Tal y como prometí, hoy martes les dejo el tercer capi de la historia. Agradezco a zuoteyu que agregó la historia a favs.. espero que te guste el nuevo capi..

Bueno, espero que disfruten el capi, y a ver si alguien se anima a dejar alguna retroalimentación... ¡Quiero saber qué piensan de la historia! Se acepta todo tipo de comentarios.

Mañana empiezo mi práctica, así que no sé cuánto tiempo tendré disponible. Espero estar subiendo el próximo capi el viernes, pero si tengo un tiempito, lo subo el jueves.

Saludos!

~Pachi


Cap. 3: La delgada línea roja

- ¿Hace cuánto estabas detrás de esa puerta? – Malfoy observaba a la chica con una mirada cargada de odio.

- Yo… yo sólo pasaba por aquí, no escuché nada – contestó Hermione asustada.

- Si le dices a alguien lo que escuchaste, te juro que te arrepentirás – amenazó Malfoy –. No te darás ni cuenta y estarás muerta.

- ¡No diré nada, yo no sé nada! – la chica se sentía al borde de la histeria. Lo que había escuchado era algo muy personal y sabía que si alguien se enteraba ella pagaría las consecuencias.

- Más te vale que así sea – dijo con una voz gélida y mirada penetrante.

El rubio se retiró del lugar empujando a Hermione por el hombro al pasar, mas ni él pidió disculpas, ni ella se las exigió. La chica no se sentía capaz de seguir haciendo su ronda, por lo que se dirigió a la torre de Gryffindor. Una vez dentro, la joven se sentó en una butaca frente al fuego, al cual quedó observando fijamente con la mirada perdida y el pensamiento en otro lado. Así fue que la encontró Ginny minutos más tarde.

- Hermione, ¿te sucede algo? – preguntó preocupada por su amiga.

- ¿Qué? Sí, sí… digo, no. Estoy bien.

- ¿No deberías estar haciendo tu ronda? Son las diez y media y la ronda termina a las once.

- Sí, debería. Es que me siento un poco mal, me duele la cabeza.

- ¿Quieres conversar? ¿Contarme algo? Has estado un tanto extraña los últimos días.

- Gracias por preocuparte, pero no me pasa nada. Creo que me iré a la cama.

- Descansa, te hará bien. Has tenido mucho de qué preocuparte últimamente,

- Sí, gracias. Buenas noches.

Esa noche Hermione durmió mal. Durante toda la velada soñó con Malfoy, el cual besaba a una chica sin rostro y ambos se reían de Hermione, que los observaba por la rendija de una puerta. A la mañana siguiente, la joven despertó muy cansada y con grandes ojeras.

- ¿Estás bien, Herms? Discúlpame que te lo diga, pero tienes un aspecto horrible esta mañana – Harry escrutó el cansado rostro de su amiga.

- Pareces enferma, ¿no quieres ir a la enfermería a que te vea Madame Pomfrey?

- No, Ron, estoy bien. Es solo que dormí mal anoche.

- Ginny nos dijo que anoche volviste antes de la ronda, que te sentías mal – comentó el joven de ojos verdes.

. Sí, sí, me dolía la cabeza, pero no fue nada – Hermione esbozó una sonrisa tranquilizadora para sus amigos –. Vamos a desayunar, ¿quieren? Muero de hambre.

Los jóvenes se dirigieron al Gran comedor. Cuando se encontraban en la puerta, Hermione vio que Malfoy se acercaba desde las escaleras que conducen a las mazmorras y ella, asustada, apuró el paso hacia el lado contrario, a la mesa de Gryffindor.

- ¡Vamos, chicos! ¡Que hambre que tengo! – la chica fingió falso entusiasmo para que sus amigos le siguieran el paso. Una vez en la mesa, se ubicaron los dos chicos a un lado, Harry entre Ginny Ron, y éste al lado de Seamus Finnigan, mientras que Hermione se sentó de espaldas a la mesa de Slytherin, junto a Neville y una chica de segundo.

- ¿Te sientes mejor que ayer, Hermione? – Ginny observó detenidamente la cara de su amiga.

- Sí, gracias – respondió la aludida.

Los chicos comenzaron su desayuno, pero Hermione apenas dio un par de mordidas a sus tostadas y bebió algunos sorbos de su taza de leche, mas estuvo saltando de su asiento cada treinta segundos para mirar sobre su hombro hacia la mesa de las serpientes.

- Herms, dijiste que tenías hambre y apenas has tocado tu desayuno – dijo Harry.

- ¿Te pasa algo? Has mirado hacia atrás unas mil veces en los últimos cinco minutos – comentó Ron.

- Me siento algo observada – Hermione estaba un tanto nerviosa.

- Ya me lo imagino. Malfoy no ha despegado la mirada de ti en todo el desayuno – dijo Ginny –. No me sorprendería que te estuviera haciendo un maleficio.

- Ten cuidado, Hermione – si Ron se ponía serio, mejor era prestarle atención.

- Sí, lo haré.

- Debemos darnos prisa, las clases comienzan en diez minutos – Ginny se puso de pie y tomó su mochila –. Nos vemos más tarde.

Los chicos terminaron de comer y se dirigieron a las mazmorras, a su agradable clase doble de pociones. Una vez dentro del aula, se sentaron y guardaron silencio para escuchar las instrucciones del profesor.

- Les informo que realizarán un trabajo en parejas – todos los estudiantes se movieron nerviosos en sus asientos, mirando a sus amigos –. No se organicen tanto, las parejas las haré yo. Por favor, cuando los nombre, siéntense con su pareja respectiva.

- Genial, no habrá forma que estemos con algún amigo – murmuró Ron.

- No, no la habrá – dijo Snape, que lo había escuchado –. Puede ubicarse usted primero, Weasley, con la señorita Parkinson – sonrió maliciosamente –. Potter, tú con la señorita Bulstrode. Longbottom con Zabini, Finnigan con Nott, Patil con Crabbe, Thomas con Goyle, Brown con Greengrass y finalmente Malfoy con Granger – parecía satisfecho con las parejas que había formado.

Los chicos se acomodaron junto a sus parejas, lamentándose su mala suerte. Una vez que estuvieron todos ubicados, el profesor les dio las indicaciones para el trabajo que debían realizar. Tenían que entregar dos pergaminos de un metro de largo acerca de las propiedades del ligústico, coclearia y tármica, además de las pociones en que se ocupan. Aparte de eso, el día que debían entregar el informe, debían también realizar alguna de dichas pociones, la cuál sería entregada en un frasco para ser evaluada.

- … y para realizar eso tienen hasta la próxima clase, es decir, la próxima semana, así que les recomiendo utilizar bien su tiempo.

- Genial – masculló Malfoy.

- Ahora, para el resto de la clase, las instrucciones e ingredientes están en la pizarra. Pueden empezar.

Al finalizar la clase, todos se levantaron rápidamente de sus asientos: nadie quería pasar más tiempo del necesario con sus compañeros de trabajo.

- Maldito murciélago – dijo Ron una vez lejos del aula de Snape – ¡Mira que ponerme a trabajar con esa Parkinson! Y Harry con Bulstrode, y tú, Hermione, con Malfoy, ¡con Malfoy! – el pelirrojo estaba indignado.

- ¡Granger! – Malfoy se acercaba a paso vivo.

- Hablando de Roma… - comentó Harry en voz baja.

- ¿Qué pasa, Malfoy? – Hermione estaba fastidiada.

- En la biblioteca después de la cena hasta la hora del turno

- De acuerdo – zanjó la chica, mientras Malfoy se retiraba.

- Te compadezco, Herms – Harry le palmeó la espalda a su amiga.

- Al menos Snape y Malfoy tienen una buena relación y a él le va bastante bien en Pociones – se conformó Hermione. Al mal tiempo, buena cara.

Luego de la cena, Hermione se despidió de sus amigos y se dirigió hacia la biblioteca, lugar al cual Malfoy ya había llegado.

- Llegas tarde – "¿Cómo puede ser alguien tan antipático?", pensó Hermione.

- Lo siento, acabo de terminar de cenar – replicó fríamente la chica.

. ¡Ah, ya veo! Quieres convertirte en animago y ser un cerdito, por lo que preparas tu cuerpo para parecerte lo más posible – dijo el rubio –. Eso es triste, Granger. Un poco de dignidad, ¿no te parece?

Hermione enrojeció hasta las orejas, mas guardó un digno silencio ante el comentario de Malfoy.

- Aprendes rápido, sangre impura. Dignidad ante todo – rió el joven Slytherin.

La chica se dirigió a una de las tantas mesas, sacó el pergamino, la pluma y el tintero y los dejó sobre ella para volcarse a las estanterías a buscar algunos libros de consulta para el desarrollo del trabajo.

Avanzó el tiempo y los chicos trabajaron en silencio. Al cabo de un par de horas, una torpeza de Hermione provocó la molestia y gritos de cierto rubio.

- ¡Ten más cuidado, Granger! – el pergamino y la ropa del chico estaban empapados en tinta –. Yo no haré nuevamente todo esto – apuntó el pergamino en que llevaba horas escribiendo.

- No exageres, Malfoy, no es para tanto – la chica nuevamente se había sonrojado hasta las raíces del cabello, sin embargo, con un par de fluidos movimientos de la varita limpió las manchas de tinta del trabajo y la ropa del joven.

Luego del incidente, ambos jóvenes se abocaron nuevamente al silencioso trabajo. Pasaron los días y los chicos se reunieron cada noche para terminar lo más pronto posible la tarea enviada por Snape. Hermione estaba gratamente sorprendida del alto en las hostilidades por parte de Malfoy, quien la trataba quizás no bien, pero sí mejor que en tiempos pasados: comenzó a tratarla por el apellido, incluso alguna vez por el nombre, en vez de utilizar las comunes ofensas de los últimos años.

- ¡Por fin, Granger! Hemos terminado este maldito informe – el chico se desperezaba en su silla; ya era casi la hora de la ronda y llevaban un buen tiempo trabajando.

- Es un verdadero alivio. Entre esto, los turnos y todos los otros deberes siento que no doy abastos.

- Qué, ¿ya te cansaste de verme la cara? – preguntó el rubio altaneramente.

- Sorprendentemente, no – la chica abrió los ojos, asombrada ante sus palabras.

Hermione se levantó rápidamente de silla para llevar los libros de consulta a su lugar respectivo y a la vez para evitar que Malfoy la viese sonrojarse… otra vez.

La joven Gryffindor procuró concentrase en su labor de devolver los libros a su lugar, cosa que ocupó parte de su cerebro, ya que era una gran cantidad de textos, razón por la cual no notó que Draco seguía cada uno de sus movimientos con la mirada. El joven observaba detenidamente el gracioso andar de Hermione; se sintió hipnotizado con el suave vaivén de sus caderas, el delicado movimiento de su ya no tan desgreñada cabellera.

Se dirigió quedamente hacia el lugar donde se encontraba Hermione. Ésta se giró para ubicar un libro en el estante tras ella, cuando se vio envuelta en unos brazos, en unos labios desconocidos, en unos besos dulces y a la vez potentes. Tan sorprendida se encontró la joven, que no atinó a hacer nada sino empujar a su amoroso carcelero hacia un lado y correr lejos de la biblioteca.

- ¡Por Merlín! ¿Qué fue eso? – Se dijo Hermione mientras tocaba sus labios con las yemas de los dedos, una vez que había recorrido varios pasillos desde la biblioteca – ¡¿Por qué Malfoy hizo eso? Pero no puedo negar que fue agradable… ¡No, Hermione, compórtate! ¡Es Malfoy de quién hablamos! – se reprochó la chica –. Sin embargo, lo repetiría…

Malfoy, por su parte, se quedó solo en el mismo lugar donde hubiera aprisionado a Hermione minutos antes. El chico se encontraba pasmado por toda la situación: había besado a una sangre impura, pero no a cualquiera, sino que a su más acérrima enemiga, la amiga de Potter, la, quizás, más que amiga de ese traidor a la sangre de Weasley y, para rematar todo el asunto, la muy ingrata lo hace a un lado y se va, ¡se va!, dejándolo ahí como un imbécil.

- ¡Ingrata! Mira que rechazar a un Malfoy – exclamó el muchacho –. Lo que sí puedo decir es que esto ha sido bastante bueno. Sin embargo, ella me odia. Con lo mal que nos hemos tratado. Debo encontrar la manera de acercarme a ella.

Hermione comenzó su guardia una vez que sintió que el acaloramiento, la agitación y el sonrojo que presentó después de aquel beso y posterior huída hubiesen desaparecido, porque ¿qué diría Ron si la encontrase en semejante estado y encima le contara la verdad? No lo quería ni pensar.

Mientras la chica realizaba la ronda, iba pensando en Malfoy – "Draco", se corrigió y avergonzó nuevamente –, en el beso y en lo mucho que le gustó esa situación.

- No debí irme… y menos de esa manera – se dijo la castaña – ¡Por qué no le seguí la corriente! Ya, a ver, tranquila. Debo pensar en algo para acercarme a él. ¡Pero cómo, si me debe odiar ahora más que antes por haberme ido de ese modo!

Pasaron los días y las cosas no mejoraban para ninguno de los dos jóvenes. No tenían idea de cómo acercarse al otro sin ser repudiado.

Además de esta escasez de imaginación, Hermione se encontraba bastante decaída, se sentía sola, sentía que no tenía a nadie con quien hablar sobre lo que le ocurría, ya que todos sus amigos eran enemigos mortales de los Slytherin, especialmente de Draco Malfoy, por lo que no serían capaces de entender cómo Hermione se había fijado en el chico de ojos grises.

- Herms – Ginny sacó a la chica de sus cavilaciones –, ¿qué te sucede? Has estado muy callada y deprimida estos últimos días.

- No me sucede nada, Gin, sólo estoy algo cansada por todo lo que tengo que hacer y eso – Hermione esbozó una sonrisa tratando de impregnar en ella toda la sinceridad e ingenuidad posible que no sentía.

- Está bien, pero si te pasa algo me lo contarás, ¿cierto? Más que mal, somos amigas.

- Sí, Ginny, te contaré si me pasa algo. Gracias por preocuparte por mi – "si supieras de qué se trata, no querrías que te lo contara", pensó la chica tristemente.

A medida que el tiempo pasaba, el clima se hacía más y más frío, acercándose cada vez más al invierno, a la navidad y a las vacaciones.

Cuando se produjo la primera nevada de la temporada, los chicos se dirigieron raudamente a los jardines del colegio en el primer tiempo libre disponible del fin de semana y se entretuvieron la tarde entera lanzando bolas de nieve y haciendo figuras con ésta, a las cuales, con un toque de la varita, convertían en maravillosas esculturas móviles, teniendo algunas de ellas la mala costumbre de perseguir a la gente que transitaba cerca para aplastarlas cuando éstas se cansaban de correr.

Harry, Ron, Hermione y Ginny, una vez que estuvieron empapados y congelados hasta los huesos, decidieron dirigirse a la sala común para cambiarse de ropa y calentarse un poco, mas cuando estaban en la entrada del castillo, a Ron se le ocurrió tomar un pequeño atajo a través de las cocinas del colegio.

- Me encantaría tomar un chocolate caliente, ¿a ustedes no? – preguntó el pelirrojo.

- Es buena idea, vamos a las cocinas a pedirle un poco a los elfos – respondió Harry.

- Está bien, yo voy con ustedes – dijo Hermione.

- Creo que iré a la sala común. Los veo luego, chicos – la pequeña Weasley se enfiló sola hacia las escaleras de mármol que llevaban a los pisos superiores.

Una vez que los tres amigos se encontraban en la puerta tras la cual se encontraban las escaleras que llevaban hacia las cocinas, Harry decidió devolverse sobre sus pasos y alcanzar a Ginny camino a la sala común.

- Pidan chocolate para Ginny y para mí y le dicen a Dobby o a algún otro elfo que lo lleve a la sala común – pidió el moreno.

- ¿No quieres que te lo lleven a la cama también? – preguntó Hermione algo molesta.

- No te enojes, Hermione, si tú sabes que… – Ron imitó la voz chillona de los elfos domésticos – es un honor servirle al amo lo que desee.

- Gracias, amigos – Harry se dio media vuelta y corrió escaleras arriba para alcanzar a Ginny, quien lo adelantaba por varios pisos.

Una vez que la hubo alcanzado y que estuvieron en la sala común, se acomodaron en dos viejas y cómodas butacas frente al fuego y reservaron dos más para sus amigos, que llegarían pronto.

Rato después, Ron y Hermione llegaron a la torre de Gryffindor y entraron a la sala común, la cual se veía vacía, a excepción de una joven pareja que se encontraba frente al fuego besándose tiernamente.

- ¡¿Qué creen que hacen? – gritó Ron poniéndose rojo, mientras Hermione sonreía.

Un joven moreno de ojos verdes y una colorina de ojos color chocolate se sobresaltaron y separaron rápidamente; en menos de dos segundos ambos se encontraban de pie y separados por un par de metros.

- Ron, tranquilízate – le dijo su hermana.

- ¡Cómo quieres que me tranquilice, si te encuentro besándote con un chico, sentada en sus piernas!

- Un chico – rió Hermione –. ¡Es tu mejor amigo!

- Amigo, yo quiero a tu hermana – se disculpó Harry.

- Y yo quiero a Harry – replicó la chica.

- Está… bien – dijo el pelirrojo lentamente –, pero tienes que cuidarla, sino ¡te mato! Además… haz las cosas bien, ¿ya están de novios?

- Te juro que la voy a cuidar. La voy a proteger con mi vida si es que es necesario.

- Te quiero, Harry – dijo la chica.

- Yo a ti, pequeña – el chico se arrodilló frente a la pelirroja y le tomó la mano –. Ginny, ¿quieres ser mi novia?

- Sí, Harry, sí quiero ser tu novia – dijo la chica arrodillándose frente a él y besándolo suavemente.

Ron puso cara de exasperación y Hermione sonreía feliz por sus amigos.

Pasó el tiempo y en el panel de cada casa apareció un pergamino en el cual se debían inscribir quienes se quedarían en el castillo para pasar las vacaciones de navidad. Los cuatro amigos se inscribieron, ya que los padres de los Weasley viajarían fuera del país, Harry siempre pasaba las fiestas con sus amigos y Hermione se quedaba para hacerles compañía. De lo que los chicos se enteraron días después fue que Draco Malfoy también pasaría esas fechas en el colegio. Hermione tuvo una extraña sensación en el estómago.