Cap. 4: El regalo de Navidad
- ¡Por fin llegaron las vacaciones! – Exclamó feliz Ron – No más turnos, ni desvelarse gracias a nuestros "queridos profesores" – entrecomilló lo último.
- Ya lo creo, un par de semanas de paz y tranquilidad – dijo Harry.
Tal como comentaran los chicos, el receso de navidad había llegado. Receso en el cual podrían relajarse y ser felices por unos días. Tendrían tiempo para conversar, jugar ajedrez mágico y snap explosivo, hacer guerra de bolas de nieve, visitar a Hagrid y tantas otras cosas que los estudios, turnos y entrenamientos no les permitían.
El día previo a la Navidad, en Nochebuena, los cuatro amigos se quedaron hasta tarde conversando y riendo. Una vez que se fueron a sus respectivas habitaciones y estuvieron en sus camas a punto de dormir, Hermione pensó que se sentía sola y triste, ya que no podía hablar de sus problemas a nadie sin que le reprocharan. Junto a esas meditaciones fue cayendo lentamente en un sueño muy profundo y reparador: mañana sería otro día.
Por la mañana, al despertar, vio a los pies de su cama una montaña no poco importante con los regalos. Fue abriéndolos uno a uno, feliz por lo que sus amigos Harry, Ron y Ginny, además de los señores Weasley, sus padres y Hagrid le habían regalado. Cuando creía no tener más presentes, se encontró con un sencillo sobre, sin remitente, con una carta adentro:
Hermione:
Te espero en el séptimo piso, frente a la entrada de la Sala de Menesteres para hacerte entrega de tu regalo de navidad.
PD: No traigas compañía.
La chica se quedó observando el trozo de pergamino por largos pos largos minutos, hasta que Ginny asomó su roja cabellera por la puerta de la habitación.
- Feliz Navidad – sonrió la pequeña colorina.
- Feliz Navidad, amiga. Gracias por el libro – con un hábil movimiento la joven castaña escondió la carta anónima que había recibido y tomó el libro "Cómo conquistar a un hombre con cerebro de Troll" que Ginny le había regalado.
- Espero que te sirva – dijo la pelirroja guiñándole un ojo.
- Eso espero yo también – respondió Hermione mientras pensaba: "pero no creo que este hombre tenga cerebro de troll".
Ginny se retiró para ir donde su novio y su hermano. Hermione, por su parte, se levantó, se vistió y salió apresuradamente de la sala común para dirigirse a la cita con su misterioso remitente. Una vez enfilada en el pasillo de la Sala de Menesteres, la persona a la que vio no era para nada un desconocido.
- ¿Malfoy? – se preguntó a media voz, sorprendida y confundida.
- Feliz Navidad, Hermione – a la chica no le pasó desapercibido el hecho de que la había llamado por el nombre.
- Fe… feliz navidad – Draco sonreía de una manera arrebatadora, que casi dejaba sin aire a la pobre Hermione.
- Como te dije en la nota, te tengo un regalo. Está aquí dentro – dijo señalando con el pulgar la puerta recién materializada en la pared de piedra.
Malfoy tomó de la mano a Hermione y la jaló suavemente hacia la puerta de lustrosa madera. Ella, recelosa, se dejó llevar: el contacto con el joven era tan cálido y suave. Una vez junto a la dichosa puerta, Draco se puso tras la chica, con una mano le cubrió los ojos y con la otra abrió el cerrojo. La condujo al interior de la habitación y cerró la puerta tras de sí.
- Esto es… hermoso – comentó la niña una vez que Draco descubrió sus ojos –, pero claramente el lugar no es para mí. ¿Qué hacemos aquí… Draco?
Hermione sentía curiosidad de que MALFOY le quisiese hacer un REGALO y para ello la llevara a un ÍNTIMO SALONCITO en la SALA DE MENESTERES. No llegaba a entender cómo esas palabras podían coincidir en una misma frase, ya que Malfoy y ella habían sido enemigos desde que se conocieran, por lo tanto no le daría un regalo y menos aún en un lugar íntimo y escondido. Además, ¿cuál era su regalo? No lo veía por ninguna parte.
Esta última pregunta no tardó en comenzar a responderse, ya que Malfoy, que se encontraba tras ella, la abrazó suavemente por la cintura y comenzó a besarla en el cuello, lo que provocó una que una descarga eléctrica recorriera toda la espalda de Hermione.
La chica cerró los ojos y disfrutó cada aspecto del contacto con el joven: su espalda contra el pecho de él, su cintura envuelta por los brazos del chico, su cuello en contacto con esos cálidos labios… todo en conjunto le provocaban escalofríos.
Lentamente Hermione se fue girando, para así quedar frente a frente con Malfoy, quien la miraba con unos ojos llenos de algo indescifrable para ella. La castaña miró los ojos del chico y luego sus labios. Draco no tardó en notar lo que ella quería, por lo que rápidamente atrapó los labios de ella entre los suyo y la comenzó a besar, primero suave y tiernamente y luego cada vez más apasionado. Ambos se fundían en la boca del otro, se abrazaban fuertemente y no sabían bien dónde terminaba un cuerpo y comenzaba el otro.
Draco comenzó a caminar sin dejar de estrechar a Hermione en sus brazos hasta llegar a un amplio sillón que se encontraba pasos más allá de donde ellos estaban inicialmente y con un suave y fluido movimiento la recostó y se acomodó sobre ella para seguirla besando con pasión.
Hermione acariciaba la espalda y el cabello lacio y suave del chico y se acompasaba al ritmo que él imponía al besarla. Poco a poco fueron girando hasta quedar recostados sobre el costado. Hermione besaba el cuello Draco, lo mordía suavemente, inhalaba su aroma y acariciaba cada trozo de piel que le era posible, mientras que el chico no se quedaba atrás y sus manos tocaban todo cuanto Hermione le permitía. Había que aceptar que la chica, por muy ocupada y concentrada que se encontrara, no era inconsciente de las manos que revoloteaban sobre su cuerpo, ya que cuando sentía que se acercaban mucho a sus senos o a su trasero, raudamente se dirigía ahí para moverlas hacia otro sector de su cuerpo.
Pasaron las horas y los chicos no habían notado que ya era hora de almorzar, hasta que Draco miró la hora en su reloj en un minuto en que se dieron unos momentos para respirar.
- Cielos, ya es hora de almorzar, llevamos mucho tiempo aquí dentro – dijo el rubio sorprendido.
- Será mejor que nos vayamos. Mis amigos deben estar buscándome como locos – dijo Hermione algo preocupada. ¿Qué les diría?
- Vamos. Tendremos que salir con cuidado, que no nos vean.
Por su parte, Harry, Ron y Ginny, al no encontrar a Hermione por la mañana, bajaron a desayunar y luego fueron a pasear por los jardines. A la hora de almuerzo se dirigieron nuevamente hacia el castillo.
- ¿Dónde se habrá metido Hermione? – preguntó Harry - ¡Hace horas que no la vemos!
- Es extraño que haya salido sola y sin avisar a nadie – caviló Ginny.
- Seguramente llegará al Gran Comedor a comer – especuló Ron, no muy seguro de sus palabras.
Minutos más tarde, una vez que se hubieron sentado en la mesa de Gryffindor, apareció Hermione por las puertas del salón, con el cabello ordenado y un libro bajo el brazo. Caminó directamente hacia sus amigos, pero sin poder mirarlos a los ojos. Se sonrojó levemente y se sentó junto a Ron, frente a Harry y Ginny.
- Hola, chicos – Hermione intentó parecer lo más tranquila posible ante las miradas escrutadoras de los tres leones que la observaban.
- ¿Dónde estuviste toda la mañana, Hermione? Te esperamos para desayunar hasta que Ginny te fue a buscar y vimos que no estabas – dijo Harry. Al lado de Hermione, Ron asentía enérgicamente.
- Tuve que ir… a la biblioteca – mintió Hermione, mostrando el libro que tenía sobre las piernas, pero le salió el tiro por la culata.
- Te buscamos en la biblioteca, pensamos que si desaparecías irías para allá – dijo Ginny, suspicaz.
- Es que… estaba buscando algo en la Sección Prohibida, ya que la señora Pince me dio permiso – su cerebro trabajaba a toda máquina: cualquier error la delataría –, entonces estaba entre esas estanterías. Ustedes saben que no se ve desde el resto de la biblioteca hacia ese sector.
- Ya, pero… este libro no es de la Sección Prohibida – insistió Ginny.
- Es que no encontré el que necesitaba – respondió rápidamente Hermione –. Muero de hambre –comenzó a servirse comida en el plato, ignorando las miradas de sus amigos.
Los chicos se encogieron de hombros e imitaron a Hermione. No sacaban nada con sospechar cosas raras de su amiga, ella que es tan correcta y buena, no les escondería algo importante como para perderse toda la mañana. De hecho, no era extraño que pasara horas en la biblioteca, así que tendría que ser verdad.
Las vacaciones pasaron con toda tranquilidad. Quizás el tiempo se aceleró un poco para el gusto de los chicos, pero no tuvieron inconvenientes. Tuvieron toda la libertad para hacer y deshacer, dentro de los límites impuestos por el colegio, claro, pero lo que quisieron hacer, lo hicieron.
Ya hacia el final de las vacaciones, una vez que Hermione se encontró sola en su habitación, una lechuza del tamaño de un águila se paró fuera de su ventana. Traía un pergamino amarrado a su pata, la cual estiró apenas la chica le abrió para que le entregara el mensaje.
Hermione:
Te espero donde nos vimos la otra vez, hoy a la medianoche.
Draco Malfoy.
Como la lechuza se quedó esperando, Hermione supuso que debía darle una respuesta, por lo que escribió al reverso del pergamino.
Ahí estaré. Nos vemos a la medianoche.
Hermione G.
Hermione esperó pacientemente en su habitación a que fueran las doce menos diez. Una vez en la sala común, se aseguró que no hubiese nadie que pudiera sorprenderla y salió por el retrato de la Dama Gorda, que dormía apaciblemente, recostada sobre el marco de su lienzo.
Se dirigió al lugar acordado para en encuentro, donde ya se encontraba Malfoy. Éste la tomó de la mano y juntos entraron a la Sala de Menesteres. Una vez adentro los chicos se dedicaron el uno al otro, besándose, acariciándose, tal como la primera vez que estuvieron en ese lugar.
Hola a todos! Bueno, aquí está el cuarto capi de esta historia.
Agradezco mil a Caroone y Toomuchme por sus reviews.
Espero que les guste el capi. A ver si se animan a comentar... es gratis y me hacen feliz =D
Saludos a todos. El próximo capi.. lunes o martes, dependiendo de mi tiempo..
Un abrazote, gracias por leer
~Pachi
