Disclaimer: de los personajes tomados de la serie Bones, los derechos de autoría corresponderán a su creadora, Kathy Reichs y, en su caso, a la Cadena Fox; de las situaciones, el autor del presente relato, que no obtiene ningún lucro con la publicación del mismo.

(Gracias a todos los que seguís este fic, especialmente a Hermione Hathaway, brennangirl, glheart, silhermar y Marifer26637, por vuestros comentarios: abajo respondo personalizadamente a cada uno de ellos. Actualizo este viernes, pensando en que el sábado muchos estarán pendientes de las comidas y cenas de fin de año; pues mi regalo para la última noche del año es este relato. Espero que os guste. Seguiré intentando que el tiempo de los capítulos coincida con el año natural de los lectores...)

CITA PARA DOS EN NOCHE VIEJA

(31 de Diciembre de 2041)

A Vincent le gusta sentir el húmedo beso del agua resbalando por su cuerpo. Hirviendo. La piel se le enrojece por culpa del calor extremo. El vapor se concentra sobre la mampara de cristal. Transparente… Está tranquilo. El líquido elemento arrastra tras de sí toda la electricidad estática de su organismo, que se pierde entre los remolinos del sumidero, en el centro del plato de ducha. Mientras se lava la cabeza, va masajeándose las raíces del cabello, con los movimientos metódicos y reposados de sus dedos. Se siente bien. Seguro. Con los ojos cerrados. En paz. Pero unas gotitas de champú se le cuelan entre los párpados, irritándole las pupilas. Abre la mampara, palpando a su alrededor, a ciegas, en busca de una toalla…

-Toma, hermanito. Creo que buscas esto.

-¿Pistolita? ¿Se puede saber cuánto tiempo llevas aquí, espiándome?

Vincent, totalmente ruborizado, trata de cubrir su desnudez lo más rápidamente posible, aunque tan torpemente, que casi resbala sobre la superficie mojada.

-¿Espiándote? ¿Pero quién te has creído? ¿George Cluny? Simplemente estaba esperando a que terminases con tu sesión de espuma. Que tardas más en enjabonarte que siete adolescentes en maquillarse para su primer beso bajo el muérdago. Además, si me diesen un dollar por todas las veces que te he visto en cueros, hoy tendría más cash que el mismísimo Bill Gates.

-Éramos niños. Eso lo cambia todo.

-¿Tú crees? Anda, termina de ducharte que yo de aquí no me muevo hasta que acabes. Bastante prisa tengo como para andarme con tu timidez pueril.

Sin embargo, el científico no atiende a las palabras de Little Gun. La situación lo sobrepasa. Mentalmente trata de racionalizar la escena. Se convence a sí mismo de que todas las especies, salvo la humana, viven con normalidad su completa desprovisión de atuendo. Incluso, antropológicamente hablando, algunas sociedades primitivas evitan cubrir sus cuerpos con prendas de vestir. La ropa es sólo producto de un canon estético y moral. La anatomía es prácticamente idéntica entre un hombre y una mujer. Si los seres humanos compartimos hasta un 85 por ciento de la secuencia cromosómica de los perros, ¿qué de malo hay en mostrarnos tal y como somos entre los miembros de una misma especie? Pero nada funciona. Ni siquiera el úso de la lógica logra calmar al bueno de Vincent.

-Por favor, cuanto antes te marches, antes acabaré y antes podrás ducharte. Y santas pascuas.

-Vincent, por dios. Voy a llegar tarde por tu culpa. Josh me está esperando en el salón. Y no soy de las que se hacen de rogar.

-¿Josh? ¿Josh Pendleton? Pensé que lo vuestro se había acabado…

-Hemos quedado para ir al cotillón de Times Square, para darle juntos la bienvenida al 2012. Nos encontramos hace unas semanas, y decidimos darnos una segunda oportunidad.

-¿Te estás escuchando? Ese tipo no te conviene…

-Sé defenderme solita. Te olvidas de que soy…

-Sí, de que eres la agente más eficiente del Buró Federal. Imposible olvidarlo. Te encargas siempre de recordárnoslo.

-Vincent, no eres mi padre. Por mucho que te empeñes. Y tampoco eres mi hermano mayor como para andar con reprimendas.

-Precisamente… No soy tu hermano…

Vincent duda sobre como seguir la frase, ante la mirada penetrante de Little Gun. Empieza a gesticular con las manos, haciendo aspavientos, buscando las mejores palabras para continuar, sin delatar sus sentimientos.

-Quiero decir… No soy tu hermano, porque soy tu amigo. Puede que quieras mucho a un hermano, pero no lo puedes elegir. Simplemente te tocan en suerte. Te vienen dados. En cambio, a un amigo…

Vincent se detiene en seco. Little Gun tiene la típica cara de la victoria. Se le sube la comisura de los labios, y los ojos se le rasgan. A punto de estallar en un ensordecedor estallido de risa…

-¿Se puede saber de qué te ríes?

-¿Yo? De ti, por supuesto. Cuando te pones tan melodramático y elocuente, te olvidas hasta de que no llevas ni un mísero taparrabo…

-¿Te puedes marchar de una vez? –dice Vince, enfurecido, casi al borde de un ataque de nervios, mientras se lleva las manos a la entrepierna-. A veces te pones más terca que una mula. Todos, en ocasiones, necesitamos algo de intimidad, sin que nadie esté ahí parado, frente a uno, observando cada movimiento, esperando a que cometa el primer fallo…

-Vincent, ¿se puede saber qué es eso?

-¿Lo qué?

-Ese tatuaje…

-¿Qué tatuaje?

-Pues el tatuaje de esa guitarra Gibson que llevas en el antebrazo… Me suena ligeramente, pero no recuerdo bien de qué me suena… No me pega contigo.

-¿Es que no me vas a dejar tranquilo nunca? Para tu información, te recuerdo que mi abuelo fue el gran Billy Gibbons.

-Para tu información, sé muy bien quién fue tu abuelo. Y te recuerdo que no hay sobre este planeta, dos personas más distintas en toda la historia de la humanidad. Él era un auténtico rockero. Tú un pulcro y estirado londinense, que en vez de coleccionar miniaturas de coches de carreras o montar por fascículos una Harley Davidson, se preocupa de tener en su cabeza el nombre de mil y un bichitos que sólo nos podríamos encontrar si se nos ocurriese la genial idea de pasar la noche vieja haciendo espeleología en unas cuevas perdidas en Papúa Nueva Guinea. Viaje que, por supuesto, no cabe dentro de mis planes para esta Navidad. Un nenaza que hasta se oculta de su casi hermana cuando se lo encuentra desnudo en el cuarto de baño.

-¿Esto que me dices es por lo de Josh Pendleton? ¿Porque dije que no te convenía? Él te utilizó, Little Gun. Te utilizó para distraer tu atención en aquel caso. Si no fuera porque te avisaron a tiempo, te hubiese podido costar el puesto de trabajo…

-Mira Vicent. Vete a hacer puñetas… Ya me has cansado por hoy, y no tengo tiempo para seguir con esta conversación. No lo entiendo. No te quieres duchar, pues no te duches. Pero atente a las consecuencias.

Acto seguido, la agente Booth empieza a desabotonarse la blusa. Con velocidad. Realmente enojada. Después se quita los vaqueros. De color negro. Que siempre lleva tan ceñidos. Durante un instante se queda en ropa interior, con su mirada felina, fija sobre las pupilas de Vincent. Abrumado. Incapaz de articular palabra. Después, sin titubeos, inflamada de ira, se desprende de la poca ropa que le queda. Entra en la ducha. Sin pudor. Y acciona el mecanismo del agua. Hirviendo. Como a Vincent tanto le gusta. Igual que a ella. La vieja costumbre que ambos tenían de niños, cuando sus padres los aseaban juntos en la misma bañera.

Vince no puede soportar más esta incómoda situación. Aún con el agua cayendo a borbotones, descorre la mampara de cristal y sale de la ducha, salpicando durante unos instantes las baldosas del cuarto de baño. Todavía mojado, a medio enjabonar y sin muda nueva que echarse encima, abandona la habitación, no sin antes propinar un ruidoso portazo. El eco retumba en todo el apartamento. Las huellas de sus pies, como marcas de la humedad, van quedando dibujadas por el suelo del pasillo. Caminando hacia su cuarto como alma que lleva el diablo. Pasando por el salón a tal velocidad que su paso resulta imperceptible para Josh Pendleton, sentado en el sofá, mirando la repetición de un partido de la liga nacional de hockey. Quien sí repara en la presencia de Josh es el propio Vincent. Al darse cuenta, regresa sobre sus pasos y se plantifica entre el televisor de plasma y el sofá. Completamente desnudo.

-¡Eh, tío, yo conozco ese tatuaje! ¡Tú debes de ser el Gran Sta…!

-Como le hagas el menor daño a "Pistolita" te aseguro que no quedará de ti ni lo que quieran dejar los elasmobranquios carcarriniformes de la familia Carcharhinidae.

Después sigue su camino. Y un nuevo portazo deja saber a los demás habitantes de la casa que el joven Vincent ya se ha encerrado, otra vez, en su dormitorio. Como cuando era niño.

Respuestas a los comentarios:

brennangirl dijo: No te preocupes, actualiza cuando puedas, como alguna vez me lo dijeron, la vida real a veces quita más tiempo del que quisieras, sin embargo sabes que tienes a una lectora segura que leerá cada capítulo de esta historia. Excelente regalo de navidad, me gustó bastante el intro a la historia, sobre todo cuando Vince engañó a Little Gun, no cabe duda que el científico está un paso adelante de ella. =) Saludos. Felices fiestas. :D

Completamente de acuerdo con lo de la vida real y el tiempo para poder escribir. Decir que no quería exactamente que el científico estuviese por delante. Más bien, supongo que dependiendo del capítulo se irán alternando. Son dos caracteres diferentes, pero complementarios. Llegará el momento en el que se coordinen (espero, porque en el capítulo de hoy casi se tiran los trastos a la cabeza... lo que hacen los celos). Gracias, y feliz año nuevo!

Marifer26637 dijo: Me encantó la historia! Y te deseo una muy feliz navidad! Fue muy original sus regalos y si creo que puedes manejar sus personalidades y te puede asegurar que lo haces de maravilla! :D

Gracias otra vez. Creo que ya son ellos dos los que controlan las personalidades. Al principio mi idea era la de que hoy, igual que el día de la visita al acuario secreto, pero ya ves, ella decidió irse con otro. Ya se arrepentirá, ya... (bueno, esperemos, algo malo tendrá que hacer el tal Josh...)