-EPÍLOGO -


JOHN SMITH POV

Llevábamos varias semanas de viaje. El trayecto desde Londres hasta Virginia duraba casi cuatro meses, pero el clima de finales de verano nos hacía agradable el viaje, y los vientos que anunciaban el otoño daban velocidad a la nave.

Durante ese tiempo, Pocahontas y yo habíamos hablado de casi todo: qué había hecho yo durante aquel tiempo, mi viaje de vuelta cuando nos despedimos, mi periodo de recuperación cuando me sacaron la bala, mis intentos fallidos de embarcar de vuelta a Virginia, cómo había escapado de Radcliffe cando caí al río… y de lo que había hecho ella en su tierra, la boda de su amiga Nakoma con un hermano de Kokum (el guerrero que Thomas había matado) las relaciones que mantenía su tribu con la colonia de Jamestown, que había crecido por momentos desde que yo me había ido…

Hablamos de muchas cosas, pero ni una palabra sobre Rolfe y lo que había pasado entre ellos el día de nuestra partida (ya que ella no sabía que yo les había visto, y yo aún no le había dicho nada). Después de aquel tiempo, ni si quiera ella le había mencionado; pero yo necesitaba saber si aún pensaba en él y si se arrepentía de haberse embarcado conmigo y no con Rolfe de vuelta a su tierra: ella misma me había dicho que le quería. Necesitaba saber si todavía le amaba. Pero no tuve que sacar yo el tema ya que, una tarde que estábamos los dos sentados en el bauprés* como si montáramos a caballo sobre el mástil mirando al mar, yo detrás de ella, me dijo:

-John Rolfe me besó el día que zarpamos de Londres; vino a despedirse y antes de desembarcar, me besó. Pero yo no le correspondí: porque te quiero; y no quiero que haya secretos entre nosotros. – ante sus palabras, la abracé rodeando su cuerpo desde atrás, y besándole el pelo, aliviado.

-Gracias por contármelo. La verdad es que os vi: yo estaba apunto de salir a cubierta cuando él se estaba "despidiendo". Pero no sabía qué había significado para ti, por eso no he querido…

-No me hizo plantearme el volver contigo, si es lo que quieres saber. Se cuál es mi camino, y mi camino eres tú. Y ahora que lo sé, nada lo va a poder cambiar – me contestó girándose hacia mí y dándome un dulce beso en los labios, con su mano en mi mejilla. Entonces, la abracé más fuerte contra mí; respiré profundo, casi suspirando: de alivio y emoción. Nunca nadie me había dicho que me quería. De repente me sentí como en casa, esa casa que nunca había tenido. Sentí que estar así, abrazado con ella era todo lo que necesitaba en la vida para ser feliz.

-Yo también te quiero – era la primera vez en mi vida que decía esas palabras, y el único hecho de decirlas me hizo sentirme bien.

Hasta que anocheció, estuvimos así, sentados en el bauprés, mirando al mar y hablando. Cuando, al llegar la noche, volvimos a cubierta entramos a los camarotes, porque hacía frío fuera. Cenamos con el resto de la tripulación y nos fuimos a dormir. El resto del viaje hasta Virginia transcurrió con normalidad, salvo por los constantes mareos del pobre Meeko, que mantuvo un aspecto enfermizo horrible hasta que desembarcamos en el puerto de Jamestown. No volvimos a mencionar a Rolfe.

Cuando por fin atracamos, me cercioré de que todo el cargamento era transportado a tierra sin problemas antes de ir a tierra con Pocahontas. Una vez a las puertas del fuerte de la colonia, me despedí de los marineros que habían formado parte de nuestra tripulación y junto con Pocahontas emprendí el camino por el sendero que llevaba a su poblado. Al abandonar el camino e internarnos entre los árboles, la sentí emocionarse.

-Bienvenida a casa. – le dije sonriendo

-Gracias, John. Gracias por traerme de vuelta – me contestó abrazándome

-Pocahontas, hace tiempo te dije que yo nunca me había sentido atado a ningún lugar. Que nunca había tenido un hogar al que volver. ¿Lo recuerdas?

-Sí, lo recuerdo.

-Pues al volver a Jamestown he sentido que volvía a casa; como si de verdad perteneciera a este lugar. Y me he dado cuenta de que si nunca antes había tenido un hogar es porque no te conocía. Y ahora sé que pertenezco allí donde quiera que tu estés. – le cogí las manos con las mías, parando nuestra marcha hacia el poblado Powhatan - Quiero formar parte de tu tribu, de tu gente, de tu familia: quiero que te cases conmigo, Pocahontas. ¿Quieres casarte conmigo? – no sé de dónde saqué valor para decirle aquello, pero una vez dicho, me sentí sumamente aliviado. Y en los pocos segundos que ella estuvo en silencio, mirándome atónita, no pude parar de sonreír.

-¡OH, JOHN! – gritó, echándose a mis brazos y besándome, con tal ímpetu que ambos caímos al suelo. - ¡Claro que quiero casarme contigo! – como yo estaba boca arriba en el suelo, Meeko y Percy aprovecharon y empezaron a lamerme la cara. Esos bichitos sabían ser oportunos… ella no pudo más que reírse, mientas se quitaba de encima mía, y se sentaba en el suelo del bosque, a mi lado. Entonces oí un ruido entre los árboles, y me pareció distinguir la figura de una mujer india.

-Creo que alguien te espera – le dije a Pocahontas, señalándole los árboles entre los que había visto el movimiento. Entonces, como había imaginado, su amiga Nakoma salió de entre los arbustos con cara atónita, mirando a su amiga.

-¡NAKOMA! – gritó Pocahontas al verla. Ambas salieron corriendo para encontrarse, pero no llegaron a abrazarse porque Pocahontas se paró al darse cuenta de que su amiga estaba embarazada, y no quiso chocar contra ella.

-¡Has vuelto!

-¡Y tu esperas un bebé! – ambas se echaron a reír de felicidad mientras se abrazaban. Yo aproveché para levantarme del suelo y sacudirme las hojas de la ropa, mientras cogía las dos bolsas que llevábamos con nuestras cosas. Una vez de pie, me acerqué a ellas.

-¡Tú! – Me dijo la joven india cuando me reconoció – Pero… ¿cómo? No… ¿no habías…? Pocahontas, ¿por qué está él…?

-Es una larga historia – le contestó ella.

-Un pacer volver a verte, Nakoma – le dije sonriendo. Ella me devolvió la sonrisa

-¡Espera a que todos sepan que has vuelto! ¡Tu padre se volverá loco de alegría! ¡Vamos! – le dijo cogiendo a Pocahontas de la muñeca y tirando de ella para hacerla correr hasta el poblado. Pocahontas a su vez tiró de mí, y acabamos los tres corriendo entre los árboles hasta que el bosque dio lugar al valle junto al río en el que se asentaban las tiendas de los Powhatan. Entontes Pocahontas separó, y yo llegué a su lado, deteniéndome también.

La escena que se mostraba a nuestros ojos no podía ser más hermosa: algunos hombres pescaban en el río; otros, cortaban madera de los árboles, fabricando refuerzos para las tiendas; otros volvía en canoa desde el curso alto del rio, trayendo piezas de caza en las embarcaciones. Algunas mujeres llegaban desde los maizales llevando sobre sus cabezas el fruto del trabajo de la tierra de ese verano que tocaba a su fin. Los niños jugaban junto al agua, y las mujeres más ancianas se reunían en torno al fuego de una hoguera que Kekata, el chamán de la tribu, hacía oscilar para componer distintas formas animales. La imagen era absolutamente maravillosa. Pocahontas se dio la vuelta sonriendo ante mi cara de embelesado, y me dijo:

-John, bienvenido a casa.

FIN

CONTINUARÁ...


*El bauprés es uno de los mástiles del barco, pero no de los que van de la cubierta hacia arriba sujetando las velas, sino que dale de la proa hacia delante, casi en horizontal. En el dibujo sale señalado jejejeje (.es/DICTER_) Quitad el "-" que hay entre "/" y el primer "dicter" para ver la foto =)


Espero que os haya gustado el fic =) Estoy pensando en continuarlo, con una especie de "Pocahontas 3" y cómo será la vida de ella y John Smith en el poblado, qué pasa con Nakoma y su bebé... y todo eso jejejejeje os gusta la idea?

Muchas garcias por leer! (L)