando mi cuerpo, recuerdo los ojos cansados de mi padre. Quisiera poder regresar pronto. Al fin y al cabo, si mis miedos son certeros, regresaré pronto.

-Los Keyth han preguntado mucho por ti.

-Que amables.

Me levanto despacio. La bata cae suelta y hace frío. Ahora tengo frío y calor al mismo tiempo. Fuera hace una tarde oscura. Parece que la lluvia caerá pronto.

Un día de lluvia es triste. Es tan triste que tiene su encanto. Esa profunda nostalgia de un día claro hace que este día tenga una mezcla exquisita de ternura y miedo.

Recuerdo entonces que aún temo, y qué triste es saber que ese temor va a permanecer algún tiempo en mí.

Inuyasha sigue tumbado en mi cama con los ojos cerrados. Su respiración es tranquila pero su pecho sube y baja profundamente.

-¿Qué haces?

-Huelo.

-¿Hueles?

-Sí.

-¿A qué huele?

-A ti.

-Oh. Y ¿a qué huelo?

-A ti. Solo eres tú. No sé cómo explicarlo. Solo sé que podría diferenciar tu olor siempre, es imposible no diferenciarlo.

Kaede toca la puerta. Sus pasos amortiguados casi se distinguen perfectamente.

-Kagome…

-Sí, Kaede, estoy aquí.

-¿Inuyasha está contigo?

-¿Por qué?

Inuyasha abre los ojos. Se levanta rápidamente y abre la puerta con demasiada brusquedad por lo que ella se asusta y pega un brinco.

-Yo…bueno…

-¿Qué es eso?

Me asomo por detrás de su ancha espalda y me sorprendo al toparme de repente con un monumental arreglado floral. Kaede pasa aún nerviosa, me sonríe, lo que parece más una mueca, y sale casi corriendo de la habitación.

-¿Por qué sale así?

-La pregunta correcta es, ¿quién te envía flores?

-No sé…quizá ha sido lord Keyth.

-Él no sabe elegir flores.

-"Porque sé que vuestro estado os debe sentar mucho mejor que a otras damas. Bienvenidos" NO.

-¿Y por qué tiene que estarte mandando flores?

-Inuyasha ha sido un gesto muy dulce.

-Pues a mí no me gusta en absoluto.

-El que tú no tengas un buen trato con él no significa que yo no pueda agradecer su simpatía conmigo. Lord Naraku en realidad es una persona que ha sufrido mucho.

-Pero eso no excusa que sea un imbécil.

-Las personas afrontan sus problemas de diferente forma. Tú pudiste mantener tu corazón puro. Él no pudo afrontar de la misma forma sus tristezas. Es grosero, impulsivo y cruel muchas veces…pero conmigo no lo es, ¿por qué tengo que odiarlo si no me ha hecho nada malo?

-A mí sí me ha hecho daño…no puedo simpatizar con él.

-A pesar de ser una buena persona me has dañado mucho con tus decisiones.

-No es lo mismo.

-¿Por qué no es lo mismo?

-Basta, Kagome. No quiero discutir contigo.

-Solo digamos que tú no puedes tolerarle así como yo no puedo decir que no lo comprendo.

-Está bien. Pero igual no me gusta su comentario.

Río y mi marido se enfada más. Sé que quizá el jamás admitirá que aun cuando sabe que lord Naraku ama y solo quiere a lady Lekyo, está celoso. No es el hecho de que precisamente sea él el que haya mandado las flores, sino el hecho de que a mí no me moleste. Es gracioso pensar que debo enfadarme porque un hombre se fija en mí. ¿Qué hay de malo en eso? Es más gracioso aún porque precisamente este hombre que se ha fijado en mí, lo ha hecho con intención de amabilidad y no por "interés romántico".

Me recuesto en mi cama, ahora no puedo ya ponerme de espalda. Este bebé pesa mucho. Debo tener 6 meses de gestación, pero mi vientre no está lo suficientemente abultado como para aparentar seis meses. Él también se ha recostado y al sentir sus manos, me hace cosquillas. Su tibieza es agradable.

-¿Qué es?

-No puedo saberlo.

-Pero ¿no has visto a ninguna partera?

-No.

-¿Qué quieres que sea?

-Sinceramente no tengo preferencia. ¿Y tú qué prefieres?

-¿Yo? Yo estoy feliz con que sea. Para mí ya es suficiente el solo hecho que exista.

-¿Sabes que cuando quieres eres un hombre muy sensible?

-Kagome…

-¿Sí?

-Jamás vuelvas a separarte de mí.

-Solo pensé lo que era mejor para ambos.

-Pues pensaste mal.

Siento paz. Mucha paz. Sus palabras encierran tanta confianza que me parece imposible temer. Sus palabras son tan firmes que es algo ridículo pensar que podría haber un motivo para separarnos.

Despierto como si nunca hubiese dormido, como si solo hubiese cerrado un segundo mis ojos. Me levanto con dificultad, el sueño se me ha quitado.

El pasillo está completamente vacío, y me pregunto dónde podrá estar Taisho. Pronto una franja de luz me da una pista y cautelosamente abro la puerta del cuarto de estudio donde casi siempre se encierra.

La habitación está vacía, pero la han abandonado recientemente. Un vaso con un líquido ámbar reposa aburrido en el escritorio. Que callada está la habitación; la luz parece solo intensificar su calidez.

-Así que aquí es donde…te…es…condes…

Un cuadro enorme descansa por encima de la chimenea. El fuego solo intensifica la fantasía de vida de la pintura. Es increíble. El retrato es increíble. Es como si en vez de dibujar las formas de la persona, las copiara, como si captara en un segundo lo que parece imposible ser captado. Millones de detalles que se pueden escapar en un parpadeo, están allí, esperando a ser observados. Detalles que no son magníficos los muestra magníficos.

Ella está de medio lado, el rostro de frente. Su cabello largo cae en gruesas ondas por sus desnudos hombros, cubriendo un poco del vestido color vino. La sonrisa es apenas perceptible, más bien tímida; y sus ojos tienen un brillo exquisito, como si supiera que próxima travesura va a realizar. La piel blanca apenas se diferencia del color rosa pálido de su boca.

-Es un regalo.

-Jamás he posado. ¿Cómo es posible? Jamás me he visto así.

-Es un regalo de un socio. Te vio aquella vez en la fiesta de Keyth.

-¿Cómo mando hacer el cuadro?

-No mando hacerlo. Lo hizo él. Tiene talento.

-Vaya que lo tiene. Sin verme me ha retratado, y además me ha dibujado hermosa. Le estaré por siempre agradecida.

-El que tú no te veas bella no quiere decir que los demás no lo hagan. ¿Por qué no te entra ya en la cabeza?

-Inuyasha no soy una mujer hermosa. Conozco los límites de mi atractivo. Hay mujeres realmente bellas. Realmente bellas para ser retratadas.

-No estoy diciendo nada de eso. Solo digo que hay personas que te vemos hermosa. Tú llamas la atención donde vayas. Puede que sea cierto, cosa que no comparto, que no seas bella, pero hay algo en ti que cautiva a la gente. Para mí y para muchas personas más eres hermosa. Si tú no lo crees así solo respeta que yo piense diferente.

-¿Desde cuándo lo tienes allí?

-Me lo envío unos meses antes de que te fueras.

-¿Por qué nunca me lo has enseñado?

-No creí que fuera necesario. Además tarde o temprano lo ibas a descubrir…eres demasiado curiosa.

-Pues hasta ahora no me había atrevido a entrar a esta habitación.

-Ahora que lo dices, es cierto. Eso es muy extraño. Por lo general eres muy impertinente.

-Eres muy irritante, ¿alguien te lo había dicho?

-Solo tú.

-Solo yo te lo he dicho, aunque muchos piensen lo mismo.

-No se atreverían tampoco a decir algo.

-Yo te lo acabo de decir.

-Tú no tienes sentido del peligro.

-Y tú no tienes sentido de la vergüenza. ¿Cómo puedes ser tan arrogante?

-No soy arrogante, soy realista.

-Está bien. Aceptare que eres realista si el significado de esa palabra es un sinónimo de arrogancia.

-Vamos a dormir. Estoy cansado de escucharte.

Nuestra pequeña discusión sigue por un momento hasta que llego a mi habitación. Entro y voy a cerrar la puerta cuando me doy cuenta que lord Taisho tiene intención de entrar.

-¿A dónde crees que vas?

Me ignora por completo y entra. Cruza la habitación y se acuesta en la cama. Me quedo por un momento mirándolo. Es irritante, de verdad irritante. Estamos discutiendo y piensa que es así de fácil que yo me olvide.

-¿No te vas a acostar?

Lamentablemente sí es así de fácil que me olvide.

-¿No vas a dormir en tu habitación?

-No.

Las sábanas están frías y al cubrir mi cuerpo con ellas me encojo para no perder el calor. Él me abraza, y yo me volteo para darle la espalda.

-No seas niña.

-Tú eres niño. Esta es mi cama.

-Está cama está en esta habitación. Esta habitación pertenece a esta casa, y esta casa nos pertenece a los dos. Recuerda que estamos casados.

Me quedo un rato callada ideando algo para molestarlo, pero no encuentro algo bueno que decir.

-Kagome…

-¿Si?

-Quédate conmigo.

-Estoy aquí contigo.

-Para siempre. Quédate conmigo para siempre.

-Quiero quedarme contigo…pero…

-Pues quédate…

-No es tan fácil, Inuyasha. Hay cosas que son insalvables.

-Pero estás embarazada.

-¿Quién te asegura que es hijo tuyo?

-Es mío. Lo sé. Es mi hijo. Nuestro hijo.

Las lágrimas empiezan a resbalar nuevamente por mis mejillas. Las lágrimas que jamás me abandonarán.

-¿Por qué? Por qué las cosas tuvieron que suceder así. Hubiese sido más fácil que jamás nos hubiésemos conocido…

-Quédate…

-Sabes perfectamente que no compartiré mi vida contigo si lady Kikyo…el que esté esperando un hijo tuyo no cambia nada.

-No voy a perder a mi familia. No voy a perder a las únicas personas que son mi mundo, mi sangre, mi razón de existir.

Sus brazos me sujetan con fiereza. Jamás me soltará. Lo sé. No sé cuándo ha nacido, no sé cómo ha sabido que no es hijo suyo, pero no se lo pregunto. Solo callo. Solo cierro mis ojos y dejo que las lágrimas sigan saliendo.

El frío manto de la noche parece imperceptible ahora. La infinita tibieza de su cuerpo me mantendría abrigada incluso estando fuera de esas paredes.