JOHN ROLFE POV
Radcliffe fue apresado y enviado a la Torre. Al día siguiente, el rey nos llamó a los tres a palacio para felicitarnos personalmente por haber logrado pararle lo pies, y haber evitado una guerra innecesaria. Así mismo, se disculpó con Pocahontas por haber juzgado mal a su pueblo y a ella misma.
Durante la ceremonia, el rey comunicó que yo sería el nuevo Lord Consejero de la Corte: para mi era el mayor honor al que podía aspirar. También liberó a Smith de todos los cargos de los que se le acusaban; le restituyó su condición de capitán y le entregó un barco, del que podía disponer para descubrir nuevas tierras al Sur de Virginia. A Pocahontas le prometió mantener la paz con su pueblo, haciendo de la colonia de Jamestown un núcleo de población inglesa que nunca atacaría a los Powhatan.
Tras acabar su discurso, el rey ofreció una comida en nuestro honor para los Lores y damas de la corte. Salí al balcón que daba al jardín del palacio; necesitaba aire fresco. Allí, me sumergí en mis cavilaciones cuando oí:
- Lord Consejero de la Corte Real. Qué maravilloso honor… Es lo que siempre quisiste.
-Y tú… has conseguido todos tus propósitos… ¡y más! – Sí, y ese "más" incluía a cierto tipo de pelo rubio – Tu pueblo estará muy orgulloso.
-Sí, estará bien volver a verles. Los echo de menos.
-Tal vez algún día, regresarás a Londres…. – aún tenía esperanzas, a pesar del brillo de sus ojos al hablar de volver a casa.
-¡El rey me ha entregado un barco! – allá iba Smith… Al llegar hasta Pocahontas, la cogió de la cintura y la elevó en aire, dando una vuelta. - ¡Podremos ir a donde queramos! ¡Hay tantas tierras ahí fuera esperándonos! – discretamente, me dirigí a las puertas que daban al salón, para irme de allí. No podía verles juntos: no podía respirar.
JOHN SMITH POV
Acababan de devolverme mi barco y mi libertad: era libre de dirigir mi propio destino de nuevo. Buscar nuevas tierras, explorar nuevas rutas… Ese había sido mi gran sueño desde que me hice marinero de joven.
-John, yo… - de repente, Pocahontas se puso triste
-Eso no es lo que deseas, ¿eh? Entonces, ¿qué es lo que quieres?
-Yo… quiero volver a casa.
-Y ¿quieres que me quede contigo, en tu poblado? ¿Te haría eso feliz, o preferirías que fuera Ro…?
-No, John, quiero que seas tú el que venga conmigo a casa. Y sí, me haría muy feliz que te quedaras conmigo y no nos volviéramos a separar.
-Pues a Virginia iremos. Reuniré una tripulación inmediatamente y enseguida zarparemos.
-Pero, John, ¿y tus aventuras? Tú eres un explorador, navegar es tu vida… ¿Renunciarías a una vida de riesgos y conquistas por estar conmigo?
-Renunciaría a toda mi vida por estar contigo. – entonces me acerqué a ella y la besé. Ella me correspondió, pasándome los brazos por encima de los hombros, como solía hacer. – Dejarte fue lo más duro que he hecho en mi vida; - le dije cuando nos separamos. - te hice daño, y me lo hice a mi mismo. No lo volvería a repetir ni por todo el oro del Nuevo Mundo.
La besé de nuevo; pero esta vez no fue uno de esos besos calmados, sino con urgencia, como si fuera el último beso de nuestra vida, como si no hubiera un mañana. Ni si quiera el día en que zarpé de regreso a Londres nos besamos así.
-Ejem – alguien carraspeando nos interrumpió – Siento molestar, – Cómo no: Rolfe – pero un carruaje nos espera para llevarnos a casa.
-John, - empezó Pocahontas, - ¿él también puede…? – le preguntó, refiriéndose a mí.
-Sí, si quiere, él también puede venir. Diré a un criado que os acompañe al carruaje – dicho lo cual, se dio la vuelta, y entró de nuevo al salón.
-Deberías irte. – le dije a Pocahontas
-¿Tu no vienes?
-Tengo una tripulación que reclutar. A demás, creo que a Rolfe no le hace mucha gracia que vaya a su casa.
-Oh… - exclamó agachando la mirada
-Iré mañana a buscarte a casa de Rolfe, en cuanto haya preparado el barco.
-¿Mañana? ¿Tan pronto? – la luz volvió a sus ojos, que chispearon ante la idea de regresar a casa.
-Si todo marcha bien, mañana por la tarde podremos salir.
-¡Oh, John! – feliz por la noticia, volvió a echarse a mis brazos y a abrazarme. Cuando rompimos el abrazo, me alejé un poco de ella aunque aún tenía sus manos cogidas con las mías, para mirarla. Llevaba puesto el vestido con el que la conocí, el collar de su madre y su melena de ébano suelta y al viento. Llevaba también unos zapatos, ya que las aceras de Londres no son iguales a los bosques de Virginia. Sonriendo, le dije:
-Ya vuelves a ser tú. Aunque necesitas volver a casa, ¿verdad? Al bosque, a tu ambiente. Estar en la ciudad te hace ser… menos tú.
-Sí, me siento más… cansada.
-Pronto estarás de nuevo allí, y podrás… podremos volver a correr por las praderas. – Ella me dedicó una amplia sonrisa – Deberías irte, Rolfe debe estar esperándote para iros. Recuerda: mañana a medio día.
-No puedo esperar – me contestó emocionada. Volvió a besarme, y se dirigió al interior del palacio.
Me di la vuelta, y me recosté sobre la baranda de mármol que decoraba la terraza; miré al horizonte y respire profundamente, feliz y satisfecho: por fin mi vida funcionaba de nuevo.
POCAHONATS POV
-Milady – me dijo un hombre al que no conocía en cuanto entré al salón – Lord John Rolfe me ha pedido que os diga que os aguarda en el carruaje, en la entrada del palacio. Si me permitís, os acompañaré hasta allí.
-Gracias – le dije, sonriendo agradecida. Caminé detrás de aquel hombre hasta la entrada. Una vez salimos del palacio, me guió hasta un coche de caballos, me abrió la puerta y me indicó que entrara; cuando subí, me senté frente a frente a John. Él estaba mirando por la ventana del coche, y cuando subí, dio la señal al cochero para que partiera; después, volvió a adentrarse en sus pensamientos, con el semblante serio.
-¿John? – Le llamé, dudosa – John, ¿estás bien?
-Perfectamente bien – me contestó, seco.
-Oh… lo siento. No quería ofenderte… - El corto trayecto fue muy incómodo, porque no volvimos a cruzar una palabra hasta que llegamos a su casa. Cuando finalmente el carruaje paró, John bajó primero, y me ayudó a bajar a mí. Podría estar enfadado, pero seguía siendo un caballero. Cuando abrió la puerta, llegó la Señora Jenkins corriendo escaleras abajo.
-¡Querida! ¡Me alegra tanto que hayas vuelto! – me dijo mientras me abrazaba. - ¡Sabía que al final mi Johnny se ganaría tu afecto!
-¿Disculpe? – estaba desorientada ante ese comentario de la simpática señora
-Pero, ¿cómo? ¿Es que él no…?
-Eh… Bueno, en realidad yo… Señora Jenkins, mañana vuelvo a casa.
-Pero, mi Johnny irá contigo, ¿verdad? ¿No irás sola?
-No, Señora Jenkins. No iré sola, pero John Rolfe no creo que me acompañe. Verá, hace años conocí a…
-John Smith. No digas más, querida. Johnny me lo contó todo. No te angusties: él lo entenderá. Pero quizás fuera mejor que subieras y hablaras con él. Debe estar muy triste, el pobre…
-Yo no quería hacerle sufrir. Yo no sabía…
-Shhh lo sé, querida, lo sé. Anda, sube y háblale. Lo harás por mí, ¿verdad?
-Claro que sí
-Así me gusta, querida. Ahora iré a preparar un poco de té. – dijo ella resuelta.
Cuando la señora Jenkins se hubo marchado hacia la cocina, me dirigí hacia la escalera que daba acceso a la parte superior de la casa. Me quedé quieta un momento sujeta al pasa-manos antes del subir si quiera el primer escalón. Sabía que debía hablar con él, y aclarar lo que había pasado, explicarle lo que sentía y pedirle perdón por haberle hecho daño sin que esa fuera mi intención. Pero, ¿cómo le dices a un hombre al que quieres que no vas a volver a verle porque quieres más a otro?
