Disclaimer: de los personajes tomados de la serie Bones, los derechos de autoría corresponderán a su creadora, Kathy Reichs y, en su caso, a la Cadena Fox; de las situaciones, el autor del presente relato, que no obtiene ningún lucro con la publicación del mismo.

(Gracias a todos los que seguís este fic, especialmente a Hermione Hathaway, brennangirl, glheart, AnSaMo, clariss23, silhermar, BeaBB, ByB-S, Deschanel-Cherry y Marifer26637, por vuestros comentarios: abajo respondo personalizadamente a cada uno de ellos). Con respecto al misterioso destino de Seeley Booth veo las cosas muy igualadas en lo que respecta a esperar, o conocerlo ya a través de un nuevo fic. Así que finalmente esperaremos todos a que se vaya resolviendo Insomnio Fatal...

UN SALTO A LA DESESPERADA

(21 de Enero de 2042)

-Agente Booth, no se olvide de redactar el informe que le pedí.

-Señor, mañana lo tendrá sin falta sobre la mesa de su escritorio.

-Además, necesito que se ocupe del caso de esta mañana en Chapin Street.

-¿Chapin Street? ¿No se estará refiriendo al chaval que saltó por la ventana tras dejar una nota de despedida para su familia? ¿Ahora el Buró Federal de Investigación también se ocupa de los suicidios?

-No te equivocas de caso. Pero, agente Booth, la familia no está satisfecha con la versión oficial. Dicen que no es el tipo de joven que se tiraría al vacío para acabar con su vida.

-Señor, con todos mis respetos, para las familias ningún suicida da el perfil.

-Sin embargo, creo que en este caso puedan llevar razón. Hace tres años que el chico tuvo un gravísimo accidente de tráfico. Estuvo debatiéndose varios días entre la vida y la muerte. Entretanto, tuvo una de esas experiencias cercanas a la…

-¿El túnel? ¿La luz?

-Eso mismo. Lo cierto es que, según la familia, desde entonces se había comportado de manera especial. Siempre sonriente. Agradeciendo cada segundo de vida. Ni una sola discusión. Sintiendo el momento… En fin, que según su entorno jamás se le habría pasado por la cabeza acabar con todo, de repente, por las buenas. Creen que alguien, o algo, lo ha forzado a escribir la nota de despedida. Y a saltar.

-La verdad, señor, es que no me imagino a los hombres y mujeres del milagro del río Hudson, con sus magníficas conferencias sobre autoayuda y descubrimiento personal, para luego acabar, de manera tan trágica, con su propia existencia. Algo no cuadra.

-La familia piensa exactamente lo mismo. Tenemos que llegar hasta el fondo del asunto. El agente Jackman le espera abajo en su coche. Y el informe…

-Tendrá el informe, descuide. Mañana. Sobre su escritorio. Listo para la hora del café.

Mientras baja en el ascensor, Christine Booth trata, mentalmente, de ordenar las posibles causas que llevarían a alguien a saltar a la desesperada, en contra de su voluntad, hacia una muerte segura. Inexorablemente, la palabra "chantaje" se dibuja en su imaginación. Otros términos, como "narcotráfico", "bancarrota", "mal de amores" ó "enajenación mental transitoria", le vienen a la saga. Tampoco habría que descartar que en las últimas semanas se le haya podido diagnosticar al susodicho una enfermedad degenerativa, mortal de necesidad, que pudiese acabar con sus buenos ánimos. Hay personas que aman la vida demasiado como sentir que se les va escapando de entre las manos, sin poder hacer nada para evitarlo.

Su compañero, Daryl Jackman, la espera de pie, apoyado sobre el capó del sedán negro, todo un clásico. Brazos entrecruzados. Gafas de sol. Cabello peinado, pero revuelto. Traje y corbata. Un hombre más de acción que de reacción. Un galán de cine, con apariencia de poli malo.

-Y aquí viene el mejor cuerpo del Buró Federal, contoneando las caderas…

-Jackman, quita esa sonrisita cínica, si no quieres otra montaña rusa como la de ayer.

-Nada de eso, princesa. Hoy conduzco yo.

El agente Jackman levanta uno de los brazos. En sus manos cuelga una cadena, y de la cadena un llavero. Está prevenido. No quiere repetir una persecución como la de las últimas horas. Christine Booth es una desquiciada del volante. Si no representase a la autoridad, seguro que estaría compitiendo en carreras ilegales. Cualquier excusa le vale para pisar a fondo el pedal del acelerador. A menudo, ser su copiloto significa jugarse el tipo en cada esquina, en cada cruce. No por los disparos. Contra eso ya inventaron los chalecos antibalas. Si no, más bien, por la conducción temeraria.

-¿Acaso tienes miedo, gallina?

-No, Christine, no es miedo. Es amor. Amor a la vida. Al placer de la existencia. No quiero un rasguño en mi cara. Vivo de ella.

-Pensé que vivías del Buró Federal…

-El Buró Federal no me abraza por las noches, princesa.

Christine y Daryl siempre andan a piques. Es sólo un juego. Bromeando. Se licenciaron juntos, el mismo año. Entrenaban en el mismo gimnasio. Estudiaban en la misma academia. Hasta sacaron la misma nota. Sólo que Christine accedió como primera de la promoción, gracias a que, alfabéticamente, su apellido antecede al de Jackman. Habría sido un duro golpe para el ego de cualquier otro. Pero no para Daryl. Sabía que Christine estaba destinada a convertirse en la mejor agente del F.B.I., así que no le importaba estar un paso por detrás, en segundo plano. Al fin y al cabo, quien se lleva los laureles también suele recibir, por un fracaso, las peores reprimendas. Cuanto más alto subes, más dura es la caída. El agente Jackman no espera que esto le ocurra a Christine. Pero en tal caso, estará ahí para socorrerla. Como cuando la puso en anteaviso del tremendo lío en el que la estaba metiendo el espantajo de su novio, el pusilánime de Josh Pendleton. Nadie, absolutamente nadie, le hace daño a Christine. Por encima del cadáver de Daryl Jackman. Aunque ese cadáver llegue pronto, si la buena de Christine continúa manejando el volante como en una contrarreloj.

Parte de Chapin Street sigue acordonada. Ya se han llevado el cuerpo -el juez decretó su levantamiento hace algunas horas-, lo que les evita la siempre incómoda visión de la sábana blanca. Pero los de la científica siguen recogiendo muestras, reconstruyendo el escenario de los hechos. La sangre oscura, coagulada, esparcida sobre el asfalto, dibuja parte de una silueta humana. Mientras Jackman se aproxima al equipo de investigación, pasando tan cerca del charco de sangre que no puede evitar el pisarla, Christine se dirige a los familiares. Tiene un tacto especial. El suave acento de su voz aminora el sufrimiento de los parientes.

-¿El padre de Lionel Harris, supongo?

-Supone bien.

La agente Booth estrecha su mano, con una compasión, un calor y una ternura infinita, que el padre de la víctima percibe al instante.

-No hay palabra en el mundo que pueda consolar en todo, o en parte, el dolor que están sintiendo. Pero le prometo, señor Harris, que haré todo lo posible por descubrir la verdad de lo sucedido, para que su hijo pueda marcharse completamente en paz.

-Y se lo agradeceremos a usted, emm…

-Christine, mi nombre es Christine.

-Christine. Al menos ya es un consuelo tener un nombre al cual acudir, en medio de tanto agente especial Caldwell, agente especial Franklin… Christine es un nombre precioso.

-Es el nombre de mi abuela. Me llamaron así en su memoria…

La agente Booth tiene el don de distraer a las personas. Conseguir que, por un momento, se olviden de sus pesares. La habitual frialdad con la que actúan los equipos de investigación consigue que los familiares se sientan todavía más solos y desamparados, en estos momentos de gran pérdida. En cambio, el trato familiar es esencial para llegar al meollo de la cuestión. En la mayor parte de los casos, la empatía es una herramienta de la que Christine se sirve para sentar los sólidos cimientos de una autopista que la conduce, directamente, hacia la verdad de lo sucedido.

-Señor Harris, necesito hacerle unas preguntas.

-Lo entiendo.

-Hábleme de él. En presente. Como si todavía estuviese aquí. ¿Cómo es su hijo? Imagine sus ojos, penetre en su mirada y descríbame lo que siente…

-Mi hijo es un ángel… Al menos, es lo más parecido a lo que deben ser los ángeles, en caso de que realmente existan. Cada día, lo primero que hace al despertar es contemplar el sol en el horizonte. Sonríe. Y da las gracias al cielo. Lo hace en voz alta, para que podamos escucharlo. Para transmitirnos su inmensa energía positiva. Su gratitud. Para que todos bebamos de ella. Para demostrarnos a todos la pasión por las pequeñas cosas. Sin rencores. Sin malos humores…

-¿Qué les dice en la nota que dejó?

-Esa nota no la ha escrito él. Es su letra. Pero no son sus palabras. No es su alma.

La agente Booth ya ha leído la nota. Pero necesitaba hacer la pregunta. Conocer la reacción de sus padres. El chaval les pide perdón. Está agotado. Siente que ya ni la naturaleza le llena. Les desea una larga vida. Y, como un grito desesperado, les suplica que entiendan su necesidad de cerrar los ojos y descansar. Pues ya ha hecho aquí todo cuanto tenía que hacer. Y que sí, se va. Pero lo hace dejándoles todo su amor.

-¿Notó algún cambio, últimamente, en su carácter? ¿Algo extraño, fuera de lo corriente?

-Desde esta mañana, Christine, llevo dándole vueltas. Intentando comprender lo ocurrido. Él parecía estar bien. Perfectamente…

La señora Harris, que se ha mantenido callada durante toda la conversación, con la mirada perdida y ojos enrojecidos de tanto llorar, rompe ahora su silencio.

-Hará una semana que me levanté por la noche. Muy de madrugada. Tenía sed. Fui a la cocina. Y lo vi. En el salón. De espaldas a mí. No le pregunté nada. Pero supe que algo le preocupaba. Las madres tenemos un entendimiento especial de los hijos. Un sexto sentido... Durante estos últimos días, las ojeras se le hicieron más profundas y oscuras. Anoche volví a levantarme. Y ahí estaba. Otra vez. En medio y medio del salón. En la oscuridad. Debió de escucharme, porque me habló. Dijo que todo estaba bien. Todo está bien. Yo dije buenas noches. Le dije que intentase dormir. Fueron las últimas palabras de mi hijo. Todo está bien. Pero no era cierto. Nada estaba bien. Nada lo estaba. Y ahora es peor.

-¿Su hijo llevaba varios días sin dormir? Señora Harris, necesito que me diga si su hijo padecía de insomnio…

Pero la señora Harris calla. Absorta. En estado de shock. Preguntándose si las cosas hubiesen sido diferentes si, en vez de acostarse, hubiese permanecido en el salón, hablando con Lionel. Disuadiéndolo. Su marido le acaricia la mano con ternura. Christine aprovecha para hacer una llamada. El número ya está memorizado en una de las teclas de acceso rápido. Sólo tiene que esperar un par de tonos para escuchar la voz de Vincent, al otro lado del auricular.

-¿Little Gun, eres tú?

-¿Quién si no? Hermanito, necesito que me hagas un favor.

-Si está en mis manos…

-Lo está. El otro día me dijiste que te avisase si tropezaba con alguien incapaz de conciliar el sueño. Pues bien, en mi último caso, según los testimonios, la víctima llevaba varios días durmiendo mal, quizás sin pegar ojo…

-¿Víctima? ¿Qué le ha ocurrido?

-Aparentemente suicidio, pero todavía estamos investigando. Muchos aspectos no encajan. No se trata, en absoluto, del típico cuadro de depresión…

-¿Tienes cerca a algún conviviente? Quisiera hacer algunas preguntas.

- Su madre no está en condiciones de hablar. Pero su padre está justo aquí, a mi lado.. Prométeme que serás delicado. Han perdido a su único hijo…-hace una pausa y se dirige hacia el Señor Harris, poniendo el teléfono en sus manos-. Un compañero quiere hacerle unas preguntas. Será rápido. Le ruego que responda con la misma sinceridad con la que habló conmigo.

-Lo intentaré, claro.

Mientras espera, la agente Booth observa a Jackman junto a la valla policial, revisando el expediente y conversando con los técnicos. Por la proximidad, no puede evitar oír la conversación que se produce entre Vincent y el Señor Harris:

-…

-Sí, eso ha dicho mi mujer.

-…

-Creo que sí. Un poco resfriado. Lo escuché estornudar un par de veces durante la última semana...

-…

-¿El 31 de diciembre? ¿Por la noche? No recuerdo. Supongo que celebrando la velada. Creo que salió a dar una vuelta, con unos amigos.

-…

-Debe de estar guardada en su cajón. Suele… Solía anotar en ella las cosas buenas que le ocurrían. Para leerlas y animarse cuando estuviese bajo de moral. Aunque eso nunca sucedía. Era un chico muy alegre.

-…

-Por supuesto, se la envío con Christine. Ojalá les sirva de ayuda.

Respuestas a los comentarios

A silhermar:

¿Qué encontraste que me puede ayudar? Cuenta, cuenta... seguro que me lo contaste y ya me olvidé (sabes que para algunas cosas tengo memoria de pez), aunque creo recordar (vienen así, ramalazos, a mi cabeza) que era por el tema de los viajeros en el tiempo, del otro fic

ByB-S dijo: Hola Siempre leo tu fic, aunque comento nada, hoy me decidi porque he quedado impresionada con la actitud de christine hacia brennan, como es posible que la trate asi, cuando cree q su padre esta muerto es cuando mas deberian estar unidas. y con respecto a lo del otro fic por supuesto que me encantaria saber que paso, lo espero pronto... Cuidate :)

Me encanta cuando leo comentarios de personas que leen el fic desde hace tiempo y se animan por primera vez a comentarlo! Mil gracias! Con respecto a la actitud de Christine, supongo que irá evolucionando a medida que se conocen y descubren los secretos familiares!

AnSaMo dijo: Genial! Ahora sabemos que aunque no quiere creerlo, Christine corresponde al amor que le tiene Vincent... A ver como va esa cuarentena y si liberan un poco esos sentimientos reprimidos por ambas partes! Por lo del segundo fic con la trama de Booth, Pues por mí genial, más que leer, sino puedo esperar al final, no hay problema! Aunque me tienes intrigada! Sigue así!

Seguiremos intrigando, jeje... Christine me recuerda al perro del hortelano, que ni come ni deja comer, que ni está fuera ni está dentro... Ahora ya conocemos sus razones y su trauma infantil. Y sus sentimientos. Debe de estar hecha un lío. Y avanzo que va a seguir hecha un lío todavía unos cuantos capítulos más. (Es que si no, se acabaría muy rápido, y algo hay que enredar, jeje!)

glheart dijo: La historia de Booth me interesa demasiado, pero estoy dispuesta a esperar lo que sea necesario para que el misterio se revele. Sólo espero que todo termine bien para Christine y su familia. Y también con Vincent ;) ¿Habrá cuarentena para Little Gun? ¿Estará encerrada con Vince en el Jeffersonian? Sería entretenido verlos en esa situación. Creo que Brennan hablará con su hija en algún momento. Bren no es fría en lo absoluto, tampoco sin corazón, y estoy segura de que sufre demasiado por la distancia entre Christine y ella. ¿Bren se siente culpable por la muerte de Booth? Es lo más probable. Tal vez por eso no se atreve a hablar con su hija. ¿O no? ¡La duda me está matando! Me encanta la historia, cada vez se pone más interesante. Saludos.

Pues esperamos, pues. Vincent va a ser clave en que el misterio se resuelva. Que hay cuarentena para los dos, ya aviso que la habrá, pero todavía no. Y Brennan pronto aparecerá en escena para ser una más de la historia. Sus días en Egipto están contados. Tiene cosas pendientes que hacer en Washington. Oficiales. Y familiares. Aviso que las razones de Brennan para estar en Egipto no tienen nada que ver con la culpa. A veces, la mejor manera de proteger a las personas a las que se quiere, es alejándose de ellas. Que es exactamente lo que también está haciendo Christine con Vince. En el fondo, creo que de tal palo, tal astilla. Y Christine y Brennan son más parecidas de lo que la propia Christine se pueda imaginar. Sólo que está lo suficientemente confusa como para no saber quién es realmente... Saludos!