Little Percabeth's Thinks
Escena 3: 17 años (Hombre)
~o~
5 de junio
Al final acabé haciendo caso a Enebro. Sí, estoy escribiendo un diaro. Por el amor de los dioses, parezco una chica normal.
Pero supongo que me vendrá bien, necesito poner en orden mis pensamientos. Así soy yo, no puedo ir por ahí sin saber lo que siento o lo que pienso. Mi cabeza tiene que estar perfectamente ordenada y amueblada.
Han pasado muchas cosas desde que descubrí ser una semidiosa. No, espera... desde que conocí a Percy. Creo que fue cuando él apareció cuando comenzó toda esta aventura: Cronos, Luke, Thalia, Nico... No, nada ha sido igual desde que teníamos doce años.
Annabeth levantó la vista de su cuaderno, pasándose el bolígrafo por los labios. Percy Jackson, empapado de arriba a abajo (¿cómopuede ser esto? Es un hijo de Poseidón, debería poder bañarse sin mojarse...), en bañador acaba de pasar por delante suya. ¡Dioses! ¡Qué diferencia con aquel niño escuchimizado de hace cinco años! Annabeth retomó (o intentó retomar) sus memorias...
Percy es ya un hombre. Sigue necesitando de mi ayuda en temas de más inteligencia, pero mantengo la teoría de que ese chaval tiene dentro un manojo de algas marinas. Bromas aparte, se le nota. Su mirada, sus movimientos, su actitud,... es más independiente, está más experimentado y ya sabe en quétipo de mundo vive. Si te fijas bien, aún se notan algunas canas en su cabello, de aquella vez que soportó el peso del mundo sobre sus hombros. Aquella vez...
Annabeth enrojeció. Aquella vez que le dió a Percy su primer beso -un beso de buena suerte-, aquella vez que se lo jugó el todo po el todo y que, según creía, no le había salido demasiado mal la jugada. Aún así, su cabeza tenía mucho lío todavía, mejor dejar eso para luego. Tachó las dos últimas palabras.
Yo también he cambiado. Soy mayor, más fuerte, más sabia. Me siento capaz de superar más obstáculos que los que nunca imaginé hace apenas cinco años. Noto mi cuerpo evolucionar, transformarse -definitivamente- en uno adulto.
Disumuladamente, se miró los pechos, las piernas, las caderas, las manos...
Definitivamente no soy más aquella niña que huía desesperada de su vida. Ahora a acepto y la sobrellevo (más o menos).
Ok, ahora que ya he tenido un momento de reflexión adulta y profunda (Percy se reiría de esto), llegamos al quiz de la cuestión:
¿QUÉ-ME-PASA-CON-PERCY?
Es decir, es mi mejor amigo, DEBERÍA poder mirarlo a la cara sin ponerme roja como un tomate, o sin sudar, o temblar (todo esto no se me nota, por supuesto, tengo mi reputación) ...
De nuevo lo miró, poniéndose la camiseta naranja del campamento, sonriendo a Grover. Diecisiete años, ni más ni menos. Y qué bien le sentaban...
-Así que me hiciste caso...
Se volvió con rapidez, cerrando el cuaderno en un acto reflejo. Pero se tranquilizó: sólo era Enebro.
-No me des estos sustos.
-Perdón. ¿Y bien? ¿Te sientes más aliviada? -preguntó el espírito mientras se sentaba junto a ella al pie de un gran roble.
Annabeth tardó unos segundos en responder.
-Sí... Sí, tenías razón. Al ponerlo por escrito... es como si todo adquiriese sentido.
-¿Y antes no lo tenía?
La conversación, para oídos ajenos, no tenía ni pies ni cabeza. Pero Annabeth entendió.
-Aún no sé qué es esto... -susurró poniéndose la mano sobre el corazón.
-¿Te doy una pista?
Ante la incrédula mirada de Annabeth, Enebro salió corriendo hacia Percy y Grver. Éste último la recibió con los brazos abiertos, sonriendo y besándola. Percy soltó un comentario y se rió. Y la miró. Y Annabeth comprendió, y se sintió estúpida.
Ya tenían diecisiete años. Ya era legal enamorarse de alguien que no fuera el amor de tu infancia, ¿no?
