Hola a todos, aquí traigo el segundo capi de esta historia. Les cuento que será cortito, de 7 capis más menos.
Estoy un poquito sentida, ya que he notado que varios han leído la historia, sin embargo, parece que a nadie le está interesando, ya que nadie comenta nada! Me gustaría que me cuenten qué les parece, si les gusta.. o si no les gusta, porque de verdad quiero saber su opinión. Me da igual si me mandan tomatazos, al menos sabré qué les parece. A las finales, de los reviews se alimenta un escritor (bueno, no literalmente, aunque de ser así, estaría bastante delgada.. x3).
Espero comentarios, flores, tomatazos, avada kedravras si quieren...
Los dejo leer, nos leemos abajo...
Cap. 2: Rondas Nocturnas
Al día siguiente de la llegada a Hogwarts comenzaron las clases y con ellas también las rondas nocturnas cada día. Hermione y Ron solían rondar juntos por los pasillos del castillo cada noche hasta las once, tal y como Dumbledore había informado, sin embargo las cosas estaban en absoluta calma.
- ¿Cuál es el sentido de pasearse por el castillo si aquí no pasa nada? – preguntó Ron –. Esto de rondar de noche por obligación es de lo más aburrido. Era mejor cuando salíamos con Harry bajo la capa de invisibilidad de su padre.
- La idea, Ron, es mantener las cosas bajo control, que no suceda nada por lo que debamos redoblar la seguridad. Más vale prevenir que lamentar – comentó su amiga.
- Sigo pensando que es inútil. Prefiero irme a la cama, tener tiempo para otras cosas, qué sé yo… tener una vida.
- Di lo que quieras, pero no podemos dejar de hacer las rondas hasta que Dumbledore nos lo indique.
Siguieron así, prefectos y premios anuales realizando las vigilancias durante algo más de un mes. Una tarde Dumbledore los citó a su oficina para informarles de algunas modificaciones en las rondas.
- Buenas tardes. Los he citado a todos por un tema puntual – Comenzó el director –. Desde hace un par de noches, según me han informado, se han visto a personas sospechosas cerca de Hogsmeade y los terrenos del colegio – el semblante de Dumbledore era serio, lo cual causó algo de preocupación en los presentes –. No tenemos certeza de que dichas personas sean un peligro para la seguridad de los alumnos, sin embargo tenemos el fundado temor de que sean mortífagos, por lo cual deberemos aumentar las medidas de seguridad al interior del colegio y potenciar de la mejor forma posible las rondas ya implementadas. Es por esto que los profesores protegerán el colegio con más magia de lo que ya se hace y les pedimos a ustedes que realicen las rondas de manera individual, para así cubrir mejor los pasillos del castillo – Dumbledore los observaba con una mirada inquisitiva –. ¿Alguna pregunta?
- ¿No hay forma de que realicemos turnos de guardia?
- No, señor Weasley – respondió amablemente el profesor –. Por desgracia necesitamos toda la ayuda posible durante todo el tiempo de guardia.
De esta forma se dio por concluida la reunión y los jóvenes comenzaron con sus nuevos turnos de guardia en solitario. Pese a las preocupaciones del director y los profesores de la escuela, las cosas estuvieron muy tranquilas.
Una noche durante una de las rondas individuales, al pasar Hermione por fuera de un aula del tercer piso escuchó ruidos provenientes del interior, por lo que se acercó para averiguar qué sucedía, mas a medida que acortaba distancia con la puerta entornada, los ruidos se iban haciendo más nítidos: era una voz que susurraba y pasos que resonaban suavemente en las paredes de piedra.
-… lo extraño, pero quizás se merezca lo que le está sucediendo – la voz que susurraba era de un varón –. ¡Y yo que quería ser como él cuando fuera grande!
- Pobre chico – pensó Hermione para sí.
- ¡Mortífago! – exclamó el joven –. Draco Malfoy, futura mano derecha del Señor de las Tinieblas. Ahora no puede haber nada que me llame menos la atención, pero ¿cómo le digo eso a mi padre? Le caería peor que sesos de rata escabechados.
Hermione se sorprendió mucho al saber que era Malfoy quien estaba meditando en susurros al otro lado de la puerta, pero más le sorprendió que el hijo de quien fuera la mano derecha de Voldemort hubiese cambiado tanto como para no seguir sus pasos.
- Será mejor que continúe con la ronda – dijo Malfoy a media voz, mientras sus pasos se escuchaban cada vez más cerca de la salida del aula.
Al escuchar estas palabras, la joven Gryffindor tuvo apenas unos segundos para reaccionar y alcanzar a esconderse en una sala aledaña para no ser atrapada por ese con quien se había odiado durante tanto tiempo.
Pasaron los días y las noches, y todas las rondas, quizás por coincidencia, quizás no, Hermione llegaba dondequiera que estuviese Malfoy en medio de sus elucubraciones y se quedaba escuchando tras la puerta. Pronto se dio cuenta que sentía curiosidad por el joven, por saber qué hacía, qué pensaba. Y que lo buscaba cada noche para escuchar lo que decía.
Aquella noche, por primera vez de manera consciente, Hermione se dedicó a buscar a Malfoy por el castillo. La chica quería saber en qué aula se encontraba para escucharlo hablar. Recorrió pasillos, dobló esquinas y caminó sigilosamente esperando oír un susurro, un ruido… pasos a la vuelta de la esquina.
- Quizás… - se apresuró a doblar por el pasillo – Dr… ¡Ron!
- Por fin apareces. Hace tiempo ya que te estoy buscando.
- ¿Sucedió algo?
- No, ya terminó el horario de ronda. Vamos a la sala común.
- ¡Ah, claro! No había notado la hora que hora era. ¡Cielos! Debo terminar el trabajo que nos dio Flitwick. ¡Es para mañana a primera hora y me falta la mitad aún! – Hermione parecía preocupada, ¡estaba tan atrasada con sus deberes!
- ¡Demonios! Lo había olvidado. Gracias a estos turnos de ronda estoy más atrasado que de costumbre. ¿Podrías ayudarme, Herms?
- Claro, pero vamos pronto, que el tiempo está en nuestra contra.
En la sala común de Gryffindor ya no quedaba nadie cuando Hermione y Ron volvieron de su vigilancia. Los chicos se instalaron en dos butacas frente al fuego y sacaron sus pergaminos, plumas, frascos de tinta y libros de Encantamientos, y comenzaron a escribir. Durante algunas horas sólo se escuchó el rasgar de las plumas en el pergamino, interrumpido a veces por alguna consulta de Ron y posterior respuesta de Hermione.
- Por fin terminé – exclamó la chica.
- Yo… también – ratificó Ron luego de poner el punto final a su ensayo.
- ¡Merlín, qué cansada estoy! Entre las rondas y las labores no tengo tiempo para nada y a pesar de eso estoy trasnochando casi todas las noches – Hermione se restregó los ojos cansinamente.
- Imagina cómo estoy yo. Con los entrenamientos de quidditch y todo lo demás estoy reventado – el pelirrojo se estiró en su asiento y cerró los ojos –. Los profesores no tienen piedad.
- Bueno, me voy a la cama. Necesito dormir un poco – Hermione guardó sus cosas y se levantó de la butaca –. ¡Hasta mañana!
Una vez en su habitación, donde todas las demás dormían hace horas, Hermione se dispuso a meterse a la cama y mientras se ponía pijama, pensaba: "¿Dónde habrá estado Malfoy el día de hoy? Pero qué digo, es decir, ¿por qué me importaría? Porque yo no tengo ningún tipo de relación con él, somos enemigos desde que nos conocimos, él es un imbécil, de familia pro- Voldemort y todo eso. Pero por otro lado, todo lo que le he escuchado decir, no le interesa seguir los pases de su padre y en el fondo de su corazón parece tener sentimientos. ¡Pero qué hago pensando en él! Se acabó el tema, ¡duérmete de una vez, Hermione Jean Granger!". La chica se dio media vuelta y cayó rendida al bien merecido sueño.
Al día siguiente se reunió temprano con sus amigos para ir a desayunar. Entablaron rápidamente conversación con Harry, quien le reprochaba el poco tiempo que pasaba con él.
- Es verdad. Antes pasábamos horas haciendo cualquier cosa, visitábamos a Hagrid, paseábamos por los jardines. Ahora a Ron lo veo algo más que a ti por los entrenamientos de quidditch, pero nunca tenemos tiempo para conversar.
- Lo sabemos, Harry, pero no podemos hacer mucho al respecto. Antes disponíamos de algunas horas extra cuando teníamos que hacer nuestros deberes, pero con las rondas nos es imposible – se defendió Hermione.
- Esto es un asco. Lo único que quiero es que termine todo para volver a mi vida normal – dijo a su vez Ron –. Espero que nos den vacaciones en las vacaciones. Necesito dormir un poco.
- Ya lo creo – respondió Harry a la queja de su amigo –. Herms, ¿crees que me puedas corregir el trabajo de Transformaciones que nos pidió Mc Gonagall para la próxima clase? – Hermione tenía la mirada perdida en algún punto de sus gachas de avena – ¿Herms?... ¿Hermione, te sucede algo? – la movió levemente por el hombro.
- ¿Decías? – reaccionó –. Lo siento, Harry. Sí, claro, después de la ronda lo reviso. Aún tengo que terminar el mío.
- ¿Te sucede algo? Estás un poco extraña el día de hoy – acotó Harry.
- No, nada. Debe ser el cansancio – respondió la chica, pero la verdad era que sus pensamientos tenían otra dirección, a un par de mesas de distancia, sobre cierto joven de cabellos rubio- platinados y ojos fríos como el metal, quien en ese mismo instante miraba en dirección a Hermione, que se hundía nuevamente en sus pensamientos.
Ron se retiró minutos más tarde del comedor, ya que debía volver al dormitorio a buscar el trabajo que había terminado el día anterior, dejando a los dos amigos a solas.
-… ¿sabes? Las cosas están cada vez más complicadas – Harry notó que su amiga no lo escuchaba – y es mucho peor si no puedes hablar las cosas ni siquiera con una amiga. ¡Hermione, por favor! No puedo hablar con nadie más, ni siquiera con Ginny, que pasa todo el tiempo con Dean y tú ni siquiera me escuchas – dijo ofendido.
- Lo siento, Harry, estaba pensando – contestó la aludida.
- Si no quieres hablar ahora, ya habrá otro momento.
- ¡No, no! Está bien ahora – dijo tratando de remediar la situación –. ¿Sabes? Escuché que Ginny y Dean no están muy bien entre ellos.
- ¿Ah, sí? – A Harry le brillaron los ojos un momento, mas disimuló la situación – Qué mal por ellos – ocupó un tono indiferente.
- No tienes que fingir conmigo, Harry. Te conozco, he visto cómo la miras. No tiene nada de malo.
- Mejor vamos a clases; se hace tarde – Harry cambió de tema. Se puso de pie y ambos amigos se encaminaron al aula de Encantamientos.
Durante los siguientes días Hermione siguió pasando mucho tiempo ensimismada, por lo que Harry y Ron notaron un cambio en ella.
- Herms, últimamente estás muy rara – comentó Ron un día cualquiera.
- Es cierto. Andas muy callada y pasas mucho tiempo ensimismada, ¿qué te sucede?
- No es nada, es el cansancio.
- Hermione, siempre es el cansancio. Esa es tu excusa para todo últimamente. Ahora sólo falta que empieces a alucinar con… Malfoy para que le eches la culpa al cansancio – rió el moreno.
- ¡Hey, yo no alucino con Malfoy! – se defendió, mas para sus adentros pensó: "sé que pienso bastante en él, pero me llama la atención su nueva personalidad" –. Como si pudiera, ¡lo odio con todo mi ser!
- Pero parece que él no a ti – dijo Ron –. ¿No has notado que te mira constantemente en el último tiempo?
- Quizás está buscando el momento para ofenderme, atacarme o quién sabe qué y me mira para imaginar todas sus posibilidades y desenlaces – la joven utilizó un tono de voz lo más normal posible, a pesar de que se había puesto nerviosa. ¿Entonces no era su imaginación que Malfoy la estaba mirando más de lo normal?
El sábado de esa semana, después del primer partido de la temporada, Gryffindor – Hufflepuff, los tres amigos aprovecharon la tarde para pasear por los jardines bajo el sol otoñal. Poco después que salieran del castillo se sentaron al pie de un árbol a conversar.
- Fue una semana particularmente poco atareada – comentó Ron.
- Especial para aprovechar los últimos días de sol del año – corroboró Hermione.
- Y coronado con el triunfo de Gryffindor en el partido de hoy – concluyó Harry.
- ¿Qué mejor? – preguntó Ginny, que acababa de llegar junto a ellos.
- Hola, Ginny, ¿qué tal? – saludó Harry –. Últimamente no te vemos casi ni la nariz.
- ¿Dónde está… Dean? – Ron hizo un esfuerzo por llamarlo por su nombre.
- Cortamos, si es que te interesa saber – el tono de Ginny era de exasperación.
- ¿Qué pasó? – Hermione parecía interesada, al igual que Harry, quien escuchaba atentamente mientras miraba los cordones de sus zapatillas.
- Dean es un poco… sobreprotector y algo meloso. Ya me tenía ahogada con sus mimos y preocupaciones.
- Ya veo – dio Hermione –. ¿Estás bien tú?
- Sí, estoy mejor ahora que no lo tengo pululando todo el día a mi alrededor.
Aquella fue la tarde más tranquila en mucho tiempo. Harry, Ron, Hermione y Ginny tuvieron tiempo para ponerse al día y conversar de todo tema pendiente de los últimos meses.
Unos días más tarde, durante la ronda nocturna, Hermione escuchó lo que durante días había estado esperando escuchar… murmullos en una sala. Como siempre hasta el momento la puerta se encontraba entreabierta y ella se acercó a oír lo que se decía adentro.
- Es tan bella, que no puedo dejar de mirarla – decía –, ¡Cómo me gustaría que me prestara algo de atención y me mirara ella a mi también!
Frente a estas palabras de Malfoy, Hermione se sorprendió tanto que no pudo evitar emitir un gritito ahogado, por el cual se tuvo que tapar la boca. ¿Draco Malfoy, prendado de una muchacha que no le correspondía? Vaya novedad, ¡si todas mueren por él!
Para evitar cualquier tipo de problemas, Hermione comenzó a retirarse cautamente del lugar de los hechos. Cuando estuvo a unos pocos metros de la puerta, ya pudo respirar algo más tranquila. Sin embargo, las cosas no siempre suceden como uno quiere.
- ¡Granger! ¿Qué crees que haces, sangre sucia? – Draco Malfoy la había atrapado.
Bueno, hasta aquí este capi.. nos vemos en el próximo, yo creo que el martes, ya que el miércoles entro a mi práctica y no sé si tendré tiempo..
Saludos, espero sus comentarios!
~Pachi
