Hace un rato ya que Lisbon se ha quedado dormida y yo sigo sin poder pegar ojo. No sé por qué es. Quizá cuando ese tipo me golpeó pasé mucho tiempo inconsciente. Es probable. Lo único que ahora sé es que no puedo dejar de mirar a Lisbon. Ella no me lo ha dicho, pero sé que se moría por pedirme que me quedase despierto, velando por ella, vigilando por si Thompson regresa.
Una media hora atrás (no sabría decirlo con exactitud porque yo ya no tengo mi móvil y no puedo mirar el reloj de Lisbon, pues también se lo han quitado) ella se ha movido en sueños, alterada. He supuesto que estaba teniendo una pesadilla, aunque espero que no fuese peor de lo que estamos pasando ya... Cuando la he visto nerviosa, he tratado de despertarla suavemente, pero lo que he conseguido ha sido que se acurrucase contra mí. Por lo menos he logrado que se tranquilizase...
Roderick, el hombre de Thompson, entró en la habitación empuñando su arma. Su jefe le había dicho que estarían durmiendo, pero ella era policía y más valía prevenir que curar. Al entrar pudo ver que ella sí estaba dormida, pero no él.
- Levántate -le ordenó secamente apuntándolo con la pistola. Jane obedeció y se puso en pie. Roderick señaló la silla que antes ocupaba la agente con la cabeza-. Siéntate ahí.
El consultor acató la orden y se sentó. Lisbon siguió dormida y Roderick sonrió; ella no sería un problema. Se acercó a Jane y le ató a la silla esta vez poniendo sus brazos por detrás, con las esposas que probablemente serían de Lisbon. Los pies los anudó con la misma cuerda que utilizó antes con ella. Entonces Noah entró en la habitación y enseñó hasta los molares en una ancha sonrisa.
- ¡Buenos días, chicos! ¿Qué tal habéis pasado la noche?
- Igual que si estuviésemos secuestrados por un maldito loco -respondió sarcástico Jane-. ¡Anda, me pregunto por qué será!
Noah Thompson sonrió.
- Me alegro, entonces. Hoy empezaremos con lo que tengo planeado.
- No vas a hacernos daño.
- ¿Cómo está tan seguro?
- No quieres matar a una agente de policía, es lo peor que podrías hacer.
- ¿Por qué razón? -preguntó sonriente.
- ¿Tú qué crees? De la perpetua no te libras.
- Eso si me pillan.
- Lo van a hacer. No tienes todo tan bien pensado. Yo te he encontrado, ¿no es cierto?
- Sí, pero se cree tan listillo que se le olvidó avisar a nadie, ¿recuerda?
Silencio.
- Roderick, déjanos solos -el susodicho abandonó la sala. Noah sacó su pistola-. Tiene cinco segundos para despertarla -apuntó a Lisbon-. Cinco -comenzó la cuenta atrás.
- No vas a hacerlo.
- Cuatro -Jane lo escudriñó con la mirada-. Tres. Dos -recargó el arma.
- ¡Lisbon! ¡Lisbon, despierta!
La morena despertó de sobresalto.
- No debes tentar tanto a la suerte, Patrick. Puedes quemarte. O quemarla a ella. -Bajó el arma. Lisbon no entendía a qué se refería, pero tampoco quería saberlo- Buen día, agente.
- Vete a la mierda.
- No creo que esté en condiciones de faltarme al respeto.
- ¿No? ¿Y para qué estoy en condiciones?
- Para levantarse ahora mismo -volvió a apuntarla. Lisbon obedeció-. Quítese la chaqueta -la agente vaciló-. Ahora -ordenó. Lisbon se la quitó lentamente y la dejó caer al suelo-. Bien. Tócate.
- No -logró decir.
- Tócate -levantó la voz. Lisbon bajó la vista al suelo y se tocó un pecho-. Más.
Se lo manoseó un poco más y paró poco a poco. No podía hacerlo.
- ¿Le he dicho yo que pare?
Teresa cerró los ojos con fuerza y siguió.
- ¿Piensas en mí? -no contestó. Noah se acercó a ella y la empotró contra la pared- ¿Piensas en mí?
- Lisbon -solo pudo decir Jane con la voz tensa.
- Sí -contestó. Thompson se alejó de ella.
- Bien. Ahora, si no quiere que le pase nada al rubio, más le vale obedecerme sin que me haga falta el arma. Y recuerden, a la mínima que intenten, mis hombres estarán dentro en un segundo. Así que piénsenlo bien antes de hacer nada.
- Aunque entrasen rápidamente tú ya estarías muerto -se aventuró Lisbon.
- Es probable, pero eso no quita cómo acabarán ustedes. Si hace algo, le aseguro que su muerte no será ni rápida ni poco dolorosa. -Sonrió- Ni la suya ni la de él.
- Lisbon, no... -trató de decir Jane.
- Cierra el pico -lanzó el arma lejos del alcance de ninguno de los tres-. Empecemos.
- ¡Mierda! -exclamó Van Pelt golpeando el volante y frenando el coche.
Había sobrepasado el límite de velocidad permitido y una patrulla le había hecho señas para que se detuviese. Y ella tenía prisa. En cuanto uno de los dos agentes se acercó al coche ella mostró su placa sin dejarlo pronunciar palabra.
- CBI. Estoy en mitad de un caso y me están retrasando.
El agente se quedó un poco parado hasta que pudo responder.
- Circule.
Van Pelt no dudó y arrancó de nuevo. Cogió el móvil con una mano y marcó de memoria el número de Rigsby.
- Rigs, me queda cerca de media hora. Estoy en la carretera. ¿Y vosotros?
- Estamos a unos 15 minutos de la casa.
- Ok.
Colgó y continuó conduciendo. Tenía que llegar cuanto antes. "Quién sabe lo que pueden estar pasando la jefa y Jane." pensó. "Jane... fue tan estúpido. ¿Cómo no se le ocurrió llamarnos antes de ir? Tan listo para unas cosas y para otras...". Resopló.
