Disclaimer: de los personajes tomados de la serie Bones, los derechos de autoría corresponderán a su creadora, Kathy Reichs y, en su caso, a la Cadena Fox; de las situaciones, el autor del presente relato, que no obtiene ningún lucro con la publicación del mismo.

(Gracias a todos los que seguís este fic, especialmente a Hermione Hathaway, brennangirl, glheart, AnSaMo, clariss23, BeaBB, ByB-S, Deschanel-Cherry, makotabones, Fran Ktrin Black, Marifer26637 y sobre todo a mi beta, silhermar, por vuestros comentarios y apoyo: abajo respondo personalizadamente a cada uno de ellos. Son el motivo que me alienta para seguir escribiendo).

DOS PESADILLAS

(11 de febrero de 2042)

Al situarse frente a ella, la puerta se abre automáticamente, gracias al sensor de movimiento. Vincent accede a su despacho y se deja caer sobre su sofá favorito. Necesita sentir ese mullido masaje que sólo su sofá sabe propiciarle. Lleva varios días sin dormir. No por insomnio, si no por necesidad. La necesidad de mantenerse despierto, a base de café y otras bebidas excitantes. Necesita tener el intelecto sano. Impecable. A la defensiva. Pensar con claridad. Sacar axiomas. Corolarios. Llegar pronto a conclusiones. Poder salvar Washington. Poder salvar a la humanidad. Siquiera poder salvarse a sí mismo. Salvarse de esta vida anodina que lo está matando. Donde la razón lo es todo. Y a la vez, la razón ya no es nada. ¡Cuánto daría Vincent por una pizca de verdadera emoción! ¡De la pasión de un beso sincero! ¡Cuánto daría por poder ejercer de Staccato a tiempo completo! ¡Y sin esconderse de Christine!

Los párpados se le van entreabriendo. Se le van entrecerrando. Mientras, calcula mentalmente los minutos que han pasado desde que el Sky Tanker I amerizó en el planeta Tierra con un cargamento más peligroso de lo que se suponía. A veces, los hombres juegan a ser dioses. Vince no puede evitar que se le escapen unas risas. Agónicas. No puede evitar pensar en lo tremendamente paradójico, lo tremendamente trágico, de todo este asunto: desde siempre, en la literatura fantástica, creadores como H. G. Wells y Orson Welles han alertado del peligro de las invasiones alienígenas. Seres malvados, con afán de destrucción. Que llegan a nuestro mundo por su propio pie, dentro de gigantescas naves espaciales. Series como V, películas como Independence Day, Mars Attack, Alien, Señales, Ultimátum a la Tierra, han puesto especial énfasis en este hecho. Recreaciones en las que, los terrícolas, inocentes sufridores, no hacen más que lamentarse. ¿Por qué? ¿Por qué la Tierra tenía que estar en el punto equivocado del universo en el momento más inoportuno? Y sin embargo, el paso de las décadas, nos pone a todos en nuestro lugar. No iban a ser aquellas malditas criaturas las que nos asaltasen por sorpresa, en sus carros de fuego, voladores, escupiendo veneno por sus cavidades. No. El destino se había propuesto que fuese el propio ser humano, en su estúpida naturaleza, creyéndose inteligente, el que buscase y trajese a aquellas criaturas del espacio, indefensas y sin malas intenciones. Con el propósito de investigar las diferentes formas de vida existentes en el universo, pero con la segura opción de exhibirlas después, en las jaulas y piscinas de algún parque temático espacial… Y rentabilizar la hazaña. Todos contaban con que con ellas vendrían también sus enfermedades. Tarde o temprano, plagas imposibles de controlar. Pero se optó por asumir los riesgos. Sin pensar antes en las consecuencias.

El cansancio acumulado pesa demasiado sobre los hombros de Vincent, que no puede evitar que estos pensamientos, desesperanzadores, terribles, lo vayan arrullando, como una diabólica canción de cuna, hasta que finalmente cae rendido en los brazos de Morfeo, el dios de los sueños…

Ella está ahí. Sonriéndome. Haciéndome señas con la mano. Quiere que me acerque. Me llama. "Vince". Me llama. Es insistente. "Vincent". "Hermanito". "Ven". Ella está al contraluz. No le veo la cara. Pero sus dientes brillan. Blancos, como la luna. Sí. Sonríe. Y es sólo para mí. Porque estamos solos. En medio de la playa. Jugando. En la orilla. Haciendo un castillo de arena. "Vince, mira". Las olas lo están deshaciendo. Van y vienen. Derribando sus frágiles muros. Arrastrando las caracolas de sus almenas y las algas de sus ventanas. Pero no me importa. Porque me concentro en ella. En su calidez. Yo la miro. Estoy en el suelo. Sentado. Con las rodillas cruzadas. En la posición del escriba. Pero me parece estar flotando. Entre las nubes. Por encima de nosotros vuelan algunas gaviotas. Oigo sus graznidos. Pongo la palma de mi mano sobre la frente, a modo de visera. Para verla mejor. Porque el sol me molesta. Y sólo me deja percibir la silueta de Chris. Quisiera decirle que no me llame hermanito. Lo mucho que me molesta. Que sólo soy Vincent. Pero aún así, en su voz, todo suena tan hermoso, que no me importa. "Vincent, mira". Ella sale corriendo. Me salpica. Con arenas. Con el agua marina. Corre. Grita. Salta. Y allí, a lo lejos, allí. Están. Los veo. Son tío Seeley y tía Tempy. Corre. Ella corre con todas sus fuerzas. Y de un brinco, se encarama a sus brazos. Los tres se funden en un solo ser. Y mi pecho rebosa de ternura. Pero también de envidia. Quisiera formar parte de ese abrazo. Ella es una con ellos. Yo quisiera ser uno con ella. Algún día, Vincent, algún día. "Vincent". Me vuelve a llamar. Me llama. Quiere que vaya. "Vince, ven tú también". Y corro. Corro detrás de ellos. Pero el horizonte se aleja. Se aleja. Yo corro hacia ellos. Pero cada vez están más lejos. No consigo alcanzarlos nunca. "Vincent, apura". Ellos se vuelven pequeños por la distancia. La playa es enorme. Y yo corro más. Pero ellos se van. Chris. Seeley. Tempy. Corro. No tengo más fuerzas. Pero sigo corriendo. Me quedo sin aire. Y sigo corriendo. Cierro los ojos, cegado por el sol. Y sigo corriendo. Sigo corriendo. Sigo corriendo…

-¡Christine!

Es el grito dolorido, que profiere la voz de Vincent. Despertando, sudoroso, casi sin respiración, recostado contra su sofá favorito. Mira al frente. Encima de la mesa, la pantalla vítrea de su ordenador. Translúcida. Algunos caracteres digitales, sobreimpresos, no le dificultan observar lo que ocurre al otro lado. Gracias, igualmente, a que las propias puertas de la estancia están acristaladas, como la mayor parte de las estructuras del Jeffersonian. Como consecuencia, Vince resulta ser testigo obligado, y de excepción, de todo lo sucede en las habitaciones de enfrente, al otro lado del pasillo, donde se encuentran todas aquellas personas sometidas a rígida cuarentena, incluido el agente Jackman. ¡Pobre Daryl! Las numerosas cartas que le había escrito Christine describían lo bueno y realmente sensato que era su colega. No se merecía, como ningún otro, padecer un calvario semejante. Por un momento, piensa si al pellizcarse las mejillas, tendrá un segundo despertar. Y, aunque no cree en dios, le ruega a la entropía del universo que los sucesos del último mes no pasen de ser un mal sueño.

-¿Vincent?

Es la voz de Christine. Pero por mucho que mira a su alrededor, sigue sin verla. ¿Qué hace Christine allí, en un área restringida, en las fronteras de la cuarentena? ¿Habrá sido una simple alucinación?

-Vincent, contesta. ¿Eres tú?

Es el teléfono. Debía de estar activado en el modo detector de voces. El grito de Vince al despertar de la pesadilla habrá servido para elegir el número de llamada. En cierta medida, Vince recupera el aire. Ahora sí está tranquilo. Porque está escuchando la única voz que realmente quiere tener cerca. Haciendo que se desvanezcan las dos pesadillas.

-Chris… Perdona, el teléfono marcó tu teléfono al azar. Creo que mencioné tu nombre. Y él se ocupó de hacer el resto… ¿Algún caso interesante?

-No… Hoy me han suspendido temporalmente. Dicen que no me adapto bien a mi nueva compañera. Así que me han dado una semana de "vacaciones", hasta que se me relajen los nervios… ¿Cómo está Jackman?

Algo en el tono de voz de Christine, le dice a Vincent que ella le está mintiendo. Y no se equivoca. Lo que no puede ni imaginar es la razón que ha llevado a la agente Booth a comportarse como una necia en su puesto de trabajo: conseguir más tiempo libre, para vigilar mejor a Jacob Broadsky, a medida que se acercan sus últimos días en el penitenciario. Vince contesta. Y utiliza la mentira para responder a la mentira.

-¿Jackman? Supongo que bien, dentro de lo que cabe. Todavía está empezando.

Vince puede ver a Jackman a través de los cristales, conectado a centenares de pequeños filamentos magnéticos. Entubado hasta la médula. En un doble circuito. Uno de diálisis, para detectar cualquier rasgo extraño o alteración en su torrente sanguíneo. Otro de escaneo neurológico, para controlar la evolución del insomnio, la degeneración del sistema nervioso y sus consecuencias psicosomáticas. No. Jackman no está bien. Y puede que nunca vuelva a estarlo, si Vince, en lugar de soñar con Christine, no pone toda la carne en el asador, hasta frenar la expansión de la epidemia.

-Christine. Te voy a tener que dejar. Debo volver al trabajo.

-¿Sabes?

-Dime.

-No sé si te has dado cuenta. Supongo que es una tontería… Pero desde que comenzó todo esto, ya casi nunca me llamas Little Gun

-¿Pistolita?

-Sí, Pistolita.

-¿No me dirás que lo echas de menos? Siempre creí que te molestaba, casi tanto como a mí que tú me llames "hermanito".

-Es sólo que me parece... extraño.

-No le des mas vueltas, Chris... Little Gun. Seguramente sea que todo este asunto nos ha hecho envejecer diez años en sólo un mes. Y "Pistolita" suena..., demasiado infantil. Me parece que ha pasado una eternidad desde que tuve la infeliz idea de regresar de Londres… Luego hablamos de todo ello, en serio. Pero ahora te tengo que dejar. Debo concentrarme en la cuarentena.

-Lo entiendo… Te veré más tarde. En casa.

Vince cuelga. Necesita un café. Sale del despacho y camina por el pasillo, hasta la máquina expendedora. Pulsa los botones y escoge el de su elección. Corto de café y edulcorado con canela molida. Su favorito, como el de Christine. Un dulce recuerdo de su infancia. De los fines de semana en casa de los Booth. Rebusca en el bolsillo de su pantalón, tratando de encontrar alguna moneda. Pero en su lugar, descubre un papel arrugado, hecho un ovillo. Lleva ahí una semana. Sólo que Vincent lo había olvidado, completamente, a causa de los últimos acontecimientos. Se trata de una de las hojas que se le cayeron a Christine, en la cafetería. La actitud sospechosa de la agente federal había sido más que evidente. Sobre todo para Vincent, que creía conocerla mejor que a la palma de su mano. Sin dinero para el café y sin antídoto para la enfermedad alienígena, a Vince no se le ocurre más que desliar aquella madeja de papel. No es consciente de que, al creer que nada podría empeorar esta situación, estaba diametralmente equivocado.

Respuestas a los comentarios

BeaBB dijo: Me tienes recontra enganchada a tu fic y es que has logrado combinar dos de los temas que más me apasionan... mi serie de TV favorita "Bones" y el tipo de literatura que me ha fascinado desde mi más tierna infancia "Ciencia-Ficción". Espero ansiosa cada una de tus actualizaciones, y te prometo desde ahora comentarlas toooodas. Lo reconozco, a veces, leo desde el móvil y se me hace pesado redactar un review :| Respecto a este capítulo... no me digas que ya te vas a deshacer de Daryl? el muchacho comenzaba a caerme bastante simpático.

Me agrada muchísimo que te guste la historia, y que combine tu género y serie favoritos. Gracias por tus intenciones! Por supuesto, nadie está obligado a comentar (pero mentiría si dijese que no me gusta leer vuestros comentarios, jeje!). Bueno, diré que Daryl está contagiado, es cierto, pero puedo garantizar que tenemos para rato. Vamos por el capítulo 9 y su personaje seguirá saliendo hasta el capítulo 27 (el último es el 30, que saldrá la semana del 8 de julio...). Va a ser una figura crucial en el desenlace. Pero todo a su tiempo.

silhermar dijo: como decirlo... he leido esto y me he dicho...el primero ha caído...no sé me da...que ese enfermo de resfriado les va a contagiar ..

Sip... Jackman es la primera ficha de un largo dominó. La segunda ficha caerá en el próximo capi, ¿quién será? Por cierto, hablando del próximo capi, hay que decir que en él van a empezar a aparecer los personajes de la serie actual...

Fran Ktrin Black dijo: wau...esta genial. quisiera ver mas a staccato xD es sexi xD

Mil gracias! Poco a poco, iremos viendo más a Staccato. No puedo decir la razón, porque desvelaría un detalle importante de la trama. Pero sí... Veremos y escucharemos cantar a Staccato (bueno claro, escucharlo habrá que imaginárselo... pero en determinado momento le cantará, sólo con su guitarra, a Christine la siguiente canción: More than words, de Extreme..., que podréis escuchar en Youtube). Besos

AnSaMo dijo: Estoy contigo, a mí también me encanta Dan Brown por eso lo pregunté es que me sonaba demasiado jejeje Bueno a lo que íbamos... Menuda obsesión que tiene Christine! No pensará en acabar con Broadsky, no? Si es así parece que eso lo ha sacado de su abuelo materno :P Vincent no le contará que es un famoso músico? Pobre Daryl, parece que se ha infectado... Encontrarán la cura? En serio, me encanta! Sigue así!

Sip... Christine tiene ganas de guerra. Pero no hay mal que por bien no venga. Broadsky saldrá de la cárcel más pronto que tarde. ¿Y ella arriesgará su carrera... por la venganza? No sé, a mí no me suena nada del estilo de los Booth. Pero sí que es cierto que es algo muy Max. Supongo que de alguien le vendrá la vena guerrera! Mil gracias por todo!