JOHN ROLFE POV
Al llegar a la casa, dejé a Pocahontas abajo hablando con la señora Jenkins. En aquellos momentos no soportaba tenerla cerca, así que me fui corriendo escaleras arriba a encerrarme en mi habitación. No podía mirarla sabiendo que al día siguiente se marchaba, y que no volvería a verla. Me dolía estar cerca de ella cuando ella estaba tan lejos de mí. No podía con ello, simplemente era superior a mis fuerzas.
Al entrar al cuarto, me desabroché y quité la chaqueta y la dejé en una silla. Después, me descalcé, y me quité los calcetines. Estando solo con la camisa y el pantalón me sentía más cómodo, podía respirar mejor e intentar serenarme. Me senté frente al escritorio, y traté de aclarar mis ideas. Casi al momento de sentarme, me puse de nuevo de pie, y empecé a caminar por la habitación; después de rodear dos o tres veces mi cama con dosel, volví a sentarme. Entonces, tocaron a la puerta.
-¿Si? – pregunte, deseando que fuera la señora Jenkins
-John Rolfe, ¿puedo pasar? – era ella. Respiré hondo antes de contestar.
-Adelante. – Pocahontas abrió la puerta. Cuando entró, la cerró tras de sí, y se puso delante de mí. - ¿Qué ocurre, Pocahontas? – le pregunté con la mayor naturalidad y tranquilidad que me fue posible
-John Rolfe, estás enfadado conmigo, ¿verdad? – la chica fue directa al grano, cosa a la que no estaba acostumbrado en mis tratos diplomáticos; lo normal era marear la perdiz primero, darle vueltas al tema sin entrar en él hasta un rato después de iniciar la conversación.
Por eso no le contesté directamente; me levanté y me dirigí al lado opuesto de la habitación en la que se encontraba ella. Respiré hondo, dándole la espalda, y cuando solté todo el aire de los pulmones, me giré, y le dije:
-No, no estoy enfadado contigo, Pocahontas.
-Entonces, ¿por qué me evitas? Ni si quiera me has mirado a la cara desde que bajamos del barco de Radcliffe. Estás enfadado conmigo.
-Te repito que no estoy enfadado contigo. No eres tú, es esta situación… No esperaba que esto fuera a acabar así.
-¿Pensabas que no conseguiríamos parar a Radcliffe?
-¡No! ¡No! No es eso lo que quería decir. Me refiero a ti y a mí; y a Smith y tú. Quizás si él no hubiera aparecido, ahora no estaríamos ... ¡Ahg! ¡Esto es un lío! – dije, llevándome las manos a la cabeza, ofuscado.
-John, yo… Lo siento tanto… Yo no sabía que él estaba vivo. Si lo hubiera sabido, yo nunca habría…
-¿Nunca me habrías besado? ¿Era eso lo que ibas a decir?– se me quedó mirando con expresión de culpabilidad en el rostro, corroborando indirectamente mis palabras. - ¿Puedo preguntarte algo? – Como no dijo nada, interpreté su silencio como un sí - ¿Has sentido en algún momento de estos meses algo por mí, por ínfimo que fuera?
-Si, John. Yo… yo te quiero – ante esa declaración, me acerqué a ella en tres zancadas, y le cogí de los hombros con las manos, pasando una suave caricia por su cuello hasta que mis manos quedaron en sus mejillas.
-Entonces, ¿por qué te marchas con él? ¿Por qué no te quedas en Londres, conmigo?
-John yo… te quiero, pero no del modo que mereces que te quieran. Has sido muy bueno y generoso conmigo, y te lo agradezco; pero este no es mi lugar.
-Pero podrías, quedarte, aunque fuera un tiempo. Y después irnos, volver a tu tierra…
-Eso significaría que uno de los dos tendría que renunciar a lo que es, a su familia, a sus amigos… John, yo… yo tengo que volver, y tú debes quedarte. Tienes un deber para con tu rey…
- Tengo el deber de honrar lo que hay en mi corazón, Pocahontas, y sé que quiero estar a tu lado siempre. Sea donde sea. – le dije tomando sus manos entre las mías y acercándolas a mi pecho.
- Mi corazón me dice que ese no es mi camino. Me dice que somos de mundos distintos; y que hay alguien, que una vez perteneció a tu mundo, que me espera para volver a formar parte del mío. John, este tiempo tú y yo hemos seguido el mismo sendero, pero yo ya sé a dónde pertenezco. - entonces, vi tal determinación en sus ojos que supe que cualquier otro intento para convencerla de que se quedara a mi lado sería infructuoso. Por ello, tras un momento de silencio, me lleve sus manos a mis labios y los besé.
-Espero que encuentres siempre la felicidad.
-Que el gran espíritu esté siempre contigo. - Y tras decir eso, me sonrió, y salió de la habitación.
POCAHONTAS POV
Cuando salí de la habitación después de hablar con John Rolfe, me dirigí a la habitación en la que dormía, situada en la zona opuesta de la casa, cerca de la de la Señora Jenkins, y donde me esperaban Meeko, Percy y Flit. Recogí en mi mochila las pocas cosas que había traído y me quedé allí un rato, tumbada en la cama. Debí quedarme dormida, porque la Señora Jenkins tuvo que venir a avisarme de que la cena estaba servida. Cenamos los tres en silencio. Al acabar, John Rolfe se fue a su estudio, y yo a mi habitación. Estaba tan cansada después de los días tan frenéticos vividos que a pesar de haber dormido antes de la cena, volví a hacerlo cuando me acosté de nuevo.
Por la mañana, al levantarme, volví a revisar que llevaba todas mis cosas en la mochila, me la colgué al hombro y bajé acompañada de mis amigos. Cuando estábamos a la mitad de la escalera, pegaron a la puerta. La señora Jenkins fue a abrirla e invitó a entrar a un joven. Cuando se quitó el sombrero, le reconocí. Era Thomas, el joven que había disparado a Kokum para salvar a John Smith. Pero ahora tenía barba, y su semblante era mucho más maduro debido al tiempo transcurrido desde que le conocí, se había vuelto más hombre.
-Señora, me llamo Thomas. Me envía John Smith para buscar a Pocahontas y acompañarla al barco que los llevará de vuelta a Virginia.
-Sí, querido, espere un… ¡Ah querida! Estás aquí – me dijo cuando me vio acercarme – John Smith envía a este joven para que te acompañe al barco.
-Pocahontas, es un honor volver a veros – me dijo Thomas
-Lo mismo digo, Thomas. ¿Y John Smith?
-Está ultimando los preparativos para el viaje de vuelta, por eso me pidió que viniera yo a buscaros. ¿Estáis lista, princesa?
-Oh. Sí, estamos listos. – le contesté sonriendo, y mirando que mis amiguitos siguieran a mi lado.
-Entonces, podemos irnos. Un carruaje nos espera fuera.
-Señora Jenkins, muchas gracias por todo – le dije soltando la mochila en el suelo y abrazándola
-Oh querida, que tengas buen viaje.
-¿Dónde está John Rolfe?
-Pues no le he visto, querida. Seguramente odia las despedidas tanto como yo. Adiós querida. – me respondió con una sonrisa, y los ojos llorosos.
Subimos al carruaje, y Thomas me contó qué había sido de su vida en aquel tiempo. Se había casado con una joven inglesa cuando volvió de Virginia, con la que se había prometido antes de marcharse. Ahora tenían un hijo.
El viaje hasta el puerto se me hizo muy corto; cuando por fin llegamos, Thomas nos acompañó a bordo, y desembarcó, ya que él no vendría con nosotros: tenía que quedarse con su familia. Una vez en el barco, unos marineros me indicaron que John Smith estaba en tierra, revisando que las provisiones fueran cargadas correctamente. El segundo de abordo me indicó cuál sería el lugar en el que dormiría. Dejé allí mis cosas y salí de nuevo a cubierta, a esperar a John Smith.
Al salir, di un paseo rodeando la cubierta, siguiendo la línea de la borda del barco, mirando a la gente que despedía a sus amigos y familiares en el muelle. Todos me parecían inusualmente pequeños. Pero entre la multitud, distinguí la figura de John Rolfe. Estaba al pie de la pasarela de subida al barco, con su sombrero y su capa azules perfectamente colocados, mirándome.
Cuando nuestras miradas se encontraron, se decidió a subir la pasarela; yo me acerqué, y nos encontramos en el hueco de entrada al barco.
-Pensaba que no íbamos a despedirnos.
-Si, yo también – entonces se produjo un silencio incómodo. – Espero… espero que tengas buen viaje, y que seas muy feliz, Pocahontas.
-Gracias, John; - le respondí sonriendo - yo también te deseo lo me… - entonces por sorpresa me cogió de la cintura y me besó. Me besó con calma al principio, pero luego lo hizo casi con urgencia, como si fuera a acabarse el mundo. Me abrazó con fuerza, pero yo estaba tan sorprendida que no hice nada más que estarme quieta. Pero entonces algo dentro de mí me dijo que le correspondiera al beso, mientras que potra me insistí a que no hiciera ni un movimiento. Antes de que tomara ninguna determinación, se separó de mí. Yo seguía quieta.
-Sé que yo no me he interpuesto entre tú y una bala, que no conozco tu mundo como él y que no me has elegido a mí. Lo sé, y sé que esto no va a cambiar nada. Pero quería que supieras que yo también te amo, y te amaré siempre, Pocahontas. Espero que él te proporcione toda la felicidad que yo estaba dispuesto a darte. – y tras decir esto, se dio la vuelta, bajó la pasarela y se perdió entre la gente.
JOHN SMITH POV
Había estado en la bodega supervisando el cargamento de provisiones. Cuando estaba a punto de salir a la cubierta (solo me separaba de ella una puerta a medio cerrar), vi a Rolfe subir al barco. Pude ver y oír toda la escena sin que ellos me vieran, horrorizado y muerto de celos por lo que veía. Cuando por fin vi a Rolfe desembarcar, los sentimientos se agolpaban dentro de mí: por un lado, ira, porque ese desgraciado se había atrevido a besar a mi Pocahontas, por otro, orgullo, porque ella no le había correspondido; dudas, porque no sabía si eso la había hecho dudar; miedo, al imaginar que ella se arrepentía de venir conmigo y salía corriendo a buscarle. Pero entones, la vi darse la vuelta. No lloraba, ni había duda en su rostro, solo pena, y ¿culpabilidad? Decidí actuar como si no hubiera pasado nada, y salí de entre las sombras cuando en un momento dado ella se dio la vuelta y me dio la espalda.
-Bueno – dije poniéndome a la vista - ¿Lista para abandonar Londres? – ella se dio la vuelta y en su rostro se dibujó una sonrisa radiante.
-¡John! – gritó, y vino corriendo hacia mí. Yo la cogí de la cintura y la alcé en mis brazos mientras giraba. - ¿Dónde te habías metido?
-Estaba comprobando el cargamento. – entonces ella me abrazó. Tras un momento en silencio, que yo aproveché para acariciarle el pelo, me dijo
-John… prométeme algo.
-Lo que sea – ella separó el rostro de mi hombro y me miró a los ojos, aún abrazados.
-Que no volverás a dejarme sola y nunca más volveremos a separarnos.
-Lo prometo, mi amor – ella me sonrió con infinita ternura – Volvamos a casa – le dije, antes de besarla, mientras el barco zarpaba.
